← La Biblia entera en 365 lecturas

Lectura 310 de 365

Ezequiel 18-19 · Salmos 95

Letra: Normal

Ezequiel 18

1Me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«¿Por qué andáis repitiendo este refrán en la tierra de Israel?: “Los padres comieron agraces y los hijos tuvieron dentera”.

3Por mi vida —oráculo del Señor Dios— que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel,

4porque todas las vidas son mías: la vida del padre como la del hijo. El que peque, ese morirá.

5Si un hombre es inocente y se comporta recta y justamente;

6si no come en los montes ni levanta sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; si no deshonra a la mujer de su prójimo ni se une a su mujer durante la menstruación;

7si no oprime a nadie, si devuelve la prenda empeñada; si no despoja a nadie de lo suyo, si da de su pan al hambriento y viste al desnudo;

8si no presta con usura ni acepta intereses; si se mantiene lejos de la injusticia y aplica con equidad el derecho entre las personas;

9si se comporta según mis preceptos y observa mis leyes, cumpliéndolas fielmente: ese hombre es justo, y ciertamente vivirá —oráculo del Señor Dios—.

10Si ese hombre engendra un hijo violento y sanguinario, que comete contra su prójimo alguna de estas malas acciones

11(que su padre no había cometido), que participa en los montes en las comidas y deshonra a la mujer de su prójimo,

12oprime al indigente y al pobre, roba, no devuelve la prenda empeñada, honra a los ídolos y comete acciones detestables,

13presta con usura y acepta intereses, ciertamente no vivirá. Por haber cometido todas esas acciones detestables, morirá irremediablemente y será responsable de su propia muerte.

14Pero si a su vez este hombre engendra un hijo que, habiendo visto todos los pecados cometidos por su padre, no los comete,

15no come en los montes ni levanta sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; si no deshonra a la mujer de su prójimo,

16ni oprime a nadie, ni toma una prenda empeñada; si no despoja a nadie, da de su pan al hambriento y viste al desnudo;

17si no participa en la opresión, ni acepta usura ni intereses, cumple con las leyes y se comporta según mis preceptos, él no morirá por la culpa de su padre. Ciertamente vivirá.

18Pero su padre, que había oprimido y despojado al prójimo, y no hizo el bien en su pueblo, él sí morirá por su propia culpa.

19Vosotros diréis: “¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?”. Por lo siguiente: porque el hijo ha cumplido con el derecho y la justicia, ha observado todos mis preceptos y los ha puesto en práctica; por ello, ciertamente vivirá.

20El que peca es el que morirá; el hijo no cargará con la culpa del padre, ni el padre cargará con la culpa del hijo. El inocente será tratado conforme a su inocencia, el malvado conforme a su maldad.

21Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá.

22No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá.

23¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva?

24Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.

25Insistís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?

26Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

27Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida.

28Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.

29La casa de Israel anda diciendo: “No es justo el proceder del Señor”. ¿Es injusto mi proceder, casa de Israel? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?

30Pues bien, os juzgaré, a cada uno según su proceder, casa de Israel —oráculo del Señor Dios—. Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos, y no tropezaréis en vuestra culpa.

31Apartad de vosotros los delitos que habéis cometido, renovad vuestro corazón y vuestro espíritu. ¿Por qué habríais de morir, casa de Israel?

32Yo no me complazco en la muerte de nadie —oráculo del Señor Dios—. Convertíos y viviréis».

Ezequiel 19

1«Entona una elegía por los príncipes de Israel.

2Dirás: “Tu madre era una leona entre los leones; tumbada en medio de los leoncillos amamantaba a sus cachorros.

3Crió con esmero a uno de sus cachorros, que se hizo un joven león, aprendió a desgarrar a su presa, a devorar hombres.

4Pero reclutaron gente contra él, lo atraparon en una fosa y con ganchos se lo llevaron a Egipto.

5Viendo que lo esperaba en vano, la leona perdió su esperanza, escogió otro de sus cachorros y lo hizo un joven león.

6Viviendo entre los leones se hizo todo un león: aprendió a desgarrar a su presa y a devorar hombres.

7Hacía estragos en sus palacios, asolaba sus ciudades; el país y sus habitantes estaban horrorizados por el rumor de su rugido.

8Las gentes de los alrededores y comarcas vecinas se organizaron contra él, le tendieron sus redes y quedó atrapado en una fosa.

9Lo encerraron en una jaula y con ganchos lo llevaron al rey de Babilonia. Lo pusieron en un lugar seguro, para que no se oyera más su rugido sobre los montes de Israel”.

10“Tu madre era como una vid, plantada junto a las aguas, fecunda y rica en sarmientos por la abundancia de agua.

11Tenía vástagos robustos, buenos para cetro de gobernantes. Su altura sobresalía entre los arbustos. Se distinguía por la altura y la abundancia de las ramas.

12Pero fue arrancada con furor y arrojada por tierra. El viento del este secó sus frutos; ya separados, se secaron; y el fuego devoró el vástago robusto.

13Ahora está plantada en el desierto, en una tierra árida y sedienta.

14Brotó fuego del tronco y devoró sus brotes y sus frutos. No ha quedado en ella ni un vástago robusto, bastón para gobernar”». (Es una elegía, se canta como tal).

Salmo 95

1Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;

2entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

3Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses:

4tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes;

5suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.

6Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.

7Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. Ojalá escuchéis hoy su voz:

8«No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto;

9cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

10Durante cuarenta años aquella generación me asqueó, y dije: «Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino;

11por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso».