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Lectura 343 de 365

Amós 4-5 · Salmos 128

Letra: Normal

Amós 4

1Escuchad esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaría: que oprimís a los indigentes, maltratáis a los necesitados y decís a vuestros señores: «¡Traed y bebamos!».

2El Señor Dios lo ha jurado por su santidad: «Vienen días sobre vosotros en que os arrastrarán con garfios a vosotros y con ganchos de pesca a vuestra prole.

3Saldrá uno tras otro por las brechas y os empujarán hacia el Hermón» —oráculo del Señor—.

4¡Id a Betel a pecar, a Guilgal, y multiplicad las transgresiones! ¡Presentad vuestros sacrificios por la mañana, cada tres días vuestros diezmos!

5¡Ofreced acciones de gracias con pan fermentado! Proclamad en voz alta las ofrendas voluntarias, pues eso es lo que os gusta, hijos de Israel —oráculo del Señor Dios—.

6Yo, por mi parte, os había dejado con los dientes limpios en todas vuestras ciudades y faltos de pan en todas vuestras comarcas. Pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.

7También os negué la lluvia tres meses antes de la cosecha: hice llover en una ciudad, y en otra no. Una parcela tuvo lluvia, pero otra, sin lluvia, se secó.

8De dos o tres ciudades deambularon hasta otra para beber agua, sin poder apagar su sed. Pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.

9Os he golpeado con tizón y añublo; he secado vuestros huertos y viñedos; la langosta devoró vuestras higueras y olivares, pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.

10Envié contra vosotros una peste como la peste de Egipto; entregué vuestros jóvenes a la espada y a los caballos como botín; hice subir a vuestras narices el hedor de vuestros campamentos. Pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.

11Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra, y quedasteis como tizón sacado del incendio. Pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.

12Por eso, así voy a tratarte, Israel. Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios.

13Porque él es el que forma las montañas y crea el viento, manifiesta al hombre su designio, hace la aurora y las tinieblas, y marcha sobre las alturas de la tierra, ¡El Señor Dios del universo es su nombre!

Amós 5

1Escuchad esta palabra que yo profiero sobre vosotros: una elegía, casa de Israel.

2Cayó, no volverá a levantarse; la doncella Israel yace sobre su propia tierra: no hay quien la levante.

3Pues así dice el Señor Dios a la casa de Israel: la ciudad que sacó mil en campaña, quedará con cien; la que sacó cien en campaña, quedará con diez.

4Pues esto dice el Señor a la casa de Israel: ¡Buscadme y viviréis!

5No busquéis a Betel, no vayáis a Guilgal, no paséis por Berseba; porque Guilgal será deportada y Betel será aniquilada.

6Buscad al Señor y viviréis, no sea que venga como fuego sobre la casa de José y no haya quien extinga el incendio de Betel.

7Él es el que cambia el mar en acíbar y establece en el país el derecho y la justicia,

8el que ha creado las Pléyades y Orión, que cambia en alborada las tinieblas y convierte el día en noche, que convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra, El Señor es su nombre.

9Él desencadena el saqueo sobre los poderosos y el saqueo alcanza la plaza fuerte.

10Odian a quien los amonesta en el tribunal y detestan a quien habla con rectitud.

11Por eso, porque conculcáis al indigente, exigiéndole un tributo de grano, habéis edificado casas de sillares, pero no las habitaréis; habéis plantado viñas selectas, pero no beberéis su vino.

12Porque conozco vuestras numerosas transgresiones y vuestros enormes pecados: oprimir al inocente, aceptar soborno y atropellar a los pobres en el tribunal.

13Por eso en estos tiempos calla el prudente, porque son tiempos malos.

14Buscad el bien, no el mal, y viviréis, y así el Señor, Dios del universo, estará con vosotros, como pretendéis.

15Odiad el mal y amad el bien, instaurad el derecho en el tribunal. Tal vez el Señor, Dios del universo, tenga piedad del Resto de José.

16Por eso, así dice el Señor, Dios del universo, mi Señor: En todas las plazas habrá lamentación y en todas las calles gritarán: «¡Ay, ay!». Invitará el campesino al duelo y a la lamentación a los que saben plañir.

17En todas las viñas habrá lamentaciones, cuando pase entre vosotros, ha dicho el Señor.

18¡Ay de los que ansían el Día del Señor! ¿De qué os servirá el Día del Señor? ¡Será tinieblas, y no luz!

19Será como cuando un hombre huye de un león y se topa con un oso, o entra en casa, apoya su mano en la pared y lo muerde una serpiente.

20¿No es el Día del Señor tinieblas y no luz, densa oscuridad sin resplandor alguno?

21Aborrezco y rechazo vuestras fiestas, no acepto vuestras asambleas.

22Aunque me presentéis holocaustos y ofrendas, no me complaceré en ellos, ni miraré las ofrendas pacíficas con novillos cebados.

23Aparta de mí el estrépito de tus canciones; no quiero escuchar la melodía de tus cítaras.

24Que fluya como agua el derecho y la justicia como arroyo perenne.

25¿Es que en el desierto durante cuarenta años me ofrecisteis sacrificios y oblaciones, casa de Israel?

26Tendréis que cargar con Sicut, vuestro rey, y con Quiyún, vuestras imágenes de las estrellas, vuestros dioses, que os habéis fabricado,

27cuando os destierre más allá de Damasco, dice el Señor, cuyo nombre es Dios del universo.

Salmo 128

1Canción de las subidas. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

2Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien;

3tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa:

4Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.

5Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida;

6que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!