Lectura 34 de 365
Levítico 10-12 · Lucas 23-24
Levítico 10
1Nadab y Abihú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, les pusieron fuego, les echaron incienso y ofrecieron ante el Señor un fuego profano, que él no les había mandado.
2Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los devoró y murieron en presencia del Señor.
3Moisés dijo entonces a Aarón: «Esto es lo que el Señor quería declarar cuando dijo: “Mostraré mi santidad en los que se me acercan, manifestaré mi gloria ante la faz de todo el pueblo”». Aarón se calló.
4Moisés llamó a Misael y a Elsafán, hijos de Uziel, tío paterno de Aarón, y les dijo: «Acercaos, retirad a vuestros hermanos de delante del Santuario y sacadlos fuera del campamento».
5Se acercaron y los sacaron envueltos en sus túnicas fuera del campamento, como Moisés había ordenado.
6Moisés dijo a Aarón y a sus hijos, Eleazar e Itamar: «No llevéis la cabeza desgreñada, ni rasguéis vuestras vestiduras; así no moriréis, ni la ira del Señor se encenderá contra toda la comunidad. Vuestros hermanos, toda la casa de Israel, llorarán a los abrasados por el fuego del Señor.
7No os apartéis de la entrada de la Tienda del Encuentro, no sea que muráis, pues lleváis sobre vosotros la unción del Señor». Ellos obedecieron la palabra de Moisés.
8El Señor dijo a Aarón:
9«Cuando hayáis de entrar en la Tienda del Encuentro, no bebáis vino ni bebida que pueda embriagar, ni tú ni tus hijos, no sea que muráis. Es ley perpetua para todas vuestras generaciones.
10Así podréis distinguir entre lo sagrado y lo profano, entre lo impuro y lo puro,
11y enseñar a los hijos de Israel todos los preceptos que el Señor les ha dado por medio de Moisés».
12Moisés dijo a Aarón y a los hijos que le quedaban, Eleazar e Itamar: «Tomad la oblación, lo sobrante de las oblaciones quemadas en honor del Señor, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa santísima.
13La comeréis en lugar sagrado, porque es tu porción y la de tus hijos de entre las oblaciones quemadas en honor del Señor. Es la orden que he recibido.
14El pecho de la ofrenda sometido al rito de balanceo y la pierna del tributo las comeréis en lugar puro, tú, tus hijos y tus hijas, porque han sido apartados, para ti y para tus hijos, de entre los sacrificios de comunión de los hijos de Israel.
15Ellos entregarán la pierna del tributo y el pecho de balanceo, además de las grasas que han de ser quemadas con el rito de balanceo delante del Señor. Son porción que os pertenece perpetuamente a ti y a tus hijos. Así lo ha ordenado el Señor».
16Moisés preguntó por el macho cabrío del sacrificio expiatorio; y resultó que había sido ya quemado. Enfadado contra Eleazar e Itamar, los hijos que le habían quedado a Aarón, dijo:
17«¿Por qué no habéis comido en lugar sagrado la víctima del sacrificio expiatorio? Era cosa santísima, que se os daba a vosotros para borrar la falta de la comunidad, haciendo expiación por ellos ante el Señor.
18Teníais que haberla comido en lugar sagrado, según os había ordenado, porque su sangre no había sido introducida en el Santuario».
19Respondió Aarón a Moisés: «Mira, si su sacrificio expiatorio y su holocausto han sido presentados delante del Señor y me ha sucedido esto; ¿acaso le iba a agradar al Señor que yo comiera hoy la víctima expiatoria?».
20Cuando Moisés oyó esto, le pareció bien.
Levítico 11
1El Señor habló así a Moisés y a Aarón:
2«Decid esto a los hijos de Israel: “De los animales terrestres podéis comer los siguientes:
3cualquier animal de pezuña partida, hendida en dos mitades, y que rumia, lo podéis comer.
4Pero de los que rumian o tienen la pezuña partida, no comeréis: el camello, que rumia, pero no tiene partida la pezuña: consideradlo impuro;
5el conejo, que rumia, pero no tiene la pezuña partida: consideradlo impuro;
6la liebre, que rumia, pero no tiene la pezuña partida: consideradla impura;
7el cerdo, que tiene la pezuña partida, hendida en dos mitades, pero no rumia: consideradlo impuro.
8No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; los consideraréis impuros.
9De los animales que viven en el agua, sean de mar o río, podéis comer todos los que tienen aletas y escamas.
10Pero los bichos acuáticos, u otros animales que viven en el agua, de cualquier clase que sean, en mar o río, que carecen de aletas y escamas, los consideraréis abominables.
11Los tendréis por abominables: no comeréis su carne y tendréis sus cadáveres como abominables.
12Todo cuanto vive en las aguas y carece de aletas y escamas, lo consideraréis abominable.
13De las aves, consideraréis abominables, y no las comeréis, porque son abominables, las siguientes: el águila, el quebrantahuesos, el águila marina,
14el buitre, el halcón en todas sus variedades,
15el cuervo en todas sus variedades,
16el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán en todas sus variedades,
17el búho, el somormujo, el ibis,
18el cisne, el pelícano, el calamón,
19la cigüeña, la garza en todas sus variedades, la abubilla y el murciélago.
20Todo bicho alado que anda sobre cuatro patas lo consideraréis abominable.
21Pero de todos los bichos alados que andan sobre cuatro patas, podéis comer aquellos que, además de sus cuatro patas, tienen zancas para saltar con ellas sobre el suelo.
22De estos podéis comer los siguientes: la langosta en todas sus variedades y todas las variedades de saltamontes, caballetas y grillos.
23Cualquier otro bicho alado de cuatro patas lo tendréis por abominable.
24Con estos animales contraeréis impureza. El que toca su cadáver queda impuro hasta la tarde.
25El que transporta alguno de sus cadáveres lavará sus ropas y quedará impuro hasta la tarde.
26Todo animal que no tiene la pezuña partida en dos y que no rumia, consideradlo impuro. Todo aquel que lo toque quedará impuro.
27De los cuadrúpedos, considerad impuros todos los que andan sobre las plantas de sus pies. El que toque sus cadáveres quedará impuro hasta la tarde.
28El que transporte el cadáver de uno de ellos tendrá que lavar sus ropas y quedará impuro hasta la tarde. Consideradlos impuros.
29De los bichos que pululan por la tierra, tendréis por impuros los siguientes: la comadreja, el ratón, el lagarto en cualquiera de sus variedades,
30el erizo, el cocodrilo, el camaleón, la salamandra y el topo.
31Todos estos bichos, los consideraréis impuros: todo el que toque su cadáver quedará impuro hasta la tarde.
32Cualquier objeto sobre el que caiga uno de sus cadáveres, ya sea un instrumento de madera, o un vestido, o una piel, o un saco, o cualquier utensilio quedará impuro. Lo meteréis en agua y quedará impuro hasta la tarde; después será puro.
33Si cae uno de esos cadáveres en una vasija de barro, quedará impuro cuanto haya dentro de ella; y romperéis la vasija.
34Todo comestible preparado con agua en esa vasija será impuro y toda bebida que se beba en una de esas vasijas será impura.
35Cualquier objeto sobre el que caiga alguno de esos cadáveres quedará impuro: el hornillo y el fogón serán destruidos; son impuros y como tales los consideraréis.
36Solo las fuentes y las cisternas en las que se recogen las aguas seguirán siendo puras. Pero el que toque sus cadáveres quedará impuro.
37Si cae alguno de esos cadáveres sobre grano destinado a la siembra, este seguirá siendo puro;
38mas si cae alguno de esos cadáveres sobre semilla ya remojada, la tendréis por impura.
39Cuando muera uno de los animales que podéis comer, el que toque su cadáver quedará impuro hasta la tarde.
40El que coma carne de ese cadáver deberá lavar sus vestidos y quedará impuro hasta la tarde. Y el que transporte ese cadáver habrá de lavar sus ropas y quedará impuro hasta la tarde.
41Todo bicho que se arrastra por la tierra es abominable; no se puede comer.
42No comeréis ningún animal de los que caminan sobre su vientre o sobre cuatro o más patas, es decir, ningún bicho que se arrastra por la tierra, porque son abominables.
43No os hagáis abominables por ninguna clase de bicho que se arrastra, ni os hagáis impuros con ellos, ni os contaminéis por ellos.
44Porque yo soy el Señor, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os volváis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo.
45Pues yo soy el Señor, el que os subí de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed santos porque yo soy santo”».
46Esta es la ley sobre los animales, las aves y todos los seres vivientes que se mueven en el agua, y todos los que andan arrastrándose por la tierra;
47así sabréis distinguir entre lo impuro y lo puro, entre el animal que puede comerse y el que no puede comerse.
Levítico 12
1El Señor habló así a Moisés:
2«Di esto a los hijos de Israel: “Cuando una mujer quede embarazada y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como durante sus reglas.
3El octavo día será circuncidado el niño;
4y ella permanecerá treinta y tres días más purificando su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni entrará en el Santuario hasta terminar los días de su purificación.
5Si da a luz una niña, quedará impura durante dos semanas, como durante sus reglas, y se quedará en casa sesenta y seis días más purificando su sangre.
6Al cumplirse los días de su purificación, sea por niño o por niña, presentará al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio expiatorio.
7El sacerdote lo ofrecerá ante el Señor, haciendo por ella el rito de expiación, y quedará purificada del flujo de su sangre. Esta es la ley referente a la mujer que da a luz un niño o una niña.
8Si no le alcanza para ofrecer una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio expiatorio; el sacerdote hará por ella el rito de expiación y quedará pura”».
Lucas 23
1Y levantándose toda la asamblea, lo llevaron a presencia de Pilato.
2Y se pusieron a acusarlo diciendo: «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
3Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él le responde: «Tú lo dices».
4Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
5Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo: «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
6Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo;
7y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
8Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro.
9Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
10Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
11Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato.
12Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.
13Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,
14les dijo: «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis;
15pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte.
16Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
17[«Por la fiesta tenía que soltarles a uno»]
18Ellos vociferaron en masa: «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
19Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
20Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús,
21pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
22Por tercera vez les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
23Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
24Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían:
25soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
26Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
27Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
28Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos,
29porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”.
30Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”;
31porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».
32Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
33Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
34Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.
35El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
36Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre,
37diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
38Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
39Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
40Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena?
41Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».
42Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
43Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
44Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona,
45porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio.
46Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró.
47El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo: «Realmente, este hombre era justo».
48Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
49Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
50Había un hombre, llamado José, que era miembro del Sanedrín, hombre bueno y justo
51(este no había dado su asentimiento ni a la decisión ni a la actuación de ellos); era natural de Arimatea, ciudad de los judíos, y aguardaba el reino de Dios.
52Este acudió a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
53Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía.
54Era el día de la Preparación y estaba para empezar el sábado.
55Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido colocado su cuerpo.
56Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron de acuerdo con el precepto.
Lucas 24
1El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
2Encontraron corrida la piedra del sepulcro.
3Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
4Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes.
5Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
6No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea,
7cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar».
8Y recordaron sus palabras.
9Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás.
10Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles.
11Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron.
12Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.
13Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
14iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido.
15Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.
16Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
17Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido.
18Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
19Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo;
20cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
21Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió.
22Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro,
23y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo.
24Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
25Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas!
26¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
27Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
28Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando;
29pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos.
30Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
31A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
32Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
33Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros,
34que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
35Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
36Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».
37Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
38Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón?
39Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
40Dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?».
42Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado.
43Él lo tomó y comió delante de ellos.
44Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
45Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
46Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día
47y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
48Vosotros sois testigos de esto.
49Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».
50Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
51Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
52Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría;
53y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.