Lectura 316 de 365
Ezequiel 30-31 · Salmos 101
Ezequiel 30
1Recibí una palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, profetiza y di: Esto dice el Señor Dios: “Gemid y clamad: ¡Ay de aquel día!
3Porque está cercano el día, cercano el Día del Señor, día cargado de nubes, la hora de las naciones.
4Se abatirá la espada sobre Egipto y habrá terror en Etiopía, cuando caigan traspasados los egipcios, les arrebaten sus riquezas y destruyan sus cimientos.
5Etiopía, Libia, Lidia y Arabia, Cub y los habitantes del país aliado caerán a espada junto con ellos”.
6Esto dice el Señor: “Caerán los que apoyan a Egipto, se derrumbará su orgulloso poderío. Desde Migdol a Siene caerán a espada —oráculo del Señor Dios—.
7Quedará desolado en medio de países desolados, y sus ciudades, en medio de ciudades arrasadas.
8Reconocerán que yo soy el Señor cuando ponga fuego a Egipto y sean destruidos cuantos lo apoyan.
9Aquel día marcharán en navíos mensajeros de mi parte que harán temblar a Etiopía, que se siente segura. Habrá terror entre sus habitantes el día de Egipto, que ya está a las puertas”.
10Esto dice el Señor Dios: “Acabaré con la opulencia de Egipto por medio de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
11Él y su pueblo, los más crueles de todas las naciones, han sido enviados para devastar el país. Desnudarán sus espadas contra Egipto y cubrirán el país de cadáveres.
12Secaré los canales del Nilo y dejaré el país en poder de gente perversa. Devastaré el país y cuanto contiene por mano de extranjeros. Yo, el Señor, he hablado”.
13Esto dice el Señor Dios: “Exterminaré a los ídolos y acabaré con los dioses de Menfis, y ya no habrá príncipe en Egipto. Sembraré el terror en la tierra de Egipto,
14devastaré Patros, pondré fuego a Soán y ejecutaré mi sentencia contra Tebas.
15Derramaré mi furor contra Sin, fortaleza de Egipto, y exterminaré a la muchedumbre de Tebas.
16Pondré fuego a Egipto, Sin se retorcerá de dolor, abrirán una brecha en Tebas y Menfis será capturada en pleno día.
17Los jóvenes de Heliópolis y Bubastis caerán a espada, y las muchachas irán cautivas.
18En Tafnes se oscurecerá el día cuando yo rompa allí el cetro de Egipto y acabe con su poder arrogante. Lo cubrirá una nube y sus hijas irán cautivas.
19Así ejecutaré mi sentencia contra Egipto, y sabrán que yo soy el Señor”».
20El año undécimo, el séptimo día del primer mes, me fue dirigida esta palabra del Señor:
21«Hijo de hombre, yo había quebrantado un brazo al faraón, rey de Egipto. Se lo vendaron para curarlo, le pusieron una ligadura para inmovilizarlo, devolverle la fuerza y hacerle empuñar la espada.
22Por ello, así dice el Señor Dios: “Aquí estoy contra el faraón, rey de Egipto. Quebrantaré sus dos brazos, el sano y el quebrado, y haré caer la espada de su mano.
23Dispersaré a los egipcios entre las naciones, los esparciré por los países.
24Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, pondré mi espada en su mano. Quebrantaré los brazos del faraón, que gemirá ante él como un herido de muerte.
25Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, mientras desfallecen los brazos del faraón. Entonces comprenderán que yo soy el Señor, cuando ponga mi espada en la mano del rey del Babilonia, y él la agite contra Egipto.
26A los egipcios los dispersaré entre las naciones, los esparciré por los países, y reconocerán que yo soy el Señor”».
Ezequiel 31
1El año undécimo, el primer día del tercer mes, me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, di al faraón, rey de Egipto, y a su gente: “¿A quién crees parecerte en tu grandeza?
3¿A un ciprés, a un cedro del Líbano, de espléndido ramaje, espesa sombra, sublime altura, cuya cima llegaba hasta las nubes?
4Las aguas lo nutrían, las fuentes subterráneas lo hacían crecer, fluían sus corrientes por donde estaba plantado, y extendían sus canales hacia todos los árboles del campo.
5El cedro se hizo más esbelto que todos los árboles del campo. Crecía y se multiplicaban sus ramas, se extendían sus tallos por la abundancia de agua.
6En sus ramas anidaban todas las aves del cielo, bajo sus tallos parían todas las bestias del campo, habitaban a su sombra naciones numerosas.
7Era hermoso en su grandeza, en la extensión de sus ramas, porque dirigía su raíz hacia las aguas profundas.
8Los cedros del jardín de Dios no podían igualarlo, ningún ciprés tenía un ramaje parecido, ni los plátanos tallos similares. Ningún árbol se le semejaba en hermosura en el jardín de Dios.
9Yo lo había hecho hermoso, con su frondoso ramaje. Lo envidiaban los árboles de Edén, en el jardín de Dios”.
10Por ello, así dice el Señor Dios: “Por haberse elevado y haber puesto la cima entre las nubes, porque su corazón se volvió soberbio a causa de su altura,
11lo he rechazado y lo entregaré en manos de una nación más poderosa, que lo trate conforme a su maldad.
12Las más crueles naciones extranjeras lo han cortado y desechado. Sus ramas han caído sobre los montes y en los valles, sus tallos han sido desgajados y yacen por todos los barrancos del país. De su sombra se alejaron los pueblos de la tierra, dejándolo abatido.
13Sobre sus despojos se posan las aves del cielo, y entre su follaje se guarecen las bestias salvajes.
14Para que no se jacte de su altura ningún árbol plantado junto al agua, ni pongan su cima entre las nubes; para que ni siquiera los más fuertes, aunque bien regados, confíen en su altura, todos han sido destinados a la muerte, a la profundidad de la tierra, entre los hijos de los hombres que bajan a la fosa”.
15Esto dice el Señor Dios: “El día en que él bajó al Abismo cerré por duelo las aguas subterráneas, detuve sus corrientes, se interrumpió el curso de las aguas caudalosas, por su causa vestí el Líbano de luto y se secaron los árboles del campo.
16Hice temblar a las naciones al fragor de su caída. Cuando lo precipité en el Abismo con todos los que bajan a la fosa, se consolaron en la profundidad de la tierra los árboles de Edén, los más selectos del Líbano, que apagaban su sed en las aguas.
17También ellos bajaron al Abismo, junto a los atravesados por la espada. Los que se cobijaban a su sombra fueron dispersados en medio de las naciones.
18¿A quién te pareces, por gloria y por grandeza, de entre los árboles de Edén? Con los árboles de Edén serás precipitado a la profundidad de la tierra, yacerás entre incircuncisos, con los atravesados por la espada. Tal será la suerte del faraón y de todos sus súbditos” —oráculo del Señor Dios—».
Salmo 101
1Salmo de David. Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor;
2voy a explicar el camino perfecto: ¿cuándo vendrás a mí? Andaré con rectitud de corazón dentro de mi casa;
3no pondré mis ojos en intenciones viles. Aborrezco al que obra mal, no se juntará conmigo.
4Lejos de mí el corazón torcido, no aprobaré al malvado.
5Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar; ojos engreídos, corazones arrogantes no los soportaré.
6Pongo mis ojos en los que son leales, ellos vivirán conmigo; el que sigue un camino perfecto, ese me servirá.
7No habitará en mi casa el que actúa con soberbia; el que dice mentiras no durará en mi presencia.
8Cada mañana haré callar a los hombres malvados, para excluir de la ciudad del Señor a todos los malhechores.