Lectura 28 de 365
Éxodo 32-34 · Lucas 11-12
Éxodo 32
1Viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar de la montaña, se reunió en torno a Aarón y le dijo: «Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado».
2Aarón les contestó: «Quitadles los pendientes de oro a vuestras mujeres, hijos e hijas, y traédmelos».
3Todo el pueblo se quitó los pendientes de oro y se los trajeron a Aarón.
4Él los recibió, trabajó el oro a cincel y fabricó un becerro de fundición. Entonces ellos exclamaron: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto».
5Cuando Aarón lo vio, edificó un altar en su presencia y proclamó: «Mañana es fiesta del Señor».
6Al día siguiente se levantaron, ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios de comunión. El pueblo se sentó a comer y beber, y después se levantaron a danzar.
7El Señor dijo a Moisés: «Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto.
8Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”».
9Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.
10Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».
11Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta?
12¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo.
13Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».
14Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
15Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en la mano. Las tablas estaban escritas por ambos lados;
16eran hechura de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada en las tablas.
17Al oír Josué el griterío del pueblo dijo a Moisés: «Se oyen gritos de guerra en el campamento».
18Contestó él: «No es grito de victoria, no es grito de derrota, que son cantos lo que oigo».
19Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, encendido en ira, tiró las tablas y las rompió al pie de la montaña.
20Después agarró el becerro que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta hacerlo polvo, que echó en agua y se lo hizo beber a los hijos de Israel.
21Moisés dijo a Aarón: «¿Qué te ha hecho este pueblo para que nos acarreases tan enorme pecado?».
22Contestó Aarón: «No se irrite mi señor. Sabes que este pueblo es perverso.
23Me dijeron: “Haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado”.
24Yo les dije: “Quien tenga oro que se desprenda de él y me lo dé; yo lo eché al fuego y salió este becerro”».
25Moisés vio que el pueblo estaba desenfrenado, pues Aarón le había quitado el freno, exponiéndole a la burla de sus enemigos.
26Entonces Moisés se plantó a la puerta del campamento y exclamó: «¡A mí los del Señor!», y se le unieron todos los levitas.
27Y les dijo: «Así dice el Señor, el Dios de Israel: “Ceñíos cada uno la espada al costado, revisad el campamento de puerta a puerta y volved a revisarlo. Mate cada uno a su hermano, a su amigo y a su vecino”».
28Los levitas cumplieron la orden de Moisés y cayeron aquel día unos tres mil hombres del pueblo.
29Luego Moisés dijo: «Consagraos hoy al Señor, cada uno a costa de su hijo o de su hermano. Que él os dé hoy la bendición».
30Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: «Habéis cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a expiar vuestro pecado».
31Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo: «Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro.
32Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras del libro que has escrito».
33El Señor respondió: «Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro.
34Ahora ve y guía a tu pueblo al sitio que te dije: mi ángel irá delante de ti; y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado».
35El Señor castigó al pueblo por el becerro que había hecho Aarón.
Éxodo 33
1El Señor dijo a Moisés: «Anda, sal de aquí, con el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra que prometí a Abrahán, Isaac y Jacob con este juramento: “Se la daré a tu descendencia”.
2Enviaré delante de ti un ángel y expulsaré a cananeos, amorreos, hititas, perizitas, heveos y jebuseos.
3Sube a la tierra que mana leche y miel. Yo no subiré contigo, porque eres un pueblo de dura cerviz y te destruiría en el camino».
4Cuando el pueblo oyó estas palabras tan duras, guardó luto y nadie se vistió de gala.
5El Señor dijo entonces a Moisés: «Di a los hijos de Israel: Sois un pueblo de dura cerviz; un solo momento que subiera contigo, y te destruiría. Ahora, pues, quítate tus joyas, y veré lo que hago contigo».
6Los hijos de Israel se desprendieron de sus joyas desde la montaña del Horeb.
7Moisés levantó la tienda y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «Tienda del Encuentro». El que deseaba visitar al Señor, salía fuera del campamento y se dirigía a la Tienda del Encuentro.
8Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que este entraba en la tienda.
9En cuanto Moisés entraba en la tienda, la columna de nube bajaba y se detenía a la entrada de la tienda, mientras el Señor hablaba con Moisés.
10Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se postraba cada uno a la entrada de su tienda.
11El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después Moisés volvía al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba del interior de la tienda.
12Moisés dijo al Señor: «Tú me has dicho: “Guía a este pueblo”; pero no me has comunicado a quién enviarás conmigo. No obstante, tú me has dicho: “Yo te conozco personalmente y te he concedido mi favor”.
13Ahora bien, si realmente he obtenido tu favor, muéstrame tus designios, para que yo te conozca y obtenga tu favor; mira que esta gente es tu pueblo».
14Respondió el Señor: «Iré yo en persona y te daré el descanso».
15Replicó Moisés: «Si no vienes en persona, no nos hagas salir de aquí;
16pues ¿en qué se conocerá que yo y tu pueblo hemos obtenido tu favor, sino en el hecho de que tú vas con nosotros? Así tu pueblo y yo nos distinguiremos de todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra».
17El Señor respondió a Moisés: «También esto que me pides te lo concedo, porque has obtenido mi favor y te conozco personalmente».
18Entonces, Moisés exclamó: «Muéstrame tu gloria».
19Y él le respondió: «Yo haré pasar ante ti toda mi bondad y pronunciaré ante ti el nombre del Señor, pues yo me compadezco de quien quiero y concedo mi favor a quien quiero».
20Y añadió: «Pero mi rostro no lo puedes ver, porque no puede verlo nadie y quedar con vida».
21Luego dijo el Señor: «Aquí hay un sitio junto a mí; ponte sobre la roca.
22Cuando pase mi gloria, te meteré en una hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.
23Después, cuando retire la mano, podrás ver mi espalda, pero mi rostro no lo verás».
Éxodo 34
1El Señor dijo a Moisés: «Labra dos tablas de piedra como las primeras y yo escribiré en ellas las palabras que había en las primeras tablas que tú rompiste.
2Prepárate para mañana, sube al amanecer a la montaña del Sinaí y espérame allí en la cima de la montaña.
3Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en toda la montaña; ni siquiera las ovejas o las vacas pastarán en la ladera de la montaña».
4Moisés labró dos tablas de piedra como las primeras, madrugó y subió a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
5El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
6El Señor pasó ante él proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad,
7que mantiene la clemencia hasta la milésima generación, que perdona la culpa, el delito y el pecado, pero no los deja impunes y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación».
8Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra.
9Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».
10El Señor dijo a Moisés: «Yo voy a concertar una alianza: en presencia de tu pueblo haré maravillas como no se han hecho en ningún país ni nación, para que el pueblo con el que vives vea las obras terribles que voy a hacer por medio de ti.
11Cumple lo que yo te mando hoy; expulsaré delante de ti a amorreos, cananeos, hititas, perizitas, heveos y jebuseos.
12Guárdate de hacer alianza con los habitantes de la tierra donde vas a entrar; porque serían un lazo para ti.
13Derribarás sus altares, quebrarás sus estelas, talarás sus árboles sagrados.
14No te postres ante otro dios, porque el Señor se llama “Celoso”, y es un Dios celoso.
15No hagas alianza con los habitantes de la tierra, no sea que, cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten a comer con ellos.
16Ni tomes a sus hijas para tus hijos, pues se prostituirán sus hijas con sus dioses y prostituirán a tus hijos con sus dioses.
17No te hagas estatuas de dioses.
18Guarda la fiesta de los Ácimos: durante siete días comerás panes ácimos, según te mandé, en el tiempo señalado del mes de abib, porque en el mes de abib saliste de Egipto.
19Todo primer nacido macho que abra el vientre es mío, sea ternero o cordero.
20El primer nacido del asno lo rescatarás con un cordero y, si no lo rescatas, lo desnucarás. Rescatarás también al primogénito de tus hijos. Nadie se presentará ante mí con las manos vacías.
21Seis días trabajarás, y al séptimo descansarás; incluso en la siembra o en la siega, descansarás.
22Celebra la fiesta de las Semanas, al comenzar la siega del trigo, y la fiesta de la Cosecha, al terminar el año.
23Tres veces al año se presentarán todos los varones en presencia del Señor, el Señor Dios de Israel;
24pues desposeeré a las naciones delante de ti y ensancharé tus fronteras, y nadie codiciará tus campos cuando subas a visitar al Señor tu Dios tres veces al año.
25No ofrezcas pan fermentado con la sangre de mi sacrificio. De la víctima de la Pascua no quedará nada para el día siguiente.
26Trae a la Casa del Señor tu Dios las primicias de tus tierras. No cuezas el cabrito en la leche de la madre».
27El Señor dijo a Moisés: «Escribe estas palabras: de acuerdo con estas palabras concierto alianza contigo y con Israel».
28Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las Diez Palabras.
29Cuando Moisés bajó de la montaña del Sinaí con las dos tablas del Testimonio en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, por haber hablado con el Señor.
30Aarón y todos los hijos de Israel vieron a Moisés con la piel de la cara radiante y no se atrevieron a acercarse a él.
31Pero Moisés los llamó. Aarón y los jefes de la comunidad se acercaron a él, y Moisés habló con ellos.
32Después se acercaron todos los hijos de Israel, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en la montaña del Sinaí.
33Cuando terminó de hablar con ellos, se cubrió la cara con un velo.
34Siempre que Moisés entraba ante el Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Al salir, comunicaba a los hijos de Israel lo que se le había mandado.
35Ellos veían la piel de la cara de Moisés radiante, y Moisés se cubría de nuevo la cara con el velo, hasta que volvía a hablar con Dios.
Lucas 11
1Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
2Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino,
3danos cada día nuestro pan cotidiano,
4perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».
5Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes,
6pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”;
7y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”;
8os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
9Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá;
10porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
11¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez?
12¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
13Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».
14Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada,
15pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
16Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.
17Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa.
18Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú.
19Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.
20Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
21Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros,
22pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
23El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.
24Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”.
25Al volver se la encuentra barrida y arreglada.
26Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».
27Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
28Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
29Estaba la gente apiñándose alrededor de él y se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.
30Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
31La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
32Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
33Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto o debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz.
34La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está iluminado, pero cuando está enfermo, también tu cuerpo está a oscuras.
35Por eso, ten cuidado de que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36Por tanto, si todo tu cuerpo está iluminado, sin tener parte alguna oscura, estará enteramente iluminado, igual que cuando una lámpara te ilumina con su resplandor».
37Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa.
38Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer,
39el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
40¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
41Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo.
42Pero ¡ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.
43¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!
44¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».
45Le replicó un maestro de la ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».
46Y él dijo: «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!
47¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, a quienes mataron vuestros padres!
48Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis mausoleos.
49Por eso dijo la Sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán”;
50y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo;
51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os digo: se le pedirá cuenta a esta generación.
52¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!».
53Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo implacablemente y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas,
54tendiéndole trampas para cazarlo con alguna palabra de su boca.
Lucas 12
1Mientras tanto, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía,
2pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
3Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
4A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
5Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la gehenna. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
6¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
7Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros.
8Os digo, pues: todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios,
9pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.
10Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
11Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir,
12porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».
13Entonces le dijo uno de la gente: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
14Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
15Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
16Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha.
17Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
18Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes.
19Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
20Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
21Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
22Y dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: no os inquietéis por la vida, qué vais a comer; ni por el cuerpo, con qué os vais a vestir,
23pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.
24Fijaos en los cuervos: ni siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta; ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros!
25¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
26Por tanto, si no podéis lo más pequeño, ¿por qué inquietaros por lo demás?
27Fijaos cómo crecen los lirios, no se fatigan ni hilan; pues os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.
28Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!
29Y vosotros no andéis buscando qué vais a comer o qué vais a beber, ni estéis preocupados.
30La gente del mundo se afana por todas esas cosas, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas.
31Buscad más bien su reino, y lo demás se os dará por añadidura.
32No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
33Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.
34Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
35Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas.
36Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
37Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
38Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.
39Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.
40Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
41Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
42Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?
43Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así.
44En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
45Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse,
46vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.
47El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes;
48pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá.
49He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!
50Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
51¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
52Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres;
53estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
54Decía también a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede.
55Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y sucede.
56Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?
57¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?
58Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.
59Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».