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Lectura 305 de 365

Ezequiel 8-9 · Salmos 90

Letra: Normal

Ezequiel 8

1El año sexto, el día cinco del sexto mes, estando yo sentado en mi casa y los ancianos de Judá sentados frente a mí, bajó sobre mí la mano del Señor.

2Vi una figura que tenía aspecto humano. De lo que parecían sus caderas, y hacia abajo, era de fuego; de sus caderas para arriba, tenía el aspecto de un resplandor, como el brillo del ámbar.

3Alargando una forma de mano, me aferró por los cabellos. El espíritu me levantó entre el cielo y la tierra y me llevó en visión divina a Jerusalén, a la entrada del pórtico interior que mira hacia el norte, donde estaba la estatua de los celos, que provoca los celos.

4Allí estaba la Gloria del Dios de Israel, como en la visión que había contemplado en la vega.

5Me dijo: «Hijo de hombre, dirige la mirada hacia el norte». Dirigí la mirada hacia el norte. Al norte del pórtico del altar, a la entrada, estaba la estatua de los celos.

6Y añadió: «Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen estos, las graves acciones detestables que comete aquí la casa de Israel para que me aleje de mi santuario? Pues aún verás acciones más detestables».

7Después me llevó a la entrada del atrio, y vi que había una grieta en el muro.

8Me dijo: «Hijo de hombre, excava en el muro». Excavé en el muro, y había una puerta.

9Entonces me dijo: «Entra y mira las atroces acciones detestables que estos cometen aquí».

10Entré y miré: había representaciones de todos los reptiles y animales repugnantes, y de todos los ídolos de la casa de Israel grabados en el muro todo alrededor.

11Frente a ellos, estaban en pie setenta ancianos de la casa de Israel, entre los cuales se encontraba Jazanías, hijo de Safán. Cada uno tenía un incensario en la mano, del cual subía una nube de incienso perfumado.

12Y me dijo: «Hijo de hombre, ¿has visto lo que hacen los ancianos de la casa de Israel en la oscuridad, cada cual en las cámaras reservadas a su imagen? Porque piensan: el Señor no nos ve, el Señor ha abandonado el país».

13Y añadió: «Aún los verás cometer acciones detestables más graves».

14Me llevó a la entrada del pórtico del templo que mira hacia el norte: allí había mujeres sentadas llorando por Tamuz.

15Y me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? Pues aún verás acciones detestables más graves que estas».

16Después me llevó al atrio interior del templo. A la entrada del templo del Señor, entre el pórtico y el altar, había unos veinticinco hombres, que de espaldas al templo y mirando hacia el oriente adoraban al sol.

17Me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? ¿No le bastan a la casa de Judá las acciones detestables que aquí cometen, que colman el país de violencias, indignándome más y más con sus ritos idolátricos?

18Pues yo también los trataré con furor: no tendré compasión ni tendré piedad. Me invocarán a voz en grito, pero no los escucharé».

Ezequiel 9

1Entonces oí que exclamaba con voz potente: «¡Ha llegado el juicio de la ciudad! Que cada uno empuñe su arma destructora».

2Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte. Cada uno empuñaba una maza. En medio de ellos estaba un hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura. Al llegar se detuvieron junto al altar de bronce.

3La Gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, dirigiéndose al umbral del templo. Llamó al hombre vestido de lino, que tenía los avíos de escribano a la cintura.

4El Señor le dijo: «Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca en la frente a los que gimen y se lamentan por las acciones detestables que en ella se cometen».

5A los otros les dijo en mi presencia: «Recorred la ciudad detrás de él, golpeando sin compasión y sin piedad.

6A viejos, jóvenes y doncellas, a niños y mujeres, matadlos, acabad con ellos; pero no os acerquéis a ninguno de los que tienen la señal. Comenzaréis por mi santuario». Y comenzaron por los ancianos que estaban frente al templo.

7Luego les dijo: «Profanad el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salid a matar por la ciudad».

8Solo yo quedé con vida. Mientras ellos estaban matando, caí rostro en tierra y grité: —¡Ay, Señor! ¿Vas a exterminar al resto de Israel, derramando tu cólera sobre Jerusalén?

9Me respondió: —Grande, muy grande es el delito de la casa de Israel y de Judá; el país se ha llenado de crímenes; la ciudad está llena de perversión. Han llegado a decir: «El Señor ha abandonado el país, el Señor no ve nada».

10Pues tampoco yo tendré compasión ni piedad. He dado a cada uno su merecido.

11Entonces el hombre vestido de lino, con los avíos a la cintura, retomó la palabra y dijo: «He hecho como me ordenaste».

Salmo 90

1Oración de Moisés, hombre de Dios. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

2Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.

3Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán».

4Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna.

5Si tú los retiras son como un sueño, como hierba que se renueva:

6que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

7¡Cómo nos ha consumido tu cólera y nos ha trastornado tu indignación!

8Pusiste nuestras culpas ante ti, nuestros secretos ante la luz de tu mirada:

9y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera, y nuestros años se acabaron como un suspiro.

10Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan.

11¿Quién conoce la vehemencia de tu ira, quién ha sentido el peso de tu cólera?

12Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato.

13Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos;

14por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

15Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas.

16Que tus siervos vean tu acción y sus hijos tu gloria.

17Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.