Lectura 353 de 365
Nahún 3 · Habacuc 1 · Salmos 138
Nahún 3
1¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda ella mentira, llena de rapiña, insaciable de botín!
2Ruido de látigo, estrépito de ruedas, galope de caballos, brincos de carros,
3asalto de caballería, brillo de espadas, fulgor de lanzas, heridos sin cuento, montones de muertos, cadáveres sin fin, tropiezan en cadáveres.
4Todo ello a causa de las muchas prostituciones de la prostituta bella y graciosa, experta en sortilegios, que arrastró a los pueblos en sus prostituciones, y a las gentes en sus brujerías.
5Aquí estoy contra ti —oráculo del Señor del universo—. Levantaré tus faldas hasta la cara, exhibiré a los pueblos tu desnudez y a los reinos tu vergüenza.
6Echaré sobre ti inmundicias, te deshonraré públicamente.
7Todo el que te vea huirá de ti diciendo: ¡Nínive está devastada! ¿Quién se compadecerá? ¿Dónde encontraré quien te consuele?
8¿Eres mejor que Tebas, asentada sobre ríos, rodeada de agua por doquier, con un mar por defensa y más que un mar por muralla?
9Su fuerza eran los etíopes, innumerables egipcios; libios y más libios la defendían.
10También ella, destinada al exilio, ha tenido que ir al destierro; también sus hijos fueron destrozados en los cruces; a sus notables echaron a suertes, a todos sus nobles encadenaron.
11También tú te emborracharás y te esconderás; también tú intentarás salvarte del enemigo.
12Tus plazas fuertes son higueras con brevas, si se las sacude caen y se comen.
13Las gentes que habitan en tu interior actúan como mujeres ante el enemigo: de par en par han sido abiertas las puertas de tu país, el fuego ha consumido tus cerrojos.
14Sácate agua para el asedio, refuerza tus defensas, pisa lodo, aprieta arcilla, sujeta el molde.
15Allí te quemará el fuego, te destrozará la espada, te devorará como a la langosta; multiplícate como la langosta, multiplícate como el saltamontes.
16Aunque aumentes tus comerciantes como las estrellas del cielo, la langosta cambia de piel y vuela.
17Tus jefes son una plaga, una peste tus generales; se posan en los muros el día de la helada; el sol brilla y desaparecen; no hay quien encuentre su lugar. ¿Dónde están?
18Tus pastores, rey de Asur, se han dormido; tus jefes reposan. Tus gentes andan dispersas por los montes, sin nadie que los reúna.
19No hay remedio para tu herida, tu lesión es incurable; todo el que oye tu grito aplaude por tu causa, pues ¿quién no fue víctima, una y otra vez de tu maldad?
Habacuc 1
1Oráculo que vio el profeta Habacuc.
2¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?
3¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones? ¿Por qué pones ante mí destrucción y violencia, y surgen disputas y se alzan contiendas?
4Por ello, la ley se debilita y el derecho jamás prevalece, el malvado acorrala al justo y así sale el derecho pervertido.
5Mirad, contemplad atentos a las naciones, llenaos de espanto, pues en vuestros días se hará tal obra que no la creeríais si os la contasen.
6Movilizo a los caldeos, pueblo duro e impetuoso, que ensancha la tierra con su venida, se apodera de gentes que no son suyas.
7Temible y terrible, él es la fuente de su derecho y su decisión.
8Sus caballos, más veloces que panteras, más feroces que lobos nocturnos. Sus jinetes cargan, de lejos cabalgan, vuelan como águila lanzada sobre su presa.
9Todo en ellos es violencia, sus rostros miran hacia Oriente, reúnen como arena a los prisioneros.
10Se ríe de los reyes y se burla de los príncipes. Se mofa de todas las fortalezas, construye rampas y las conquista.
11Entonces se renueva su ardor, sigue y se instala. Para él, su fuerza es su dios.
12Señor, ¿no eres, desde siempre, mi Dios? ¡Oh, Santo, que no muramos! Señor, lo pusiste para sentenciar; ¡oh, Roca!, lo estableciste para juzgar.
13Tus ojos, puros para contemplar el mal, no soportan ver la opresión. ¿Por qué, pues, ves a los traidores y callas, cuando el malvado se traga al justo?
14Tratas a los hombres como a peces del mar, como a reptiles sin dueño.
15Los atrapa a todos con su anzuelo, los arrastra con su red; los amontona en su barca contento y alegre.
16Por eso ofrecen sacrificios a su red e incienso a su barca, pues en ellos tienen su sustento, su ración y comida abundante.
17¿Seguirá vaciando su red, asesinando pueblos sin compasión?
Salmo 138
1De David. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti;
2me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama.
3Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
4Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca;
5canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.
6El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio.
7Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo, y tu derecha me salva.
8El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.