Lectura 322 de 365
Ezequiel 42-43 · Salmos 107
Ezequiel 42
1El hombre me hizo salir hacia el lado norte del atrio externo y me hizo entrar en las cámaras que están frente al área reservada y al edificio septentrional.
2La fachada, donde está el pórtico septentrional, tenía cincuenta metros de largo y veinticinco metros de ancho.
3A unos diez metros frente al atrio interior y frente al enlosado del atrio exterior se levantaban las galerías en tres plantas.
4Delante de las cámaras había un corredor de cincuenta metros de largo y cinco metros de ancho que conducía al atrio interior. Sus puertas daban al norte.
5Las cámaras del piso superior eran menos amplias que las de los pisos inferior e intermedio, porque los corredores les quitaban espacio.
6Eran tres pisos construidos sin columnas como las de los atrios. Por eso las cámaras superiores eran progresivamente más estrechas que las de las plantas baja e intermedia.
7El muro exterior a lo largo de las cámaras hacia el atrio externo tenía veinticinco metros de longitud,
8porque la longitud de las cámaras hacia el atrio externo era de veinticinco metros; en cambio, hacia la nave del templo era de cincuenta metros.
9El acceso a las cámaras inferiores se encontraba al este, cuando uno venía desde el atrio,
10en la parte ancha del muro hacia el atrio. Al sur, frente al área reservada y al gran edificio, también había una construcción con cámaras,
11delante de las cuales había un corredor. Tenían el mismo aspecto que las cámaras de la parte norte: la misma longitud y anchura, la misma disposición y el mismo número de puertas.
12En correspondencia con las puertas de las cámaras que miran al sur había una entrada en la extremidad del corredor frente al muro de protección hacia el este.
13El hombre me dijo: «Las cámaras que están al norte y al sur, frente al área reservada, son habitaciones sagradas. Los sacerdotes que se acercan al Señor consumirán allí los alimentos más sagrados. Allí depositarán las ofrendas más sagradas: las de grano, las ofrendas penitenciales y las expiatorias. Es un lugar santo.
14Cuando los sacerdotes entren allí, no podrán salir hacia el atrio exterior sin haberse despojado antes de las vestiduras con las que han oficiado. Son vestiduras sagradas. Se pondrán otras vestiduras para acercarse a los lugares destinados al pueblo».
15Cuando terminó de medir el interior del templo me llevó afuera, por el pórtico oriental, y midió el perímetro del templo
16con la vara de medir: el lado este, doscientos cincuenta metros;
17el lado norte, doscientos cincuenta metros;
18el lado sur, doscientos cincuenta metros;
19y el lado oeste, doscientos cincuenta metros.
20Lo midió por los cuatro lados. Había un muro todo alrededor que tenía doscientos cincuenta metros de largo por doscientos cincuenta metros de ancho, para separar lo sagrado de lo profano.
Ezequiel 43
1El hombre me condujo al pórtico oriental.
2Vi la Gloria del Dios de Israel que venía de Oriente, con un estruendo de aguas caudalosas. La tierra se iluminó con su Gloria.
3Esta visión fue como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, y como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Caí rostro en tierra.
4La Gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental.
5Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La Gloria del Señor llenaba el templo.
6Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre seguía de pie a mi lado,
7y me decía: «Hijo de hombre, este es el sitio de mi trono, el sitio donde apoyo mis pies, y donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel. La casa de Israel y sus reyes ya no volverán a profanar mi nombre santo con sus fornicaciones ni con los cadáveres de sus reyes difuntos.
8Al poner su umbral junto a mi umbral y las jambas de sus puertas junto a las mías —ellos y yo pared por medio— profanaron mi nombre santo con las acciones detestables que cometieron. Por eso los consumió mi ira.
9Pero ahora pondrán lejos de mí sus fornicaciones y los cadáveres de sus reyes, y residiré en medio de ellos para siempre.
10Tú, hijo de hombre, da a conocer a la casa de Israel este templo, para que se avergüencen de sus culpas. Que midan la construcción
11y se avergüencen de todo lo que hicieron. Hazles conocer la estructura y disposición del templo, sus entradas y salidas, sus reglamentos y preceptos, y ponlos por escrito, para que observen todos sus reglamentos y preceptos y los pongan en práctica.
12Esta es la ley del templo. El área entera de la cima del monte es lugar sacrosanto. Esta es la ley del templo».
13Estas son las medidas del altar calculadas en codos. La concavidad que rodea el altar tenía medio metro de profundidad y otro medio metro de ancho, con un bordillo de veinte centímetros sobre el borde, todo alrededor. La base del altar es así:
14Desde la concavidad en el suelo había un metro hasta el escalón inferior, el cual tenía medio metro de ancho; y desde este escalón pequeño hasta el grande había dos metros y el ancho era de medio metro.
15Desde aquí hasta el ara había dos metros. Del ara sobresalían los cuatro cuernos.
16El ara tenía seis metros de largo por seis metros de ancho, formando un cuadrado.
17El escalón tenía catorce metros de largo y catorce metros de ancho, formando un cuadrado, y el reborde en torno a él, veinticinco centímetros. La concavidad en torno al altar tenía medio metro de profundidad todo alrededor. Los escalones miraban al este.
18Me dijo además: «Hijo de hombre, esto dice el Señor Dios: Estas son las prescripciones que conciernen el altar. El día que sea erigido para ofrecer holocaustos y rociar la sangre sobre él,
19a los sacerdotes levitas de la descendencia de Sadoc que se acerquen a mí para servirme —oráculo del Señor Dios— les darás un novillo para el sacrificio expiatorio.
20Tomarás de su sangre y la echarás sobre los cuatro cuernos del altar y los cuatro ángulos del escalón y sobre el reborde alrededor. Así harás la purificación y expiación por el altar.
21Tomarás el novillo del sacrificio expiatorio y lo quemarás en el sitio establecido del templo, fuera del santuario.
22Al día siguiente ofrecerás un macho cabrío sin defecto como sacrificio por el pecado. Así purificarán el altar como lo hicieron con el novillo.
23Terminado el rito purificatorio, ofrecerás del ganado un novillo sin defecto y del rebaño un carnero sin defecto.
24Los ofreceréis delante del Señor, y los sacerdotes echarán sobre ellos sal y los ofrecerán al Señor en holocausto.
25Durante siete días ofrecerás diariamente un macho cabrío en sacrificio por el pecado. También ofrecerán un novillo del ganado y un carnero del rebaño, sin defecto.
26Durante siete días harán expiación por el altar, lo purificarán y lo consagrarán.
27Concluidos estos días, a partir del día octavo, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar los holocaustos y sacrificios de pacificación, y yo os los aceptaré —oráculo del Señor Dios—».
Salmo 107
1Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
2Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo,
3los que reunió de todos los países: oriente y occidente, norte y sur.
4Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada;
5pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida;
6pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación.
7Los guio por un camino derecho, para que llegaran a una ciudad habitada.
8Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
9Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes.
10Yacían en oscuridad y tinieblas, cautivos de hierros y miserias;
11por haberse rebelado contra los mandamientos, despreciando el plan del Altísimo.
12Él humilló su corazón con trabajos, sucumbían y nadie los socorría.
13Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación.
14Los sacó de las sombrías tinieblas, arrancó sus cadenas.
15Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
16Destrozó las puertas de bronce, quebró los cerrojos de hierro.
17Estaban enfermos por sus maldades, por sus culpas eran afligidos;
18aborrecían todos los manjares, y ya tocaban las puertas de la muerte.
19Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación.
20Envió su palabra para curarlos, para salvarlos de la perdición.
21Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
22Ofrézcanle sacrificios de alabanza, y cuenten con entusiasmo sus acciones.
23Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas.
24Contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano.
25Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto:
26subían al cielo, bajaban al abismo, se sentían sin fuerzas en el peligro,
27rodaban, se tambaleaban como borrachos, y no les valía su pericia.
28Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación.
29Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar.
30Se alegraron de aquella bonanza, y él los condujo al ansiado puerto.
31Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
32Aclámenlo en la asamblea del pueblo, alábenlo en el consejo de los ancianos.
33Él transformará los ríos en desierto, los manantiales de agua en aridez;
34la tierra fértil en marismas, por la depravación de sus habitantes.
35Transformó el desierto en estanques, el erial en manantiales de agua.
36Colocó allí a los hambrientos, y fundaron una ciudad para habitar.
37Sembraron campos, plantaron huertos, recogieron cosechas.
38Los bendijo y se multiplicaron, y no les escatimó el ganado.
39Y menguaron, abatidos por el peso de infortunios y desgracias.
40El mismo que arroja desprecio sobre los príncipes y los descarrió por una soledad sin caminos,
41levantó a los pobres de la miseria y multiplicó sus familias como rebaños.
42Los rectos lo ven y se alegran, a la maldad se le tapa la boca.
43El que sea sabio, que recoja estos hechos y comprenda la misericordia del Señor.