Lectura 339 de 365
Oseas 14 · Joel 1 · Salmos 124
Oseas 14
1Culpable es Samaría, porque se ha rebelado contra su Dios. Por la espada caerán, sus vástagos serán estrellados y sus mujeres encintas abiertas en canal.
2Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta.
3Tomad vuestras promesas con vosotros, y volved al Señor. Decidle: «Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión:
4Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión».
5«Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos.
6Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano.
7Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo, y su perfume como el del Líbano.
8Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano.
9Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto».
10¿Quién será sabio, para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas? Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos.
Joel 1
1Palabra que el Señor dirigió a Joel, hijo de Petuel.
2Escuchad esto, ancianos, prestad atención, habitantes todos del país. ¿Había pasado algo igual en vuestro tiempo o en tiempo de vuestros antepasados?
3Contádselo a vuestros hijos, y vuestros hijos a los suyos, y estos a los que les sigan.
4Lo que dejó el saltón se lo comió la caballeta, lo que dejó la caballeta se lo comió el saltamontes, lo que dejó el saltamontes se lo comió la langosta.
5Despertad, borrachos, y llorad, gritad de espanto, aficionados al vino, por el licor que os quitan de la boca.
6Pues sube un pueblo contra mi país, es innumerable, no hay quien lo cuente; sus dientes son de león, de leona sus mandíbulas.
7Hace de mi viñedo un destrozo, de mi higuera un montón de hojas secas. Los ha pelado y repelado, ha descortezado sus ramas.
8Suspira, como joven vestida de saco por el marido de su juventud.
9Suspendidas están la ofrenda y la oblación en el templo del Señor. Hacen duelo los sacerdotes, los servidores del Señor.
10Devastado está el campo, de luto la tierra; se ha perdido el grano, se ha secado el mosto, se ha pasado el aceite.
11Avergonzaos labradores, lamentaos viñadores por el trigo y la cebada, pues se ha perdido la cosecha del campo.
12La viña se ha secado, la higuera se ha agostado; el granado, la palmera y el manzano, todos los árboles del campo se han secado. Se acabó la alegría de la gente.
13Vestíos de luto, haced duelo, sacerdotes, gritad, servidores del altar. Venid y pasad la noche en sacos, servidores de Dios, pues no hay en el templo de vuestro Dios ofrenda y libación.
14Proclamad un ayuno santo, convocad la asamblea, reunid a los jefes, a todos los habitantes del país en la casa de vuestro Dios y llamad a gritos al Señor.
15¡Ay del día! Se acerca el Día del Señor, llega como ruina arrolladora.
16¿No lo tenemos ante la vista? El alimento ha desaparecido, y el gozo y la alegría, del templo del Señor.
17Se ha secado la semilla debajo de los terrones. Los silos deshechos, los graneros destruidos, y el grano se ha secado.
18¡Cómo muge el ganado, perdidas andan las reses, pues no tienen forraje y también lo pagan las ovejas!
19¡A ti te invoco, Señor! Pues el fuego devora las dehesas y la llama consume todos los árboles del campo.
20Hasta las fieras te rugen, pues se han secado las corrientes de agua y el fuego devora las dehesas.
Salmo 124
1Canción de las subidas. De David. Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte —que lo diga Israel—,
2si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres,
3nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.
4Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello;
5nos habrían llegado hasta el cuello las aguas impetuosas.
6Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes;
7hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió, y escapamos.
8Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.