← La Biblia entera en 365 lecturas

Lectura 338 de 365

Oseas 12-13 · Salmos 123

Letra: Normal

Oseas 12

1Israel me ha rodeado de calumnias, de engaño, la casa de Israel. Pero Judá todavía está con Dios y es fiel al Santo.

2Efraín pastorea el viento, persigue el viento del este todo el día, falsedad y pillaje multiplica. Hasta han hecho una alianza con Asiria, y ofrecen aceite a Egipto.

3El Señor tiene un pleito contra Israel, pide cuentas a Jacob de su conducta, le retribuirá como merecen sus acciones.

4En el seno materno suplantó a su hermano, y en la edad adulta luchó con Dios.

5Luchó con el ángel y lo pudo, él lloró y le suplicó. En Betel lo encuentra, allí habla con nosotros:

6Señor, Dios del universo, «Señor» es su nombre.

7Tú regresarás por obra de tu Dios. Procede con amor y con justicia y confía siempre en tu Dios.

8Canaán utiliza una balanza trucada, le gusta sacar ventajas.

9Y Efraín dice: «Ciertamente me he enriquecido, he adquirido una fortuna; en todo lo que he hecho no me encontrarán culpa ni pecado».

10Pero yo soy el Señor tu Dios, desde la tierra de Egipto. Te haré habitar de nuevo en tiendas, como en los días del encuentro.

11Hablaré contra los profetas; yo multiplicaré las visiones, y por medio de los profetas te destruiré.

12Si Galaad es una ignominia, tanto más es corrupción el sacrificio de toros en Guilgal; sus altares son como escombros en los surcos del campo.

13Huyó Jacob a los campos de Arán, por una mujer sirvió Israel, y por una mujer vigiló los rebaños.

14Pero por un profeta hizo salir el Señor a Israel de Egipto, y por un profeta fue vigilado.

15Efraín irritó amargamente a su Señor; él lo abandonará a sus crímenes, y le devolverá sus ultrajes.

Oseas 13

1Cuando hablaba Efraín inspiraba terror en Israel, pero se hizo culpable por Baal y pereció.

2Y sin embargo continúan pecando y se fabrican estatuas fundidas, con su plata hacen ídolos, según su destreza: todo obra de artesanos. Se les dice: «Sacrificadle; hombres besan a becerros».

3Por eso serán como nube mañanera, como el rocío que temprano se disipa, como paja que se arremolina lejos de la era, como humo que escapa por una abertura.

4Pero yo soy el Señor, tu Dios, desde la tierra de Egipto, y no conoces a otro dios fuera de mí, ni a otro salvador, sino a mí.

5Yo te conocí en el desierto, en una tierra ardiente.

6Cuando tenían grano se saciaban, se saciaban y se ensoberbecía su corazón; por eso me olvidaron.

7Yo me volví para ellos como un leopardo, como una pantera espiaba su camino.

8Los atacaré como una osa privada de sus crías, desgarraré las membranas de su corazón, los devoraré allí mismo como una leona, una bestia salvaje que los despedaza.

9Voy a aniquilarte, Israel, ¿quién será tu ayuda?

10¿Dónde, dónde está tu rey, que debía salvarte en todas tus ciudades, dónde tus jueces, a los que decías: «Dame un rey y autoridades»?

11Te doy un rey en mi cólera, y te lo quito en mi furor.

12La culpa de Efraín está asegurada, a buen recaudo su pecado.

13Le llegarán los dolores de la parturienta, pero su hijo será torpe: cuando llegue el momento, no acudirá a la salida del seno.

14¿Los rescataré del poder del Abismo? ¿Los libraré de la muerte? ¿Dónde está tu fetidez, muerte? ¿Dónde está tu contagio, Abismo? La compasión se oculta a mis ojos.

15Aunque florezca entre carrizos, llegará el viento del este, el viento del Señor se levantará desde el desierto, y secará su manantial, agotará su fuente; saqueará su tesoro, todos los objetos preciosos.

Salmo 123

1Canción de las subidas. A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo.

2Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.

3Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios;

4nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.