Lectura 326 de 365
Daniel 2-3 · Salmos 111
Daniel 2
1El año segundo de su reinado, Nabucodonosor tuvo un sueño; su espíritu se sobresaltó y no podía dormir.
2El rey mandó llamar a los magos, astrólogos, agoreros y adivinos para que le explicaran su sueño. Vinieron y se presentaron ante el rey.
3Este les dijo: —He tenido un sueño y mi espíritu está sobresaltado hasta que logre entenderlo.
4Los adivinos dijeron al rey en arameo: —¡Viva el rey eternamente! Cuenta el sueño a tus siervos y te expondremos su interpretación.
5Respondió el rey y dijo a los adivinos:—El veredicto que he pronunciado es firme. Si no me decís el sueño y su interpretación, os cortarán los miembros del cuerpo y vuestras casas serán reducidas a escombros.
6Pero si exponéis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones, regalos y gran honor. Por tanto, decidme el sueño y su interpretación.
7De nuevo dijeron: —Cuente el rey el sueño a sus siervos y expondremos su interpretación.
8Contestó el rey:—Verdaderamente me doy cuenta de que queréis ganar tiempo, pues habéis visto que el veredicto que he pronunciado es firme.
9Ahora bien, si no me decís el sueño es porque habéis tomado vuestra decisión: os habéis puesto de acuerdo para decirme algo falso y engañoso mientras va pasando el tiempo. Por tanto, decidme el sueño y sabré que me exponéis su interpretación.
10Los adivinos replicaron al rey: —No hay hombre en la tierra que pueda resolver lo que pide el rey; por ello ningún monarca, aun siendo grande y poderoso, hizo una petición semejante a ningún mago, astrólogo o adivino.
11La petición que hace el rey es tan difícil que no hay nadie que pueda responderla al rey, a no ser los dioses cuya morada no está con los mortales.
12Ante esto, el rey se encolerizó y se enfureció muchísimo, y mandó exterminar a todos los sabios de Babilonia.
13Se publicó el decreto de que fueran ejecutados los sabios, y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
14Entonces Daniel se dirigió con sabiduría y prudencia a Arioc, jefe de la guardia real, que había salido a matar a los sabios de Babilonia,
15y preguntó a Arioc, a quien el rey había puesto al mando: —¿Por qué un decreto tan severo de parte del rey? Inmediatamente Arioc informó del asunto a Daniel.
16Daniel fue y pidió al rey que le diera algún tiempo y él le expondría la interpretación del sueño.
17Después Daniel marchó a su casa y expuso el asunto a sus compañeros Ananías, Misael y Azarías,
18a fin de que implorasen misericordia al Dios del cielo sobre aquel secreto, para que no pereciesen Daniel y sus compañeros con los demás sabios de Babilonia.
19Entonces, en una visión nocturna, se le reveló el secreto a Daniel, y Daniel bendijo al Dios del cielo.
20Daniel alzó la voz y dijo: «Bendito sea el nombre de Dios por los siglos de los siglos, pues suyos son la sabiduría y el poder.
21Él hace cambiar los tiempos y las estaciones, y quita y pone a los reyes, da la sabiduría a los sabios y la inteligencia a los inteligentes.
22Él revela lo profundo y lo oculto, y conoce lo que hay en las tinieblas; la luz habita junto a él.
23A ti, Dios de mis padres, yo te doy gracias y alabo, porque me has otorgado sabiduría y fortaleza, y ahora me has revelado lo que hemos pedido, me has hecho saber el asunto del rey».
24Después de esto, Daniel fue a donde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia; se le acercó y le dijo:—No mates a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey y le expondré la interpretación del sueño.
25Inmediatamente Arioc introdujo a Daniel ante el rey y habló de este modo: —He encontrado un hombre de los deportados de Judá que expondrá al rey la interpretación del sueño.
26El rey preguntó a Daniel, cuyo nombre era Baltasar: —¿De modo que eres capaz de contarme el sueño que he visto y de exponerme su interpretación?
27Dirigiéndose al rey, Daniel contestó: —El secreto del que habla su majestad no lo pueden explicar al rey ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos,
28pero hay un Dios en el cielo que revela los secretos y que ha anunciado al rey Nabucodonosor lo que sucederá al final de los tiempos. Este es el sueño y las visiones de tu mente estando acostado:
29«Tú, oh rey, mientras estabas en tu lecho, te pusiste a pensar en lo que iba a suceder más tarde, y el que revela los secretos te comunicó lo que va a suceder.
30En cuanto a mí, se me ha revelado este secreto, no porque tenga una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que exponga su interpretación al rey, de modo que puedas entender lo que tenías en la mente».
31«Tú, oh rey, estabas mirando y apareció una gran estatua. Era una estatua enorme y su brillo extraordinario resplandecía ante ti, y su aspecto era terrible.
32Aquella estatua tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce,
33las piernas de hierro, y los pies de hierro mezclado con barro.
34Mientras estabas mirando, una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua, y los hizo pedazos.
35Se hicieron pedazos a la vez el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano; el viento los arrebató y desaparecieron sin dejar rastro. Y la piedra que había deshecho la estatua creció hasta hacerse una montaña enorme que ocupaba toda la tierra».
36«Este era el sueño; ahora explicaremos al rey su sentido:
37Tú, ¡oh rey, rey de reyes!, a quien el Dios del cielo ha entregado el reino y el poder, y el dominio y la gloria,
38y a quien ha dado todos los territorios habitados por hombres, bestias del campo y aves del cielo, para que reines sobre todos ellos, tú eres la cabeza de oro.
39Te sucederá otro reino menos poderoso; después, un tercer reino de bronce, que dominará a todo el orbe.
40Vendrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro; como el hierro destroza y machaca todo, así destrozará y triturará a todos.
41Los pies y los dedos que viste, de hierro mezclado con barro de alfarero, representan un reino dividido, aunque conservará algo del vigor del hierro, porque viste hierro mezclado con arcilla.
42Los dedos de los pies, de hierro y barro, son un reino a la vez poderoso y débil.
43Como viste el hierro mezclado con la arcilla, así se mezclarán los linajes, pero no llegarán a fundirse uno con otro, lo mismo que no se puede fundir el hierro con el barro.
44Durante ese reinado, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, ni su dominio pasará a otro pueblo, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él durará por siempre.
45En cuanto a la piedra que viste desprenderse del monte sin intervención humana, y que destrozó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro, esto significa lo que el Dios poderoso ha revelado al rey acerca del tiempo futuro. El sueño tiene sentido y la interpretación es cierta».
46Entonces el rey Nabucodonosor se postró rostro en tierra rindiendo homenaje a Daniel y mandó que le ofrecieran sacrificios y oblaciones.
47El rey dijo a Daniel: —Sin duda que vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de reyes; él revela los secretos, puesto que tú fuiste capaz de explicar este secreto.
48El rey exaltó a Daniel, le dio muchos y espléndidos regalos y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo sobre todos los sabios de Babilonia.
49Daniel pidió al rey que pusiera a Sidrac, Misac y Abdénago en la administración de la provincia de Babilonia, mientras que Daniel permaneció en la corte del rey.
Daniel 3
1El rey Nabucodonosor fabricó una estatua de oro de unos treinta metros de alta y tres de ancha, y la colocó en la llanura de Dura, provincia de Babilonia.
2Y el rey Nabucodonosor mandó reunir a los sátrapas, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y todos los gobernadores de las provincias para que acudiesen a la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor.
3Entonces se reunieron los sátrapas, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y todos los gobernadores de las provincias para la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor, y permanecieron ante la estatua erigida por Nabucodonosor.
4El heraldo gritó con fuerza: «A vosotros, pueblos, naciones y lenguas, se os hace saber:
5En cuanto oigáis tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, os postraréis y adoraréis la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor.
6Quien no se postre en adoración será inmediatamente arrojado al horno encendido».
7Así pues, en el momento en que todos los pueblos oyeron tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor.
8En aquel tiempo unos caldeos fueron a denunciar a los judíos.
9Dijeron al rey Nabucodonosor:
10—¡Viva el rey eternamente! Su Majestad ha decretado que, cuando alguien escuche tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, se postre adorando la estatua de oro,
11y quien no se postre en adoración será arrojado a un horno encendido.
12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abdénago, a quienes has encomendado el gobierno de la provincia de Babilonia, que no obedecen la orden real, ni temen a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has erigido.
13Entonces Nabucodonosor, montando en cólera y enfurecido, mandó traer a Sidrac, Misac y Abdénago. Enseguida aquellos hombres fueron llevados ante el rey.
14Nabucodonosor les preguntó: —¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido?
15Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?
16Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor: —A eso no tenemos por qué responderte.
17Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos.
18Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.
19Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre,
20y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
21Así, a aquellos hombres, vestidos con sus pantalones, camisas, gorros y demás ropa, los ataron y los echaron en el horno encendido.
22Puesto que la orden del rey era severa, y el horno estaba ardiendo al máximo, sucedió que las llamas abrasaron a los que conducían a Sidrac, Misac y Abdénago;
23mientras los tres, Sidrac, Misac y Abdénago, caían atados en el horno encendido.
24Ellos caminaban en medio de las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25Puesto en pie, Azarías oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
26«Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y glorioso es tu nombre.
27Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios.
28Has decretado sentencias justas en todo lo que has hecho caer sobre nosotros y sobre la ciudad santa de nuestros padres, Jerusalén, pues lo has hecho con rectitud y justicia a causa de nuestros pecados.
29Porque hemos pecado y cometido iniquidad apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido, sin obedecer tus mandatos.
30No los hemos guardado, ni puesto en práctica, como se nos mandó para que nos fuese bien.
31Cuanto has hecho recaer sobre nosotros y cuanto nos has hecho, lo has hecho con verdadera justicia.
32Nos has entregado en poder de enemigos impíos, los peores adversarios, y de un rey injusto, el más inicuo en toda la tierra.
33Ahora no podemos abrir la boca, vergüenza y oprobio abruman a tus siervos y a quienes te adoran.
34Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza,
35no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado;
36a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.
37Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.
38En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.
39Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.
40Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.
41Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos, y buscamos tu rostro; no nos defraudes, Señor;
42trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.
43Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.
44Sean confundidos cuantos traman maldad contra tus siervos; sean avergonzados, sin poder ni dominio, y su fuerza sea arrebatada.
45Sepan que tú eres el Señor, el único Dios, glorioso sobre toda la tierra».
46Los criados del rey que los habían arrojado dentro no paraban de avivar el horno con nafta, pez, estopa y sarmientos.
47La llama se elevaba más de veinte metros por encima del horno;
48se expandió y abrasó a los caldeos que halló alrededor del horno.
49Pero el ángel del Señor descendió al horno con Azarías y sus compañeros y sacó la llama de fuego fuera del horno;
50formó en el centro del horno una especie de viento como rocío que soplaba, y el fuego no les tocó en absoluto, ni les hizo daño ni les causó molestias.
51Entonces los tres, como una sola boca, empezaron a cantar himnos, a glorificar y a bendecir a Dios dentro del horno diciendo:
52«Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: a ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito tu nombre, santo y glorioso: a él gloria y alabanza por los siglos.
53Bendito eres en el templo de tu santa gloria: a ti gloria y alabanza por los siglos.
54Bendito eres sobre el trono de tu reino: a ti gloria y alabanza por los siglos.
55Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos: a ti gloria y alabanza por los siglos.
56Bendito eres en la bóveda del cielo: a ti honor y alabanza por los siglos.
57Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
58cielos, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
59ángeles del Señor, bendecid al Señor; ensalzadlo con himnos por los siglos;
60aguas del espacio, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
61ejércitos del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
62sol y luna, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
63astros del cielo, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
64lluvia y rocío, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
65vientos todos, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
66fuego y calor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
67fríos y heladas, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
68rocíos y nevadas, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
69témpanos y hielos, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
70escarchas y nieves, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
71noche y día, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
72luz y tinieblas, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
73rayos y nubes, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
74Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.
75Montes y cumbres, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
76cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos;
77manantiales, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
78mares y ríos, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
79cetáceos y peces, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
80aves del cielo, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
81fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
82hijos de los hombres, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
83Bendiga Israel al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.
84Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
85siervos del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
86almas y espíritus justos, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
87santos y humildes de corazón, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos;
88Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor; ensalzadlo con himnos por los siglos, porque nos sacó del abismo y nos salvó de la muerte, nos arrancó del horno encendido y nos libró del fuego.
89Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
90Fieles todos del Señor, bendecid al Dios de los dioses, alabadle y dadle gracias porque es eterna su misericordia».
91 (24)Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros: —¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno? Le respondieron: —Así es, majestad.
92 (25)Preguntó: —Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino.
93 (26)Y acercándose Nabucodonosor a la puerta del horno encendido, dijo: —Sidrac, Misac y Abdénago, siervos del Dios altísimo, salid y venid.
94 (27)Enseguida Sidrac, Misac y Abdénago salieron del fuego. Los sátrapas, ministros, prefectos y consejeros se aprestaron para ver a aquellos hombres en cuyos cuerpos no había hecho mella el fuego; no se les había quemado el cabello de la cabeza, los pantalones estaban intactos, y ni siquiera olían a humo.
95 (28)Nabucodonosor, entonces, dijo: —Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo.
96 (29)Por eso decreto que a quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, lo hagan pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como este.
97 (30)Después el rey dio cargos a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.
98 (31)El rey Nabucodonosor a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: «Paz y prosperidad.
99 (32)Me ha parecido conveniente dar a conocer los signos y prodigios que el Dios altísimo ha realizado conmigo.
100 (33)¡Qué grandes son sus signos y qué poderosos sus prodigios! Su reinado es un reinado eterno, y su dominio de generación en generación».
Salmo 111
1¡Aleluya! (Álef) Doy gracias al Señor de todo corazón, (Bet) en compañía de los rectos, en la asamblea.
2(Guímel)Grandes son las obras del Señor, (Dálet) dignas de estudio para los que las aman.
3(He) Esplendor y belleza son su obra, (Vau) su justicia dura por siempre.
4(Zain) Ha hecho maravillas memorables, (Jet) el Señor es piadoso y clemente.
5(Tet) Él da alimento a los que lo temen, (Yod) recordando siempre su alianza.
6(Kaf) Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, (Lámed) dándoles la heredad de los gentiles.
7(Mem) Justicia y verdad son las obras de sus manos, (Nun) todos sus preceptos merecen confianza:
8(Sámek) son estables para siempre jamás, (Ayin) se han de cumplir con verdad y rectitud.
9(Pe) Envió la redención a su pueblo, (Sade) ratificó para siempre su alianza.
10(Qof) Su nombre es sagrado y temible. (Res) Principio de la sabiduría es el temor del Señor,