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Lectura 299 de 365

Baruc 2-3 · Salmos 84

Letra: Normal

Baruc 2

1Por eso, el Señor ha cumplido las amenazas que pronunció contra nuestros gobernantes, reyes y príncipes, y contra la gente de Israel y de Judá.

2Jamás sucedió bajo el cielo lo que sucedió en Jerusalén —de acuerdo con lo escrito en la ley de Moisés—:

3que llegaríamos a comernos la carne de nuestros propios hijos e hijas.

4El Señor sometió su pueblo a todos los reinos vecinos y dejó desolado su territorio; así los convirtió en objeto de burla y escarnio en todos los pueblos circundantes por donde los dispersó.

5Fueron vasallos y no señores, porque habíamos pecado contra el Señor, nuestro Dios, desoyendo su voz.

6El Señor, nuestro Dios, es justo. En cambio, nosotros y nuestros padres nos sentimos confundidos.

7Hemos sido víctimas de todas las desgracias con las que el Señor nos había amenazado,

8y aun así no hemos sido capaces de apaciguar al Señor dejando a un lado los perversos planes de nuestra mente.

9Por eso, el Señor ha estado siempre atento para enviarnos todas esas desgracias; el Señor no se excedió al mandarnos lo que nos mandó,

10pero nosotros no le hicimos caso ni cumplimos los mandamientos que nos propuso.

11Señor, Dios de Israel, al recordar ahora que sacaste a tu pueblo de Egipto con el poder de tu mano, entre señales y prodigios, con gran fuerza y brazo desplegado, conquistando así una fama que perdura hasta hoy, reconocemos,

12Señor, Dios nuestro, que hemos pecado y que hemos cometido crímenes y delitos contra todos tus mandamientos.

13Aparta de nosotros tu cólera, pues ya quedamos muy pocos en las naciones por donde nos has dispersado.

14Escucha, Señor, nuestras súplicas y plegarias; sálvanos, por tu honor, y haz que los que nos deportaron sean benévolos con nosotros.

15De esa forma, el mundo conocerá que tú eres el Señor, nuestro Dios, y que Israel y su descendencia llevan tu nombre.

16Mira, Señor, desde tu santa morada y préstanos atención; acerca bien tu oído, Señor, y escucha;

17abre, Señor, tus ojos y observa que quienes proclaman tu gloria y tu justicia no son los muertos enterrados, con sus cuerpos ya sin vida,

18sino la gente desanimada y afligida, que camina cabizbaja y desfallecida, con los ojos apagados por el hambre. Estos son los que proclaman tu gloria y tu justicia.

19Señor, Dios nuestro, no te presentamos nuestras súplicas haciendo valer los méritos de nuestros antepasados y de nuestros reyes,

20pues si ahora nos conviertes en blanco de tu ira y de tu cólera es porque ya lo habías anunciado a través de tus siervos, los profetas, cuando dijiste:

21«Esto dice el Señor: Doblad el cuello y someteos al rey de Babilonia, si queréis seguir viviendo en la tierra que di a vuestros antepasados.

22Pues, si desobedecéis al Señor y no os sometéis al rey de Babilonia,

23haré que en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén enmudezcan las voces alegres de fiesta, las voces del novio y de la novia, pues todo el país quedará desolado y deshabitado».

24Pero, al ver que nosotros desobedecíamos y rechazábamos someternos al rey de Babilonia, cumpliste las amenazas que habías anunciado a través de tus siervos, los profetas: que los huesos de nuestros reyes y de nuestros antepasados serían sacados de sus sepulcros.

25Y ahí se pueden ver, expuestos al calor del día y al frío de la noche, los huesos de quienes, tras incontables sufrimientos, murieron víctimas del hambre, de la espada o de la peste.

26Y el templo que te fue consagrado ha quedado en el lamentable estado en que hoy se encuentra, debido a la maldad de Israel y de Judá.

27Sin embargo, Señor, Dios nuestro, te has portado con nosotros conforme a tu equidad y misericordia.

28Ya lo anunciaste por medio de tu siervo Moisés, cuando le ordenaste escribir tu ley en presencia de los hijos de Israel y le dijiste:

29«Si no me hacéis caso, toda esta gran multitud se convertirá en unos pocos entre las naciones por donde yo los disperse.

30Estoy convencido de que no me harán caso, porque son un pueblo terco; pero, cuando se vean desterrados, se convertirán

31y acabarán reconociendo que yo soy el Señor, su Dios. Entonces les daré un corazón bien dispuesto y unos oídos atentos, de modo que,

32en su destierro, me alaben e invoquen mi nombre,

33y abandonen su terquedad y su conducta desviada, acordándose de lo que les sucedió a sus padres cuando se rebelaron contra el Señor.

34Haré que regresen a la tierra que juré dar a sus antepasados Abrahán, Isaac y Jacob, y que tomen posesión de ella. Allí los multiplicaré y su número no disminuirá.

35Además haré con ellos una alianza eterna: yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y ya no volveré a expulsar a mi pueblo Israel de la tierra que les di».

Baruc 3

1Señor todopoderoso, Dios de Israel, un alma afligida y un espíritu abatido claman a ti.

2Escucha, Señor, ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

3Tú reinas por siempre, nosotros morimos para siempre.

4Señor todopoderoso, Dios de Israel, escucha las súplicas de los israelitas que ya murieron y las súplicas de los hijos de los que pecaron contra ti: ellos desobedecieron al Señor, su Dios, y a nosotros nos persiguen las desgracias.

5No te acuerdes de los delitos de nuestros padres; acuérdate hoy de tu poder y de tu renombre.

6Porque tú eres el Señor, Dios nuestro, y nosotros te alabaremos, Señor.

7Nos infundiste tu temor para que invocásemos tu nombre y te alabásemos en el destierro, y para que decidiéramos apartarnos de los pecados con que te ofendieron nuestros padres.

8Y ahora aquí estamos, en este destierro donde nos dispersaste, convertidos en objeto de burla y maldición, para que paguemos así los delitos de nuestros padres, que se alejaron del Señor, nuestro Dios».

9Escucha, Israel, mandatos de vida; presta oído y aprende prudencia.

10¿Cuál es la razón, Israel, de que sigas en país enemigo, envejeciendo en tierra extranjera;

11de que te crean un ser contaminado, un muerto habitante del Abismo?

12¡Abandonaste la fuente de la sabiduría!

13Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre.

14Aprende dónde está la prudencia, dónde el valor y la inteligencia, dónde una larga vida, la luz de los ojos y la paz.

15¿Quién encontró su lugar o tuvo acceso a sus tesoros?

16¿Dónde están los jefes de los pueblos, que dominaban a las bestias de la tierra,

17que controlaban a las aves del cielo, que atesoraban la plata y el oro (lo que crea confianza en los hombres) y se iban enriqueciendo sin cesar?

18¿Dónde los orfebres delicados cuya labor no se puede describir?

19Se esfumaron, bajaron a la tumba y otros ocuparon su lugar.

20Otras generaciones vieron la luz, otros jóvenes habitaron la tierra,

21pero no encontraron el camino del saber: ni dieron con su senda ni lo hicieron suyo. Y sus hijos también se extraviaron.

22No fue oída en Canaán ni vista en Temán;

23los hijos de Agar, que buscan el saber, los mercaderes de Merrán y de Temán, los que narran historias, los amantes del saber no conocieron el camino de la sabiduría ni guardaron memoria de sus rutas.

24¡Qué grande es, Israel, la morada de Dios; qué vastos sus dominios!

25Es grande y sin límites, sublime y sin medida.

26Allí nacieron los gigantes, famosos en la antigüedad, corpulentos y belicosos.

27Pero Dios no los eligió ni les mostró el camino del saber;

28murieron por falta de prudencia, perecieron por falta de reflexión.

29¿Quién subió al cielo para cogerla, quién la bajó de las nubes?

30¿Quién cruzó el mar para encontrarla y comprarla a precio de oro puro?

31Nadie conoce su camino ni puede rastrear sus sendas.

32El que todo lo sabe la conoce, la ha examinado y la penetra; el que creó la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos;

33el que envía la luz y le obedece, la llama y acude temblorosa;

34a los astros que velan gozosos arriba en sus puestos de guardia,

35los llama, y responden: «Presentes», y brillan gozosos para su Creador.

36Este es nuestro Dios, y no hay quien se le pueda comparar;

37rastreó el camino de la inteligencia y se lo enseñó a su hijo, Jacob, se lo mostró a su amado, Israel.

38Después apareció en el mundo y vivió en medio de los hombres.

Salmo 84

1Al Director. Según la oda de Gat. De los hijos de Coré. Salmo.

2¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!

3Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

4Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey mío y Dios mío.

5Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. (Pausa)

6Dichoso el que encuentra en ti su fuerza y tiene tus caminos en su corazón.

7Cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis, como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;

8caminan de baluarte en baluarte hasta ver al Dios de los dioses en Sión.

9Señor del universo, escucha mi súplica; atiéndeme, Dios de Jacob. (Pausa)

10Fíjate, oh Dios, escudo nuestro, mira el rostro de tu Ungido.

11Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.

12Porque el Señor Dios es sol y escudo, el Señor da la gracia y la gloria; y no niega sus bienes a los de conducta intachable.

13¡Señor del universo, dichoso el hombre que confía en ti!