Lectura 314 de 365
Ezequiel 26-27 · Salmos 99
Ezequiel 26
1El año undécimo, el primer día del mes, me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, porque Tiro ha dicho de Jerusalén: “La puerta de los pueblos está destrozada; ahora es mi turno; la que estaba llena ha quedado en ruinas”,
3por ello, así dice el Señor Dios: “Aquí estoy contra ti, Tiro: levantaré contra ti numerosas naciones, como el mar eleva sus olas.
4Destruirán las murallas de Tiro, abatirán sus torres. No quedará ni el polvo, la dejaré como roca desnuda.
5En medio del mar será sitio para tender las redes, porque así lo he dicho yo —oráculo del Señor Dios—. Tiro será despojo para las naciones
6y sus poblados de tierra adentro serán pasados a cuchillo. Y sabrán que yo soy el Señor”».
7Esto dice el Señor Dios: «Traeré desde el norte contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros y jinetes, y un poderoso ejército.
8Pasará a cuchillo a sus poblados de tierra adentro, armará contra ti torres de asalto, levantará un terraplén y erigirá un escudo protector.
9Batirá tus murallas con arietes y abatirá con picas tus baluartes.
10Te cubrirá la polvareda de sus escuadrones de caballos cuando entre por tus puertas, como se entra en una ciudad conquistada; y al estrépito de los jinetes, de las ruedas y de los carros temblarán tus murallas.
11Los cascos de sus caballos hollarán todas tus calles, pasará por la espada a tu pueblo y tus robustos pilares caerán por tierra.
12Harán botín de tus riquezas, saquearán tus mercancías, derribarán tus murallas y derruirán tus suntuosos edificios, arrojarán al mar tus piedras, tus escombros y tus vigas.
13Pondré fin al rumor de tus canciones y no se escuchará más el sonido de tus cítaras.
14Te dejaré como roca desnuda, serás un sitio para tender las redes, no serás reconstruida nunca más, porque yo, el Señor lo he dicho —oráculo del Señor Dios—».
15Esto dice el Señor Dios, a Tiro: «¿No temblarán los pueblos lejanos ante el estruendo de tu caída, por el gemido de los traspasados por la espada, por la masacre que tendrá lugar en medio de ti?
16Los príncipes del mar descenderán de sus tronos, se quitarán sus mantos y, despojados de sus vestidos recamados, se vestirán de terror. Sentados en el suelo temblarán a cada instante, horrorizados ante ti.
17Y pronunciarán sobre ti esta elegía: ¡Cómo has sucumbido, habitante de los mares, la ciudad famosa, la poderosa en medio del mar, cuyos habitantes a todos infundían terror!
18Ahora se estremecen los pueblos lejanos por tu caída, de tu fin se horrorizan los pueblos del mar».
19Esto dice el Señor Dios: «Cuando te haya convertido en un desierto, ciudad que nadie habita; cuando haya suscitado contra ti el océano y te cubran sus aguas caudalosas,
20te precipitaré con los que bajan al Abismo hacia las gentes del pasado, te haré habitar en lo profundo de la tierra, en las ruinas perpetuas, con los que bajan al Abismo. No serás habitada nunca más y yo pondré mi esplendor en la tierra de los vivientes.
21Te haré un objeto de espanto y no existirás más; te buscarán y no te encontrarán nunca jamás —oráculo del Señor Dios—».
Ezequiel 27
1Me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, entona una elegía sobre Tiro.
3Dirás: Oh Tiro, señora de los puertos, mercado de las naciones para los numerosos pueblos de la costa, esto dice el Señor Dios: Tiro, tú decías: “Mi belleza es perfecta”.
4Tus dominios se extendían hasta el corazón del mar, tus armadores hicieron perfecto tu diseño.
5Con cipreses de Senir construyeron tu casco, de un cedro del Líbano tu mástil,
6con robles de Basán tus remos. Tu cubierta era de ciprés, de las islas de Quitín, taraceado de marfil.
7Eran un estandarte tus velas, de lino recamado de Egipto; el toldo, de púrpura y escarlata, de las costas de Elisá.
8Habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros, y gente experta de Tiro tus timoneles.
9Peritos veteranos de Biblos reparaban tus averías. Todas las naves del mar y sus marineros comerciaban contigo.
10Guerreros de Persia, Lidia y Libia estaban en tu ejército. Colgaban en ti el escudo y el yelmo, y aumentaban tu esplendor.
11Gentes de Arvad, junto con tu ejército, sobre tus murallas en torno a la ciudad, y los de Gamad en tus torres, colgando sobre las murallas sus adargas, completaban tu magnificencia.
12Tarsis traficaba contigo por tu abundante mercadería, te pagaba con plata y hierro, estaño y plomo.
13Yaván, Tubal y Mesec comerciaban contigo y te daban a cambio esclavos y objetos de bronce.
14Los de Bet Togarma te pagaban con caballos de tiro y de montar, y con mulos.
15También los de Dedán comerciaban contigo. Numerosos países costeros eran tu mercado; pagaban con cuernos de marfil y madera de ébano.
16Arán traficaba contigo por la abundancia de tus productos. Te pagaban con piedras preciosas, tejidos de púrpura, recamados y de lino, coral y rubíes.
17Judá e Israel comerciaban contigo y te daban a cambio trigo de Minit, dulces, miel, aceite y bálsamo.
18Damasco traficaba contigo con vino de Jelbón y lana de Sajar, por la abundancia de tus productos y tus muchas mercancías.
19Vedán y Yaván, desde Uzal, te daban a cambio hierro forjado, canela y caña aromática por tus mercaderías.
20Dedán comerciaba contigo con mantas de montar.
21Arabia y los príncipes de Cadar traficaban contigo con corderos, carneros y machos cabríos.
22Los mercaderes de Saba y de Ramá comerciaban contigo y te daban a cambio los mejores aromas, todo tipo de piedras preciosas y oro.
23Jarán, Cané, Edén y los mercantes de Saba, Asiria y Quilmad comerciaban contigo.
24Vestidos de lujo, mantos de púrpura recamados, tapetes multicolores, cuerdas bien trenzadas y resistentes pertenecían a su comercio.
25Naves de Tarsis transportaban tus mercancías. Eras rica y opulenta en medio de los mares.
26Tus remeros te llevaron a aguas tumultuosas y el viento del este te destrozó en alta mar.
27Tu riqueza, tu comercio, tus mercancías, tus marineros, tus pilotos y calafateadores, tus comerciantes y tus guerreros con toda la tripulación se hundirán en medio del mar el día de tu naufragio.
28Al grito de auxilio de tus marineros tiemblan las costas.
29Todos los remeros, los marineros todos y los pilotos de mar saltarán de sus naves para quedarse en tierra.
30Harán oír sus voces, gimiendo por ti amargamente, se echarán tierra sobre sus cabezas y se revolcarán en cenizas.
31Se raparán la cabeza por tu causa, se vestirán de saco, llorarán con amargura, con amarga lamentación.
32Entonarán sobre ti una elegía y cantarán una lamentación: “¿Quién fue jamás como Tiro, ahora silenciosa en la profundidad del mar?”.
33Cuando desembarcabas tus mercancías saciabas a pueblos numerosos. Con tu riqueza opulenta y tu comercio enriquecías a los reyes de la tierra.
34Ahora yaces destruida por el mar, en la profundidad de las aguas. Carga y tripulación se hundieron contigo.
35Los habitantes de los países costeros se espantan de ti, sus reyes se estremecen de horror, el rostro descompuesto.
36Los mercaderes de otros pueblos silban con desprecio: te has convertido en un motivo de espanto, has desaparecido para siempre».
Salmo 99
1El Señor reina, tiemblen las naciones; sentado sobre querubines, vacile la tierra.
2El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos.
3Reconozcan tu nombre, grande y terrible: ¡Él es santo!
4El rey poderoso ama la justicia, tú has establecido la rectitud; tú administras en Jacob la justicia y el derecho.
5Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: ¡Él es santo!
6Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía.
7Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
8Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios de perdón, un Dios que castiga sus maldades.
9Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante su monte santo: ¡Santo es el Señor, nuestro Dios!