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Lectura 317 de 365

Ezequiel 32-33 · Salmos 102

Letra: Normal

Ezequiel 32

1El año duodécimo, el día primero del mes duodécimo, me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«Hijo de hombre, entona esta elegía sobre faraón, rey de Egipto. Le dirás: “¡Joven león de las naciones, te han reducido al silencio! Eras como un monstruo marino, te lanzabas en tus ríos; enturbiando el agua con tus patas, llenabas de fango las corrientes”.

3Esto dice el Señor Dios: “Con la ayuda de una multitud de pueblos extenderé mi red sobre ti. Ellos te arrastrarán a mi red

4y yo te echaré por tierra, te abandonaré en medio del campo. Se posarán sobre ti las aves del cielo y de ti se saciarán todas las bestias salvajes.

5Arrojaré tu carne por los montes, de tu carroña llenaré los valles.

6Abrevaré la tierra con el flujo de tu sangre, que desciende de los montes, y de ella se llenarán los cauces.

7Cuando te extingas velaré el cielo, oscureceré sus estrellas, cubriré el sol con una nube y la luna ya no dará su luz.

8Haré oscuras sobre ti las luminarias del cielo y extenderé sobre tu tierra las tinieblas —oráculo del Señor Dios—.

9Agitaré el corazón de muchos pueblos, cuando dé a conocer tu destrucción entre las naciones, en países que nunca conociste.

10Haré que se horroricen de ti muchos pueblos. Sus reyes se llenarán de espanto cuando agite mi espada ante ellos. Temblarán a cada momento por sus vidas, por causa de tu caída”.

11Esto dice el Señor Dios: “La espada del rey de Babilonia caerá contra ti.

12Por la espada de guerreros, los más crueles de todas las naciones, haré caer a tu gente. Arrasarán la arrogancia de Egipto y toda su gente será exterminada.

13Haré perecer el ganado junto a sus aguas abundantes y no volverán a enturbiarlas ni pie de hombre ni pezuña de ganado.

14Entonces calmaré sus aguas y sus corrientes fluirán como aceite —oráculo del Señor Dios—.

15Cuando convierta a Egipto en un desierto y el país quede despojado de cuanto poseía, cuando haya golpeado a todos sus habitantes, entonces reconocerán que yo soy el Señor”».

16Esta es la elegía. La cantarán las ciudades de las naciones sobre Egipto; la cantarán sobre toda su gente —oráculo del Señor Dios—.

17El año duodécimo, el día quince del mes duodécimo, me fue dirigida esta palabra del Señor:

18«Hijo de hombre: Entona un canto fúnebre sobre la gente de Egipto. Hazlos descender a las profundidades de la tierra, junto con las ciudades vasallas de las naciones poderosas, junto con los que bajan a la fosa.

19“¿Sois acaso más agraciados que los demás? Pues descended, yaced junto a los incircuncisos”.

20Caerán en medio de los traspasados por la espada. Han sido entregados a la espada, los arrastrarán, a él y a toda su gente.

21Los más bravos guerreros en medio del Abismo les dirán: “Descended, yaced junto a los incircuncisos, junto a los traspasados por la espada”.

22Allí está Asiria y toda su gente, sus sepulcros todo alrededor. Todos ellos, traspasados, cayeron por la espada.

23Han puesto sus sepulcros en lo más profundo de la fosa. Todos ellos, traspasados, cayeron por la espada, los que aterrorizaban al mundo de los vivos.

24Allí está Elán y toda su gente, sus sepulcros alrededor de ellos. Todos ellos, traspasados, cayeron por la espada. Descendieron como incircuncisos a las profundidades de la tierra los que aterrorizaban al mundo de los vivos. Ahora soportan su deshonor con los que bajaron a la fosa.

25Le han puesto su morada en medio de los traspasados por la espada, con toda su gente, sus sepulcros alrededor de ellos, incircuncisos, traspasados por la espada, que aterrorizaban al mundo de los vivos. Ahora soportan su deshonor con los que bajaron a la fosa, en medio de los traspasados por la espada.

26Allí está Mesec y Tubal y toda su gente, sus sepulcros todo alrededor. Todos ellos, incircuncisos, traspasados por la espada, porque aterrorizaban al mundo de los vivos.

27No pueden yacer con los héroes incircuncisos, que descendían al Abismo con su equipo de guerra, a los cuales les ponían la espada bajo sus cabezas. Su culpa reposa sobre sus huesos porque fueron el terror de los héroes en el mundo de los vivos.

28Pero tú mismo serás abatido entre los incircuncisos, y deberás yacer junto a los traspasados por la espada.

29Allí está Edón, sus reyes y sus príncipes, a los cuales dieron sepultura junto a los traspasados por la espada. Yacerán con los incircuncisos que bajan a la fosa.

30Allí están todos los jefes del norte y los de Sidón, los cuales, a pesar de haber sembrado el terror con sus hechos heroicos, llenos de vergüenza debieron yacer, incircuncisos, junto a los traspasados por la espada. Ahora soportan su deshonor con los que bajaron a la fosa.

31El faraón los verá y se consolará de la suerte de su pueblo, traspasados por la espada, el faraón y todo su ejército —oráculo del Señor Dios—.

32Porque habían aterrorizado al mundo de los vivos, el faraón y toda su gente deberán yacer en medio de los incircuncisos, con los traspasados por la espada —oráculo del Señor Dios—».

Ezequiel 33

1Me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«Hijo de hombre, habla a tu pueblo y diles: “Si yo envío al enemigo contra un país, y la gente escoge a un hombre del lugar y lo pone de centinela,

3y este, viendo venir al enemigo contra el país, toca la trompeta para dar la alarma al pueblo;

4si alguien oye el toque de trompeta y no hace caso, y el enemigo llega y lo sorprende, él mismo es responsable de su muerte.

5Había oído el toque de trompeta, pero no hizo caso: es responsable de su muerte. Si hubiera hecho caso habría salvado su vida.

6Pero si el centinela que ve venir al enemigo no toca la trompeta y el pueblo no es puesto en alarma, llega el enemigo y se cobra algunas vidas, estos habrán perecido por su maldad, pero yo pediré cuenta de su sangre al centinela”.

7A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.

8Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.

9Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

10Y tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel: «Vosotros andáis diciendo: “Nuestros delitos y nuestros pecados pesan sobre nosotros, y por eso nos estamos consumiendo. ¿Cómo podemos vivir así?”.

11Pues diles: “Por mi vida —oráculo del Señor Dios— que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra perversa conducta. ¿Por qué os obstináis en morir, casa de Israel?”.

12Y tú, hijo de hombre, di a la gente de tu pueblo: “La buena conducta del hombre justo no lo salvará el día de su delito, ni la maldad del malvado será para él un obstáculo el día de su conversión. El hombre justo no podrá seguir viviendo por su buena conducta el día de su pecado.

13Si yo digo al justo: ‘Ciertamente vivirás’, pero él, confiado en su buena conducta, comete un acto inicuo, su buena conducta no será recordada. Deberá morir por causa del acto inicuo cometido.

14Y si digo al malvado: ‘Irremediablemente morirás’, pero él se convierte de su pecado y actúa con rectitud y justicia,

15devuelve la fianza que había exigido, restituye lo robado, practica los preceptos que dan vida y no hace ningún mal, ciertamente vivirá y no morirá.

16Ninguno de los pecados que había cometido será recordado. Ha actuado con rectitud y justicia. Ciertamente vivirá.

17Y si la gente del pueblo replica: ‘No es justo el proceder del Señor’, son ellos los que no proceden rectamente.

18Si el hombre justo se aparta de su buena conducta y comete actos inicuos, morirá por su causa.

19Y si el malvado se convierte de su maldad y actúa con rectitud y justicia, a causa de ello ciertamente vivirá.

20Entonces, ¿cómo decís: ‘No es justo el proceder del Señor’? Yo os juzgaré a cada uno según vuestra conducta, casa de Israel”».

21El año duodécimo de nuestra deportación, el día cinco del mes décimo, llegó a mí un fugitivo de Jerusalén y me dijo: «¡Ha caído la ciudad!».

22Desde la tarde anterior y hasta que el fugitivo llegó por la mañana había estado sobre mí la mano del Señor. Entonces me devolvió el habla, y dejé de estar mudo.

23Me fue dirigida esta palabra del Señor:

24«Hijo de hombre, los habitantes de aquellas ruinas en la tierra de Israel dicen: “Abrahán era uno solo y recibió la tierra en herencia. Nosotros somos muchos. Ahora se nos ha dado la tierra en propiedad”.

25Pues diles: “Esto dice el Señor Dios: Vosotros coméis la carne con la sangre, elevando vuestros ojos a los ídolos, y derramáis sangre, ¿y pretendéis heredar la tierra?

26Ponéis la confianza en vuestras espadas; vosotras, mujeres, cometéis actos abominables; vosotros, hombres, deshonráis a la mujer del prójimo, ¿y pretendéis heredar la tierra?”.

27Les dirás: “Esto dice el Señor: Por mi vida, los que están entre las ruinas caerán a espada, los que andan por el campo serán devorados por las fieras, y los que se refugien en las fortalezas o en las cuevas morirán de peste.

28Dejaré el país solitario y desolado, terminará su arrogancia y su poder. Quedarán desolados los montes de Israel, y nadie más pasará por allí.

29Cuando haya dejado el país solitario y desolado a causa de todos los actos abominables que cometieron, entonces reconocerán que yo soy el Señor”.

30“En cuanto a ti, hijo de hombre, la gente del pueblo habla de ti junto a los muros, y a la puerta de las casas, y se dicen uno a otro: ‘Vamos a escuchar qué palabra viene del Señor’.

31Han venido a ti en masa. Mi pueblo se sentará frente a ti, escucharán tus palabras, pero no las pondrán en práctica, porque me halagan con sus labios, pero después solo buscan su provecho.

32Eres para ellos como un cantor apasionado, de buena voz y que sabe acompañarse con las cuerdas. Escuchan tus palabras, pero no las practican.

33Pero cuando se cumplan —y están para cumplirse— sabrán que había un profeta en medio de ellos”».

Salmo 102

1Oración de un afligido que, en su congoja, desahoga su pena ante el Señor.

2Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti;

3no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame enseguida.

4Que mis días se desvanecen como humo, mis huesos queman como brasas;

5mi corazón está agostado como hierba, me olvido de comer mi pan;

6con la violencia de mis quejidos, se me pega la piel a los huesos.

7Estoy como lechuza en la estepa, como búho entre ruinas;

8estoy desvelado, gimiendo, como pájaro sin pareja en el tejado.

9Mis enemigos me insultan sin descanso; furiosos contra mí, me maldicen.

10En vez de pan, como ceniza, mezclo mi bebida con llanto,

11por tu cólera y tu indignación, porque me alzaste en vilo y me tiraste;

12mis días son una sombra que se alarga, me voy secando como la hierba.

13Tú, en cambio, permaneces para siempre, y tu nombre de generación en generación.

14Levántate y ten misericordia de Sión, que ya es hora y tiempo de misericordia.

15Tus siervos aman sus piedras, se compadecen de sus ruinas;

16los gentiles temerán tu nombre; los reyes del mundo, tu gloria.

17Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria,

18y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

19Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor.

20Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra,

21para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

22Para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén,

23cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.

24Él agotó mis fuerzas en el camino, acortó mis días;

25y yo dije: «Dios mío, no me arrebates en la mitad de mis días». Tus años duran por todas las generaciones:

26al principio cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.

27Ellos perecerán, tú permaneces; se gastarán como la ropa, serán como un vestido que se muda.

28Tú, en cambio, eres siempre el mismo, tus años no se acabarán.

29Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia.