Lectura 309 de 365
Ezequiel 16-17 · Salmos 94
Ezequiel 16
1Me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, hazle conocer sus acciones detestables a Jerusalén.
3Di: Esto dice el Señor Dios, a Jerusalén. Por tu origen y tu nacimiento eres cananea: tu padre era amorreo y tu madre hitita.
4Así fue tu nacimiento: El día en que naciste, no te cortaron el cordón, no te lavaron con agua para purificarte, ni te friccionaron con sal, ni te envolvieron en pañales.
5Nadie se apiadó de ti ni hizo por compasión nada de todo esto, sino que por aversión te arrojaron a campo abierto el día que naciste.
6Yo pasaba junto a ti y te vi revolviéndote en tu sangre, y te dije: Sigue viviendo, tú que yaces en tu sangre, sigue viviendo.
7Te hice crecer como un brote del campo. Tú creciste, te hiciste grande, llegaste a la edad del matrimonio. Tus senos se afirmaron y te brotó el vello, pero continuabas completamente desnuda.
8Pasé otra vez a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí mi manto sobre ti para cubrir tu desnudez. Con juramento hice alianza contigo —oráculo del Señor Dios— y fuiste mía.
9Te lavé con agua, te limpié la sangre que te cubría y te ungí con aceite.
10Te puse vestiduras bordadas, te calcé zapatos de cuero fino, te ceñí de lino, te revestí de seda.
11Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar en tu cuello.
12Te puse un anillo en la nariz, pendientes en tus orejas y una magnífica diadema en tu cabeza.
13Lucías joyas de oro y plata, vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas cada vez más bella y llegaste a ser como una reina.
14Se difundió entre las naciones paganas la fama de tu belleza, perfecta con los atavíos que yo había puesto sobre ti —oráculo del Señor Dios—.
15Pero tú, confiada en tu belleza, te prostituiste; valiéndote de tu fama, prodigaste tus favores y te entregaste a todo el que pasaba.
16Con tus vestidos adornaste lugares de culto con vivos colores, y en ellos te prostituías: tal cosa no había ocurrido nunca, ni volverá a ocurrir.
17Con las espléndidas joyas de oro y plata que te había regalado te hiciste imágenes humanas para prostituirte con ellas.
18Con tus vestidos bordados las recubriste y ofreciste ante ellas mi aceite y mi incienso.
19El pan que te había dado, la flor de harina, el aceite y la miel con que te alimentaba, los ofreciste como ofrenda agradable —oráculo del Señor Dios—.
20Tus hijos e hijas que habías dado a luz para mí, los ofreciste como comida. Como si no bastasen tus prostituciones
21sacrificaste a mis hijos y se los entregaste como ofrenda.
22En medio de tus acciones detestables y de tus prostituciones, no te acordaste de los días de tu infancia, cuando, completamente desnuda, revolcabas tu desnudez en tu sangre.
23Y para colmo de tu perversión, ¡ay de ti! —oráculo del Señor Dios—,
24te has construido una alcoba y te has hecho un lugar de culto en cada plaza.
25En cada cabecera de caminos construías tus santuarios, hiciste abominable tu belleza ofreciéndote a todo el que pasaba, y multiplicando tus prostituciones.
26Te prostituiste con los egipcios, tus vecinos de cuerpo fuerte, multiplicando tus prostituciones para irritarme.
27Entonces te castigué, reduciendo tu ración, y te entregué a la avidez de tus enemigas, las filisteas, que se avergonzaban de tu conducta impúdica.
28Te prostituiste también con los asirios, porque no te habías saciado; te prostituiste con ellos, pero no te saciaste.
29Multiplicaste tus prostituciones en Caldea, una tierra de comerciantes, y aun así no te saciaste.
30¡Qué inquieto estaba tu corazón —oráculo del Señor Dios— cuando hacías todas esas cosas, propias de una prostituta descarada,
31cuando construías tu alcoba en cada cabecera de caminos, y tu lugar de culto en cada plaza! Ni siquiera fuiste como una prostituta. Tú desdeñabas la paga,
32como mujer adúltera que, en lugar de acoger a su marido, acoge a los extraños.
33A una prostituta se le paga con regalos, pero tú has dado tus regalos a todos tus amantes y los has seducido para que vinieran a ti de todas partes para tus prostituciones.
34Te ha ocurrido en tus prostituciones lo contrario que a otras mujeres, justo al contrario: como nadie te solicitaba, pagabas tú en lugar de ser pagada».
35Por eso, prostituta, escucha la palabra del Señor.
36Esto dice el Señor Dios: «Porque has descubierto tu bronce y descubierto en público tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes, ídolos abominables, y por la sangre de tus hijos, que les ofreciste,
37por eso voy a reunir a todos tus amantes a quienes complaciste, a todos los que amabas y a los que aborrecías. Los reuniré frente a ti de todas partes, descubriré tu desnudez delante de ellos para que te miren.
38Te aplicaré la sentencia de las adúlteras y de los homicidas, te entregaré a la sangre, al furor y a la rabia.
39Te entregaré en sus manos, derribarán tus alcobas y demolerán tus santuarios, te despojarán de tus vestidos, te arrancarán tus espléndidas joyas y te dejarán desnuda y llena de ignominia.
40Traerán contra ti una multitud, te lapidarán y te traspasarán con sus espadas.
41Prenderán fuego a tus casas y ejecutarán la sentencia contra ti en presencia de muchas mujeres. Acabaré con tu prostitución y no volverás a pagar a tus amantes.
42Cuando haya aplacado mi ira contra ti y apartado de ti mi cólera, me apaciguaré y no volveré a encolerizarme.
43Por haber olvidado los días de tu juventud, por haberme provocado con todas estas cosas, yo te haré responsable de tu conducta —oráculo del Señor Dios—. ¿Acaso no habías añadido la infamia a todas tus acciones detestables?
44Los que inventan refranes te aplicarán este: “De tal madre, tal hija”.
45Eres hija de tu madre, que detestaba a su marido y a sus hijos; hermana de tus hermanas, que detestaban a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre fue una hitita, vuestro padre un amorreo.
46Tu hermana mayor es Samaría con sus ciudades, situada a tu izquierda; tu hermana menor es Sodoma con sus ciudades, situada a tu derecha.
47No solamente has seguido su ejemplo y has y cometido las mismas acciones detestables —hubiera sido demasiado poco—, sino que toda tu conducta fue más depravada que la de ellas.
48Por mi vida —oráculo del Señor Dios— que tu hermana Sodoma y sus ciudades no han actuado como tú y las tuyas.
49Esta fue la culpa de Sodoma y sus ciudades: soberbia, saciedad y despreocupada indolencia, sin socorrer ni al indigente ni al pobre.
50Se ensoberbecieron y cometieron acciones detestables en mi presencia. Por eso las hice desaparecer, como has visto.
51Samaría, por su parte, no cometió ni la mitad de tus pecados. Tú has multiplicado tus acciones detestables más que ellas, y, con todas las acciones detestables cometidas, haces que tus hermanas parezcan inocentes.
52Carga, pues, con la ignominia de haberte interpuesto en favor de tus hermanas con tus pecados, que te hicieron más abominable que ellas. Ellas son inocentes a tu lado. Avergüénzate y carga con tu ignominia. Frente a ti, tus hermanas son honestas.
53Pero yo cambiaré su destino, el destino de Sodoma y sus ciudades, el destino de Samaría y sus ciudades, y tu propio destino junto al de ellas,
54para que cargues con tu ignominia y te avergüences de todo lo que has hecho y les sirvas de consuelo.
55Tus hermanas Sodoma y sus ciudades, Samaría y sus ciudades volverán a la situación anterior; también tú y tus ciudades volveréis a la situación anterior, pero no en virtud de la alianza.
56¿No era Sodoma, tu hermana, objeto de malignos comentarios en el tiempo de tu soberbia,
57antes de que tu maldad fuera puesta al descubierto? Ahora eres tú misma objeto de burla de las ciudades edomitas y de todos sus vecinos, y de las ciudades filisteas que te insultan por todas partes.
58Ahora cargas con el peso de tu infamia y de tus acciones detestables —oráculo del Señor—».
59Porque esto dice el Señor Dios: «Actuaré contigo conforme a tus acciones, pues menospreciaste el juramento y quebrantaste la alianza.
60Con todo, yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo una alianza eterna.
61Te acordarás de tu conducta y te avergonzarás al acoger a tus hermanas mayores y a las menores, pues yo te las daré como hijas, pero no en virtud de tu alianza.
62Yo estableceré mi alianza contigo y reconocerás que yo soy el Señor,
63para que te acuerdes y te avergüences y no te atrevas nunca más a abrir la boca por tu oprobio, cuando yo te perdone todo lo que hiciste —oráculo del Señor Dios—».
Ezequiel 17
1Me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, propón un enigma y cuenta una parábola a la casa de Israel.
3Les dirás: Esto dice el Señor Dios: “El águila grande, de amplias alas, de gran tamaño, de plumaje abundante y colorido, vino al Líbano y se apoderó de la punta de un cedro,
4arrancó la extremidad de una rama y la llevó a una tierra de mercaderes; la plantó en una ciudad de comerciantes.
5Después tomó simiente del país y la sembró en un campo preparado, la puso junto a aguas abundantes, como un brote de sauce.
6Germinó y se hizo una vid extendida, de poca altura, que tenía sus sarmientos dirigidos hacia el águila, y sus raíces debajo de ella. Se hizo una vid, echó pámpanos y extendió sus ramas.
7Había otra águila grande, de amplias alas, de plumaje abundante: y he aquí que la vid dirigió hacia ella sus raíces, y extendió sus ramas para recibir más riego que en el terreno donde estaba plantada.
8Estaba plantada en buena tierra, junto a aguas abundantes, donde podía echar sarmientos, dar fruto y convertirse en una vid espléndida”».
9Pues bien, diles: «Esto dice el Señor Dios: “¿Prosperará? ¿No arrancará sus raíces, la despojará de sus frutos, y se secarán todos sus brotes? Sí, se secará, no habrá necesidad de un brazo fuerte ni de un pueblo poderoso para arrancarla de raíz.
10Estaba plantada, pero ¿prosperará? ¿No se secará apenas la toque el viento del este, en el lecho donde estaba plantada?”».
11Me fue dirigida esta palabra del Señor:
12«Di a la casa rebelde: “¿No comprendéis lo que significa esto?”. Diles: “El rey de Babilonia vino a Jerusalén, se apoderó de su rey y de sus jefes y los llevó a Babilonia.
13Escogió a uno de la descendencia real e hizo con él un pacto y lo obligó bajo juramento, pero se llevó a los nobles del país
14para que el reino fuera humilde, no pudiera rebelarse, observara el pacto y pudiera subsistir.
15Pero el nuevo rey se rebeló contra el rey de Babilonia, envió mensajeros a Egipto para que le dieran caballos y gente. ¿Tendrá éxito? ¿Podrá escapar quien ha hecho tales cosas? Ha quebrantado el pacto, ¿podrá escapar?
16Por mi vida —oráculo del Señor Dios— que, por haber despreciado el juramento y quebrantado el pacto, morirá en Babilonia, en la corte del monarca que lo hizo rey.
17El faraón no lo apoyará en la guerra con un gran ejército ni con muchos hombres, cuando se levanten terraplenes y se construyan torres de asalto para matar a tanta gente.
18Después de haber dado su palabra, ha despreciado el juramento, ha quebrantado el pacto. Con todo lo que ha hecho, no escapará”.
19Por ello, así dice el Señor Dios: “Por mi vida, lo haré responsable de mi juramento, que ha despreciado, y de mi alianza, que ha quebrantado.
20Extenderé sobre él mi red y quedará preso en mi trampa, lo llevaré a Babilonia y allí lo juzgaré por la infidelidad que ha cometido contra mí.
21Los más escogidos de sus escuadrones caerán a espada, y los que sobrevivan serán dispersados a todos los vientos. Entonces reconoceréis que yo, el Señor, había hablado”».
22Esto dice el Señor Dios: «También yo había escogido una rama de la cima del alto cedro y la había plantado; de las más altas y jóvenes ramas arrancaré una tierna y la plantaré en la cumbre de un monte elevado;
23la plantaré en una montaña alta de Israel, echará brotes y dará fruto. Se hará un cedro magnífico. Aves de todas clases anidarán en él, anidarán al abrigo de sus ramas.
24Y reconocerán todos los árboles del campo que yo soy el Señor, que humillo al árbol elevado y exalto al humilde, hago secarse el árbol verde y florecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré».
Salmo 94
1Dios de la venganza, Señor, Dios de la venganza, resplandece.
2Levántate, juzga la tierra, paga su merecido a los soberbios.
3¿Hasta cuándo, Señor, los culpables, hasta cuando triunfarán los culpables?
4Discursean profiriendo insolencias, se jactan los malhechores.
5Trituran, Señor, a tu pueblo, oprimen a tu heredad;
6asesinan a viudas y forasteros, degüellan a los huérfanos,
7y comentan: «Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera».
8Enteraos, los más necios del pueblo, ignorantes, ¿cuándo discurriréis?
9El que plantó el oído ¿no va a oír? El que formó el ojo ¿no va a ver?
10El que educa a los pueblos ¿no va a castigar? El que instruye al hombre ¿no va a saber?
11Sabe el Señor que los pensamientos del hombre son insustanciales.
12Dichoso el hombre a quien tú educas, al que enseñas tu ley,
13dándole descanso tras los años duros, mientras al malvado le cavan la fosa.
14Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona su heredad:
15el juicio retornará a la justicia, y la seguirán todos los rectos de corazón.
16¿Quién se pone a mi favor contra los perversos, quién se coloca a mi lado frente a los malhechores?
17Si el Señor no me hubiera auxiliado, ya estaría yo habitando en el silencio.
18Cuando pensaba que iba a tropezar, tu misericordia, Señor, me sostenía;
19cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia.
20¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo que dicta injusticias en nombre de la ley?
21Aunque atenten contra la vida del justo y condenen a muerte al inocente,
22el Señor será mi alcázar, Dios será mi roca de refugio.
23Él les pagará su iniquidad, los destruirá por sus maldades, los destruirá el Señor, nuestro Dios.