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Oseas 10-11 · Salmos 122
Oseas 10
1Una viña arrasada es Israel, el fruto es como ella. Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares. Cuanto más rica era su tierra, más adornaban sus estelas.
2Su corazón es inconstante, así pues pagarán. Él mismo hará pedazos sus altares, demolerá sus estelas.
3Entonces dirán: no tenemos rey porque no tuvimos temor del Señor…, y el rey ¿que haría por nosotros?
4Pronunciar discursos, jurar en vano, establecer pactos…, y entre tanto, florecen los procesos como hierba venenosa en los surcos de los campos.
5Por las terneras de Betavén se estremecen los habitantes de Samaría. Su pueblo está de duelo por él, sus sacerdotes se agitan por él, por su gloria, porque ha sido deportado.
6También a él lo llevarán a Asiria, como oblación para el Gran Rey. Efraín cargará con la vergüenza, se avergonzará Israel de su decisión.
7Ha desaparecido el rey de Samaría, como una rama de la superficie del agua.
8Serán destruidos los altozanos de la Iniquidad, ¡pecado de Israel! Espino y maleza crecerán sobre sus altares. Dirán a las montañas: «Cubridnos», y a las colinas: «Caed sobre nosotros».
9Desde los días de Guibeá pecaste, Israel, y en el pecado permanecieron, pensando que no los alcanzaría en Guibeá la guerra contra los perversos.
10Quiero corregirlos: se unirán contra ellos los pueblos por haberse apegado a sus dos crímenes.
11Efraín había sido una ternera domesticada, le gustaba trillar. Yo pasé mi mano por su fuerte cerviz: «Unciré a Efraín, Judá abrirá el surco, Jacob rastrillará con él».
12Sembrad con justicia, recoged con amor. Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia.
13Habéis cultivado la maldad, cosechado la perversión, comido el fruto del engaño. Porque confiaste en tus decisiones, y en tus numerosos guerreros,
14por eso se alza un tumulto de guerra contra tu pueblo y todas tus fortalezas son devastadas, como Salmán devastó Betarbel en el día del combate, cuando una madre era despedazada sobre sus hijos.
15Esto es lo que ha hecho Betel por vosotros, a causa de vuestra extrema maldad. Al alba, habrá desaparecido para siempre el rey de Israel.
Oseas 11
1Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo.
2Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: sacrificaban a los baales, ofrecían incienso a los ídolos.
3Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba.
4Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas. Me incliné hacia él para darle de comer.
5Volverán a la tierra de Egipto, Asiria será su rey, ya que rehusaron convertirse.
6Se abatirá la espada sobre sus ciudades, aniquilará sus defensas, los devorará por culpa de sus decisiones.
7Mi pueblo está sujeto a su apostasía. También claman hacia lo alto pero el ídolo no puede salvarlos.
8¿Cómo podría abandonarte, Efraín, entregarte, Israel? ¿Podría entregarte, como a Admá, tratarte como a Seboín? Mi corazón está perturbado, se conmueven mis entrañas.
9No actuaré en el ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, y no hombre; santo en medio de vosotros, y no me dejo llevar por la ira.
10Marcharán detrás del Señor: como un león rugirá. (Rugirá y temblará la gente de Occidente).
11Temblarán como un pájaro al regreso de Egipto, como una paloma, desde la tierra de Asiria. Yo los haré habitar en sus casas —oráculo del Señor —.
Salmo 122
1Canción de las subidas. De David. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!
2Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
3Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta.
4Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor;
5en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.
6Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman,
7haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios».
8Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo».
9Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien.