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Lectura 295 de 365

Jeremías 51-52 · Salmos 80

Letra: Normal

Jeremías 51

1Esto dice el Señor: Voy a suscitar contra Babilonia, contra los que habitan el corazón del país, un viento devastador que los destruya.

2Voy a enviar contra Babilonia extranjeros que la aventarán y dejarán vacío su territorio: la atacarán por todas partes el día de la catástrofe.

3Que no se amedrenten los arqueros ni se cansen los que llevan coraza; no perdonéis a sus guerreros, acabad con todo su ejército.

4Rodarán víctimas en tierra caldea, gente traspasada por sus calles.

5Pues Israel y Judá no son viudas de su Dios, el Señor del universo. En cambio, la tierra de los caldeos es culpable ante el Santo de Israel.

6Huid, abandonad Babilonia, poned vuestras vidas a salvo, no acabéis mal por su culpa; que es la hora de la venganza del Señor, el día en que va a pedirles cuentas.

7Babilonia era una copa de oro, a merced de la mano del Señor, que emborrachaba a toda la tierra; las naciones bebían de su vino hasta el punto de perder el sentido.

8De pronto cayó Babilonia, se rompió: ¡llorad por ella! Traed bálsamo para sus llagas, tal vez encontremos remedio.

9Intentamos curar a Babilonia, pero es imposible: ¡dejadla, volvamos cada cual a nuestra tierra! Pues su condena llega hasta el cielo, alcanza la altura de las nubes.

10El Señor decidió a favor nuestro; vamos, proclamemos en Sión la hazaña del Señor, nuestro Dios.

11Afilad las saetas, llenad las aljabas; el Señor incita a los reyes de Media, pues ha decidido destruir Babilonia: así el Señor se toma venganza por haber destruido su templo.

12Alzad bien altas las enseñas en dirección a los muros de Babilonia; reforzad la guardia, apostad centinelas, tended emboscadas. El Señor lleva a cabo lo que piensa, lo que predijo contra el pueblo de Babilonia.

13Ciudad repleta de tesoros, bañada por aguas caudalosas, ¡llega tu fin, te cortan la trama!

14El Señor del universo lo jura por su vida: Aunque estés repleta de gente, como una invasión de langosta, cantarán victoria sobre ti.

15Él hizo la tierra con su poder, asentó el orbe con su saber, desplegó el cielo con su habilidad.

16Cuando deja oír su voz, retumban las aguas del cielo, hace que las nubes se eleven desde el confín mismo de la tierra; con los rayos desata la lluvia y saca de sus depósitos el viento.

17Los hombres se atontan con su técnica, los plateros fracasan con sus ídolos: son pura mentira, sin espíritu;

18son obras vacías, engañosas, destinadas al día del castigo.

19No así la «Porción de Jacob», pues es el creador de todo; Israel es tribu de su propiedad, se llama Señor del universo.

20Tú eres mi mazo, mi arma de guerra: contigo machacaré naciones, contigo aniquilaré reinos;

21contigo machacaré caballos y caballeros, contigo machacaré carros y aurigas;

22contigo machacaré hombres y mujeres, contigo machacaré jóvenes y adultos, contigo machacaré muchachos y muchachas;

23contigo machacaré pastores y rebaños, contigo machacaré labradores y yuntas, contigo machacaré gobernadores y prefectos.

24Pero haré que pague Babilonia y todos los habitantes de Caldea todos los males que hicieron en Sión delante de vosotros —oráculo del Señor—.

25Vengo contra ti, montaña asesina, asesina de toda la tierra —oráculo del Señor—. Extenderé mi brazo contra ti, te lanzaré rodando entre peñascos, haré de ti una montaña quemada.

26Nadie acudirá a buscar en ti piedras angulares o de cimiento, pues serás una ruina perpetua —oráculo del Señor—.

27Alzad el estandarte en el país, convocad con el cuerno a las naciones; consagrad naciones contra ella, reclutad contra ella a los reinos de Ararat, Miní y Asquenaz; designad a un comandante contra ella, enviad caballos como langostas erizadas.

28Consagrad naciones contra ella, convocad a los reyes de Media, a sus gobernadores y prefectos, y a todo el imperio que gobierna.

29La tierra temblará entre sacudidas cuando se cumplan en contra de Babel los planes del Señor para con ella: dejar el territorio babilonio desolado, sin nadie que lo habite.

30Los más aguerridos de Babilonia han abandonado la batalla; se quedan dentro de las fortalezas, les falla el valor, igual que mujeres. El fuego consume sus edificios, sus cerrojos están destrozados.

31Un correo corre tras otro, mensajero detrás de mensajero, para anunciar al rey de Babilonia que ha caído del todo su ciudad:

32los vados se encuentran cortados, las esclusas están incendiadas, los guerreros muertos de miedo.

33Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: «Ha quedado la capital de Babilonia como era dispuesta para la trilla; en cuanto pase algo de tiempo, le llegará la hora de la cosecha».

34Me ha comido, me ha devorado Nabucodonosor, rey de Babilonia; me ha dejado como un plato vacío. Me ha engullido igual que un dragón, ha quedado su vientre repleto de lo más delicioso de mí, y después me ha vomitado.

35Dice la población de Sión: «Que Babilonia sea responsable del destrozo sufrido por mi carne»; dice Jerusalén: «Que los caldeos sean responsables de haber derramado mi sangre».

36En respuesta, dice el Señor: Aquí estoy en defensa de tu causa, voy a vengarme en tu nombre: secaré su caudaloso río, dejaré sus manantiales sin gota;

37Babilonia acabará arruinada, convertida en cueva de chacales, en objeto de espanto y rechifla, sin una persona que la habite.

38Rugen en grupo, como leones, gruñen como crías de león.

39Cuando estén con el ánimo exaltado, voy a prepararles un festín: haré que todos se emborrachen, que una vez llegada la euforia, se duerman en un sueño eterno, de modo que no se despierten —oráculo del Señor—.

40Los llevaré como corderos al matadero, lo mismo que carneros o cabritos.

41¡Cómo ha sido asediada y capturada Sesac, la admiración de la tierra! ¡Cómo ha quedado desolada Babilonia en medio de las naciones!

42El mar embistió contra Babel, la inundó con sus olas tumultuosas:

43sus ciudades quedaron vacías, como tierra desértica y reseca; ya no habrá quien habite en ellas, no habrá nadie que pase por ellas.

44Pasaré cuentas a Bel en Babilonia, le haré vomitar todo lo tragado; ya no acudirán los pueblos a ella, incluso su muralla se ha derrumbado.

45¡Sal de Babilonia, pueblo mío, que todos se pongan a salvo del incendio de la ira del Señor!

46No os desaniméis ni tembléis por la noticia que recorre el país, pues cada año surgen rumores: que si hay violencia en el país, que si un jefe se alza contra otro.

47Pues bien, veréis que llegan días en que castigaré a los ídolos de Babilonia, su país quedará desconcertado, cubierto por completo de víctimas.

48Cielo, tierra y cuanto hay en ellos estallarán en gritos de alborozo cuando vean lo que le espera a Babilonia: que vienen a atacarla por el norte los devastadores —oráculo del Señor—.

49En Babilonia podrían caer heridos del pueblo de Israel, igual que cayeron por Babilonia heridos de toda la tierra.

50Los que habéis escapado a la espada marchaos y no os detengáis: recordad allá lejos al Señor, llevad a Jerusalén en el corazón.

51¡Qué vergüenza al enterarnos de la afrenta, el bochorno cubrió nuestros rostros!: dicen que extranjeros han pisado lo más santo del templo del Señor.

52Por eso, veréis que llegan días en que yo castigaré a sus ídolos, y sus heridos gemirán por el país —oráculo del Señor—.

53Aunque suba Babilonia hasta el cielo y ponga su ciudadela en las alturas, enviaré devastadores contra ella —oráculo del Señor—.

54Se oyen gritos de socorro en Babilonia, llanto intenso en la tierra de los caldeos.

55Pero el Señor devastará Babilonia, acabará con todo su griterío, aunque bramen como las olas del mar y resuenen sus voces tumultuosas.

56¡El devastador ataca Babilonia! Sus guerreros caerán prisioneros, sus arcos quedarán destrozados, pues el Señor es un Dios que retribuye, y al fin les dará su merecido.

57Emborracharé a sus nobles y a sus sabios, a sus gobernadores, prefectos y soldados, que dormirán un sueño eterno y no despertarán —oráculo del rey que se llama Señor del universo—.

58Esto dice el Señor del universo: La ancha muralla de Babilonia será destruida, sus altos portones, quemados. ¡En vano trabajan los pueblos, para el fuego se afanan las naciones!

59Encargo que dio el profeta Jeremías a Seraías, hijo de Nerías y nieto de Majsías, cuando marchó deportado a Babilonia en el séquito de Sedecías, rey de Judá. Corría el año cuarto de su reinado, y Seraías era a la sazón jefe de intendencia.

60Jeremías escribió en un rollo la catástrofe que se cernía sobre Babilonia, es decir, las profecías escritas hasta aquí contra Babilonia.

61Jeremías dijo a Seraías: «Cuando llegues a Babilonia, busca el modo de proclamar todas estas profecías.

62Dirás: “Señor, tú decidiste que este lugar fuese destruido, que no quedase en él alma viviente, ni hombres ni animales, y que fuese una perpetua desolación”.

63A continuación, cuando termines de leer este rollo, le atas una piedra y lo arrojas al Éufrates,

64al tiempo que dices: “Así se hundirá Babilonia, para no levantarse”, pues voy a traer sobre ella una terrible desgracia». Hasta aquí las palabras de Jeremías.

Jeremías 52

1Sedecías, que tenía veintiún años cuando subió al trono, reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamital y era hija de Jeremías, natural de Libna.

2Sedecías cometió acciones mal vistas por el Señor, imitando así la conducta de su predecesor Joaquim.

3Por eso, Jerusalén y Judá fueron víctimas de la cólera del Señor, que acabó arrojándolos de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.

4El día diez del décimo mes del año noveno de su reinado, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén con todo su ejército. Acampó junto a ella y mandó construir torres de asalto alrededor.

5La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Sedecías.

6El día nueve del cuarto mes, cuando el hambre apretaba y la población carecía de alimentos,

7el enemigo abrió una brecha en la muralla. Todos los soldados se dieron a la fuga. Aprovechando las sombras de la noche, salieron de la ciudad por la puerta que había entre la doble muralla, la que daba a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y huyeron en dirección a la estepa.

8Pero el ejército caldeo persiguió al rey Sedecías y le dio alcance en las estepas de Jericó, al tiempo que las tropas reales se dispersaban, dejándolo solo.

9Apresaron al rey y lo condujeron a Riblá, en territorio de Jamat, donde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia, que allí mismo dictó sentencia.

10El rey de Babilonia ordenó degollar en Riblá a los hijos de Sedecías en presencia de este; y también mandó degollar a la gente principal de Judá.

11A Sedecías le sacó los ojos y lo cargó de cadenas para llevárselo a Babilonia, donde lo encerró en prisión hasta su muerte.

12El día diez del mes quinto (que corresponde al año décimo noveno del rey Nabucodonosor de Babilonia), llegó a Jerusalén Nabuzardán, jefe de la guardia y consejero del rey de Babilonia.

13Prendió fuego al templo del Señor, al palacio real y a todas las viviendas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las mansiones.

14El ejército caldeo a las órdenes del jefe de la guardia derribó las murallas de Jerusalén.

15Nabuzardán, jefe de la guardia, deportó a Babilonia a la gente que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y a los pocos que quedaban de la plebe.

16Nabuzardán, jefe de la guardia, dejó a algunos al cuidado de las viñas y las tierras.

17Los caldeos desmantelaron las columnas de bronce del templo del Señor, los pedestales y el mar de bronce del templo, y se llevaron todo el bronce a Babilonia.

18También se llevaron las ollas, palas, cuchillos, aspersorios, bandejas y todos los objetos de bronce destinados al culto.

19El jefe de la guardia se llevó consigo las palanganas, incensarios, aspersorios, ollas, candelabros, bandejas y fuentes, todo lo que era de oro y de plata.

20Es imposible calcular el peso en bronce de las dos columnas, del mar, de los doce toros de bronce que lo sostienen y de los pedestales (todo lo que el rey Salomón había mandado hacer para el templo del Señor).

21Cada columna medía dieciocho codos de altura, doce de perímetro y cuatro dedos de grosor.

22Tenían sendos capiteles de bronce de cinco codos, decorados alrededor con trenzados y granadas, también de bronce.

23De cada capitel pendían noventa y seis granadas en relieve; y en total, las granadas que rodeaban el trenzado sumaban cien.

24El jefe de la guardia apresó a Seraías, sumo sacerdote; a Sofonías, segundo sacerdote, y a los tres porteros.

25Detuvo también en la ciudad a un alto funcionario encargado de la tropa, a siete consejeros del rey, que se habían quedado en la ciudad, al secretario del comandante del ejército, encargado de reclutar al pueblo de la tierra, y a sesenta miembros de este colectivo que se habían quedado en la ciudad.

26Nabuzardán, jefe de la guardia, los detuvo y los condujo ante el rey de Babilonia, que estaba en Riblá.

27El rey de Babilonia ordenó que los ejecutasen en esta ciudad, en territorio de Jamat. Así fue deportada Judá lejos de su tierra.

28Nabucodonosor deportó a un gran número de personas: el año séptimo, tres mil veintitrés de Judá;

29el año decimoctavo de Nabucodonosor, ochocientos treinta y dos habitantes de Jerusalén;

30el año vigésimo tercero de Nabucodonosor, Nabuzardán, jefe de la guardia, deportó a setecientos cuarenta y cinco de Judá. El total de deportados ascendió a cuatro mil seiscientas personas.

31Cuando se cumplía el año trigésimo séptimo de la deportación de Joaquín, rey de Judá, el día veinticinco del duodécimo mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, con ocasión de su ascensión al trono, indultó a Jeconías, rey de Judá, y lo sacó de su reclusión.

32Lo trató de forma amistosa y le concedió un sitial más elevado que el del resto de los reyes que compartían su destierro en Babilonia.

33Mandó que le quitaran las ropas de la prisión y le permitió comer a su mesa durante el resto de su vida.

34El rey de Babilonia le concedió una pensión diaria de por vida, hasta el día de su muerte.

Salmo 80

1Al Director. «Los lirios del testimonio». Salmo de Asaf.

2Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño; tú que te sientas sobre querubines, resplandece

3ante Efraín, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven a salvarnos.

4Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

5Señor, Dios del universo, ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica?

6Les diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos;

7nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos, nuestros enemigos se burlan de nosotros.

8Dios del universo, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

9Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;

10le preparaste el terreno, y echó raíces hasta llenar el país;

11su sombra cubría las montañas, y sus pámpanos, los cedros altísimos;

12extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.

13¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes,

14la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?

15Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña.

16Cuida la cepa que tu diestra plantó y al hijo del hombre que tú has fortalecido.

17La han talado y le han prendido fuego; con un bramido hazlos perecer.

18Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste.

19No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.

20Señor, Dios del universo, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.