Lectura 348 de 365
Jonás 4 · Miqueas 1 · Salmos 133
Jonás 4
1Jonás se disgustó y se indignó profundamente.
2Y rezó al Señor en estos términos: —¿No lo decía yo, Señor, cuando estaba en mi tierra? Por eso intenté escapar a Tarsis, pues bien sé que eres un Dios bondadoso, compasivo, paciente y misericordioso, que te arrepientes del mal.
3Así que, Señor, toma mi vida, pues vale más morir que vivir.
4Dios le contestó: —¿Por qué tienes ese disgusto tan grande?
5Salió Jonás de la ciudad y se instaló al oriente. Armó una choza y se quedó allí, a su sombra, hasta ver qué pasaba con la ciudad.
6Dios hizo que una planta de ricino surgiera por encima de Jonás, para dar sombra a su cabeza y librarlo de su disgusto. Jonás se alegró y se animó mucho con el ricino.
7Pero Dios hizo que, al día siguiente, al rayar el alba, un gusano atacase al ricino, que se secó.
8Cuando salió el sol, hizo Dios que soplase un recio viento solano; el sol pegaba en la cabeza de Jonás, que desfallecía y se deseaba la muerte: «Más vale morir que vivir», decía.
9Dios dijo entonces a Jonás: —¿Por qué tienes ese disgusto tan grande por lo del ricino? Él contestó: —Lo tengo con toda razón. Y es un disgusto de muerte.
10Dios repuso: —Tú te compadeces del ricino, que ni cuidaste ni ayudaste a crecer, que en una noche surgió y en otra desapareció,
11¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?
Miqueas 1
1Palabra que dirigió el Señor a Miqueas de Moréset en tiempos de Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá. Visión sobre Samaría y Jerusalén.
2Escuchad, pueblos todos; atended, tierra y cuanto la llena: el Señor Dios atestigua contra vosotros, el Señor desde su santo templo.
3El Señor sale de su lugar, baja caminando por las alturas de la tierra;
4a su paso se derriten las montañas, se resquebrajan los valles como cera ante el fuego, como aguas cuesta abajo.
5Todo ello por culpa de Jacob, por los delitos de la casa de Israel: ¿cuál es la culpa de Jacob?, ¿no es Samaría?; ¿cuáles son los altozanos de Judá?, ¿no es Jerusalén?
6Convertiré a Samaría en ruinas de campo, en terreno para plantar viñas; haré que sus piedras rueden hasta el valle, dejaré al descubierto sus cimientos.
7Todos sus ídolos serán destrozados, todas sus ganancias irán al fuego, aniquilaré todas sus imágenes; pues las ha reunido con ganancias de prostitución, se convertirán en ganancias de prostitución.
8Por eso, me lamentaré y gemiré, andaré descalzo y desnudo, aullaré como los chacales, me pondré triste como los avestruces;
9pues su herida es incurable, llega hasta Judá, alcanza hasta la puerta de mi pueblo, llega a Jerusalén.
10No lo anunciéis en Gat, no lloréis; en Bet Leofrá revuélcate en el polvo.
11Id pasando, habitantes de Safir, desnudos y avergonzados; no podrán salir los habitantes de Saanán; duelo en Bet Aezel, se te retira tu apoyo
12Los de Marot aguantan, pues el Señor envía el mal hasta las puertas de Jerusalén.
13Engancha el carro a los caballos, habitante de Laquis, allí empezó el pecado de Sión, en ella se encontraron las mismas culpas de Israel.
14Por ello, repudiarás a Moréset Gat, a las casas de Aczib, desencanto para los reyes de Israel.
15De nuevo traeré contra vosotros al conquistador, habitantes de Maresa: llega hasta Adulán, notables de Israel.
16Aféitate y córtate el pelo por tus hijos adorados; ensancha la calva como el buitre, pues te los han quitado para el destierro.
Salmo 133
1Canción de las subidas. De David. Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.
2Es ungüento precioso en la cabeza, que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento.
3Es rocío del Hermón, que va bajando sobre el monte Sión. Porque allí manda el Señor la bendición: la vida para siempre.