Lectura 313 de 365
Ezequiel 24-25 · Salmos 98
Ezequiel 24
1El año noveno, el día diez del mes décimo, me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, anota esta fecha, porque hoy, hoy mismo, el rey de Babilonia ha atacado a Jerusalén.
3Propón una parábola a este pueblo rebelde y diles: “Esto dice el Señor Dios: Prepara una olla, prepárala, echa agua en ella.
4Agrega trozos de carne, los mejores trozos: pernil y espaldilla; llénala de huesos escogidos,
5que sea lo mejor de los animales. Debajo, amontona la leña en círculo, hazla hervir a borbotones. Hasta los huesos deben cocerse”.
6Ahora, esto dice el Señor Dios: “Ay de la ciudad sanguinaria, olla llena de herrumbre, que no se quita. Vacíala de sus trozos, uno a uno, sin echar suertes,
7porque en ella hay sangre todavía. No la ha vertido por tierra para que el polvo la cubriera, la ha puesto sobre una roca desnuda.
8Para provocar mi furor y para tomar venganza, también yo he dejado su sangre sobre la roca desnuda, sin que fuera cubierta”.
9Por ello, así dice el Señor Dios: “¡Ay de la ciudad sanguinaria! Yo mismo agrandaré la pira.
10Pon más leña, enciende la hoguera, cuece bien la carne, mezcla las especias, y que los huesos se quemen.
11Deja después la olla vacía sobre las brasas, para que el cobre se ponga al rojo, y así se funda su impureza y se consuma la herrumbre.
12Pero la herrumbre resiste al fuego y no desaparece.
13Por la perversión de tu comportamiento infame, porque yo había querido purificarte de tu impureza, pero no lo has consentido, no serás purificada hasta que yo no desahogue mi furor contra ti.
14Yo, el Señor, he hablado. Ha llegado el momento y yo actuaré. No lo dejaré pasar, no tendré piedad ni compasión. Te juzgarán según tu conducta y según tus obras” —oráculo del Señor Dios—».
15Me fue dirigida esta palabra del Señor:
16«Hijo de hombre, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; pero tú no entones una lamentación, no hagas duelo, no llores, no derrames lágrimas.
17Suspira en silencio, no hagas ningún rito fúnebre. Ponte el turbante y cálzate las sandalias; no te cubras la barba ni comas el pan del duelo».
18Yo había hablado a la gente por la mañana, y por la tarde murió mi mujer. Al día siguiente hice lo que se me había ordenado.
19Entonces me dijo la gente: —¿Quieres explicarnos qué significa lo que estás haciendo?
20Les respondí: —He recibido esta palabra del Señor:
21«Di a la casa de Israel: Esto dice el Señor Dios: “Voy a profanar mi santuario, el baluarte del que estáis orgullosos, encanto de vuestros ojos, esperanza de vuestra vida. Los hijos e hijas que dejasteis en Jerusalén caerán a espada.
22Entonces haréis lo que yo he hecho: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan del duelo;
23seguiréis con el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies; no entonaréis una lamentación ni lloraréis; os consumiréis por vuestras culpas y gemiréis unos con otros.
24Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho. Y, cuando suceda, comprenderéis que yo soy el Señor Dios”.
25Y tú, hijo de hombre, el día que yo les arrebate su refugio, su alegría y su esplendor, el encanto de sus ojos, el ansia de sus vidas,
26ese día se te presentará un fugitivo para comunicarte una noticia.
27Ese día se te abrirá la boca, podrás hablar, y no volverás a quedar mudo. Les servirás de señal y reconocerán que yo soy el Señor».
Ezequiel 25
1Me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, dirige tu mirada hacia los amonitas y profetiza contra ellos.
3Les dirás: “Escuchad la palabra del Señor Dios. Esto dice el Señor Dios: Porque os alegrasteis cuando profanaban mi santuario, cuando devastaban el país, cuando la casa de Judá marchaba al exilio,
4por eso, os entrego en propiedad a los hijos de Oriente: ellos levantarán en medio de ti sus campamentos, plantarán en ti sus tiendas, se comerán tus frutos y beberán tu leche.
5Haré de Rabá un campo de pastoreo para camellos y de la tierra de Amón un corral de ovejas, y reconoceréis que yo soy el Señor”.
6Esto dice el Señor Dios: “Por haber aplaudido y saltado de júbilo, porque te regocijaste con todo el desprecio de tu corazón hacia la tierra de Israel,
7por eso, extiendo mi mano contra ti, te entregaré como presa a las naciones, te suprimiré de entre los pueblos, te haré desaparecer de entre los países, te exterminaré y sabrás que yo soy el Señor”».
8Esto dice el Señor Dios: «Porque Moab (y Seír) han dicho: “La casa de Judá es como las demás naciones”,
9por eso, voy a abrir el flanco de Moab destruyendo las ciudades fronterizas, esplendor del país: Bet Jesimot, Baal Maón y Quiriataín.
10Las entrego en propiedad a los hijos del Oriente, junto con los amonitas, para que se pierda el recuerdo de los amonitas entre las naciones.
11Ejecutaré mi juicio contra Moab y sabrán que yo soy el Señor».
12Esto dice el Señor Dios: «Porque Edón se ha vengado de la casa de Judá y con su venganza se ha hecho gravemente culpable,
13por ello, así dice el Señor Dios: “Extenderé mi mano contra Edón, exterminaré hombres y animales y lo convertiré en ruinas. Desde Temán a Dedán todos caerán a espada.
14Me vengaré de Edón por medio de mi pueblo Israel. Actuarán con Edón conforme a mi cólera y a mi rabia y conocerán mi venganza” —oráculo del Señor Dios—».
15Esto dice el Señor Dios: «Porque los filisteos han actuado vengativamente, y llenos de desprecio han tomado venganza, dándose a la destrucción con un odio secular,
16por ello, así dice el Señor Dios: “Extenderé mi mano contra los filisteos y exterminaré a los quereteos, y acabaré con el resto de los habitantes de la costa.
17Ejecutaré contra ellos una terrible venganza, castigándolos con furor, y reconocerán que yo soy el Señor, cuando descargue en ellos mi venganza”».
Salmo 98
1Salmo. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
2El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
3Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
4Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
5Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:
6con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
7Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan;
8aplaudan los ríos, aclamen los montes
9al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.