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Lectura 306 de 365

Ezequiel 10-11 · Salmos 91

Letra: Normal

Ezequiel 10

1Sobre la plataforma que estaba por encima de la cabeza de los querubines vi una especie de zafiro en forma de trono que sobresalía por encima de ellos.

2El Señor dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas que están debajo del querubín, llena tus palmas con brasas ardientes de las que hay entre los querubines y espárcelas sobre la ciudad». Lo vi entrar.

3Los querubines estaban del lado derecho del templo y la nube llenaba el atrio interior.

4La Gloria del Señor se elevó de sobre el querubín hacia el umbral del templo; la nube llenó el templo y el esplendor de la Gloria del Señor llenó el atrio.

5El ruido de las alas de los querubines se escuchaba hasta el atrio exterior: era como la voz del Todopoderoso cuando habla.

6Cuando el Señor ordenó al hombre vestido de lino que tomara el fuego de entre las ruedas, de entre los querubines,él fue y se quedó en pie junto a una rueda.

7El querubín extendió su mano entre los querubines hacia el fuego, que estaba entre los querubines, lo tomó y lo echó en las palmas del hombre vestido de lino. Este lo tomó y se marchó.

8Los querubines parecían tener como manos humanas debajo de las alas.

9Vi cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda junto a cada querubín. Las ruedas tenían el aspecto de crisólito resplandeciente.

10Las cuatro tenían el mismo aspecto, como si una rueda estuviera dentro de la otra.

11Cuando se ponían en movimiento podían rodar en las cuatro direcciones sin necesidad de volverse. Todas se movían en la dirección de la primera.

12Todo el cuerpo de los querubines, espalda, manos y alas, y también las cuatro ruedas, estaban llenos de ojos todo alrededor.

13Oí que a las ruedas las llamaban «torbellino».

14Cada querubín tenía cuatro rostros: el primero de querubín, el segundo de hombre, el tercero de león, y el cuarto de águila.

15Los querubines se elevaron. Eran los mismos seres que yo había visto junto al río Quebar.

16Cuando avanzaban los querubines, avanzaban las ruedas a su lado, y cuando los querubines extendían sus alas para elevarse de la tierra, las ruedas no se apartaban de su lado.

17Cuando ellos se detenían, se detenían también ellas, y cuando ellos se elevaban, se elevaban ellas juntamente, pues el espíritu de los seres vivientes estaba en ellas.

18La Gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines.

19Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron sobre la tierra ante mis ojos. Junto con ellos partieron también las ruedas y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental del templo del Señor. La Gloria del Dios de Israel estaba por encima de ellos.

20Eran los mismos seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Quebar, y comprendí que eran querubines.

21Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas, y bajo las alas una especie de mano humana.

22El aspecto de sus rostros era el de los rostros que había visto junto al río Quebar. Todos ellos iban de frente.

Ezequiel 11

1El espíritu me arrebató y me llevó a la puerta oriental del templo del Señor, que mira hacia el este. A la entrada del pórtico había veinticinco hombres, entre los cuales vi a Jazanías, hijo de Azur, y a Pelatías, hijo de Benaías, jefes del pueblo.

2El Señor me dijo: «Hijo de hombre, estos son los hombres que maquinan maldades y planean crímenes en esta ciudad.

3Son los que dicen: “¿No hace poco que construimos las casas? La ciudad es la olla, nosotros la carne”.

4Por eso, profetiza contra ellos, hijo de hombre; profetiza».

5Entonces me invadió el espíritu del Señor y me ordenó decir: Esto dice el Señor: «Vosotros habéis dicho esto, casa de Israel. Bien conozco lo que os pasa por la mente.

6Habéis multiplicado los muertos en esta ciudad, habéis llenado sus calles de cadáveres.

7Por ello, así dice el Señor Dios: Los muertos que habéis amontonado en medio de ella son la carne, y la ciudad es la olla, pero yo os sacaré de ella.

8Temeréis la espada, y mandaré la espada contra vosotros —oráculo del Señor Dios—.

9Os sacaré de la ciudad, os entregaré en la mano de extranjeros y pondré por obra mi juicio contra vosotros.

10Caeréis a espada en la frontera de Israel. Os juzgaré y comprenderéis que yo soy el Señor.

11La ciudad no será vuestra olla, ni vosotros seréis la carne dentro de ella. Os juzgaré en la frontera de Israel

12y reconoceréis que yo soy el Señor, cuyos preceptos no habéis observado, cuyas leyes no habéis cumplido. Habéis cumplido, en cambio, las leyes de las naciones que os rodean».

13Cuando yo estaba profetizando, Pelatías, hijo de Benaías, cayó muerto. Yo me postré rostro en tierra y grité con fuerte voz: «Ah Señor, Dios mío, ¿vas a exterminar al resto de Israel?».

14Me fue dirigida esta palabra del Señor:

15«Hijo de hombre, esto es lo que dicen los habitantes de Jerusalén acerca de tus hermanos deportados y de toda la casa de Israel: “Ellos se han alejado del Señor; a nosotros se nos ha dado la tierra en posesión”.

16Por eso, diles: “Esto dice el Señor Dios: Es cierto, los llevé a naciones lejanas, los dispersé por tierras extrañas, pero yo mismo fui para ellos un santuario provisorio en los países adonde fueron”.

17Por eso, di: “Esto dice el Señor: Os recogeré de entre los pueblos, os reuniré de los países en los que estáis dispersos, y os daré la tierra de Israel.

18Entrarán en ella y quitarán de ella todos sus ídolos y objetos detestables.

19Les daré otro corazón e infundiré en ellos un espíritu nuevo: les arrancaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne,

20para que sigan mis preceptos y cumplan mis leyes y las pongan en práctica: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.

21Pero, si el corazón se les va tras sus ídolos y objetos detestables, los haré responsables de su conducta” —oráculo del Señor Dios—».

22Los querubines alzaron sus alas junto a las ruedas; la Gloria del Dios de Israel estaba por encima de ellos.

23La Gloria del Señor se elevó sobre la ciudad y fue a situarse sobre el monte al oriente de la ciudad.

24Entonces el espíritu me arrebató y me llevó en visión, en el espíritu de Dios, a Caldea, a los desterrados. La visión que había contemplado desapareció de mi vista.

25Yo comuniqué a los desterrados cuanto el Señor me había mostrado.

Salmo 91

1Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente,

2di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti».

3Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta.

4Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás: su verdad es escudo y armadura.

5No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día,

6ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía.

7Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha; a ti no te alcanzará.

8Nada más mirar con tus ojos, verás la paga de los malvados,

9porque hiciste del Señor tu refugio, tomaste al Altísimo por defensa.

10No se acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda,

11porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.

12Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra;

13caminarás sobre áspides y víboras, pisotearás leones y dragones.

14«Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre;

15me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré,

16lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación».