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Lectura 304 de 365

Ezequiel 6-7 · Salmos 89

Letra: Normal

Ezequiel 6

1Me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«Hijo de hombre, dirige tu mirada hacia los montes de Israel y profetiza sobre ellos.

3Dirás: Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor Dios: Esto dice el Señor Dios, a los montes y a las colinas, a las gargantas y a los valles: Mirad, yo traigo contra vosotros la espada para destruir vuestros lugares de culto.

4Serán arrasados vuestros altares, destruidos vuestros postes sagrados, arrojaré vuestros muertos delante de vuestros ídolos,

5pondré los cadáveres de los hijos de Israel delante de sus ídolos y esparciré vuestros huesos en torno a vuestros altares.

6En todas vuestras comarcas quedarán desoladas las ciudades y arrasados los lugares de culto, hasta que queden desolados y execrados vuestros altares, destrozados vuestros ídolos y aniquiladas vuestras obras y desaparezcan, hechos pedazos, los altares de incienso.

7Los muertos yacerán entre vosotros, y comprenderéis que yo soy el Señor.

8Con todo, dejaré entre las naciones un resto de los que escapen a la espada cuando os disperse entre las naciones.

9Los que sobrevivan se acordarán de mí en las naciones adonde serán llevados cautivos. Quebrantaré su corazón adúltero que se apartó de mí, y sus ojos adúlteros, que se volvieron a sus ídolos, y tendrán horror de sí mismos por las maldades y acciones detestables que cometieron,

10y reconocerán que yo, el Señor, no los había amenazado en vano con estos castigos».

11Esto dice el Señor Dios: «Bate palmas, golpea con los pies y laméntate por las funestas acciones detestables de la casa de Israel, que caerá por la espada, el hambre y la peste.

12El que esté lejos morirá de peste, el que esté cerca caerá a espada y quien quede sitiado morirá de hambre. Agotaré mi indignación contra ellos.

13Y comprenderéis que yo soy el Señor, cuando sus muertos, en medio de sus ídolos, estén alrededor de sus altares, en las altas colinas, en las cimas de los montes, bajo todo árbol frondoso y bajo toda encina exuberante, santuarios donde ofrecían aromas agradables a sus ídolos.

14Extenderé mi mano contra ellos, dejaré su país solitario y desolado, todos sus poblados desde el desierto hasta Riblá, y reconocerán que yo soy el Señor».

Ezequiel 7

1Me fue dirigida esta palabra del Señor:

2«Hijo de hombre, esto dice el Señor a la tierra de Israel: ¡Esto es el fin! Llega el fin sobre los cuatro extremos de la tierra.

3Llega el fin sobre ti, y desencadenaré mi ira contra ti. Te juzgaré según tu conducta, haré caer sobre ti todas tus acciones detestables.

4Mis ojos no tendrán piedad contigo, ni tendré compasión, sino que te retribuiré según tu conducta. Quedarán patentes tus acciones detestables, y reconocerás que yo soy el Señor».

5Esto dice el Señor Dios: «¡Una desgracia singular, una desgracia! Ya ha llegado.

6El fin ha llegado. Ha llegado el fin. Tu fin es inminente.

7Ha llegado tu hora, habitante del país. Se ha cumplido el tiempo, se aproxima el día. Confusión, y no grito de júbilo en las montañas.

8Ahora mismo, dentro de un instante, derramaré mi furor sobre ti, contra ti agotaré mi cólera y te juzgaré conforme a tu conducta. Haré caer sobre ti todas tus acciones detestables.

9Mis ojos no tendrán piedad ni tendré compasión, sino que te retribuiré según tu conducta, quedarán patentes tus acciones detestables y reconocerás que yo soy el Señor que castiga.

10¡Ya está aquí el día, ya llega! Ha sonado tu hora: prospera la brutalidad, germina la insolencia,

11se yergue la violencia como poder funesto. Nada de esto quedará en pie: ni de su abundancia, ni de su ostentación, ni de su magnificencia.

12Ha llegado el tiempo, se aproxima el día. Que no se alegre el comprador ni se aflija el vendedor, porque se inflama la ira sobre toda abundancia.

13El vendedor no recobrará lo vendido, aunque quede entre los vivos, porque la visión contra toda abundancia no vuelve atrás, y, por su culpa, ninguno preservará su vida.

14Han tocado la trompeta y todo está preparado, pero ninguno va a la batalla, porque mi ira se inflama contra todo poderío.

15Fuera está la espada; dentro, la peste y el hambre. Quien esté en el campo morirá por la espada, a quien esté en la ciudad lo devorarán el hambre y la peste.

16Se salvarán los que escapen de ellos y estarán en las montañas como palomas de los valles, gimiendo, cada uno por su culpa.

17Toda mano desfallece y toda rodilla se disuelve en agua,

18se ciñen de sayal, el terror los domina, los rostros consternados, las cabezas rapadas.

19Arrojarán su plata por las calles, su oro lo tendrán por inmundicia. Su plata y su oro no podrán salvarlos en el día de la ira del Señor. Ni saciarán sus gargantas ni llenarán sus vientres, porque ellos fueron la ocasión de su pecado.

20Estaban orgullosos del esplendor de su ornamento, y con ellos fabricaron las imágenes de sus abominables ídolos. Por eso convertiré su esplendor en inmundicia.

21Lo entregaré como presa en las manos de extranjeros, como despojo a los malvados del país, que lo profanarán.

22Me alejaré de ellos, y ellos profanarán mi tesoro. Los saqueadores penetrarán en él y lo profanarán.

23Prepara una cadena, porque el país está lleno de sentencias inicuas, y la ciudad repleta de violencia.

24Haré venir a los pueblos más feroces para que se apoderen de sus casas. Pondré fin a la arrogancia de los poderosos y serán profanados sus santuarios.

25Ha llegado la angustia. Buscarán la paz, pero en vano.

26Vendrá desgracia sobre desgracia, alarma tras alarma. Pedirán visiones al profeta, faltará la instrucción del sacerdote y el consejo de los ancianos.

27Estará el rey en duelo, el príncipe cubierto de aflicción. Temblarán las manos de la gente del pueblo. Los trataré según su conducta, los juzgaré con sus propias sentencias, y reconocerán que yo soy el Señor».

Salmo 89

1Poema del ezrajita Etán.

2Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

3Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad.

4«Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo:

5Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades». (Pausa)

6El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad en la asamblea de los santos.

7¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

8Dios es temible en el consejo de los santos, es grande y terrible para toda su corte.

9Señor del universo, ¿quién como tú? El poder y la fidelidad te rodean.

10Tú domeñas la soberbia del mar y amansas la hinchazón del oleaje;

11tú traspasaste y destrozaste a Rahab, tu brazo potente desbarató al enemigo.

12Tuyo es el cielo, tuya es la tierra; tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;

13tú has creado el norte y el sur, el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

14Tienes un brazo poderoso: fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.

15Justicia y derecho sostienen tu trono, misericordia y fidelidad te preceden.

16Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;

17tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.

18Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder.

19Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey.

20Un día hablaste en visión a tus santos: «He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado de entre el pueblo.

21Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado;

22para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso.

23No lo engañará el enemigo ni los malvados lo humillarán.

24Ante él desharé a sus adversarios y heriré a los que lo odian.

25Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder:

26extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el Gran Río.

27Él me invocará: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora”;

28y lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra.

29Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

30Le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo.

31Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos,

32si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos,

33castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas.

34Pero no les retiraré mi favor,

35no violaré mi alianza ni cambiaré mis promesas.

36Una vez juré por mi santidad no faltar a mi palabra con David:

37“Su linaje será perpetuo, y su trono como el sol en mi presencia,

38se mantendrá siempre como la luna: testigo fiel en el cielo”». (Pausa)

39Tú, encolerizado con tu Ungido, lo has rechazado y desechado;

40has roto la alianza con tu siervo y has profanado hasta el suelo su corona;

41has derribado sus murallas y derrocado sus fortalezas;

42todo viandante lo saquea, y es la burla de sus vecinos.

43Has sostenido la diestra de sus enemigos y has dado el triunfo a sus adversarios;

44pero a él le has embotado la espada y no lo has confortado en la pelea;

45has puesto fin a su esplendor y has derribado su trono;

46has acortado los días de su juventud y lo has cubierto de ignominia. (Pausa)

47¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido y arderá como un fuego tu cólera?

48Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida y lo caducos que has creado a los humanos.

49¿Quién vivirá sin ver la muerte? ¿Quién sustraerá su vida a la garra del abismo? (Pausa)

50¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia que por tu fidelidad juraste a David?

51Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos: lo que tengo que aguantar de las naciones,

52de cómo afrentan, Señor, tus enemigos, de cómo afrentan las huellas de tu Ungido.

53¡Bendito el Señor por siempre! Amén, amén.