Lectura 340 de 365
Joel 2-3 · Salmos 125
Joel 2
1Tocad la trompeta en Sión, gritad en mi monte santo, se estremecen todos los habitantes del país, pues llega el Día del Señor. Sí, se acerca,
2día de oscuridad y negrura, día de niebla y oscuridad, como el alba, sobre los montes, avanza un gentío innumerable, poderoso como nunca lo hubo ni lo habrá tras él por generaciones.
3El fuego devora por delante, por detrás consume la llama; el país ante él es un Edén, tras él desierto y desolación. ¡No deja ni rastro!
4Parecen caballos, pasan como jinetes;
5como ruido de carros, brincando por las cimas de los montes; como chisporroteo de fuego que devora la paja; como gentío inmenso, dispuesto para la guerra.
6Ante él los pueblos se estremecen y todos palidecen.
7Corren como valientes, como guerreros trepan por las murallas; cada cual marcha en su lugar, no se estorban en su andar.
8Nadie estorba a su vecino, cada cual avanza por su camino; aunque pasen entre flechas, no se desconciertan.
9Asaltan la ciudad, corren por las murallas, entran por las ventanas de las casas a robar.
10Ante ellos se estremece la tierra, tiemblan los cielos; el sol y la luna se ensombrecen, las estrellas pierden su brillo.
11El Señor grita a su ejército, pues muchos son sus campamentos, innumerables los que cumplen su palabra. Grande es el Día del Señor, terrible, ¿quién podrá con él?
12Pues bien —oráculo del Señor—, convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos;
13rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo.
14¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y libación para el Señor, vuestro Dios!
15Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea,
16reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a los muchachos y a los niños de pecho; salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo.
17Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: Ten compasión de tu pueblo, Señor; no entregues tu heredad al oprobio ni a las burlas de los pueblos. ¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?
18Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo;
19le respondió diciendo: Voy a enviaros grano, mosto y aceite hasta hartaros. Ya no os entregaré más al escarnio de los pueblos.
20Alejaré de vosotros al enemigo del norte; lo expulsaré a una tierra yerma y desolada; la vanguardia, hacia el mar de Oriente, la retaguardia, hacia el mar de Poniente. Se extenderá su fetidez, se esparcirá su hedor, porque el Señor ha hecho cosas grandes.
21No temas, tierra; goza y alégrate, porque el Señor se engrandece por su acción.
22No temáis fieras del campo, pues florecen las dehesas, y los árboles dan su producto, la higuera y la viña dan su fruto.
23Hijos de Sión, gozaos y alegraos en el Señor vuestro Dios, pues os da la lluvia temprana en su momento, y os envía el agua: la temprana y la de primavera en el primer mes.
24Se llenarán las eras de grano, los lagares rebosarán de mosto y aceite.
25Les daré el doble del bienestar que se llevó el saltón, la caballeta, el saltamontes y la langosta, mi gran ejército que envié contra ellos.
26Comeréis y os hartaréis, y alabaréis el nombre del Señor vuestro Dios, que actuó con vosotros con tantas maravillas. Y mi pueblo no tendrá que avergonzarse nunca más.
27Reconoceréis que yo estoy en medio de Israel, que yo soy el Señor vuestro Dios y que no hay otro. Y mi pueblo no tendrá que avergonzarse nunca más».
Joel 3
1Después de todo esto, derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes verán visiones.
2Incluso sobre vuestros siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.
3Pondré señales en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo.
4El sol se convertirá en tinieblas, la luna, en sangre ante el Día del Señor que llega, grande y terrible.
5Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Habrá supervivientes en el monte Sión, como lo dijo el Señor, y también en Jerusalén entre el resto que el Señor convocará.
Salmo 125
1Canción de las subidas. Los que confían en el Señor son como el monte Sión: no tiembla, está asentado para siempre.
2Jerusalén está rodeada de montañas, y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
3No descansará el cetro de los malvados sobre el lote de los justos, no sea que los justos extiendan su mano a la maldad.
4Señor, concede bienes a los buenos, a los sinceros de corazón;
5y a los que se desvían por sendas tortuosas, que los rechace el Señor con los malhechores. ¡Paz a Israel!