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Lectura 33 de 365

Levítico 7-9 · Lucas 21-22

Letra: Normal

Levítico 7

1Esta es la ley del sacrificio de reparación. Es cosa santísima.

2Degollarán la víctima de reparación en el lugar donde se degüella el holocausto, y su sangre se derramará por todos los lados del altar.

3Se ofrecerá toda la grasa de la víctima: la cola y la grasa que recubre las entrañas;

4los dos riñones y la grasa adherida a ellos y a los lomos, y el lóbulo del hígado; se apartará toda esa grasa junto con los riñones.

5El sacerdote lo quemará sobre el altar como oblación para el Señor. Es un sacrificio de reparación.

6Podrán comerlo todos los varones de linaje sacerdotal; se comerá en lugar sagrado. Es cosa santísima.

7El sacrificio expiatorio es como el sacrificio de reparación: tienen la misma ley. La víctima pertenece al sacerdote que haya hecho la expiación con ella.

8La piel de la víctima de un holocausto presentado por alguien, será para el sacerdote que la ha ofrecido.

9Toda oblación cocida al horno o preparada en cazuela o en sartén pertenece también al sacerdote que la ofrece;

10pero toda oblación amasada con aceite, o seca, es para todos los hijos de Aarón, en porciones iguales.

11Esta es la ley de los sacrificios de comunión que se ofrecen al Señor:

12Si se ofrece el sacrificio en alabanza, se ofrecerán, junto con él, panes ácimos amasados con aceite, tortas sin levadura untadas de aceite y tortas de flor de harina amasadas con aceite.

13Se añadirá esta ofrenda a las tortas de pan fermentado y al sacrificio de alabanza.

14Se reservará una pieza de cada clase como tributo al Señor y corresponderá al sacerdote que haya derramado la sangre del sacrificio de comunión.

15La carne del sacrificio de comunión en alabanza se comerá el día mismo en que se ofrece, sin dejar nada de ella para la mañana siguiente.

16Si se ofrece la víctima cumpliendo un voto, o como ofrenda voluntaria, se comerá el mismo día en que ha sido ofrecida, y lo que sobre podrá comerse al día siguiente.

17Pero lo que quede de la carne de la víctima para el tercer día será quemado.

18Si se come la carne de un sacrificio de comunión al tercer día, no obtendrá favor el que lo ofrece; no se le tendrá en cuenta. Es una abominación. Y quien coma de ella, cargará con su culpa.

19La carne que haya tocado alguna cosa impura, no se puede comer; será consumida por el fuego. Toda persona pura podrá comer la carne.

20Pero quien, en estado de impureza, coma carne del sacrificio de comunión presentado al Señor, será excluido de su pueblo.

21Si alguien toca cualquier cosa inmunda, sea inmundicia de hombre, o de animal, o cualquier otra abominación impura, y luego come carne del sacrificio de comunión ofrecido al Señor, será excluido de su pueblo”».

22El Señor habló así a Moisés:

23«Di esto a los hijos de Israel: “No comeréis grasa de buey, ni de cordero ni de cabra.

24La grasa de animal muerto o destrozado podrá servir para cualquier uso, pero en modo alguno la comeréis.

25Porque todo aquel que coma grasa de animal que puede ofrecerse al Señor como oblación, será excluido de su pueblo.

26Tampoco comeréis sangre de ave o de otro animal, en ninguno de los lugares en que habitéis.

27Todo el que coma cualquier clase de sangre será excluido de su pueblo”».

28El Señor habló así a Moisés:

29«Di esto a los hijos de Israel: “Quien ofrezca al Señor un sacrificio de comunión, presente al Señor una porción de su sacrificio.

30Con sus propias manos presentará los alimentos que se han de quemar para el Señor: él mismo presentará la grasa y el pecho: el pecho para el balanceo ritual ante el Señor.

31El sacerdote quemará la grasa sobre el altar. El pecho es para Aarón y sus hijos.

32Reservaréis también al sacerdote, como tributo, la pierna derecha de vuestros sacrificios de comunión.

33Esta pierna derecha pertenecerá a aquel de los hijos de Aarón que haya ofrecido la sangre y la grasa de los sacrificios de comunión.

34Pues yo retengo a los hijos de Israel, de sus sacrificios de comunión, el pecho sometido al rito de balanceo y la pierna del tributo, y se lo doy, de parte de ellos, al sacerdote Aarón y a sus hijos. Es una ley perpetua.

35Esta es la porción de Aarón y de sus hijos, en las oblaciones quemadas en honor del Señor, desde el día en que fueron presentados para ejercer el sacerdocio del Señor.

36Esto es lo que el Señor mandó que los hijos de Israel le dieran el mismo día en que los ungió. Es ley perpetua, de generación en generación.

37Esta es la ley del holocausto, de la oblación, del sacrificio expiatorio, del sacrificio de reparación, del sacrificio de investidura y del sacrificio de comunión.

38El Señor se lo prescribió a Moisés en el monte Sinaí, cuando mandó a los hijos de Israel, en el desierto del Sinaí, que presentaran sus ofrendas al Señor”».

Levítico 8

1El Señor habló así a Moisés:

2«Toma a Aarón y a sus hijos, las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo del sacrificio expiatorio, los dos carneros y el cestillo de panes ácimos,

3y convoca a toda la asamblea a la entrada de la Tienda del Encuentro».

4Moisés cumplió el mandato del Señor y se congregó la asamblea a la entrada de la Tienda del Encuentro.

5Moisés dijo a la asamblea: «Esto es lo que el Señor ha mandado hacer».

6Después hizo que se acercaran Aarón y sus hijos, y los bañó.

7Le impuso a Aarón la túnica y se la ciñó con la banda, le puso el manto y encima le colocó el efod, y se lo ciñó sujetándolo con la cinta del mismo efod.

8Le impuso el pectoral y metió en él los urim y los tumim.

9Le puso un turbante en la cabeza y le impuso, en la parte delantera del mismo, la flor de oro, la diadema santa, como el Señor le había ordenado.

10Tomando después el óleo de la unción, ungió Moisés la Morada y todas las cosas que en ella había, y las consagró.

11Hizo con el aceite siete aspersiones sobre el altar y ungió el altar con todos sus utensilios, la pila con su peana, y los consagró.

12Luego derramó óleo sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, y así lo consagró.

13Después Moisés hizo que se acercaran los hijos de Aarón, les vistió la túnica, se la ciñó con la banda y les puso sobre la cabeza las birretas; como el Señor le había ordenado.

14Hizo traer el novillo del sacrificio expiatorio. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del novillo expiatorio.

15Moisés lo degolló y, tomando de su sangre, untó con el dedo los salientes del altar por todos los lados: así lo purificó. Derramó la sangre al pie del altar y así lo consagró para hacer en él la expiación.

16Tomó toda la grasa que envuelve las vísceras, el lóbulo del hígado, los dos riñones con su grasa, y lo quemó sobre el altar.

17El resto del novillo, la piel, la carne y los intestinos, lo quemó fuera del campamento; como el Señor le había ordenado.

18Hizo traer el carnero del holocausto. Aarón y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza de la víctima.

19Moisés lo degolló y roció con la sangre el altar por todos los lados.

20Descuartizó el carnero y quemó la cabeza, los trozos y la grasa.

21Lavó las entrañas y las patas, y quemó todo el carnero sobre el altar, como holocausto de calmante aroma, oblación para el Señor, tal como el Señor se lo había ordenado.

22Hizo luego traer el segundo carnero, el del sacrificio de investidura. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero.

23Moisés lo degolló y, tomando de su sangre, untó el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho.

24Hizo Moisés que se acercaran los hijos de Aarón, les untó con la sangre el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y el dedo gordo del pie derecho; y derramó la sangre sobre el altar por todos los lados.

25Tomó la grasa, la cola, toda la grasa que envuelve las entrañas, el lóbulo del hígado, los dos riñones con su grasa y la pierna derecha.

26Del canastillo de los ácimos puesto ante el Señor tomó un pan ácimo, un pan amasado con aceite y una torta, y los colocó sobre la grasa y la pierna derecha.

27Lo puso todo ello en manos de Aarón y de sus hijos. Aarón hizo con ello el rito de balanceo ante el Señor.

28Luego Moisés lo tomó de sus manos y lo quemó en el altar, encima del holocausto. Fue el sacrificio de investidura: calmante aroma, oblación en honor del Señor.

29Después Moisés tomó el pecho e hizo con él el rito de balanceo ante el Señor; era la ración del carnero de investidura que correspondía a Moisés, como se lo había ordenado el Señor.

30Moisés tomó el óleo de la unción y sangre de encima del altar, y roció a Aarón y sus vestiduras, así como a los hijos de Aarón y sus vestiduras. Así consagró a Aarón y sus vestiduras, así como a sus hijos y las vestiduras de sus hijos.

31Moisés dijo a Aarón y a sus hijos: «Coced la carne a la entrada de la Tienda del Encuentro y comedla allí mismo; comed también el pan del canastillo de la investidura. Así se me ordenó: “Lo comerán Aarón y sus hijos”.

32Las sobras de la carne y del pan las quemaréis.

33Y no salgáis por la puerta de la Tienda del Encuentro durante siete días, hasta que se cumpla el tiempo de vuestra investidura; porque son siete los días que ha de durar vuestra investidura.

34El Señor ha mandado que se proceda como se ha procedido hoy para obtener vuestra expiación

35Así permaneceréis siete días, día y noche, a la entrada de la Tienda del Encuentro. Respetaréis las prescripciones del Señor, y así no moriréis. Es lo que me ha sido ordenado».

36Aarón y sus hijos cumplieron todo lo que el Señor había mandado por medio de Moisés.

Levítico 9

1El día octavo Moisés llamó a Aarón, a sus hijos y a los ancianos de Israel.

2Y dijo a Aarón: «Trae un novillo para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto, ambos sin defecto, y ofrécelos delante del Señor.

3Y dirás a los hijos de Israel: “Tomad un macho cabrío para el sacrificio expiatorio, un novillo y un cordero, ambos de un año y sin defecto, para el holocausto;

4un buey y un carnero, para los sacrificios de comunión, para sacrificarlos delante del Señor; y una oblación amasada con aceite, porque hoy el Señor se os va a mostrar”».

5Llevaron, pues, ante la Tienda del Encuentro lo que Moisés había mandado. Toda la comunidad se acercó y se colocó ante el Señor.

6Moisés les dijo: «Esto es lo que ha mandado el Señor; cumplidlo y se os mostrará la gloria del Señor».

7Después dijo Moisés a Aarón: «Acércate al altar, y ofrece tu sacrificio expiatorio y tu holocausto. Haz así la expiación por ti mismo y por tu casa. Presenta luego la ofrenda del pueblo y haz la expiación por el pueblo, como ha ordenado el Señor».

8Se acercó, pues, Aarón al altar y degolló el novillo del sacrificio por su propio pecado.

9Los hijos de Aarón le acercaron la sangre; y él, mojando su dedo en la sangre, untó con ella los salientes del altar y derramó la sangre al pie del mismo altar.

10Luego quemó sobre el altar la grasa, los riñones y el lóbulo del hígado de la víctima expiatoria, como el Señor se lo había ordenado a Moisés.

11Pero la carne y la piel las quemó fuera del campamento.

12Después degolló la víctima del holocausto. Los hijos de Aarón le acercaron la sangre, y él roció con ella el altar, todo alrededor.

13Le acercaron la víctima del holocausto ya descuartizada y la cabeza, y Aarón lo quemó todo sobre el altar.

14Lavó las entrañas y las patas, y las quemó sobre el altar encima del holocausto.

15Después presentó la ofrenda del pueblo: tomó el macho cabrío correspondiente al sacrificio expiatorio del pueblo, lo degolló y lo sacrificó como sacrificio expiatorio, igual que el primero.

16Ofreció el holocausto, siguiendo el ritual establecido.

17Presentó también la oblación: tomando un puñado de ella, la quemó en el altar (además del holocausto matutino).

18Degolló también el buey y el carnero como sacrificio de comunión por el pueblo. Los hijos de Aarón le acercaron la sangre, y él roció con ella el altar, todo alrededor.

19Las partes grasas del buey y del carnero, la cola, la grasa que envuelve las entrañas, los riñones y el lóbulo del hígado,

20las pusieron sobre los pechos de las víctimas y él las quemó sobre el altar.

21Aarón hizo el rito de balanceo con los pechos y la pierna derecha ante el Señor, como le había ordenado Moisés.

22Aarón, alzando las manos sobre el pueblo, lo bendijo; y, después de haber ofrecido el sacrificio expiatorio, el holocausto y el sacrificio de comunión, bajó.

23Aarón y Moisés entraron en la Tienda del Encuentro. Cuando salieron, bendijeron al pueblo. Y la gloria del Señor se mostró a todo el pueblo.

24De la presencia del Señor salió fuego, que devoró el holocausto y la grasa que estaban sobre el altar. Al verlo, el pueblo prorrumpió en aclamaciones y cayó rostro en tierra.

Lucas 21

1Alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo;

2vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas,

3y dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos,

4porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

5Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:

6«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».

7Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

8Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.

9Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

10Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino,

11habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

12Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre.

13Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

14Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa,

15porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

16Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros,

17y todos os odiarán a causa de mi nombre.

18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá;

19con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

20Y cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.

21Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella;

22porque estos son días de venganza para que se cumpla todo lo que está escrito.

23¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.

24Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por gentiles, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.

25Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje,

26desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.

27Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

28Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

29Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles:

30cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

31Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

32En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.

33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

34Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día;

35porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

36Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

37Estaba durante el día enseñando en el templo, pero de noche se marchaba y pernoctaba en el monte llamado de los Olivos.

38Y todo el pueblo madrugaba para venir en su busca a escucharlo en el templo.

Lucas 22

1Estaba muy cerca la fiesta de los Ácimos llamada Pascua.

2Y andaban buscando los sumos sacerdotes y los escribas cómo quitarlo de en medio, porque temían al pueblo.

3Entonces entró Satanás en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce,

4y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y oficiales del templo el modo de entregárselo.

5Ellos se alegraron y acordaron darle dinero.

6Él aceptó y buscaba una ocasión propicia para entregarlo sin la presencia del pueblo.

7Llegó, pues, el día de los Ácimos, en que se debía sacrificar la Pascua.

8Y envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: «Id a prepararnos la Pascua para que la comamos».

9Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?».

10Y él les dijo: «Mirad, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua. Seguidlo hasta la casa en que entre

11y diréis al dueño de la casa: “El Maestro te pregunta: ¿Dónde está la habitación en la que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.

12Él os mostrará en el piso superior una habitación grande amueblada con divanes. Preparadla allí».

13Fueron y lo encontraron como les había dicho y prepararon la Pascua.

14Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él

15y les dijo: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer,

16porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios».

17Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros;

18porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios».

19Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía».

20Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.

21Pero mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa.

22Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!».

23Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.

24Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor.

25Pero él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores.

26Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve.

27Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

28Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas,

29y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí,

30de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

31Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo.

32Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos».

33Él le dijo: «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte».

34Pero él le dijo: «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado conocerme».

35Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?». Dijeron: «Nada».

36«Pero ahora, el que tenga bolsa, que la lleve consigo, y lo mismo la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una.

37Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los pecadores”, pues lo que se refiere a mí toca a su fin».

38Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas». Él les dijo: «Basta».

39Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos.

40Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en tentación».

41Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba

42diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

43Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba.

44En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre.

45Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza,

46y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación».

47Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.

48Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

49Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron: «Señor, ¿herimos con la espada?».

50Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.

51Jesús intervino diciendo: «Dejadlo, basta». Y, tocándole la oreja, lo curó.

52Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: «¿Habéis salido con espadas y palos como en busca de un bandido?

53Estando a diario en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas».

54Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos.

55Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos.

56Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo: «También este estaba con él».

57Pero él lo negó diciendo: «No lo conozco, mujer».

58Poco después, lo vio otro y le dijo: «Tú también eres uno de ellos». Pero Pedro replicó: «Hombre, no lo soy».

59Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo: «Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo».

60Pedro dijo: «Hombre, no sé de qué me hablas». Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo.

61El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces».

62Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

63Y los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.

64Y, tapándole la cara, le preguntaban diciendo: «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?».

65E, insultándolo, proferían contra él otras muchas cosas.

66Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedrín,

67y le dijeron: «Si tú eres el Mesías, dínoslo». Él les dijo: «Si os lo digo, no lo vais a creer;

68y si os pregunto, no me vais a responder.

69Pero, desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios».

70Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?». Él les dijo: «Vosotros lo decís, yo lo soy».

71Ellos dijeron: «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca».