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Lectura 29 de 365

Éxodo 35-37 · Lucas 13-14

Letra: Normal

Éxodo 35

1Moisés convocó a toda la asamblea de los hijos de Israel y les dijo: «Esto es lo que el Señor os manda hacer:

2“Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo será santo para vosotros, día de descanso consagrado al Señor. El que trabaje en él es reo de muerte.

3No encenderéis fuego en ninguna de vuestras viviendas el día del sábado”».

4Moisés dijo a toda la asamblea de los hijos de Israel: «Esto es lo que mandó el Señor: de vuestros bienes ofreced un tributo al Señor;

5todos los de corazón generoso ofrecerán en tributo al Señor oro, plata y bronce,

6púrpura violácea, roja y escarlata, lino y pelo de cabra,

7pieles de carnero teñidas de rojo, pieles de tejón y maderas de acacia,

8aceite para la lámpara, aromas para el óleo de la unción y para el incienso perfumado,

9piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.

10Todas las personas expertas entre vosotros, que se presenten para hacer cuanto ha mandado el Señor:

11la Morada con su tienda y cubierta, broches y tablones, travesaños, columnas y basas,

12el Arca con sus varales, el propiciatorio y el velo que lo cubre,

13la mesa con sus varales y todos sus utensilios, los panes presentados,

14el candelabro con sus lámparas, utensilios y el aceite para el alumbrado,

15el altar del incienso con sus varales, el óleo de la unción, el incienso perfumado y la cortina colocada a la entrada de la Morada,

16el altar de los holocaustos con su rejilla de bronce, sus varales y todos sus utensilios; la pila con su basa,

17los cortinones del atrio con sus columnas y basas y la cortina de la entrada del atrio,

18las estacas de la Morada y las estacas del atrio con sus cuerdas,

19los ornamentos ceremoniales para las funciones del Santuario, los ornamentos sagrados del sacerdote Aarón y los ornamentos de sus hijos para oficiar».

20Entonces toda la asamblea de los hijos de Israel se retiró de la presencia de Moisés;

21y todos los hombres de corazón generoso que se sentían animados trajeron tributos al Señor para las obras de la Tienda del Encuentro, para todo su culto y para los ornamentos sagrados.

22Acudieron hombres y mujeres; todos los de corazón generoso aportaron hebillas, pendientes, anillos, pulseras y toda clase de objetos de oro, y cada uno lo balanceaba ritualmente ante el Señor.

23Los que poseían púrpura violácea, roja o escarlata, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo y pieles de tejón, los trajeron.

24Los que deseaban ofrecer tributo de plata y bronce, se lo trajeron al Señor, y los que poseían maderas de acacia para cualquier obra, las trajeron.

25Todas las mujeres expertas en el oficio hilaron con sus propias manos y trajeron las labores en púrpura violácea, roja, escarlata y en lino.

26Todas las mujeres expertas y bien dispuestas tejieron el pelo de cabra.

27Los jefes trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral,

28aromas y aceite para la lámpara, para el óleo de la unción y para el incienso perfumado.

29Todos los hijos de Israel, hombres y mujeres, que se sentían con corazón generoso para contribuir a las diversas tareas que el Señor había mandado por medio de Moisés, trajeron sus ofrendas voluntarias al Señor.

30Moisés dijo a los hijos de Israel: «El Señor ha llamado a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá,

31y le ha llenado del espíritu de Dios, de sabiduría, de prudencia y de habilidad para toda clase de tareas,

32para que trace proyectos, labre el oro, la plata y el bronce,

33cincele piedras de engaste y talle la madera, y para cualquier otro tipo de trabajos.

34También le ha dado talento para enseñar a otros, lo mismo que a Oliab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan.

35Les ha llenado de habilidad para trazar proyectos y realizar cualquier clase de labores: bordar en púrpura violácea, roja o escarlata y en lino, proyectar y realizar toda clase de trabajos».

Éxodo 36

1Besalel, Oliab y todos los expertos a quienes el Señor había dotado de habilidad y destreza para ejecutar los diversos trabajos del Santuario realizaron lo que el Señor había ordenado.

2Moisés convocó a Besalel, a Oliab y a todos los expertos a quienes el Señor había dotado de habilidad y que estaban dispuestos a colaborar en la ejecución de la obra,

3y puso a disposición de ellos todos los tributos aportados por los hijos de Israel para los diversos trabajos del Santuario. Como estos seguían trayendo ofrendas voluntarias cada mañana,

4todos los expertos que ejecutaban los diversos trabajos del Santuario dejaron su trabajo

5y fueron a decir a Moisés: «El pueblo trae más de lo que se necesita para los trabajos que el Señor ha mandado realizar».

6Entonces Moisés mandó que se pregonase de viva voz por el campamento: «Que ningún hombre ni mujer traiga más tributos para el Santuario». Y el pueblo cesó de traerlos.

7El material era más que suficiente para todos los trabajos que se debían ejecutar.

8Todos los expertos que colaboraban en la obra hicieron la Morada con diez tapices de lino fino retorcido de púrpura violácea, roja y escarlata, con querubines bordados.

9Cada tapiz medía doce metros y medio de largo por uno ochenta de ancho. Todos los tapices tenían la misma medida.

10Unieron los tapices en dos series de a cinco cada una,

11e hicieron unas presillas de púrpura violácea para cada uno de los bordes de las dos series de tapices:

12hicieron cincuenta presillas para el primer tapiz y otras cincuenta para el borde del segundo, correspondiéndose las presillas entre sí.

13Hicieron, además, cincuenta broches de oro y se unieron con ellos los tapices, de modo que la Morada formaba una unidad.

14Se tejieron también tapices de pelo de cabra para que sirvieran de tienda a la Morada. Se hicieron once tapices de este tipo.

15Cada tapiz medía quince metros de largo por dos de ancho. Los once tapices tenían la misma medida.

16Se unieron cinco tapices por un lado y seis por el otro.

17Se hicieron cincuenta presillas para el borde del tapiz de una serie y cincuenta presillas para el borde del tapiz de la otra serie.

18Se fabricaron también cincuenta broches de bronce para unir la tienda y formar así una unidad.

19Hicieron, además, para la tienda una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo y una sobrecubierta de pieles de tejón.

20Prepararon también para la Morada unos tablones de madera de acacia y los pusieron de pie.

21Cada tablón medía cinco metros de largo por setenta y cinco centímetros de ancho,

22y llevaba dos espigones ensamblados con los contiguos. Se hicieron así todos los tablones de la Morada.

23Se fabricaron, pues, los tablones para la Morada: veinte tablones para la parte sur.

24Debajo de ellos se hicieron cuarenta basas de plata: dos basas bajo un tablón, para sus dos espigones, y dos basas bajo otro tablón, para sus dos espigones.

25Para el segundo lado de la Morada, por el Norte, se fabricaron otros veinte tablones,

26con sus cuarenta basas de plata: dos basas bajo un tablón y dos basas bajo otro tablón.

27Para el lado posterior de la Morada, al poniente, hizo seis tablones.

28Preparó, además, dos tablones para los ángulos de la Morada, al fondo.

29Estaban unidos por abajo y por arriba, a la altura de la primera anilla. Así se hizo con los dos tablones que formaron los dos ángulos.

30En total, ocho tablones con sus basas de plata: dieciséis basas, dos basas bajo cada uno de los tablones.

31Se hicieron también travesaños de madera de acacia: cinco para los tablones de un lado de la Morada,

32cinco para los tablones del otro lado de la Morada y cinco para los tablones del lado posterior de la Morada, al poniente.

33El travesaño central, a media altura de los tablones, atravesaba de un extremo al otro.

34Se revistieron de oro los tablones y se les hizo anillas de oro para pasar los travesaños; también se revistieron de oro los travesaños.

35Se hizo un velo de púrpura violácea, roja y escarlata y lino fino retorcido, y se bordaron en él unos querubines.

36Los colgaron de cuatro columnas de acacia revestidas de oro, provistas de ganchos de oro; y fundieron para ellas cuatro basas de plata.

37Se hizo también para la entrada de la tienda una cortina de púrpura violácea roja y escarlata y lino fino retorcido, recamada,

38con sus cinco postes y sus ganchos. Se revistieron de oro sus capiteles y sus varillas, mientras que sus cinco basas eran de bronce.

Éxodo 37

1Besalel hizo el Arca de madera de acacia, de un metro y cuarto de larga por setenta y cinco centímetros de ancha y otros tantos de alta.

2La revistió de oro puro, por dentro y por fuera, y le puso alrededor una cenefa de oro.

3Fundió cuatro anillas de oro y las colocó en los cuatro pies, dos a cada lado.

4Hizo también varales de madera de acacia y los revistió de oro.

5Metió los varales por las anillas laterales del Arca, para transportarla.

6Fabricó también un propiciatorio de oro puro, de un metro y cuarto de largo por setenta y cinco centímetros de ancho.

7Hizo dos querubines cincelados en oro para los dos extremos del propiciatorio:

8un querubín para un extremo y el otro querubín para el otro extremo, arrancando cada uno de un extremo del propiciatorio.

9Los querubines extendían sus alas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio. Estaban uno frente a otro, mirando al centro del propiciatorio.

10Hizo una mesa de madera de acacia de un metro de larga por medio de ancha y setenta y cinco centímetros de alta.

11La revistió de oro puro y le puso alrededor una cenefa de oro.

12Puso alrededor de ella un reborde de un palmo de ancho y alrededor del reborde una cenefa de oro.

13Le hizo cuatro anillas de oro y las colocó en los ángulos de las cuatro patas.

14Sujetó las anillas al reborde; por ellas se metían los varales para transportar la mesa.

15Hizo los varales de madera de acacia y los revistió de oro. Con ellos se transportaba la mesa.

16Hizo también los utensilios de la mesa: sus fuentes, sus navetas, sus jarras y copas para las libaciones, todo de oro puro.

17Hizo también un candelabro de oro puro. Cinceló la base y el fuste del candelabro; sus copas, cálices y corolas formaban un cuerpo con él.

18De sus lados arrancaban seis brazos: tres por un lado y tres por el otro.

19Un brazo tenía tres copas, como flores de almendro, con cáliz y corola; y tres copas, como flores de almendro, con cáliz y corola, tenía el otro; así los seis brazos que arrancaban del candelabro.

20El candelabro tenía cuatro copas, como flores de almendro, con cáliz y corola.

21Un cáliz bajo dos brazos, formando cuerpo con él, otro cáliz bajo otros dos brazos, formando cuerpo con él, y otro cáliz bajo otros dos brazos, formando cuerpo con él; y así los seis brazos que arrancaban del candelabro.

22Sus cálices y sus fustes formaban cuerpo con el candelabro; el conjunto formaba una pieza de oro puro cincelado.

23Hizo también de oro puro sus siete lámparas, sus despabiladeras y ceniceros.

24Empleó treinta y cinco kilogramos de oro puro para hacer el candelabro y todos sus utensilios.

25Hizo el altar del incienso de madera de acacia. Medía medio metro de largo por otro medio de ancho; era cuadrado y tenía un metro de alto. De él arrancaban unos salientes.

26Revistió de oro puro la parte superior, sus lados y sus salientes y le hizo alrededor una cenefa de oro.

27Debajo de la cenefa, a sus dos costados, le hizo dos anillas por las que se metían los varales para transportarlo.

28Hizo los varales de madera de acacia y los revistió de oro.

29Preparó también el óleo de la unción santa y el incienso perfumado puro, al estilo de los perfumistas.

Lucas 13

1En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

2Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto?

3Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

4O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

5Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

6Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

7Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.

8Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol,

9a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

10Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.

11Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.

12Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad».

13Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.

14Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».

15Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?

16Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».

17Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

18Decía, pues: «¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?

19Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».

20Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios?

21Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

22Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.

23Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo:

24«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

25Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”.

26Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.

27Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

28Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera.

29Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

30Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

31En aquella misma ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte».

32Y les dijo: «Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.

33Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.

34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.

35Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

Lucas 14

1Un sábado, entró él en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

2Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía,

3y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?».

4Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.

5Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?».

6Y no pudieron replicar a esto.

7Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

8«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú;

9y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

10Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

11Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

12Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.

13Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos;

14y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

15Uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!».

16Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente;

17a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”.

18Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”.

19Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”.

20Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”.

21El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”.

22El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”.

23Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa.

24Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».

25Mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

26«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

27Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

28Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

29No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran,

30diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

31¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

32Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

33Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

34La sal es buena, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

35No sirve ni para el campo ni para el estercolero, se tira afuera. El que tenga oídos para oír, que oiga».