Lectura 303 de 365
Ezequiel 4-5 · Salmos 88
Ezequiel 4
1«Hijo de hombre, coge un ladrillo, póntelo delante y graba sobre él la ciudad de Jerusalén.
2Diseña obras de asedio: levanta un muro de asalto, apisona un terraplén, instala ante ella campamentos y emplaza arietes alrededor.
3Coge una plancha de hierro y ponla como muro de hierro entre ti y la ciudad. Dirige tu rostro contra ella, porque va a ser sitiada. Tú la sitiarás. Esto es un signo para Israel.
4Después, acuéstate sobre el lado izquierdo, y yo pondré sobre ti la culpa de Israel. El número de días que estés acostado de ese lado cargarás con su culpa.
5Yo te impongo el número de días, equivalente a los años de su culpa: trescientos noventa días cargarás con la culpa de Israel.
6Cumplidos estos te acostarás sobre el lado derecho de nuevo: cargarás con la culpa de Judá cuarenta días. Te impongo un día por cada año.
7Dirigirás tu mirada y tu brazo desnudo al asedio de Jerusalén y profetizarás contra ella.
8Te amarraré con cuerdas y no podrás volverte de un lado ni de otro hasta haber cumplido los días del asedio.
9Toma ahora trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y espelta: échalo todo en una vasija y hazte de comer: lo comerás los trescientos noventa días que estés echado de un lado.
10Cada día comerás a la misma hora una cantidad fija: doscientos cincuenta gramos.
11Tendrás también el agua medida: un litro al día.
12Comerás una torta de cebada, que cocerás a la vista de todos sobre excrementos humanos».
13El Señor dijo: —Así deberán comer los hijos de Israel su pan inmundo en medio de las naciones por donde los voy a dispersar.
14Yo repliqué: —¡Ay, Señor Dios! Yo nunca me he manchado ni he comido carne de animal muerto o despedazado por una fiera, desde mi infancia hasta ahora, ni ha entrado en mi boca carne de desecho.
15Él me respondió: —Te permito usar boñiga de vaca en lugar de excrementos humanos para cocer tu pan.
16Y añadió: —Hijo de hombre, voy a quitar a Jerusalén los víveres. Comerán el pan racionado y con aflicción, beberán el agua medida y con angustia,
17para que, al faltarles el pan y el agua, unos y otros queden horrorizados y perezcan por su culpa.
Ezequiel 5
1«Hijo de hombre, toma una cuchilla afilada, úsala como navaja de barbero y pásala por tu cabeza y por tu barba. Toma luego una balanza de precisión y divide en partes el pelo cortado.
2Una tercera parte la quemarás al fuego en medio de la ciudad, cuando acabe el asedio; una tercera parte la sacudirás con la espada en torno a la ciudad; una tercera parte la esparcirás al viento: yo desnudaré la espada en pos de ellos.
3Unos cuantos pelos los atarás en la franja de tu manto.
4De esos tomarás algunos, los echarás al fuego y dejarás que se quemen. De ellos saldrá fuego contra toda la casa de Israel».
5Esto dice el Señor Dios: «Todo esto se refiere a Jerusalén. La establecí en medio de las naciones, rodeada de países.
6Pero ella se ha rebelado contra mis leyes con más perversidad que las naciones, y contra mis decretos más que los países que la rodean. Porque rechazaron mis leyes y no siguieron mis decretos,
7por ello, así dice el Señor Dios: porque vuestra insolencia es peor que la de las naciones que os circundan, ya que no habéis procedido según mis decretos, no habéis actuado según mis leyes y ni siquiera según las leyes de las naciones que os circundan,
8por ello, así dice el Señor Dios: También yo estoy contra ti, para imponerte mis leyes a la vista de las naciones.
9Por causa de tus acciones detestables haré contigo lo que nunca había hecho ni volveré a hacer:
10los padres se comerán a sus hijos, y los hijos se comerán a sus padres. Ejecutaré mis sentencias contra ti y esparciré a todos los vientos lo que quede de ti.
11Por eso ¡por mi vida! —oráculo del Señor Dios—: porque has profanado mi santuario con tus actos horrendos y tus acciones detestables, también yo tendré horror de ti, sin compasión y sin piedad.
12Una tercera parte de los tuyos morirá por la peste y se consumirá de hambre, una tercera parte caerá a espada en torno a ti, y a una tercera parte la esparciré a todos los vientos: yo desnudaré la espada en pos de ellos.
13Se desahogará mi cólera, saciaré en ellos mi indignación, hasta quedar satisfecho, y reconocerán que yo, el Señor, había hablado con pasión cuando desahogué contra ellos mi indignación.
14Te convertiré en una tierra desolada, serás objeto de burla para las naciones y a los ojos de todos cuantos pasen.
15Serás objeto de infamia y deshonor, advertencia y espanto para las naciones que te rodean, cuando yo ejecute contra ti mis sentencias con indignación y furor y terribles castigos —yo, el Señor, lo digo—,
16cuando haya lanzado contra vosotros las flechas funestas del hambre, flechas de destrucción, que lanzo contra vosotros para destruiros: aumentaré el hambre, os quitaré las reservas de pan
17y enviaré contra vosotros el hambre y las bestias feroces que os dejarán sin hijos; peste y sangre transitarán sobre ti, y contra ti traeré la espada. Yo, el Señor, he hablado».
Salmo 88
1Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Al Director. Sobre «La enfermedad». Sobre «La aflicción». Poema del ezrajita Hemán.
2Señor, Dios Salvador mío, día y noche grito en tu presencia;
3llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor.
4Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo;
5ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido.
6Estoy libre, pero camino entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano.
7Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas y en las sombras de muerte;
8tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas. (Pausa)
9Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho repugnante para ellos: encerrado, no puedo salir,
10y los ojos se me nublan de pesar. Todo el día te estoy invocando, Señor, tendiendo las manos hacia ti.
11¿Harás tú maravillas por los muertos? (Pausa) ¿Se alzarán las sombras para darte gracias?
12¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el reino de la muerte?
13¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla, o tu justicia en el país del olvido?
14Pero yo te pido auxilio, Señor; por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
15¿Por qué, Señor, me rechazas y me escondes tu rostro?
16Desde niño fui desgraciado y enfermo, me doblo bajo el peso de tus terrores,
17pasó sobre mí tu ira, tus espantos me han consumido:
18me rodean como las aguas todo el día, me envuelven todos a una;
19alejaste de mí amigos y compañeros: mi compañía son las tinieblas.