Lectura 32 de 365
Levítico 4-6 · Lucas 19-20
Levítico 4
1El Señor habló así a Moisés:
2«Di esto a los hijos de Israel: “Si alguien peca por ignorancia contra cualquiera de las prohibiciones del Señor y comete una de esas acciones prohibidas:
3Si el que peca es el sacerdote ungido, haciendo así culpable al pueblo, ofrecerá al Señor por el pecado cometido un novillo sin defecto, como sacrificio expiatorio.
4Llevará el novillo a la entrada de la Tienda del Encuentro a la presencia del Señor, impondrá la mano sobre la cabeza del novillo y lo degollará en presencia del Señor.
5El sacerdote ungido tomará sangre del novillo y la introducirá en la Tienda del Encuentro.
6El sacerdote mojará su dedo en la sangre y hará con ella siete aspersiones delante del Señor hacia el velo del Santuario.
7El sacerdote untará con sangre los salientes del altar del incienso aromático que está delante del Señor en la Tienda del Encuentro, y verterá toda la sangre restante del novillo al pie del altar de los holocaustos, que está a la entrada de la Tienda del Encuentro.
8De toda la grasa del novillo expiatorio reservará la que cubre las entrañas y toda la que hay sobre las mismas;
9los dos riñones y la grasa adherida a ellos y a los lomos, y el lóbulo del hígado. Todo esto lo pondrá aparte con los riñones,
10lo mismo que se hace con el novillo del sacrificio de comunión; y el sacerdote lo quemará sobre el altar de los holocaustos.
11La piel del novillo, toda su carne, con su cabeza y sus patas, sus entrañas con los excrementos,
12el novillo entero, lo sacará fuera del campamento, a un lugar puro, al vertedero de las cenizas. Y lo quemará poniéndolo sobre leña y dándole fuego. Será quemado en el vertedero de las cenizas.
13Si es toda la comunidad de Israel la que peca por ignorancia y, haciendo cualquiera de las cosas prohibidas por el Señor, se hace culpable, pero el hecho no es advertido por la comunidad,
14en cuanto llegue a darse cuenta del pecado cometido en ella, la comunidad ofrecerá un novillo como sacrificio expiatorio. Lo llevarán ante la Tienda del Encuentro;
15los ancianos de la comunidad impondrán las manos sobre la cabeza del novillo delante del Señor y el novillo será degollado delante del Señor.
16Luego, el sacerdote ungido introducirá sangre del novillo en la Tienda del Encuentro;
17el sacerdote mojará su dedo en la sangre y hará siete aspersiones delante del Señor hacia el velo.
18Untará con sangre los salientes del altar que se halla ante el Señor en la Tienda del Encuentro, y derramará el resto de la sangre al pie del altar de los holocaustos, que está a la entrada de la Tienda del Encuentro;
19quitará toda la grasa del novillo y la quemará sobre el altar,
20haciendo con este novillo como se hace con el novillo del sacrificio expiatorio. Lo mismo hará con él. Así el sacerdote hará expiación por ellos y se les perdonará.
21Sacará el novillo fuera del campamento y lo quemará como el novillo anterior. Es el sacrificio expiatorio de la asamblea.
22Si el que ha pecado es un príncipe y se ha hecho culpable, haciendo por ignorancia cualquiera de las cosas prohibidas por el Señor su Dios,
23cuando se le indique que ha cometido pecado, presentará como ofrenda un macho cabrío sin defecto.
24Impondrá la mano sobre la cabeza del macho cabrío y lo degollará en el lugar donde se inmola el holocausto en presencia del Señor. Es un sacrificio expiatorio.
25El sacerdote mojará su dedo en la sangre de la víctima, untará los salientes del altar de los holocaustos y derramará la sangre restante al pie del altar de los holocaustos.
26Quemará toda la grasa sobre el altar como se hace con la grasa del sacrificio de comunión. El sacerdote hará así la expiación por su pecado, y se le perdonará.
27Si es uno cualquiera del pueblo de la tierra el que peca por ignorancia y se hace culpable, haciendo algo prohibido por el Señor,
28cuando se le indique que ha cometido pecado, presentará como ofrenda por el pecado cometido una cabra sin defecto.
29Impondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará en el mismo lugar que los holocaustos.
30El sacerdote mojará su dedo en la sangre, untará con ella los salientes del altar de los holocaustos y derramará toda la sangre restante al pie del altar.
31Apartará toda la grasa de la víctima, como se aparta la grasa de un sacrificio de comunión, y el sacerdote la quemará sobre el altar como aroma que aplaca al Señor. El sacerdote hará así expiación por él y se le perdonará.
32Si presenta un cordero como ofrenda expiatoria, será una hembra sin defecto.
33Impondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará como sacrificio expiatorio en el lugar donde se inmola el holocausto.
34El sacerdote mojará su dedo en la sangre de la víctima y untará con ella los salientes del altar de los holocaustos, y derramará toda la sangre restante al pie del mismo altar.
35Apartará toda la grasa de la víctima, como se aparta la grasa del cordero del sacrificio de comunión, y el sacerdote la quemará sobre el altar, con los sacrificios que se queman para el Señor. El sacerdote hará así expiación por el pecado que ha cometido, y se le perdonará.
Levítico 5
1Si alguien peca porque se le ha conjurado a que declare como testigo, porque lo ha visto o lo ha oído, y no lo declara, incurre en pecado;
2o, si alguien toca, sin darse cuenta, algo impuro, sea el cadáver de una fiera impura, o el de un ganado impuro o el de un bicho impuro, se hace también él impuro y culpable;
3o, si alguien toca, sin darse cuenta, alguna de las inmundicias humanas con que puede contaminarse, luego, cuando se da cuenta, incurre en culpa;
4o, si alguien pronuncia a la ligera un juramento por el que se compromete a hacer algo, para bien o para mal, en esos casos en que uno suele jurar a la ligera, luego, cuando se da cuenta, incurre en culpa;
5el que ha incurrido en culpa en cualquiera de esos casos confesará su pecado,
6y presentará al Señor, como reparación por el pecado cometido, una hembra de ganado menor, oveja o cabra, como sacrificio expiatorio y el sacerdote hará así la expiación por su pecado.
7Si no le alcanza para una res menor, presentará al Señor, como reparación por su pecado, dos tórtolas o dos pichones, una de las aves como sacrificio expiatorio y otra en holocausto.
8Las presentará al sacerdote, quien ofrecerá primero la del sacrificio expiatorio. Le cortará con las uñas la cabeza por la nuca, sin arrancarla del todo.
9Rociará con sangre de la víctima la pared del altar, y derramará al pie del altar el resto de la sangre. Es un sacrificio expiatorio.
10Con la otra ave ofrecerá un holocausto, conforme al ritual. El sacerdote hará así expiación por el pecado que ha cometido y se le perdonará.
11Si no le alcanza para dos tórtolas o dos pichones, presentará, como ofrenda por haber pecado, una décima de medida de flor de harina como sacrificio expiatorio. No le pondrá aceite, ni le echará incienso, porque es sacrificio expiatorio.
12La presentará al sacerdote; y el sacerdote, tomando de ella un puñado como memorial, lo quemará sobre el altar, junto con las oblaciones quemadas para el Señor. Es un sacrificio expiatorio.
13El sacerdote hará así expiación por el pecado que cometió esa persona en cualquiera de los casos citados, y se le perdonará. Al sacerdote le corresponde lo mismo que en la oblación”».
14El Señor dijo a Moisés:
15«Si alguien comete un delito, quedándose por ignorancia con algo consagrado del Señor, ofrecerá al Señor como sacrificio de reparación un carnero sin defecto, valorado en siclos de plata, siclos del Santuario, como sacrificio de reparación.
16Restituirá lo que defraudó de los derechos sagrados añadiendo un quinto más, y se lo entregará al sacerdote. El sacerdote hará por él la expiación con el carnero del sacrificio de reparación; y se le perdonará.
17Si alguien peca, sin darse cuenta, haciendo algo prohibido por el Señor, incurre en culpa y ha de cargar con su pecado.
18Llevará al sacerdote, como sacrificio de reparación, un carnero sin defecto, según valoración. El sacerdote hará expiación por la falta que cometió sin darse cuenta, y se le perdonará.
19Es un sacrificio de reparación, pues incurrió en culpa ante el Señor».
20El Señor dijo a Moisés:
21«Si uno peca y comete un delito contra el Señor mintiendo a su prójimo acerca de un depósito o de un objeto confiado a sus manos, o de algo robado, o quitado a la fuerza;
22o si halla un objeto perdido y lo niega, o jura en falso sobre cualquiera de esas cosas en que se suele pecar;
23si peca así e incurre en culpa, devolverá lo robado, o lo quitado a la fuerza, o el depósito que se le confió, o la cosa perdida que halló,
24o aquello sobre lo cual juró en falso. Lo restituirá íntegramente, añadiendo un quinto más, y lo devolverá a su dueño el mismo día de su sacrificio de reparación.
25Entregará para el Señor su sacrificio de reparación: un carnero sin defecto, según valoración, como sacrificio de reparación.
26El sacerdote hará por él la expiación delante del Señor y le será perdonada cualquiera de las faltas de las que sea culpable».
Levítico 6
1El Señor dijo a Moisés:
2«Da esta orden a Aarón y a sus hijos: “Esta es la ley del holocausto. (Se trata del holocausto que queda sobre las brasas de encima del altar, toda la noche hasta la mañana; el fuego del altar se ha de mantener encendido).
3El sacerdote se vestirá su túnica de lino y cubrirá su cuerpo con calzones también de lino. Retirará la ceniza a la que el fuego habrá reducido las grasas del holocausto puestas sobre el altar y la depositará a un lado del altar.
4Después se quitará las vestiduras y se pondrá otras para sacar la ceniza fuera del campamento a un lugar puro.
5El fuego del altar ha de permanecer encendido sin apagarse; el sacerdote lo alimentará con leña todas las mañanas, colocará encima el holocausto y sobre él quemará la grasa de los sacrificios de comunión.
6Es un fuego que ha de arder permanentemente sobre el altar sin apagarse.
7Esta es la ley de la oblación vegetal: los hijos de Aarón la presentarán delante del Señor, ante al altar.
8Uno de ellos tomará de la oblación un puñado de flor de harina (con su aceite y todo el incienso que se añade a la oblación), y lo quemará sobre el altar, en memorial, como aroma que aplaca al Señor.
9Lo restante lo comerán Aarón y sus hijos. Lo comerán sin levadura, en lugar santo, en el atrio de la Tienda del Encuentro.
10No se cocerá con levadura: es la porción que yo les asigno de las oblaciones quemadas para mí. Es cosa santísima, como el sacrificio expiatorio y el sacrificio de reparación.
11La podrán comer todos los varones de los hijos de Aarón. Es ley perpetua para vuestros descendientes acerca de las oblaciones quemadas al fuego para el Señor: todo cuanto entra en contacto con ellos queda consagrado”».
12El Señor dijo a Moisés:
13«Esta es la ofrenda que Aarón y sus hijos ofrecerán al Señor el día de su consagración: una décima de medida de flor de harina, como oblación perpetua, la mitad por la mañana y la mitad por la tarde.
14Será preparada con aceite en la sartén; la ofrecerás bien frita y la presentarás partida en trozos como aroma que aplaca al Señor.
15La ofrecerá el sacerdote ungido que suceda a Aarón de entre sus hijos. Es ley perpetua: será quemada en su totalidad para el Señor.
16Cualquier oblación de sacerdote será quemada por completo; nada se podrá comer».
17El Señor dijo a Moisés:
18«Di esto a Aarón y a sus hijos: “Esta es la ley del sacrificio expiatorio: La víctima expiatoria será inmolada en el lugar en que se inmola el holocausto, delante del Señor. Es cosa santísima.
19La comerá el sacerdote que ha ofrecido la víctima expiatoria. Será comida en lugar santo, dentro del atrio de la Tienda del Encuentro.
20Todo cuanto entra en contacto con esta carne queda consagrado. Si su sangre salpica los vestidos, lavarás en lugar santo la parte salpicada.
21La vasija en que haya sido cocida, si es de barro, se romperá; pero si ha sido cocida en vasija de bronce, esta se fregará y enjuagará con agua.
22Todo varón de linaje sacerdotal podrá comerla. Es cosa santísima.
23Pero no se comerá ninguna víctima expiatoria cuya sangre haya sido introducida en la Tienda del Encuentro para hacer la expiación dentro del Santuario: será consumida por el fuego.
Lucas 19
1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,
3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura.
4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán.
10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
11Mientras ellos escuchaban todo esto, añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.
12Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.
13Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.
14Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.
15Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
16El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.
17Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.
18El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.
19A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.
20El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo,
21porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.
22Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado?
23Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.
24Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.
25Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.
26“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.
27Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
28Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
29Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos,
30diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo.
31Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”».
32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.
33Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?».
34Ellos dijeron: «El Señor lo necesita».
35Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él.
36Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino.
37Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto,
38diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas».
39Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos».
40Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».
41Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella,
42mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
43Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados,
44te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».
45Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores,
46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él,
48pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.
Lucas 20
1Uno de aquellos días, cuando estaba él en el templo enseñando al pueblo y anunciando la Buena Noticia, se acercaron los sumos sacerdotes y escribas junto con los ancianos
2y le hablaron diciendo: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado esta autoridad?».
3Les contestó: «Yo también os voy a hacer una pregunta, respondédmela:
4“El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?”».
5Ellos reflexionaban entre sí diciendo: «Si decimos: “Del cielo”, dirá: “¿Por qué no le creísteis?”;
6pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era un profeta».
7Y respondieron que no sabían de dónde.
8Entonces Jesús les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas».
9Entonces se puso a decir al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se ausentó bastante tiempo.
10En el tiempo apropiado envió un siervo a los labradores para que le diesen su parte del fruto de la viña; pero los labradores, después de azotarlo, lo despidieron con las manos vacías.
11Volvió a enviar a otro siervo, pero ellos, después de azotar y humillar también a este, lo despidieron con las manos vacías.
12Y volvió a enviar un tercero, pero ellos, después de haberlo herido, también lo echaron.
13Entonces dijo el dueño de la viña: “¿Qué voy a hacer? Voy a enviar a mi hijo querido. Quizá a este lo respetarán”.
14Pero, al verlo, los labradores se decían entre sí: “Este es el heredero. Matémoslo para que la herencia sea nuestra”.
15Y echándolo fuera de la viña, lo mataron. Pues ¿qué hará con ellos el dueño de la viña?
16Vendrá, hará perecer a estos labradores y dará la viña a otros». Los que lo oyeron, dijeron: «¡No suceda tal cosa!».
17Pero él, fijando los ojos en ellos, dijo: «Pues ¿qué significa lo que está escrito: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”?
18Todo el que caiga sobre la piedra se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, lo aplastará».
19Los sumos sacerdotes y los escribas, comprendiendo que había dicho la parábola por ellos, intentaban echarle mano en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al pueblo.
20Y, manteniéndose ellos al acecho, le mandaron unos espías que simulaban ser justos, con el fin de sorprenderlo en alguna palabra y así poder entregarlo al poder y autoridad del gobernador.
21Le preguntaron, pues: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y no tienes acepción de personas, sino que enseñas según verdad el camino de Dios.
22¿Es lícito que nosotros paguemos tributo al César o no?».
23Habiendo advertido su astucia, les dijo:
24«Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción?». Le dijeron: «Del César».
25Y él les dijo: «Pues bien, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
26Y no pudieron acusarlo ante el pueblo de nada de lo que decía; y se quedaron mudos, admirados de su respuesta.
27Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
28«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”.
29Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos.
30El segundo
31y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos.
32Por último, también murió la mujer.
33Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
34Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo,
35pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio.
36Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
37Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”.
38No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
39Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro».
40Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.
41Entonces les dijo: «¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David,
42si el mismo David dice en el libro de los Salmos: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
43y haré de tus enemigos estrado de tus pies”?
44David, pues, lo llama Señor; entonces, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
45Y oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos:
46«Guardaos de los escribas, que gustan de pasear con amplias y ricas túnicas y son amigos de ser saludados en las plazas y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;
47devoran las casas de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Estos recibirán una condenación más rigurosa».