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Lectura 328 de 365

Daniel 6-7 · Salmos 113

Letra: Normal

Daniel 6

1Darío, el medo, accedió al trono a la edad de sesenta y dos años.

2Le pareció conveniente a Darío nombrar a ciento veinte sátrapas que gobernasen en todo el reino,

3y sobre ellos a tres ministros, ­uno de ellos era Daniel­, a quienes los sátrapas rindieran cuentas, de manera que el rey no sufriese ningún perjuicio.

4Este Daniel sobresalía entre los ministros y los sátrapas porque poseía un espíritu superior, y el rey pensó ponerlo al frente de todo el reino.

5Los ministros y los sátrapas buscaban algún motivo para acusar a Daniel en lo concerniente a la administración del reino, pero no pudieron encontrar ninguna causa o falta para acusarlo, puesto que Daniel era leal y no se le podía acusar de ningún error o falta.

6Entonces aquellos hombres se dijeron: «Ya que no podemos acusar a Daniel de ningún fallo, acusémoslo en lo que toca a la ley de su Dios».

7Así pues, aquellos ministros y sátrapas acudieron alborotados al rey y le hablaron de este modo: —¡Viva eternamente el rey Darío!

8Todos los ministros del reino, los prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores han acordado que se promulgue un edicto real y se decrete que, durante treinta días, todo el que haga oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea arrojado al foso de los leones.

9Así pues, majestad, promulga esa prohibición y firma un decreto para que no sea cambiada, según la ley irrevocable de medos y persas.

10De acuerdo con esto, el rey Darío firmó el decreto con la prohibición.

11En cuanto Daniel supo que había sido firmado el decreto, entró en su casa; las ventanas del piso superior daban hacia Jerusalén. Se ponía de rodillas tres veces al día, rezaba y daba gracias a Dios como solía hacerlo antes.

12Entonces aquellos hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios.

13Luego se acercaron al rey y le hablaron sobre la prohibición: —Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe durante treinta días hacer oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones? El rey contestó: —El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas.

14Ellos le replicaron: —Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni acata el edicto que has firmado, sino que hace su oración tres veces al día.

15Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar cómo salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo intentando librarlo.

16Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole: —Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, todo decreto o edicto real son válidos e irrevocables.

17Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. Y dijo a Daniel: ¡Que te salve tu Dios al que veneras fielmente!

18Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, de manera que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.

19Luego el rey volvió a su palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.

20Por la mañana, al rayar el alba, el rey se levantó y fue corriendo al foso de los leones.

21Se acercó al foso y gritó a Daniel con voz angustiada. Le dijo a Daniel: —¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones tu Dios al que veneras fielmente?

22Daniel le contestó: —¡Viva el rey eternamente!

23Mi Dios envió a su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante él soy inocente; tampoco he hecho nada malo contra ti.

24El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo del foso, no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.

25Luego el rey mandó traer a los hombres que habían calumniado a Daniel, y ordenó que los arrojasen al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo del foso y ya los leones los habían atrapado y despedazado.

26Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que pueblan la tierra: «¡Paz y bienestar!

27De mi parte queda establecido el siguiente decreto: Que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin.

28Él salva y libra, hace prodigios y signos en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».

29Daniel prosperó en el reino de Darío y en el de Ciro el persa.

Daniel 7

1El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones en su mente mientras estaba en la cama. Enseguida escribió el sueño. Comienzo del relato.

2Dijo Daniel: Tuve una visión nocturna: Vi que los cuatro vientos del cielo agitaban el océano.

3Cuatro bestias gigantescas salieron del mar, distintas una de otra.

4La primera era como un león con alas de águila; la estaba mirando y de pronto vi que le arrancaban las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron un corazón humano.

5Había una segunda bestia semejante a un oso; estaba medio erguida, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: «Levántate. Come carne en abundancia».

6Después yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo, y esta bestia tenía cuatro cabezas. Y le dieron el poder.

7Después seguí mirando y en mi visión nocturna contemplé una cuarta bestia, terrible, espantosa y extraordinariamente fuerte; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba; y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era distinta de las bestias anteriores, porque tenía diez cuernos.

8Miré atentamente los cuernos, y vi que de entre ellos salía otro cuerno pequeño; y arrancaron ante él tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos, y una boca que profería insolencias.

9Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas;

10un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

11Yo seguí mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la bestia, la descuartizaron y la echaron al fuego.

12A las otras bestias les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada, hasta un tiempo y una hora.

13Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

14A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. Su poder es un poder eterno, no cesará. Su reino no acabará.

15Yo, Daniel, me sentía agitado por dentro a causa de esto, y me turbaban las visiones de mi mente.

16Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome la interpretación de la visión:

17«Esas cuatro bestias gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el mundo.

18Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán para siempre por los siglos de los siglos».

19Yo quise saber qué significaba la cuarta bestia, distinta de las demás, terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, y pateaba las sobras con las pezuñas,

20y qué significaban los diez cuernos de su cabeza, y el otro cuerno que le salía y eliminaba a otros tres; aquel cuerno que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que sus compañeros.

21Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó.

22Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo; se cumplió el tiempo y los santos tomaron posesión del reino.

23Después me dijo: «La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, distinto de todos los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará.

24Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino; después de ellos vendrá otro distinto que destronará a tres reyes,

25blasfemará contra el Altísimo, e intentará aniquilar a los santos del Altísimo y cambiar el calendario y la ley. Los santos serán abandonados a su poder durante un año, dos años y medio año.

26Pero cuando se siente el tribunal a juzgar, se le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente.

27El reinado, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos».

28Hasta aquí llega el relato. Yo, Daniel, quedé muy turbado con mis pensamientos y se me mudó el semblante; pero guardé todo en mi corazón.

Salmo 113

1¡Aleluya! Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor.

2Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre:

3de la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

4El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos.

5¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que habita en las alturas

6y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?

7Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre,

8para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo.

9A la estéril le da un puesto en la casa, como madre feliz de hijos. ¡Aleluya!