Lectura 344 de 365
Amós 6-7 · Salmos 129
Amós 6
1¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión, confiados en la montaña de Samaría, hombres notables de la primera de las naciones, a quien acude la casa de Israel!
2Dirigíos a Calné, y mirad; id de allí a Jamat la grande, descended a Gat de los filisteos. ¿Sois vosotros mejores que esos reinos, o son sus fronteras más extensas que las vuestras?
3¡Ay de los que pretenden alejar el día de la desgracia, pero acercan el poder de la violencia!;
4se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo;
5tartamudean como insensatos e inventan como David instrumentos musicales;
6beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José.
7Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados, y se acabará la orgía de los disolutos.
8El Señor Dios lo jura por sí mismo, oráculo del Señor, Dios del universo: «Yo detesto la arrogancia de Jacob, odio sus palacios, y entregaré la ciudad con cuanto contiene».
9Si en una casa quedan diez hombres, morirán.
10Y si un pariente saca los huesos de la casa para quemarlos y grita a quien está en el fondo de ella: «¿Queda todavía alguien contigo?», él responderá: «Ninguno». Y el primero dirá: «Silencio, porque no es hora de mencionar el nombre del Señor».
11Porque el Señor lo ordena y de un golpe reduce la gran casa a escombros, y la casa pequeña a restos.
12¿Galopan los caballos por las rocas? ¿Se ara con bueyes el mar? Pero vosotros habéis pervertido el derecho en veneno y el fruto de la justicia en acíbar.
13¡Ay de los que se alegran por naderías y dicen!: «¿Acaso no nos hemos apoderado con nuestra fuerza de Carnáin?».
14Pues yo voy a suscitar contra vosotros, casa de Israel —oráculo del Señor, Dios del universo—, una nación que os oprimirá desde el paso de Jamat hasta el torrente de Arabá.
Amós 7
1Esto me hizo ver el Señor Dios: Estaba él preparando la langosta cuando comenzaba a crecer la hierba (la hierba que crece después de la siega para el rey).
2Mientras terminaban de devorar la hierba del suelo, dije: «¡Señor Dios, por favor, perdónalo! ¿Cómo podrá resistir Jacob, siendo tan débil?».
3Se arrepintió el Señor de esto y dijo: «No será así».
4Esto me hizo ver el Señor Dios: Dios el Señor estaba convocando a un juicio por el fuego, que consumía el gran Abismo y devoraba las parcelas.
5Yo dije: «Señor Dios, por favor, déjalo estar. ¿Cómo podrá resistir Jacob, siendo tan débil?».
6Se arrepintió el Señor de esto: «Tampoco esto será así» —dijo el Señor Dios.
7También esto me hizo ver: Dios el Señor estaba en pie junto a un muro de estaño, y en su mano tenía estaño.
8El Señor me preguntó: «¿Qué ves, Amós?». Respondí: «Estaño». Dijo el Señor: «Voy a derramar estaño en medio de mi pueblo Israel. No le dejaré pasar una más.
9Quedarán desolados los lugares de culto de Isaac, y los santuarios de Israel serán destruidos. Empuñaré la espada contra la casa de Jeroboán».
10Entonces Amasías, sacerdote de Betel, envió un mensaje a Jeroboán, rey de Israel: «Amós está conspirando contra ti en medio de Israel. El país no puede ya soportar sus palabras.
11Esto es lo que dice Amós: Jeroboán morirá a espada, e Israel será deportado de su tierra».
12Y Amasías dijo a Amós: «Vidente: vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan, y allí profetizarás.
13Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino».
14Pero Amós respondió a Amasías: «Yo no soy profeta ni hijo de profeta. Yo era un pastor y un cultivador de sicomoros.
15Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: “Ve, profetiza a mi pueblo Israel”.
16Pues bien, escucha la palabra del Señor: Tú me dices: “No profetices sobre Israel y no vaticines contra la casa de Isaac”.
17Por eso, esto dice el Señor: “Tu mujer deberá prostituirse en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán por la espada, tu tierra será repartida a cordel, tu morirás en un país impuro e Israel será deportado de su tierra”».
Salmo 129
1Canción de las subidas. ¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud —que lo diga Israel—,
2cuánta guerra me han hecho desde mi juventud, pero no pudieron conmigo!
3En mis espaldas metieron el arado y alargaron los surcos.
4Pero el Señor, que es justo, rompió las coyundas de los malvados.
5Retrocedan avergonzados los que odian a Sión;
6sean como la hierba del tejado, que se seca y nadie la siega;
7que no llena la mano del segador ni la brazada del que agavilla;
8ni le dicen los que pasan: «Que el Señor te bendiga. Os bendecimos en el nombre del Señor».