Lectura 292 de 365
Jeremías 45-46 · Salmos 77
Jeremías 45
1El año cuarto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, el profeta Jeremías dirigió estas palabras a Baruc, hijo de Nerías, cuando este escribía en un rollo lo que le dictaba Jeremías:
2«Esto dice el Señor, Dios de Israel, respecto a ti, Baruc:
3Te lamentas de que eres un desgraciado, de que el Señor añade sufrimiento a tu dolor y de que estás cansado de gemir y no encuentras reposo.
4Pues me ordena que te diga lo siguiente: Esto dice el Señor: Ya sabes que destruyo lo que he construido y que arranco lo que he plantado, y así en toda la tierra.
5¿Y vienes ahora a pedir para ti algo extraordinario? ¡Ni se te ocurra!, pues ahora que voy a enviar calamidades a todos los seres vivos —oráculo del Señor— date por satisfecho si salvas tu vida vayas por donde vayas. Ese será el botín que consigas».
Jeremías 46
1Palabra que el Señor comunicó al profeta Jeremías contra las naciones:
2Referente a Egipto. Contra el ejército del faraón Necó, rey de Egipto, cuando, estando en Carquemis, cerca del río Éufrates, fue derrotado por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Corría el año cuarto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá.
3¡Preparad escudos y adargas, lanzaos todos al combate!
4¡Uncid los caballos, montad los corceles! ¡Formad con los cascos, bruñid vuestras lanzas, vestid las corazas!
5¿Mas qué es lo que veo? ¡Están aterrados y dan marcha atrás! Sus guerreros derrotados se han dado a la fuga, no vuelven la cara, los cerca el pavor —oráculo del Señor—.
6Ni el ágil se salva ni escapa el valiente. Al norte, junto al Éufrates, tropezaron y cayeron.
7¿Quién es ese que crece como el Nilo, con sus aguas tumultuosas como ríos,
8que dice: «Inundaré impetuoso la tierra, acabaré con ciudades y habitantes»?
9¡Adelante, caballos! ¡Que se lancen los carros! ¡Al ataque, soldados! ¡Etíopes y libios con escudos, los de Lud empuñando el arco!
10Será el Día del Señor del universo, día para vengarse de sus enemigos. La espada devorará y se hartará, hasta quedar saciada de su sangre; pues celebra un banquete el Señor, en el norte, allá junto al Éufrates.
11Sube a por bálsamo a Galaad, doncella capital de Egipto: es inútil que te cures y te cures, pues tu herida no tiene remedio.
12Las naciones conocen tu deshonra, pues tus gritos inundaron la tierra. Tropezaron soldado con soldado, a la vez cayeron los dos.
13Palabra que recibió el profeta Jeremías de parte del Señor, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, se dirigía a destruir la tierra de Egipto:
14Llevad la noticia a Egipto, hacedlo saber en Migdol, anunciadlo en Tafnes y en Menfis; decid: ¡En formación, preparado, que la espada devora por doquier!
15¿Qué hace por tierra el Buey Apis? Es que el Señor lo embistió
16con fuerza: tropezó y cayó. Unos a otros se decían: «Venga, volvamos con nuestra gente, vayamos todos a nuestra patria, huyamos de la espada que devasta».
17Llamad al faraón: «Estrépito que llega a destiempo».
18¡Por mi vida —oráculo del Rey que se llama Señor del universo—, que todo va a suceder así, tan real como el Tabor entre los montes, como el Carmelo que se alza sobre el mar!
19Preparaos el ajuar del deportado, habitantes de la capital de Egipto, pues Menfis quedará desolada, incendiada, sin nadie que la habite.
20Egipto es una hermosa novilla, y un tábano la ataca desde el norte.
21También los mercenarios que tiene son como novillos de engorde, pero todos volvieron la espalda, escaparon y no se quedaron; pues les llega el día funesto, el tiempo de pedirles cuentas.
22Silba y escapa como serpiente al ver que se acerca el ejército: llegan contra ella con hachas, igual que si fueran leñadores;
23talan su selva —oráculo del Señor—. Por muy numerosos que sean, más abundantes que la langosta, sin que nadie pueda contarlos,
24la capital de Egipto desfallece en manos de un pueblo del norte.
25Dice el Señor del universo, Dios de Israel: Voy a pedir cuentas al dios Amón de Tebas, a Egipto con sus dioses y príncipes, al faraón y a los que confían en él.
26Los entregaré en manos de los que los persiguen a muerte: de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de sus oficiales. Pero, una vez que pase todo esto, será habitada como en los tiempos antiguos —oráculo del Señor—.
27No temas, Jacob, siervo mío; no pierdas el ánimo, Israel; te traeré sano y salvo de lejos, a tus hijos, del país del cautiverio. Jacob volverá y reposará tranquilo, sin nadie que lo inquiete.
28No temas, Jacob, siervo mío —oráculo del Señor—, pues aquí estoy contigo. Acabaré con todas las naciones por donde te había dispersado, pero no acabaré contigo, aunque debo castigarte con justicia, pues no puedo dejarte impune.
Salmo 77
1Al Director. A Yedutún. Salmo de Asaf.
2Alzo mi voz a Dios gritando, alzo mi voz a Dios para que me oiga.
3En mi angustia busco a Dios; de noche extiendo las manos sin descanso, y mi alma rehúsa el consuelo.
4Cuando me acuerdo de Dios, gimo, y meditando me siento desfallecer. (Pausa)
5Sujetas los párpados de mis ojos, y la agitación no me deja hablar.
6Repaso los días antiguos, recuerdo los años remotos;
7de noche lo pienso en mis adentros, y meditándolo me pregunto:
8«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre y ya no volverá a favorecernos?
9¿Se ha agotado ya su misericordia, se ha terminado para siempre su promesa?
10¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad, o la cólera cierra sus entrañas?». (Pausa)
11Y me digo: «¡Qué pena la mía! ¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!».
12Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos,
13medito todas tus obras y considero tus hazañas.
14Dios mío, tus caminos son santos: ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?
15Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos;
16con tu brazo rescataste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. (Pausa)
17Te vio el mar, oh Dios, te vio el mar y tembló, los abismos se estremecieron.
18Las nubes descargaban sus aguas, retumbaban los nubarrones, tus saetas zigzagueaban.
19Rodaba el estruendo de tu trueno, los relámpagos deslumbraban el orbe, la tierra retembló estremecida.
20Tú te abriste camino por las aguas, un vado por las aguas caudalosas, y no quedaba rastro de tus huellas.
21Mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño, por la mano de Moisés y de Aarón.