Lectura 294 de 365
Jeremías 49-50 · Salmos 79
Jeremías 49
1Acerca de la gente de Amón, esto dice el Señor: ¿No tiene hijos Israel?, ¿a nadie tiene que le herede? ¿Pues por qué entonces Milcón se ha apoderado de Gad y su pueblo habita en sus poblados?
2Por eso, llegan días —oráculo del Señor— en que haré que resuenen por Rabá de los amonitas los alaridos que preludian la guerra. Acabará en montón de escombros, sus ciudades serán incendiadas, e Israel heredará a su heredero.
3Gime, Jesbón, por Ay devastada; gritad, poblados del distrito de Rabá; haced duelo, vestidos de saco, de arriba abajo, entre las cercas, pues Milcón será deportado, con él sus sacerdotes y dignatarios.
4¿A qué gloriarte de tus fértiles valles, ciudad rebelde, confiada en tus tesoros? Tú decías: «¿Quién me va a atacar?».
5Pues haré que te invada el pánico de todos los pueblos que te rodean —oráculo del Señor del universo—: cada cual escapará por su lado, y nadie reunirá a los fugitivos.
6Pero después cambiaré la suerte de Amón —oráculo del Señor—.
7Acerca de Edón, esto dice el Señor del universo: ¿No queda en Temán sabiduría? ¿Ya no hay consejos de expertos? ¿Ha desaparecido su sabiduría?
8Huid, marcha atrás, gente de Dedán, cavad refugios donde podáis vivir, que voy a traer el desastre a Esaú, pues ya es la hora de pedirle cuentas.
9Si vienen contra ti vendimiadores, te van a dejar sin racimos; si llegan ladrones por la noche, te van a saquear a placer.
10Yo mismo destaparé a Esaú, dejaré a la vista sus escondrijos, de modo que no pueda ocultarse. Será aniquilada su descendencia, sus hermanos y vecinos: todos.
11Si vas a abandonar a tus huérfanos, yo me ocuparé de que sobrevivan: que confíen tus viudas en mí.
12Pues esto dice el Señor: Si los que no tenían que beber la copa, la van a beber sin remedio, ¿piensas que tú quedarás impune? ¡Desde luego que no! La beberás sin remedio.
13Por mi vida —oráculo del Señor—, que Bosra y todas sus poblaciones serán motivo de estupor, oprobio y maldición: un eterno montón de ruinas.
14He tenido un mensaje del Señor, un enviado lo transmite a las naciones: «Reuníos y venid a atacarla. ¡En marcha, a la lucha!».
15Te haré la nación más pequeña, serás despreciada por la gente.
16Pensabas que sembrabas el terror, la arrogancia te henchía el corazón: habitas en las crestas rocosas, asida a la cima de las cumbres; pero da lo mismo, aunque anides arriba en lo alto, como el águila, haré que desciendas de allí —oráculo del Señor—.
17Edón se convertirá en un espanto. El que pase junto a ella se quedará pasmado y silbará al ver sus heridas.
18Será algo así como la catástrofe que asoló Sodoma, Gomorra y sus moradores —dice el Señor—. Ya no habrá nadie que viva allí; no habrá ser humano que habite en ella.
19Como león que deja la espesura del Jordán en busca de un lugar donde habitar seguro, en fuga los pondré en un momento y haré que la gobierne mi elegido. ¿Quién se puede comparar a mí? ¿Quién podría llevarme a juicio? ¿Qué pastor se me puede enfrentar?
20Escuchad ahora la decisión que el Señor ha tomado sobre Edón, el plan que tiene elaborado en contra de los habitantes de Temán. Juro que se llevarán a rastras los corderos, que la propia dehesa quedará desolada.
21El ruido de su caída estremece la tierra, llegan sus gritos al mar Rojo.
22Aquí está, lanzado como un águila, con sus alas desplegadas sobre Bosra; aquel día los guerreros de Edón se sentirán como una parturienta.
23Referente a Damasco: Jamat y Arpad se sienten confusas, inquietas porque oyen malas noticias; nerviosas, se agitan como el mar, incapaces de encontrar la calma.
24Flaquea Damasco, se vuelve y escapa; el miedo la atenaza, se siente presa de angustias y dolores, igual que parturienta.
25¿Por qué no ha sido evacuada la ciudad tan aplaudida, la villa que era mi alegría?
26Por eso, aquel día sus jóvenes caerán en las calles, todos los guerreros serán abatidos —oráculo del Señor del universo—.
27Prenderé fuego a la muralla de Damasco, y devorará los palacios de Ben Adad.
28Referente a Quedar y los reinos de Jasor, conquistados por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Esto dice el Señor: Vamos, subid contra Quedar, destruid a las tribus de Oriente.
29Les arrebatarán sus tiendas y ganados, sus pabellones y todo su ajuar; les robarán también sus camellos, mientras gritan cercados de terror.
30Huid a la desbandada, habitantes de Jasor, cavad refugios donde podáis vivir —oráculo del Señor—, pues Nabucodonosor, rey de Babilonia, elabora un plan contra vosotros, ha tomado decisiones al respecto.
31Vamos, atacad al pueblo confiado, que vive tranquilo —oráculo del Señor—. Están sin puertas ni cerrojos, y además vive en soledad.
32Sus camellos servirán de botín, sus inmensos rebaños, de despojo. Dispersaré a todos los vientos a esos que se afeitan las sienes; recorran los lugares que recorran, haré que los persiga la desgracia —oráculo del Señor—.
33Jasor quedará como cueva de chacales, convertida en eterna desolación; ya no habrá nadie que se asiente allí, nadie que habite en ella.
34Al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, el profeta Jeremías recibió esta palabra del Señor contra Elán:
35Esto dice el Señor del universo: «Voy a hacer trizas el arco de Elán, la flor y nata de todo su ejército.
36Traeré cuatro vientos contra Elán de los cuatro extremos del cielo; los dispersaré a esos cuatro vientos, y no habrá una sola nación donde no se refugien elamitas.
37Desataré el pánico por Elán cuando sienta la amenaza del enemigo, de aquellos que quieren aniquilarla. Traeré sobre ellos la desgracia, con todo el ardor de mi cólera —oráculo del Señor—. Haré que los persiga la espada, hasta que haya acabado con ellos.
38Instalaré mi trono en Elán, acabaré con su rey y sus príncipes —oráculo del Señor—.
39Después, allá en el futuro, cambiaré la suerte de Elán» —oráculo del Señor—.
Jeremías 50
1Palabra que pronunció el Señor contra Babilonia, contra la tierra de los caldeos, por medio del profeta Jeremías:
2Hacedlo saber a las naciones, izad la bandera, anunciadlo; no enmudezcáis, contadlo: «Babilonia ha sido conquistada, y Bel, su dios, humillado; Marduc se siente abatido, sus imágenes están humilladas, sus ídolos han sido abatidos».
3La ataca un pueblo por el norte: su tierra quedará desolada, sin nadie que pueda habitarla; hombres y también animales todos huirán en desbandada.
4Aquellos días, en aquel momento llegarán los hijos de Israel y de Judá; harán el camino juntos, llorando, en busca del Señor, su Dios —oráculo del Señor—.
5Preguntarán por la ruta a Sión, dirigirán hacia ella sus pasos: «Vamos a unirnos al Señor, a sellar una alianza perpetua que nunca se pueda olvidar».
6Mi pueblo era un rebaño descarriado, sus pastores lo perdían por los montes; recorría montañas y colinas, olvidado del lugar de su majada.
7La gente los encontraba y se los comía, todos sus enemigos decían: «Nosotros no somos culpables, pues han pecado contra el Señor, que era su Dehesa segura, que era la esperanza de sus padres».
8Huid de Babilonia, tierra de los caldeos; salid como carneros al frente del rebaño.
9Pues voy a hostigar contra Babilonia a una asamblea de grandes naciones; la atacarán en formación desde el norte, por este lado será conquistada. Sus flechas, como expertos soldados, no suelen volver de vacío.
10Los caldeos serán despojados, se hartará la gente que los despoje —oráculo del Señor—.
11¿Por qué no lo celebráis alegres, vosotros que expoliáis mi heredad; o saltáis como novilla en la dehesa y relincháis igual que corceles?
12Vuestra madre quedará avergonzada, afrentada la madre que os dio a luz; será la última de las naciones: una estepa reseca, un desierto.
13La ira del Señor la dejará deshabitada, toda ella convertida en pura desolación; se espantarán los que pasen por Babilonia, silbarán burlones al ver sus heridas.
14En formación, atacad a Babilonia todos los arqueros expertos; disparad y no ahorréis una flecha, pues se ha rebelado contra el Señor.
15¡Rodeadla entre gritos de guerra! La ciudad, por fin, se ha entregado, sus pilares se van desplomando, sus murallas se van derrumbando. Es la venganza del Señor, ahora vengaos de ella: hacedle lo mismo que ella hizo.
16No dejéis en Babilonia sembradores, ni al que empuña la hoz en la siega; por temor a la espada asesina, que vuelva cada cual a su gente, que huya cada cual a su tierra.
17Israel era oveja descarriada, acosada de continuo por leones. Primero la devoró el rey de Asiria, después la hizo pedazos Nabucodonosor, rey de Babilonia.
18Por eso, esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Voy a pedir cuentas al rey de Babilonia y a su país, igual que le pedí cuentas al rey de Asiria.
19Traeré a Israel a su pastizal, pastará en el Carmelo y en Basán; en la montaña de Efraín y en Galaad comerá hasta saciar su apetito.
20Aquellos días, en aquel momento buscarán en vano el pecado de Israel, no encontrarán la culpa de Judá, pues perdonaré a los que deje con vida —oráculo del Señor—.
21¡Atacad Meratáin, atacadla, también a los que habitan en Pecod! ¡Aniquila a filo de espada, extermina a toda su gente, haz lo que te he ordenado!
22¡Gritos de guerra en el país: una catástrofe desoladora!
23¡Ha sido roto, destrozado el mazo que aplastaba la tierra! ¡Se ha convertido Babilonia en espanto de todas las naciones!
24Caíste en la trampa que te puse, Babilonia, sin darte cuenta; te encontraron y fuiste capturada, por haberte enfrentado al Señor.
25El Señor abrió su arsenal y sacó los instrumentos de su ira, pues el Señor del universo tiene un quehacer en la tierra de los caldeos.
26Atacadla por todos lados, abrid después sus graneros, amontonadla igual que gavillas y después la destruís: que no quede rastro de ella.
27Matad a todas sus reses, que vayan al matadero. ¡Ay de ellos, llega su día, la ocasión de rendir cuentas!
28Se oyen voces de evadidos, fugitivos de la tierra de Babilonia: van a anunciar en Sión la venganza del Señor, nuestro Dios, porque habían destruido su templo.
29Reunid saeteros contra Babilonia, a todos los expertos en arco; acampad en torno a la ciudad, que nadie pueda escapar. Pagadle según sus acciones, haced lo mismo que hizo, por ser insolente con el Señor, con el Dios santo de Israel.
30Sus jóvenes caerán en las calles, sus guerreros serán abatidos aquel día —oráculo del Señor—.
31Aquí me tienes, insolente, que ya ha llegado tu hora, el día en que yo te castigue —oráculo del Señor del universo—.
32Tropezará la insolente y caerá, y nadie habrá que la levante. Prenderé fuego a sus ciudades, que consumirá todo alrededor.
33Esto dice el Señor del universo: Los hijos de Israel están oprimidos, y también los de Judá; los han deportado y los retienen, y no les permiten marchar.
34Pero es poderoso su redentor, se llama Señor del universo; tomará la defensa de su causa: así traerá paz al país y agitará a la gente de Babel.
35¡Espada contra los caldeos, contra la gente de Babilonia, contra sus nobles y sus sabios! —oráculo del Señor—.
36¡Espada contra sus adivinos, acabarán desvariando! ¡Espada contra sus guerreros, acabarán aterrados!
37¡Espada contra carros y caballos, contra todas sus tropas mercenarias: acabarán actuando como mujeres! ¡Espada contra sus tesoros, acabarán saqueados!
38¡Espada contra sus canales, acabarán sin agua! Pues es una tierra de ídolos y pierden por ellos la cabeza.
39La habitarán chacales y hienas, en ella vivirán avestruces; nunca más será repoblada, nadie habitará en ella por generaciones.
40Igual que cuando Dios destruyó a Sodoma, Gomorra y a sus habitantes —oráculo del Señor—. No habrá nadie que habite allí, no habrá ser humano que viva en ella.
41Viene un ejército del norte, se despierta una nación poderosa, se movilizan numerosos reyes allá por los confines de la tierra.
42Van armados de arco y jabalina, son crueles, no tienen compasión; sus gritos son un mar encrespado, cabalgan a lomos de corceles; formados como un solo hombre para atacarte, ciudad de Babilonia.
43Al llegarle la noticia, le flaquean las fuerzas al rey de Babilonia: lo atenaza la angustia, dolores de parturienta.
44Como león que deja la espesura del Jordán en busca de un lugar donde habitar seguro, en fuga los pondré en un momento y haré que la gobierne mi elegido. ¿Quién se puede comparar a mí? ¿Quién podría llevarme a juicio? ¿Qué pastor se me puede enfrentar?
45Escuchad ahora la decisión que el Señor ha tomado sobre Babel, el plan que tiene elaborado contra la tierra de los caldeos. Juro que se llevarán a rastras los corderos, que la propia dehesa quedará desolada.
46Los gritos de Babilonia capturada hacen que se estremezca la tierra, por las naciones se escuchan sus lamentos.
Salmo 79
1Salmo de Asaf. Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas.
2Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
3Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
4Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean.
5¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?
6Derrama tu furor sobre los gentiles que no te reconocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre,
7porque han devorado a Jacob y han asolado su mansión.
8No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.
9Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.
10¿Por qué han de decir los gentiles: «Dónde está su Dios»? Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza de la sangre de tus siervos derramada.
11Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.
12¡Devuelve siete veces más a nuestros vecinos la afrenta con que te afrentaron, Señor!
13Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación.