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Lectura 300 de 365

Baruc 4-5 · Salmos 85

Letra: Normal

Baruc 4

1Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la guarden vivirán; los que la abandonen morirán.

2Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina al resplandor de su luz;

3no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero.

4¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!

5¡Ánimo, pueblo mío, que llevas el nombre de Israel!

6Os vendieron a naciones extranjeras, pero no para ser aniquilados. Por la cólera de Dios contra vosotros, os entregaron en poder del enemigo,

7porque irritasteis a vuestro Creador, sacrificando a demonios, no a Dios;

8os olvidasteis del Señor eterno, del Señor que os había alimentado, y afligisteis a Jerusalén que os criaba.

9Cuando ella vio que el castigo de Dios se avecinaba, dijo: Escuchad, habitantes de Sión, Dios me ha cubierto de aflicción.

10He visto que el Eterno ha mandado cautivos a mis hijos y a mis hijas;

11los había criado con alegría, los despedí con lágrimas de pena.

12Que nadie se alegre cuando vea a esta viuda abandonada de todos. Si ahora me encuentro desierta, es por los pecados de mis hijos, que se apartaron de la ley de Dios.

13No reconocieron sus mandatos, no siguieron la senda de sus preceptos, se resistieron a caminar rectamente.

14Acercaos, vecinas de Sión, recordad que el Eterno decidió desterrar a mis hijos y a mis hijas.

15El Eterno envió contra ellos a un pueblo lejano y despiadado, a un pueblo de extraño lenguaje, que no respetaba a los ancianos ni tenía piedad de los niños.

16A pesar de que era yo viuda, se llevaron a mis hijos queridos, me dejaron sola y sin hijas.

17¿Y qué puedo hacer por vosotros?

18El que os causó semejante desgracia os librará del poder del enemigo.

19Marchad, hijos míos, marchad, que aquí quedo yo abandonada.

20Me he quitado el vestido de la paz y me he puesto el sayal de suplicante para clamar ante el Eterno mientras viva.

21¡Ánimo, hijos! Gritad a Dios que os libre del poder enemigo.

22Yo espero que el Eterno os salvará, el Santo ya me llena de alegría, pues muy pronto el Eterno, vuestro Salvador, tendrá misericordia de vosotros.

23Os despedí entre llantos y duelo, pero Dios os devolverá a mí, me colmará de alegría para siempre.

24Si las vecinas de Sión hace poco os vieron caminar al destierro, muy pronto verán la salvación que Dios os va a conceder, pues va a venir acompañada de la gloria y el esplendor del Eterno.

25Hijos míos, llevad con paciencia el castigo enviado por Dios. Si te ha perseguido el enemigo, pronto lo verás derrotado, con el cuello sometido a tu pie.

26Mis hijos delicados recorrieron duros y ásperos caminos, como rebaño que robó el enemigo.

27¡Ánimo, hijos! Gritad a Dios, os castigó pero se acordará de vosotros.

28Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño.

29El mismo que os mandó las desgracias os mandará el gozo eterno de vuestra salvación.

30¡Ánimo, Jerusalén! El Señor que te dio su nombre te consolará.

31¡Malditos los que te han hecho daño, los que se han alegrado de tu caída!

32¡Malditas las ciudades que esclavizaron a tus hijos! ¡Maldita la ciudad donde fueron a parar!

33Si se alegró al verte caer, si contempló regocijada tu catástrofe, se lamentará cuando sea devastada.

34Le arrancaré el orgullo de ciudad populosa, su altivez quedará reducida a duelo.

35El fuego inextinguible del Eterno la devorará, durante años será habitada por demonios.

36Vuelve la mirada hacia oriente, Jerusalén; contempla la alegría que Dios te envía.

37Ahí llegan los hijos que viste marchar, la palabra del Santo los ha convocado; ya van viniendo de oriente a occidente, llegan celebrando la gloria de Dios.

Baruc 5

1Jerusalén, despójate del vestido de luto y aflicción que llevas, y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te concede.

2Envuélvete ahora en el manto de la justicia de Dios, y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno,

3porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos habitan bajo el cielo.

4Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad».

5En pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia oriente y contempla a tus hijos: el Santo los reúne de oriente a occidente y llegan gozosos invocando a su Dios.

6A pie tuvieron que partir, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.

7Dios ha mandado rebajarse a todos los montes elevados y a todas las colinas encumbradas; ha mandado rellenarse a los barrancos hasta hacer que el suelo se nivele, para que Israel camine seguro, guiado por la gloria de Dios.

8Ha mandado a los bosques y a los árboles aromáticos que den sombra a Israel.

9Porque Dios guiará a Israel con alegría, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

Salmo 85

1Al Director. De los hijos de Coré. Salmo.

2Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob,

3has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados, (Pausa)

4has reprimido tu cólera, has frenado el incendio de tu ira.

5Restáuranos, Dios Salvador nuestro; cesa en tu rencor contra nosotros.

6¿Vas a estar siempre enojado, o a prolongar tu ira de edad en edad?

7¿No vas a devolvernos la vida, para que tu pueblo se alegre contigo?

8Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

9Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón».

10La salvación está cerca de los que lo temen, y la gloria habitará en nuestra tierra;

11la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan;

12La fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

13El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.

14La justicia marchará ante él, y sus pasos señalarán el camino.