Lectura 345 de 365
Amós 8-9 · Salmos 130
Amós 8
1Esto me hizo ver el Señor Dios: una cesta de fruta madura.
2Me preguntó: «¿Qué ves, Amós?». Respondí: «Una cesta de fruta madura». El Señor me dijo: «Mi pueblo Israel está maduro para el castigo. No le dejaré pasar una más.
3Aquel día las canciones del templo serán gemidos, —oráculo del Señor Dios—. ¡Cuántos cadáveres arrojados por todas partes! ¡Solo silencio!».
4Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país,
5diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal —reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño—
6para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?».
7El Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob: «No olvidaré jamás ninguna de sus acciones».
8¿No va a temblar por esto el país, y no harán duelo todos sus habitantes? Se alzará todo él como el Nilo, como el Nilo de Egipto se agitará y se calmará.
9Aquel día —oráculo del Señor Dios— haré que el sol se oculte a mediodía, y oscureceré la tierra en pleno día.
10Transformaré vuestras fiestas en duelo, y todas vuestras canciones en elegía. Pondré arpillera sobre toda espalda y dejaré rapada toda cabeza. Será como el duelo por un hijo único, y el final como un día de amargura.
11Vienen días —oráculo del Señor Dios— en que enviaré hambre al país: no hambre de pan, ni sed de agua, sino de escuchar las palabras del Señor.
12Andarán errantes de mar a mar y de septentrión a oriente deambularán buscando la palabra del Señor, pero no la encontrarán.
13Aquel día desfallecerán de sed las hermosas muchachas y los jóvenes,
14los que juran por la culpa de Samaría diciendo: «Por la vida de tu dios, Dan», y: «Por las peregrinaciones a Berseba». Caerán para no levantarse más.
Amós 9
1Vi al Señor, de pie junto al altar, que decía: «Golpea los capiteles y tiemblen las jambas; corta la vida a cuantos caminan a la cabeza: a quienes los siguen, yo los mataré por la espada. Ningún fugitivo logrará escapar, ningún superviviente se salvará.
2Aunque excaven hasta el abismo, de allí los cogerá mi mano; aunque suban hasta el cielo, desde allí los bajaré.
3Si se escondieran en la cumbre del Carmelo, allí los descubriré y atraparé. Si se ocultaran de mi vista en lo profundo del mar, mandaré a la serpiente que los muerda.
4Y si marchan al cautiverio delante de sus enemigos, mandaré a la espada que los mate. Fijaré mis ojos en ellos para mal, y no para bien».
5El Señor, Dios del universo, es quien toca la tierra y ella se estremece, y hacen duelo todos sus habitantes. Se alza toda ella como el Nilo y como el Nilo de Egipto se calma.
6Es él quien construye en los cielos su morada y establece su bóveda sobre la tierra; convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra. Su nombre es el Señor.
7¿No sois para mí como etíopes, hijos de Israel? —oráculo del Señor—. ¿No saqué a Israel de Egipto, como a los filisteos de Caftor, y a los sirios de Quir?
8Los ojos del Señor Dios están dirigidos contra el reino pecador: Yo lo exterminaré de la faz de la tierra, pero no destruiré completamente la casa de Jacob —oráculo del Señor—.
9Daré orden de zarandear a la casa de Israel entre las naciones, como se zarandea una criba, sin que caiga a tierra ni una piedrecilla.
10A espada perecerán todos los pecadores de mi pueblo, todos los que dicen: «No nos tocará, ni se nos acercará la desgracia».
11Aquel día levantaré la cabaña caída de David, repararé sus brechas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré como antaño,
12para que posean el resto de Edón y todas las naciones sobre las cuales fue invocado mi nombre —oráculo del Señor que hace todo esto—.
13Vienen días —oráculo del Señor— cuando se encontrarán el que ara con el que siega, y el que pisa la uva con quien esparce la semilla; las montañas destilarán mosto y las colinas se derretirán.
14Repatriaré a los desterrados de mi pueblo Israel; ellos reconstruirán ciudades derruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, cultivaran huertos y comerán sus frutos.
15Yo los plantaré en su tierra, que yo les había dado, y ya no serán arrancados de ella —dice el Señor, tu Dios—.
Salmo 130
1Canción de las subidas. Desde lo hondo a ti grito, Señor;
2Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
3Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
4Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor.
5Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
6mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
7Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
8y él redimirá a Israel de todos sus delitos.