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Lectura 293 de 365

Jeremías 47-48 · Salmos 78

Letra: Normal

Jeremías 47

1Palabras que el Señor comunicó al profeta Jeremías sobre los filisteos antes de que el faraón conquistara Gaza:

2Esto dice el Señor: Desde el norte se acercan las aguas, desbordadas igual que un torrente, que anegará por completo el país. Los hombres gritarán, gemirán todos los habitantes del país,

3cuando oigan cascos de corceles, estrépito de carros y de ruedas. Los padres, por falta de fuerza, abandonan sin ayuda a sus hijos,

4pues se acerca el día desolador para toda la gente filistea: se acabará para Tiro y Sidón la ayuda que les quede todavía. El Señor destruirá a los filisteos, lo que quede de la isla de Creta.

5A Gaza le llega la calvicie, muda ha quedado Ascalón. Y vosotros, resto de los anaquitas, ¿hasta cuándo os haréis incisiones?

6¡Ay espada del Señor!, ¿cuándo te vas a detener? ¡Vuelve a tu vaina, descansa ya, quieta!

7¿Pero cómo puede estar quieta si recibió una orden del Señor? Contra Ascalón y todo el litoral, contra ellos la ha convocado.

Jeremías 48

1Acerca de Moab, esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: ¡Ay de Nebo, devastada! ¡Quiriatáin humillada y conquistada, humillada y deshecha la acrópolis!

2Se acabó la gloria de Moab, en Jesbón se fraguó su desgracia: ¡Vamos a borrarla de las naciones! También Madmén enmudece, pues corre tras ella la espada.

3Se escapan gritos de Joronáin: ¡qué gran desolación y desastre!

4Moab ha sido destrozada, se oyen los gritos de sus pequeños.

5Por la cuesta de Lujit suben llorando y llorando; y bajando a Joronáin se oyen gritos lastimeros.

6Huid, salvad vuestra vida, como el onagro en la estepa.

7Confiaste en tus obras y tesoros, pero también serás conquistada. Camós será desterrado, con él sus sacerdotes y dignatarios.

8El destructor entrará en las ciudades, ninguna podrá verse a salvo; los valles serán desolados, y todas las llanuras, esquilmadas —lo ha dicho el Señor—.

9¡Haced señales a Moab; venga, que salga deprisa! Sus ciudades serán desoladas, quedarán sin ningún habitante.

10¡Maldito quien haga con desgana la tarea que encargó el Señor! ¡Maldito quien trate de impedir que su espada se sacie de sangre!

11Moab ha vivido tranquila desde joven, reposada como el vino en la solera; no la trasvasaron de cántaro a cántaro: nunca experimentó el destierro. Por eso conserva su sabor y nunca ha perdido su aroma.

12Pero llegan días en que enviaré trasvasadores que la trasvasen: vaciarán los cántaros y romperán los recipientes —oráculo del Señor—.

13Entonces Moab se avergonzará de su dios Camós, como se avergonzó la casa de Israel de Betel, en quien confiaba.

14¿A qué presumir de valientes, de soldados avezados en la lucha?

15Ya sube el destructor de Moab y sus ciudades, ya baja al matadero la flor de sus soldados —oráculo del Rey, del Señor del universo—.

16Se acerca el desastre de Moab, ya llega su ruina a toda prisa.

17¡Llorad por ella, naciones vecinas, todos los que conocéis su fama! Lamentaos: «¡Ay cómo se ha roto la vara poderosa, el cetro glorioso!».

18Baja, abandona tu solio, siéntate en tierra reseca, tú, población de Dibón. Te ataca el devastador de Moab, que va a destruir tus fortalezas.

19Sal al camino y vigila, tú, población de Aroer. Pregunta a algún fugitivo, pregunta: «¿Qué ha sucedido?».

20¡Moab humillada y destruida! Llorad, lanzad alaridos, anunciad allá por el Arnón que Moab ha sido devastada.

21Se cumple la sentencia del Señor sobre el país del altiplano: sobre Jolón, Jasá y Mepaat;

22sobre Dibón, Nebo y Bet Diblatáin;

23sobre Quiriatáin, Bet Gamul y Bet Maón;

24sobre Quiriat, Bosra y todas las ciudades de la tierra de Moab, lejanas y cercanas.

25A Moab le han arrancado su poder, le han destrozado su brazo —oráculo del Señor—.

26Emborrachad a Moab, pues se ha envalentonado contra el Señor: se revolcará en su vómito y será el hazmerreír de la gente.

27¿No te reías tú de Israel como cuando uno es sorprendido entre ladrones? ¿No movías burlona la cabeza cuando hablabas de Israel?

28Habitantes de Moab, marchad de las ciudades, instalaos en los riscos; anidad como palomas en la boca de las grietas.

29Ya sabemos del orgullo de Moab, conocemos su soberbia desmedida, su arrogancia, su orgullo y vanidad, lo altanero que es su corazón.

30Conozco lo arrogante que es, sus palabras tan poco de fiar, sus acciones tan desatinadas —oráculo del Señor—.

31Por eso, lloraré por Moab, por Moab entera gritaré, por la gente de Quir Jeres gemiré.

32Lloraré por ti, viña de Sibmá, más que se lloró por Jazer. Tus sarmientos llegaban hasta el mar, penetraban en tierras de Jazer; pero toda tu cosecha y tu vendimia las ha arrebatado el devastador.

33Cesaron la alegría y las fiestas en los huertos de la tierra de Moab; acabé con el vino de tus lagares, ya no pisarán en los trujales cantando coplas sin parar.

34Los gritos de auxilio de Jesbón se oyen en Jasá y en Elalé; las voces de la gente de Soar se oyen en Joronáin y Eglat Salisá. Incluso las aguas de Nimrín se han convertido en sequedales.

35Acabaré en Moab con los que suben a los recintos sagrados para ofrecer incienso a sus dioses —oráculo del Señor—.

36Por eso, mi corazón gime con voz doliente de flauta por Moab y por la gente de Quir Jeres, pues han perdido el fruto de su trabajo.

37Todos se han afeitado la cabeza y se han rapado la barba; se han hecho incisiones en los brazos y cubierto los lomos de arpillera.

38Por todo Moab se oyen gritos de duelo, lo mismo en las azoteas de las casas que en las calles, pues he hecho pedazos a Moab como si fuera un cacharro inútil —oráculo del Señor—.

39La gente se lamenta: ¡Qué desastre! ¡Cómo ha vuelto Moab la espalda avergonzada, convertida en burla y espanto de todas las naciones vecinas!

40Pues esto dice el Señor: Aquí está, lanzado como un águila, con sus alas desplegadas sobre Moab:

41van a ser tomadas las ciudades, las plazas fuertes, conquistadas. Aquel día los guerreros de Moab se sentirán como una parturienta.

42Moab, devastada, no es nación, pues se envalentonó contra el Señor.

43Terror, zanja y lazo contra vosotros, habitantes de Moab —oráculo del Señor—.

44El que huya del terror caerá en la zanja; el que suba de la zanja caerá en el lazo; pues haré que le llegue a Moab la hora de pedirle cuentas —oráculo del Señor—.

45Se detienen a la sombra de Jesbón los fugitivos, faltos de fuerza: pues sale un fuego de Jesbón, llamas de la ciudad de Sijón, que consumen las patillas de Moab y el cuello de la gente de Saón.

46¡Pobre de ti, Moab! ¡Estás perdido, pueblo de Camós! Se llevan a tus hijos al destierro, tus hijas caminan deportadas.

47Pero después, con el paso del tiempo, cambiaré la suerte de Moab —oráculo del Señor—. Hasta aquí la sentencia de Moab.

Salmo 78

1Poema de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclina el oído a las palabras de mi boca:

2que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado.

3Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron,

4no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder, las maravillas que realizó;

5porque él estableció una norma para Jacob, dio una ley a Israel. Él mandó a nuestros padres que lo enseñaran a sus hijos,

6para que lo supiera la generación siguiente, los hijos que nacieran después. Que surjan y lo cuenten a sus hijos,

7para que pongan en Dios su confianza y no olviden las acciones de Dios, sino que guarden sus mandamientos;

8para que no imiten a sus padres, generación rebelde y pertinaz; generación de corazón inconstante, de espíritu infiel a Dios.

9Los arqueros de la tribu de Efraín volvieron la espalda en la batalla.

10No guardaron la alianza de Dios, se negaron a seguir su ley,

11echando en olvido sus acciones, las maravillas que les había mostrado,

12cuando hizo portentos a vista de sus padres, en la tierra de Egipto, en el campo de Soán.

13Hendió el mar para darles paso, sujetando las aguas como muros;

14los guiaba de día con una nube, de noche con el resplandor del fuego.

15Hendió la roca en el desierto, y les dio a beber raudales de agua;

16sacó arroyos de la peña, hizo correr las aguas como ríos.

17Pero ellos volvieron a pecar contra él, y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:

18tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo una comida a su gusto;

19hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto?

20Él hirió la roca, brotó agua y desbordaron los torrentes; pero ¿podrá también darnos pan, proveer de carne a su pueblo?».

21Lo oyó el Señor, y se indignó; un fuego se encendió contra Jacob, hervía su cólera contra Israel,

22porque no tenían fe en Dios ni confiaban en su auxilio.

23Pero dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo:

24hizo llover sobre ellos maná, les dio pan del cielo;

25y el hombre comió pan de ángeles, les mandó provisiones hasta la hartura.

26Hizo soplar desde el cielo el levante, y dirigió con su fuerza el viento sur;

27hizo llover carne como una polvareda, y volátiles como arena del mar;

28los hizo caer en mitad del campamento, alrededor de sus tiendas.

29Ellos comieron y se hartaron, así satisfizo su avidez;

30pero, con la avidez recién saciada, con la comida aún en la boca,

31la ira de Dios hirvió contra ellos: mató a los más robustos, doblegó a la flor de Israel.

32Y, con todo, volvieron a pecar, y no dieron fe a sus milagros:

33entonces consumió sus días en un soplo, sus años en un momento.

34Y, cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios;

35se acordaban de que Dios era su roca, el Dios altísimo su redentor.

36Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían:

37su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.

38Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor,

39acordándose de que eran de carne, un aliento fugaz que no torna.

40¡Qué rebeldes fueron en el desierto enojando a Dios en la estepa!

41Volvían a tentar a Dios, a irritar al Santo de Israel,

42sin acordarse de aquella mano que un día los rescató de la opresión.

43Cuando hizo prodigios en Egipto, portentos en el campo de Soán.

44Cuando convirtió en sangre los canales y los arroyos para que no bebieran;

45cuando les mandó tábanos que los picasen y ranas que los hostigasen;

46cuando entregó a la langosta sus cosechas y al saltamontes el fruto de sus sudores;

47cuando aplastó con granizo sus viñedos, y con escarcha sus higueras;

48cuando entregó sus ganados al pedrisco, y al rayo sus rebaños.

49Cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira, su cólera, su furor, su indignación, enviándolos como siniestros mensajeros.

50Dio curso libre a su ira: no los salvó de la muerte, entregó sus vidas a la peste;

51cuando hirió a los primogénitos en Egipto, a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam.

52Sacó como un rebaño a su pueblo, los guio como un hato por el desierto,

53los condujo seguros, sin alarmas, mientras el mar cubría a sus enemigos.

54Los hizo entrar por las santas fronteras, hasta el monte que su diestra había adquirido;

55ante ellos rechazó a las naciones, les asignó por suerte su heredad: instaló en sus tiendas a las tribus de Israel.

56Pero ellos tentaron al Dios altísimo y se rebelaron, negándose a guardar sus preceptos;

57desertaron y traicionaron como sus padres, fallaron como un arco engañoso;

58con sus altozanos lo irritaban, con sus ídolos provocaban sus celos.

59Dios lo oyó y se indignó y rechazó totalmente a Israel;

60abandonó su morada de Siló, la tienda en que habitaba con los hombres;

61abandonó sus valientes al cautiverio, su orgullo a las manos enemigas;

62entregó su pueblo a la espada, encolerizado contra su heredad;

63el fuego devoraba a los jóvenes, y sus doncellas no llegaron a casarse;

64los sacerdotes caían a espada, y sus viudas no los lloraban.

65Pero el Señor se despertó como de un sueño, como un soldado vencido por el vino:

66hirió al enemigo en la espalda infligiéndole una derrota perdurable.

67Repudió las tiendas de José, no escogió la tribu de Efraín;

68escogió la tribu de Judá y el monte Sión, su preferido.

69Construyó su santuario como el cielo, como la tierra, que cimentó para siempre.

70Escogió a David, su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño;

71de andar tras las ovejas, lo llevó a pastorear a su pueblo, Jacob; a Israel, su heredad.

72Los pastoreó con corazón íntegro, los guiaba con mano inteligente.