Lectura 319 de 365
Ezequiel 36-37 · Salmos 104
Ezequiel 36
1Y tú, hijo de hombre, profetiza sobre los montes de Israel. Diles: «Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor.
2Esto dice el Señor Dios: “Porque vuestro enemigo ha dicho: ¡Bien! ¡Estas viejas colinas ya son nuestras!”,
3por eso profetiza y di: Esto dice el Señor Dios: “Porque de todas partes os codiciaban para dejaros devastados, hasta quedar en poder de las demás naciones; porque andáis en la boca de la gente y sois objeto de habladurías”,
4por eso, montañas de Israel, escuchad la palabra del Señor Dios: Esto dice el Señor Dios, a los montes y a las colinas, a los torrentes y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas, saqueadas y escarnecidas por las naciones vecinas.
5Sí, esto dice el Señor Dios: “Juro, en el ardor de mi ira, que presentaré mi alegato contra el resto de las naciones y contra todo Edón, porque con gran regocijo y profundo desprecio se apoderaron de mi tierra para saquearla y dejarla despoblada”.
6Por eso, profetiza sobre la tierra de Israel, y di a los montes y a las colinas, a los torrentes y a los valles: Esto dice el Señor Dios: “Hablo con ira y furor. Porque habéis soportado el ultraje de las naciones”,
7por ello, así dice el Señor Dios: “Lo juro con la mano en alto: las naciones que os rodean, ellas deberán cargar con sus ultrajes.
8Y vosotros, montes de Israel, echaréis vuestras ramas y daréis vuestros frutos para mi pueblo Israel, que está por llegar.
9A vosotros me vuelvo y me dirijo: otra vez seréis labrados y sembrados.
10Acrecentaré sobre vosotros la población de la casa de Israel, repoblarán las ciudades y reconstruirán las ruinas.
11Multiplicaré vuestra gente y el ganado, serán numerosos y fecundos, os haré tan poblados como antaño, seré más generoso que al principio, y sabréis que yo soy el Señor.
12Haré que transite por vuestro territorio la gente de mi pueblo Israel, tomarán posesión de vosotros y seréis su heredad, y no volveréis a privarlos de sus hijos”.
13Esto dice el Señor Dios: “Porque andan diciendo de vosotros que devoráis a vuestra gente y habéis dejado sin hijos a vuestro propio pueblo,
14por eso no volverás a devorar a tu gente, ni dejarás sin hijos a tu pueblo —oráculo del Señor Dios—.
15No tendrás que escuchar el ultraje de las naciones, ni soportar el sarcasmo de los pueblos, ni volverás a privar a tu pueblo de sus hijos” —oráculo del Señor Dios—».
16Me vino esta palabra del Señor:
17«Hijo de hombre, la casa de Israel profanó con su conducta y sus acciones la tierra en que habitaba. Su conducta era a mis ojos como la impureza de la regla.
18Me enfurecí contra ellos, por la sangre que habían derramado en el país, y por haberlo profanado con sus ídolos.
19Los dispersé por las naciones, y anduvieron dispersos por diversos países. Los he juzgado según su conducta y sus acciones.
20Al llegar a las diversas naciones, profanaron mi santo nombre, ya que de ellos se decía: “Estos son el pueblo del Señor y han debido abandonar su tierra”.
21Así que tuve que defender mi santo nombre, profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde había ido.
22Por eso, di a la casa de Israel: “Esto dice el Señor Dios: No hago esto por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros en las naciones a las que fuisteis.
23Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos. Reconocerán las naciones que yo soy el Señor —oráculo del Señor Dios—, cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.
24Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.
25Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar;
26y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
27Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
28Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
29Os libraré de vuestras impurezas, convocaré el trigo y lo haré abundar y no volveréis a pasar hambre.
30Multiplicaré los frutos de los árboles y la cosecha del campo, para que no soportéis más la afrenta del hambre entre las naciones.
31Y cuando os acordéis de vuestra conducta perversa y de vuestras malas acciones, sentiréis vergüenza por vuestras culpas y acciones detestables.
32Sabedlo bien, no lo hago por vosotros —oráculo del Señor Dios—; avergonzaos y sonrojaos de vuestra conducta, casa de Israel”».
33Esto dice el Señor Dios: «Cuando os purifique de vuestras culpas, repoblaré las ciudades y serán reconstruidas las ruinas.
34Volverán a labrar la tierra desolada, que los caminantes veían desierta.
35Entonces se dirá: “Esta tierra que estaba desolada se ha convertido en un jardín de Edén, y las ciudades arrasadas, desiertas y destruidas, son plazas fuertes habitadas”.
36Entonces las naciones que queden a vuestro alrededor reconocerán que yo, el Señor, reedifico lo destruido y vuelvo a plantar en tierra arrasada”. Yo, el Señor, lo digo y lo hago.
37Esto dice el Señor Dios: “También dejaré que la casa de Israel me suplique y la acrecentaré como un rebaño humano.
38Como un rebaño consagrado en Jerusalén durante las fiestas, así las ciudades en ruinas se llenarán de rebaños humanos, y sabrán que yo soy el Señor”».
Ezequiel 37
1La mano del Señor se posó sobre mí. El Señor me sacó en espíritu y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos.
2Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran muchísimos en el valle y estaban completamente secos.
3Me preguntó: «Hijo de hombre: ¿podrán revivir estos huesos?». Yo respondí: «Señor, Dios mío, tú lo sabes».
4Él me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor!
5Esto dice el Señor Dios a estos huesos: Yo mismo infundiré espíritu sobre vosotros y viviréis.
6Pondré sobre vosotros los tendones, haré crecer la carne, extenderé sobre ella la piel, os infundiré espíritu y viviréis. Y comprenderéis que yo soy el Señor”».
7Yo profeticé como me había ordenado, y mientras hablaba se oyó un estruendo y los huesos se unieron entre sí.
8Vi sobre ellos los tendones, la carne había crecido y la piel la recubría; pero no tenían espíritu.
9Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjúralo, hijo de hombre, y di al espíritu: “Esto dice el Señor Dios: ven de los cuatro vientos, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”».
10Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.
11Y me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: “Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido, estamos perdidos”.
12Por eso profetiza y diles: “Esto dice el Señor Dios: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel.
13Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.
14Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago” —oráculo del Señor—».
15Me fue dirigida esta palabra del Señor:
16«Y tú, hijo de hombre, cógete una vara y escribe en ella: “Judá y los hijos de Israel que le están asociados”; coge luego otra vara y escribe en ella: “José y la casa de Israel que le está asociada”. Esta es la vara de Efraín.
17Empálmalas luego la una con la otra, de modo que en tu mano formen una sola vara.
18Cuando te pregunte la gente de tu pueblo: “¿Qué significa eso?”,
19respóndeles: “Esto dice el Señor Dios: Cogeré la vara de José que está en la mano de Efraín, y las tribus de Israel que están unidas a él y las pondré junto a la vara de Judá, de modo que formen una sola vara y queden unidas en mi mano”.
20Las varas sobre las que habrás escrito estarán en tu mano a la vista de tu pueblo.
21Entonces les dirás: “Esto dice el Señor Dios: Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra.
22Los haré una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
23No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitaban y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
24Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica.
25Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sus padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
26Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre;
27tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
28Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre”».
Salmo 104
1Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad,
2la luz te envuelve como un manto. Extiendes los cielos como una tienda,
3construyes tu morada sobre las aguas; las nubes te sirven de carroza, avanzas en las alas del viento;
4los vientos te sirven de mensajeros; el fuego llameante, de ministro.
5Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás;
6la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas;
7pero a tu bramido huyeron, al fragor de tu trueno se precipitaron,
8mientras subían los montes y bajaban los valles: cada cual al puesto asignado.
9Trazaste una frontera que no traspasarán, y no volverán a cubrir la tierra.
10De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes;
11en ellos beben las fieras de los campos, el asno salvaje apaga su sed;
12junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto.
13Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
14haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. Él saca pan de los campos,
15y vino que le alegra el corazón; aceite que da brillo a su rostro, y el pan que le da fuerzas.
16Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó:
17allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña.
18Los riscos son para las cabras, las peñas son madriguera de erizos.
19Hiciste la luna con sus fases, el sol conoce su ocaso.
20Pones las tinieblas y viene la noche, y rondan las fieras de la selva;
21los cachorros del león rugen por la presa, reclamando a Dios su comida.
22Cuando brilla el sol, se retiran y se tumban en sus guaridas;
23el hombre sale a sus faenas, a su labranza hasta el atardecer.
24Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas.
25Ahí está el mar: ancho y dilatado, en él bullen, sin número, animales pequeños y grandes;
26lo surcan las naves, y el Leviatán que modelaste para que retoce.
27Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo:
28se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes;
29escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo;
30envías tu espíritu, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.
31Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras;
32cuando él mira la tierra, ella tiembla; cuando toca los montes, humean.
33Cantaré al Señor, tocaré para mi Dios mientras exista:
34que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.
35Que se acaben los pecadores en la tierra, que los malvados no existan más. ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Aleluya!