Lectura 311 de 365
Ezequiel 20-21 · Salmos 96
Ezequiel 20
1El año séptimo, el día décimo del quinto mes, vinieron algunos ancianos de Israel a consultar al Señor y se sentaron frente a mí.
2Entonces me fue dirigida esta palabra del Señor:
3«Hijo de hombre, di a estos ancianos de Israel: “Esto dice el Señor Dios: ¿Habéis venido a consultarme? Por mi vida os juro que no me dejaré consultar por vosotros —oráculo del Señor Dios—”.
4¡Júzgalos tú, hijo de hombre, júzgalos tú! Hazles conocer las acciones detestables de sus padres.
5Les dirás: “Esto dice el Señor Dios: Cuando escogí a Israel, hice un juramento solemne a la posteridad de Jacob. Me manifesté a ellos en Egipto jurándoles solemnemente: Yo soy el Señor, vuestro Dios.
6Entonces les juré solemnemente que los sacaría de Egipto para llevarlos a un país que yo mismo había explorado, que mana leche y miel, el más espléndido de todos los países.
7Y les dije: Arrojad los ídolos que atraen vuestras miradas, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
8Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme, no arrojaron los ídolos que atraían sus miradas ni abandonaron los ídolos de Egipto. Entonces pensé descargar mi cólera y desfogar mi ira contra ellos en Egipto.
9Pero al fin actué por respeto a mi nombre, para que no fuera profanado ante los pueblos entre los cuales habitaban, y a quienes me había dado a conocer cuando los saqué de la tierra de Egipto.
10Los saqué, pues, de Egipto y los conduje al desierto.
11Les di mis preceptos y les enseñé mis mandamientos, que son fuente de vida para quien los cumple.
12Les di también mis sábados como un signo entre nosotros, para que supieran que yo soy el Señor, que los ha consagrado.
13Pero la casa de Israel se rebeló contra mí en el desierto. No cumplieron mis preceptos y despreciaron mis mandamientos, que son fuente de vida para quien los cumple, y profanaron mis sábados. Pensé descargar mi cólera contra ellos en el desierto y exterminarlos.
14Pero al fin actué por respeto a mi nombre, para que no fuera profanado ante los pueblos, ante los cuales los había liberado.
15Pero en el desierto les juré solemnemente que no los llevaría a la tierra que les había asignado, que mana leche y miel, el más espléndido de todos los países,
16porque habían despreciado mis mandamientos y no habían cumplido mis preceptos, habían profanado mis sábados y su corazón se había ido detrás de los ídolos.
17Sin embargo, me compadecí y no los aniquilé ni acabé con ellos en el desierto.
18Dije a sus hijos en el desierto: No sigáis los preceptos de vuestros padres, no observéis sus mandamientos, no os contaminéis con sus ídolos.
19Yo soy el Señor, vuestro Dios. Comportaos según mis preceptos, observad y poned en práctica mis mandamientos
20y respetad mis sábados como sagrados: ellos serán el signo entre nosotros para que se sepa que yo soy el Señor, vuestro Dios”.
21Pero también sus hijos se rebelaron contra mí: no se comportaron según mis preceptos, no observaron ni pusieron en práctica mis mandamientos, que son fuente de vida para quien los pone en práctica, y profanaron mis sábados. Entonces pensé descargar mi cólera y desahogar mi ira contra ellos en el desierto.
22Pero retiré mi mano y actué de modo que mi nombre no fuera profanado ante los pueblos, en cuya presencia los había liberado;
23pero en el desierto les juré solemnemente que los dispersaría entre las naciones y los esparciría por los países,
24por no cumplir mis mandamientos, por despreciar mis preceptos, profanar mis sábados y haber puesto sus ojos en los ídolos de su padres.
25Llegué al punto de darles preceptos que no eran buenos y mandamientos que no conducen a la vida;
26permití que se contaminaran con sus propias ofrendas, haciéndoles sacrificar a sus primogénitos para que se horrorizaran y reconocieran que yo soy el Señor».
27Por eso, hijo de hombre, habla a la casa de Israel y diles: «Esto dice el Señor Dios: “También me han despreciado vuestros padres con otra infidelidad:
28cuando los introduje en la tierra que solemnemente había jurado darles, al ver una colina elevada o un árbol frondoso, ofrecían allí sus sacrificios, allí presentaban sus provocativas ofrendas, allí deponían sus fragantes aromas, allí vertían sus libaciones.
29Yo les pregunté: ¿Qué hay en ese altozano adonde vais? Y ellos le pusieron el nombre de ‘altozano’ hasta el día de hoy”».
30Por tanto, di a la casa de Israel: «Esto dice el Señor Dios: Vosotros os habéis contaminado con las costumbres de vuestros padres y os habéis prostituido con sus ídolos;
31si vosotros, casa de Israel, seguís contaminándoos con vuestros ídolos, ofreciendo vuestros dones y haciendo pasar a vuestros hijos por el fuego hasta el día de hoy, ¿cómo voy a responder yo a vuestras consultas? Por mi vida —oráculo del Señor Dios— que no responderé a vuestras consultas.
32Ciertamente no ocurrirá lo que os pasa por la mente cuando decís: “Queremos ser como los otros pueblos, como las gentes de los otros países, y adorar al leño y a la piedra”.
33Por mi vida —oráculo del Señor Dios— que yo reinaré sobre vosotros con mano fuerte, con brazo vigoroso y con ira incontenible.
34Os sacaré de entre las naciones con mano fuerte, con brazo vigoroso y con ira desbordada, y os reuniré de entre los países por donde estabais dispersos.
35Os llevaré al desierto de las naciones y allí, cara a cara, entablaré un pleito con vosotros.
36Lo mismo que entablé un pleito con vuestros padres en el desierto de Egipto, así entablaré un nuevo pleito con vosotros —oráculo del Señor Dios—.
37Os haré pasar bajo el cayado, y os someteré al vínculo del pacto.
38Pero separaré de entre vosotros a los rebeldes que se sublevan contra mí. Los sacaré del país donde habitan, pero no entrarán en la tierra de Israel. Y comprenderéis que yo soy el Señor».
39En cuanto a vosotros, casa de Israel, esto dice el Señor Dios: «Vaya cada uno y haga desaparecer sus ídolos. ¿Es que después de esto no me escucharéis y no dejaréis de profanar mi santo nombre con los dones a vuestros ídolos?
40En mi santa montaña, en la montaña más elevada de Israel —oráculo del Señor Dios—, allí, en el país, me servirá la casa de Israel toda entera. Entonces los acogeré con benevolencia y, de cuanto queráis consagrar, requeriré vuestras ofrendas y las primicias de vuestros dones.
41Os acogeré con benevolencia, como fragantes aromas, cuando os haya sacado de entre los pueblos, os haya reunido de entre los países por donde estabais dispersos y haya manifestado mi santidad en vosotros a los ojos de las naciones.
42Entonces reconoceréis que yo soy el Señor, cuando os haya llevado a la tierra de Israel, a la tierra que juré mano en alto dar a vuestros padres.
43Allí recordaréis vuestra conducta y las malas obras con que os contaminasteis, y tendréis horror de vosotros mismos por todas las maldades que habéis cometido.
44Entonces comprenderéis, casa de Israel, que yo soy el Señor, cuando proceda con vosotros por respeto de mi nombre, y no conforme a vuestra mala conducta y a vuestras malas obras —oráculo del Señor Dios—».
Ezequiel 21
1Me fue dirigida esta palabra del Señor:
2«Hijo de hombre, vuélvete al sur, vaticina hacia el mediodía y profetiza contra el bosque del Negueb.
3Dile: “Bosque del Negueb, escucha la palabra del Señor: Esto dice el Señor Dios. Voy a encender en medio de ti un fuego que devorará todo árbol verde y todo árbol seco. La llama ardiente no se apagará y arderá toda la superficie del campo, del sur al norte.
4Todo mortal verá que yo lo he encendido. No se apagará”».
5Yo repliqué: «Ay, mi Dios y Señor, ellos andan diciendo de mí: “No es sino un juglar de fábulas”».
6Me fue dirigida esta palabra del Señor:
7«Hijo de hombre, dirige tu mirada hacia Jerusalén, vaticina contra el santuario y profetiza sobre la tierra de Israel.
8Di a la tierra de Israel: “Esto dice el Señor: Aquí estoy contra ti. Desenvainaré mi espada para extirpar de ti al inocente y al culpable.
9Porque tengo que exterminar al inocente y al culpable, por eso desenvainaré mi espada contra todo mortal, de sur a norte.
10Y sabrá todo mortal que yo, el Señor, he sacado mi espada de la vaina, adonde no volverá”.
11Y tú, hijo de hombre, gime, retuércete y gime con amargura ante sus ojos.
12Y cuando te pregunten: “¿Por qué gimes?”; les dirás: “Porque ha llegado una noticia que hará desfallecer los corazones, desmayar las manos, decaer el ánimo y disolverse en agua las rodillas. Ya ha llegado y así será” —oráculo del Señor Dios—».
13Recibí una palabra del Señor:
14«Hijo de hombre, profetiza y di: “Esto dice el Señor: ¡Espada, espada, afilada y bruñida!
15Afilada para matar, bruñida para brillar.
16La he bruñido para empuñarla. Ya está afilada la espada, ya está bruñida, para ponerla en manos del verdugo.
17Grita y aúlla, hijo de hombre, porque se dirige contra mi pueblo, contra todos los príncipes de Israel, entregados a la espada junto con mi pueblo. ¡Por eso, golpéate el muslo!
18Ha sido puesta a la prueba. ¿Podrá ocurrir que el poder que lo desprecia todo no exista ya?” —oráculo del Señor Dios—.
19Y tú, hijo de hombre, profetiza y golpea tus manos: que la espada castigue dos y tres veces, la espada de la muerte, la espada de la gran matanza que los amenaza,
20para que desfallezcan los corazones y sean muchas las víctimas. He puesto la espada de la matanza en todas sus puertas. Está preparada para relucir, bruñida para la masacre.
21Golpea, afilada, a derecha e izquierda, adondequiera te vuelvas.
22También yo aplaudiré con mis manos y desahogaré mi ira.
23Yo, el Señor, he hablado». Me fue dirigida esta palabra del Señor:
24«Hijo de hombre: Traza dos caminos para la venida de la espada del rey de Babilonia. Los dos partirán del mismo país. Al comienzo de cada uno pon una señal, indicando la dirección.
25Trazarás un camino para la espada hacia Rabá de los amonitas; el otro, hacia Judá y su plaza fuerte, Jerusalén.
26El rey de Babilonia se ha detenido en la encrucijada, en la cabecera de los dos caminos para consultar los presagios: baraja las flechas, consulta a los ídolos, examina el hígado.
27Ya tiene el presagio en su mano derecha: “¡A Jerusalén! ¡Que pongan las sillas de montar, que proclamen la masacre, que lancen el grito de guerra, que emplacen arietes contra las puertas, que levanten un terraplén, que construyan muros de asalto!”
28Les pareció falso el presagio: ¡Les habían hecho tantas promesas! Pero el rey de Babilonia recuerda su infidelidad y los llevará cautivos.
29Por ello, así dice el Señor Dios: “Porque ha vuelto a vuestra memoria vuestra iniquidad, porque han quedado al descubierto vuestras transgresiones, porque son evidentes vuestras acciones y vuestros pecados, porque todo ha sido recordado, os llevarán cautivos por la fuerza.
30Y en cuanto a ti, infame y malvado príncipe de Israel, cuyo día y tiempo del castigo final ha llegado,
31esto dice el Señor Dios: Quítate el turbante, despójate de la corona. Nada volverá a ser igual. La modestia será exaltada, y la arrogancia humillada.
32¡Ruina sobre ruina, convertiré la ciudad en ruinas! Pero eso no ocurrirá hasta que llegue aquel en cuyas manos he puesto la sentencia”».
33Y ahora, hijo de hombre, profetiza y di: «Esto dice el Señor Dios, contra los amonitas y contra sus insultos: “Espada, espada desnuda para devorar, bruñida para brillar:
34ha llegado el día y el momento de tu castigo final; pondrán la espada en el cuello de los infames y malvados, mientras sobre ti se tienen visiones falsas y se pronuncian oráculos mentirosos.
35¡Vuelve a tu vaina! En el mismo lugar donde fuiste forjada, en tu tierra de origen te juzgaré.
36Derramaré sobre ti mi indignación, atizaré contra ti el fuego de mi ira y te entregaré en manos de hombres bárbaros, artífices de exterminio.
37Serás pasto del fuego, tu sangre caerá en tu propia tierra, se perderá tu recuerdo, porque, yo, el Señor, he hablado”».
Salmo 96
1Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra;
2cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria.
3Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones;
4porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.
5Pues los dioses de los gentiles no son nada, mientras que el Señor ha hecho el cielo;
6honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo.
7Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor;
8aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
9Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda.
10Decid a los pueblos: «El Señor es rey: él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente».
11Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena;
12vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque,
13delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.