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Lectura 298 de 365

Lamentaciones 5 · Baruc 1 · Salmos 83

Letra: Normal

Lamentaciones 5

1Recuerda, Señor, lo que nos ha sucedido, contempla y mira nuestra vergüenza.

2Nuestra heredad ha pasado a extraños, nuestras casas a extranjeros.

3Hemos quedado huérfanos, sin padre, nuestras madres, como viudas.

4Bebemos nuestra agua a cambio de plata, compramos nuestra leña pagando su precio.

5Nos persiguen, están encima de nosotros, estamos cansados, no encontramos reposo.

6Hemos tendido la mano a Egipto, a Asiria para saciarnos de pan.

7Nuestros padres pecaron y ya han muerto, y nosotros cargamos con sus culpas.

8Estamos dominados por unos esclavos, y nadie nos libera de su mano.

9Arriesgamos la vida por nuestro pan, desafiando la espada en el desierto.

10Nuestra piel abrasa como un horno, por los ardores del hambre.

11Violaron a las mujeres en Sión, a las doncellas en las ciudades de Judá.

12Colgaron a los príncipes de las manos, los ancianos no han sido respetados.

13Los jóvenes tuvieron que mover el molino, y los niños desfallecían bajo los haces de leña.

14Los ancianos ya no acuden a la puerta, los jóvenes han olvidado sus cantares.

15Ha cesado la alegría de nuestro corazón, nuestra danza se ha convertido en lamento.

16Ha caído la corona de nuestra cabeza, ¡ay de nosotros, que hemos pecado!

17Por eso está abatido nuestro corazón, por todo esto se nos nublan los ojos.

18Porque el monte Sión está desolado, los zorros se pasean por él.

19Pero tú, Señor, permaneces por siempre, tu trono de generación en generación.

20¿Te olvidarás de nosotros para siempre, nos abandonarás perpetuamente?

21Haznos volver a ti, Señor, y volveremos, renueva nuestros días como antaño.

22Aunque nos hayas despreciado inmensamente y tu enojo contra nosotros haya sido muy grande.

Baruc 1

1Este es el texto del documento que escribió en Babilonia Baruc, hijo de Nerías, hijo de Majsías, hijo de Sedecías, hijo de Asadías, hijo de Jelcías.

2Lo escribió el día siete del mes, cuando se cumplían cinco años de la conquista e incendio de Jerusalén a mano de los caldeos.

3Baruc leyó el contenido de este documento ante Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y ante todos los que se habían congregado para escuchar su lectura.

4Estaban también presentes autoridades, príncipes de sangre real, ancianos y toda la gente, jóvenes y adultos, que vivía en Babilonia, a orillas del río Sud.

5Todos lloraron, ayunaron y rezaron al Señor.

6Después hicieron una colecta, a la que cada cual contribuyó según sus posibilidades,

7y enviaron lo recogido al sacerdote Joaquín, hijo de Jelcías y nieto de Salún, al resto de los sacerdotes y a toda la gente que vivía con él en Jerusalén.

8Anteriormente, el día diez del mes de siván, Baruc había conseguido recuperar el ajuar robado en el templo del Señor, con intención de devolverlo a Judá. Se trataba de los objetos de plata que había mandado fabricar Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá,

9después de que Nabucodonosor, rey de Babilonia, se hubiera llevado deportados de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, junto con los hombres de gobierno, los cerrajeros, las autoridades y otra gente del pueblo.

10Con el envío les decían lo siguiente: «Os mandamos este dinero para que compréis víctimas para los holocaustos y los sacrificios expiatorios, así como incienso. Haced ofrendas y presentadlo todo sobre el altar del Señor, nuestro Dios,

11rezando por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y por la de su hijo Baltasar. Que conserven la vida tanto como duren el cielo y la tierra.

12Que el Señor nos dé fuerza y nos ilumine para que sigamos viviendo bajo la protección de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de su hijo Baltasar. Que les podamos servir durante mucho tiempo y disfrutemos de su benevolencia.

13Rezad también por nosotros al Señor, nuestro Dios, pues hemos pecado contra él, y su cólera y su indignación no se han apartado de nosotros hasta el día de hoy.

14Leed también el documento que os enviamos y proclamadlo en el templo del Señor el día de la fiesta y en las fechas que creáis oportunas». El texto dice así:

15«Confesamos que el Señor nuestro Dios es justo. Nosotros, en cambio, sentimos en este día la vergüenza de la culpa. Nosotros, hombres de Judá, vecinos de Jerusalén,

16nuestros reyes y gobernantes, nuestros sacerdotes y profetas, lo mismo que nuestros antepasados,

17hemos pecado contra el Señor desoyendo sus palabras.

18Hemos desobedecido al Señor nuestro Dios, pues no cumplimos los mandatos que él nos había propuesto.

19Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor nuestro Dios y nos hemos negado a obedecerlo.

20Por eso nos han sucedido ahora estas desgracias y nos ha alcanzado la maldición con la que el Señor conminó a Moisés cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel.

21No obedecimos al Señor cuando nos hablaba por medio de sus enviados los profetas;

22todos seguimos nuestros malos deseos sirviendo a otros dioses y haciendo lo que reprueba el Señor nuestro Dios.

Salmo 83

1Cántico. Salmo de Asaf.

2Oh Dios, no estés callado, no estés mudo e inactivo, oh Dios.

3Mira que tus enemigos se amotinan, y los que te odian levantan la cabeza.

4Se conjuran contra tu pueblo, conspiran contra tus protegidos.

5Dicen: «Vamos a borrarla como nación, que nunca se recuerde el nombre de Israel».

6Así han decidido unánimemente concertar un pacto contra ti:

7las tiendas de Edón y los ismaelitas, Moab y los agarenos,

8Guebal, Amón y Amalec, los filisteos con los habitantes de Tiro;

9también Asur se alió con ellos, prestando ayuda a los hijos de Lot. (Pausa).

10Trátalos como a Madián, como a Sísara, como a Yabín en el torrente Quisón:

11fueron exterminados en Endor, y sirvieron de estiércol para el campo.

12Trata a sus caudillos como a Oreb y Zeeb, y a sus capitanes como a Zébaj y Salmuná,

13que decían: «Conquistaremos los campos de Dios».

14Dios mío, conviértelos en vilanos, en tamo a merced del viento;

15como fuego que quema el bosque, como llama que abrasa los montes,

16persíguelos así con tu tormenta, atérralos con tu huracán.

17Cúbreles el rostro de ignominia; para que busquen tu nombre, Señor.

18¡Avergonzados y aterrados para siempre, queden humillados y perezcan!

19Y reconozcan que tu nombre es «el Señor», que tú solo eres Altísimo sobre toda la tierra.