Lectura 324 de 365
Ezequiel 46-47 · Salmos 109
Ezequiel 46
1Esto dice el Señor Dios: «El pórtico oriental del atrio interior estará cerrado los días de trabajo. Estará abierto los sábados y el día de luna nueva.
2El príncipe entrará desde fuera por el vestíbulo del pórtico exterior, y se quedará junto a las jambas de la puerta. Los sacerdotes ofrecerán entonces los holocaustos y los sacrificios de comunión del príncipe; este se postrará sobre el umbral del pórtico y volverá a salir. El pórtico quedará abierto hasta el atardecer.
3También la gente del pueblo se postrará delante del Señor a la entrada del pórtico los sábados y los días de luna nueva.
4Los sábados, el príncipe ofrecerá al Señor el holocausto de seis corderos y un carnero sin defecto,
5una ofrenda vegetal de cuarenta y cinco kilos de cereal por el carnero, y por los corderos una ofrenda a discreción, y siete litros y medio de aceite.
6En el día de luna nueva ofrecerá un novillo del ganado sin defecto, seis corderos y un carnero sin defecto,
7cuarenta y cinco kilos de cereal junto con el novillo y otros cuarenta y cinco por el carnero, como ofrenda vegetal. Por los corderos, lo que pueda, y siete litros y medio de aceite, por cada cuarenta y cinco kilos.
8El príncipe deberá entrar y salir por el vestíbulo del pórtico.
9Cuando la gente del pueblo se presente delante del Señor durante las fiestas para adorarlo, los que entren por el pórtico septentrional saldrán por el pórtico meridional, y los que entren por el pórtico meridional saldrán por el pórtico septentrional. No saldrán por el pórtico por el que entraron, sino por el de enfrente.
10El príncipe entrará y saldrá en medio de ellos.
11En las fiestas y en las solemnidades habrá una ofrenda vegetal de cuarenta y cinco kilos por cada novillo y por cada carnero, y siete litros y medio de aceite. Por los corderos, una ofrenda a discreción.
12Cuando el príncipe haga una ofrenda voluntaria al Señor, sea holocausto o sacrificio de comunión, se le abrirá la puerta oriental y ofrecerá su holocausto o su sacrificio de comunión como lo hace el sábado. Cuando haya salido se cerrará el pórtico.
13Cada mañana ofrecerá como holocausto al Señor un cordero de un año, sin defecto.
14Cada mañana ofrecerá junto con él ocho kilos de cereales y dos litros y medio de aceite para amasar la harina. Esta ofrenda para el Señor se hará siempre, es un precepto definitivo.
15Se ofrecerá cada mañana el cordero, la ofrenda vegetal y el aceite, como holocausto perpetuo, siempre».
16Esto dice el Señor Dios: «Si el príncipe hace una donación a uno de sus hijos, esta donación pasa al patrimonio de sus hijos y es parte de los bienes hereditarios.
17Pero si hace una donación de su propiedad a uno de sus siervos, esta pertenecerá al siervo solamente hasta el año jubilar y retornará luego al príncipe. La heredad será solo para sus hijos.
18El príncipe no tomará nada de la heredad del pueblo, despojándolos de su propiedad. Solamente a partir de su propiedad personal podrá constituir el patrimonio de sus hijos, para que nadie en mi pueblo sea despojado de su posesión».
19Después el hombre me hizo pasar, por la entrada que está al lado del pórtico, a las cámaras sagradas que miran hacia el norte, destinadas a los sacerdotes. Al fondo vi un espacio por el lado oriental.
20Me dijo: «Este es el lugar donde los sacerdotes cocerán las víctimas de los sacrificios por la culpa y por los pecados y prepararán las ofrendas vegetales, sin sacarlas al atrio exterior. Así el pueblo no entrará en contacto con lo sagrado».
21Luego me hizo salir al atrio exterior y recorrer sus cuatro ángulos. En cada ángulo había un patio pequeño,
22los cuatro de la misma dimensión: veinte metros de largo por quince de ancho.
23Estaban cerrados por una pared, en cuya parte inferior había. unos hornos.
24Y me dijo: «Estos son los hornos donde los servidores del templo cocerán los sacrificios del pueblo».
Ezequiel 47
1El hombre me hizo volver a la entrada del templo. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
2Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
3El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos.
4Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura.
5Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.
6Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?». Después me condujo por la ribera del torrente.
7Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda.
8Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas.
9Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
10Se instalarán pescadores a la orilla; será un tendedero de redes desde Engadí hasta Engalín. Habrá peces de todas las especies y en gran abundancia, como en el Mar Grande.
11Pero sus marismas y pantanos no serán saneados: quedarán para salinas.
12En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
13Esto dice el Señor Dios: «Estas son las fronteras de la tierra que distribuiréis entre las doce tribus como propiedad hereditaria. José recibirá una parte doble.
14Pero a cada uno tocará, como propiedad hereditaria, una parte de esta tierra, que yo, solemnemente, juré dar a vuestros padres.
15Estos serán los límites de la tierra: Por el norte, desde el Mar Grande, por Jetlón, hasta el paso de Jamat,
16a Sedad, Berotá, Sibrain, entre el territorio de Damasco y Jamat, hasta Jazar Enón en la frontera del Jaurán.
17La frontera va, pues, desde el mar hasta Jazar Enón, dejando al norte el territorio de Damasco y Jamat. Esta es la frontera septentrional.
18Por el este, desde Jazar Enón, entre Jaurán y Damasco, el Jordán constituye la frontera entre Galaad y la tierra de Israel, hasta la ciudad de Tamar, junto al mar de la Sal. Esta es la frontera oriental.
19Por el sur, la frontera va desde Tamar hasta el oasis de Meribá Cadés, y en la dirección del torrente hasta el Mar Grande. Esta es la frontera meridional.
20Por el oeste el Mar Grande forma la frontera, hasta la altura de Jamat. Esta es la frontera occidental.
21Esta es la tierra que dividiréis entre las tribus de Israel.
22Os la repartiréis a suertes, como propiedad hereditaria, entre vosotros y los extranjeros residentes que hayan tenido hijos entre vosotros. Ellos serán para vosotros como los hijos de Israel nativos. Participarán en la distribución de la heredad junto con las tribus de Israel.
23Les daréis su heredad en el territorio de la tribu donde residen —oráculo del Señor Dios—».
Salmo 109
1Al Director. Salmo de David. Dios de mi alabanza, no estés callado,
2que bocas malvadas y fraudulentas se abren contra mí y me hablan con lengua mentirosa.
3Me cercan con palabras odiosas y me combaten sin motivo.
4En pago de mi amor me acusan, aunque yo oraba por ellos;
5me devuelven mal por bien y odio a cambio de mi amor.
6«Suscita contra él un malvado, que un acusador se ponga a su derecha.
7Cuando sea juzgado, salga culpable, y su apelación se resuelva en condena.
8Que sus días sean pocos y otro ocupe su cargo.
9Queden huérfanos sus hijos y viuda su mujer.
10Vayan sus hijos errabundos mendigando y sean expulsados lejos de sus ruinas.
11Que un acreedor se apodere de sus bienes y los extraños se adueñen de sus sudores.
12¡Jamás le brinde nadie su favor, ni se apiade de sus huérfanos!
13Que su posteridad sea exterminada y en una generación se borre su nombre.
14Recuerde el Señor la culpa de sus padres, y no borre el pecado de su madre:
15estén siempre ante el Señor y borre de la tierra su memoria».
16—«Porque no se acordó de actuar con misericordia, persiguió al humilde y al pobre, al de corazón abatido para matarlo;
17ya que amó la maldición, ¡recaiga sobre él!; despreció la bendición, ¡aléjese de él!
18Se vistió la maldición cual manto, que penetre en su interior como agua, y en sus huesos como aceite;
19sea cual vestido que lo cubre, como un cinturón que lo ciñe siempre.
20Pague así el Señor a los que me acusan, a quienes hablan mal de mí».
21Pero tú, Señor, Dueño mío, trátame conforme a tu nombre, líbrame por tu bondadoso amor.
22Porque yo soy humilde y pobre, y mi corazón ha sido traspasado;
23me desvanezco como sombra que declina, me espantan como a la langosta;
24se doblan mis rodillas por el ayuno, y, sin grasa, enflaquece mi carne.
25Soy despreciable para ellos; al verme, menean la cabeza.
26¡Ayúdame, Señor, Dios mío; sálvame según tu misericordia!
27Sepan que tu mano hizo esto, que tú, Señor, lo hiciste.
28Maldigan ellos, mas tú bendecirás; levántense y sean confundidos, que tu siervo se alegrará.
29Vístanse de oprobio mis acusadores, que su infamia los cubra como un manto.
30Daré gracias al Señor a boca llena, y en medio de la muchedumbre lo alabaré,
31porque él se pone a la derecha del pobre, para salvar su vida de los que lo condenan.