Lectura 347 de 365
Jonás 2-3 · Salmos 132
Jonás 2
1El Señor envió un gran pez para que se tragase a Jonás, y allí estuvo Jonás, en el vientre del pez, durante tres días con sus noches.
2Jonás suplicó al Señor, su Dios, desde el vientre del pez:
3«Invoqué al Señor en mi desgracia y me escuchó; desde lo hondo del Abismo pedí auxilio y escuchaste mi llamada.
4Me arrojaste a las profundidades de alta mar, las corrientes me rodeaban, todas tus olas y oleajes se echaron sobre mí.
5Me dije: “Expulsado de tu presencia, ¿cuándo volveré a contemplar tu santa morada?”.
6El agua me llegaba hasta el cuello, el Abismo me envolvía, las algas cubrían mi cabeza;
7descendí hasta las raíces de los montes, el cerrojo de la tierra se cerraba para siempre tras de mí. Pero tú, Señor, Dios mío, me sacaste vivo de la fosa.
8Cuando ya desfallecía mi ánimo, me acordé del Señor; y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santa morada.
9Los que sirven a ídolos vanos abandonan al que los ama.
10Pero yo te daré gracias, te ofreceré un sacrificio; cumpliré mi promesa. La salvación viene del Señor».
11Y el Señor habló al pez, que vomitó a Jonás en tierra firme.
Jonás 3
1El Señor dirigió la palabra por segunda vez a Jonás. Le dijo así:
2—Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré.
3Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla.
4Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».
5Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.
6La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó de su trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo.
7Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros: «Que hombres y animales, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua.
8Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia.
9¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá!».
10Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.
Salmo 132
1Canción de las subidas. Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes:
2cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob:
3«No entraré bajo el techo de mi casa, no subiré al lecho de mi descanso,
4no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados,
5hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob».
6Oímos que estaba en Efratá, la encontramos en el Soto de Jaar:
7entremos en su morada, postrémonos ante el estrado de sus pies.
8Levántate, Señor, ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder:
9que tus sacerdotes se vistan de justicia, que tus fieles vitoreen.
10Por amor a tu siervo David, no niegues audiencia a tu Ungido.
11El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.
12Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono».
13Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella:
14«Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo.
15Bendeciré sus provisiones, a sus pobres los saciaré de pan,
16vestiré a sus sacerdotes de salvación, y sus fieles aclamarán con vítores.
17Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido.
18A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema».