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Lectura 318 de 365

Ezequiel 34-35 · Salmos 103

Letra: Normal

Ezequiel 34

1Me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y diles: “¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar las ovejas?

3Os coméis las partes mejores, os vestís con su lana; matáis las más gordas, pero no apacentáis el rebaño.

4No habéis robustecido a las débiles, ni curado a la enferma, ni vendado a la herida; no habéis recogido a la descarriada, ni buscado a la que se había perdido, sino que con fuerza y violencia las habéis dominado.

5Sin pastor, se dispersaron para ser devoradas por las fieras del campo.

6Se dispersó mi rebaño y anda errante por montes y altos cerros; por todos los rincones del país se dispersó mi rebaño y no hay quien lo siga ni lo busque.

7Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor:

8¡por mi vida! —oráculo del Señor Dios—; porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje, y a ser devorado por las fieras del campo por falta de pastor; porque mis pastores no cuidaron mi rebaño, y se apacentaron a sí mismos pero no apacentaron mi rebaño,

9por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor:

10Esto dice el Señor Dios: Me voy a enfrentar con los pastores: les reclamaré mi rebaño, dejarán de apacentar el rebaño, y ya no podrán apacentarse a sí mismos. Libraré mi rebaño de sus fauces, para que no les sirva de alimento”».

11Porque esto dice el Señor Dios: «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré.

12Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones.

13Sacaré a mis ovejas de en medio de los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las llevaré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel, en los valles y en todos los poblados del país.

14Las apacentaré en pastos escogidos, tendrán sus majadas en los montes más altos de Israel; se recostarán en pródigas dehesas y pacerán pingües pastos en los montes de Israel.

15Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—.

16Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia».

17En cuanto a vosotros, mi rebaño, esto dice el Señor Dios: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.

18¿No os basta pacer en buenos pastos, sino que pisoteáis con las pezuñas el resto del pastizal? ¿No os basta beber el agua clara, sino que enturbiáis el resto con las pezuñas?

19¿Ha de pastar mi rebaño lo que vuestras pezuñas pisotearon, y beber lo que vuestras pezuñas enturbiaron?

20Por eso así les dice el Señor Dios: Yo mismo juzgaré entre la oveja robusta y la flaca.

21Habéis embestido con el flanco y el cuarto delantero, y corneado a las más débiles hasta dispersarlas y echarlas fuera.

22Pero yo defenderé mi rebaño y no será ya objeto de pillaje. Yo juzgaré entre oveja y oveja.

23Suscitaré un único pastor que las apaciente: mi siervo David; él las apacentará, él será su pastor.

24Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David, príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, he hablado.

25Estableceré con mi rebaño una alianza de paz: exterminaré los animales dañinos de la tierra para que pueda habitar seguro en el desierto y dormir en los bosques.

26De bosques y desiertos en torno a mi montaña haré una bendición. Enviaré la lluvia a su tiempo, lluvia de bendición.

27El árbol del campo dará su fruto, y la tierra su cosecha. Estarán seguros en su tierra, y reconocerán que yo soy el Señor, cuando rompa las coyundas de su yugo y los libre del poder de quienes lo esclavizan.

28No volverán a ser presa de las naciones, ni los devorarán las bestias salvajes; habitarán seguros, sin temores.

29Para ellos crecerán plantaciones renombradas: nunca más serán consumidos por el hambre en esta tierra, ni tendrán que soportar la burla de otros pueblos,

30y reconocerán que yo, el Señor, soy su Dios, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo —oráculo del Señor Dios—.

31Vosotros sois mi rebaño, las ovejas que yo apaciento, y yo soy vuestro Dios —oráculo del Señor Dios—».

Ezequiel 35

1Me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«Hijo de hombre: dirige tu mirada hacia la montaña de Seír y profetiza contra ella.

3Le dirás: “Esto dice el Señor Dios: Aquí estoy contra ti, montaña de Seír. Extenderé mi mano contra ti y te dejaré solitaria y desolada.

4Dejaré tus ciudades en ruinas, y quedarás solitaria, y reconocerás que yo soy el Señor.

5Porque mantuviste una permanente enemistad contra los hijos de Israel, y los entregaste al poder de la espada en el tiempo del desastre, cuando su pecado llegó al colmo,

6por eso, por mi vida —oráculo del Señor Dios—, te anegaré en sangre, y la sangre te perseguirá. Porque no has aborrecido el crimen, el crimen te perseguirá.

7La montaña de Seír quedará solitaria y desolada, y exterminaré de ella a quien va y a quien viene.

8Llenaré de cadáveres tus montes: en tus colinas, valles y torrentes caerán los traspasados por la espada.

9Te convertiré para siempre en un desierto, no serán habitadas tus ciudades, y sabréis que yo soy el Señor.

10Por haber dicho: ‘Las dos naciones serán mías, me apoderaré de los dos países’ —y el Señor estaba allí— ,

11por eso, por mi vida, oráculo del Señor Dios, te trataré con la misma ira apasionada con que actuaste contra ellos llevado por tu odio. Y ellos me reconocerán cuando te aplique la sentencia.

12Reconocerás que yo, el Señor, había oído todas las injurias que proferías contra los montes de Israel cuando decías: ‘Están devastados. Nos pertenecen como despojos’.

13Habéis hablado contra mí con arrogancia y proferido palabras altaneras: yo lo he oído.

14Esto dice el Señor Dios: Toda la tierra se alegrará cuando te convierta en un desierto.

15Como te alegraste cuando quedó desolada la heredad de la casa de Israel, así haré contigo: quedará desolada la montaña de Seír y todo el territorio de Edón, y sabrán que yo soy el Señor”».

Salmo 103

1De David. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.

2Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

3Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;

4él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura;

5él sacia de bienes tus días, y como un águila se renueva tu juventud.

6El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos;

7enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.

8El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

9No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo;

10no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

11Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que lo temen;

12como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.

13Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los que lo temen;

14porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.

15Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo,

16que el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a verla.

17Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre, para aquellos que lo temen; su justicia pasa de hijos a nietos:

18para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos.

19El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo.

20Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra.

21Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos.

22Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de su imperio. ¡Bendice, alma mía, al Señor!