Lectura 289 de 365
Jeremías 39-40 · Salmos 74
Jeremías 39
1El año noveno de Sedecías, rey de Judá, el mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó con todo su ejército y puso sitio a Jerusalén.
2El año undécimo de Sedecías, el día nueve del cuarto mes, abrieron brecha en las murallas de la ciudad.
3Los generales del rey de Babilonia entraron y se instalaron en la Puerta Central. Eran Nergal-Saréser, príncipe de Sin-Maguir, jefe de los magos, Nabusazbán, jefe de los eunucos, y el resto de los generales del rey de Babilonia.
4Cuando vieron lo ocurrido, Sedecías, rey de Judá, y los soldados aprovecharon la noche para huir de la ciudad. Atravesaron los jardines reales por la puerta que había entre la doble muralla y huyeron en dirección a la estepa.
5Pero el ejército caldeo los persiguió, y dieron alcance a Sedecías en las estepas de Jericó. Lo apresaron y lo condujeron a Riblá, en territorio de Jamat, donde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia, que allí mismo dictó sentencia.
6El rey de Babilonia ordenó degollar en Riblá a los hijos de Sedecías en presencia de este; y también mandó degollar a la gente principal de Judá.
7A Sedecías le sacó los ojos y lo cargó de cadenas para llevárselo a Babilonia.
8Los caldeos pegaron fuego al palacio real y a las viviendas de la ciudad, y derribaron las murallas de Jerusalén.
9Nabuzardán, jefe de la guardia, deportó a Babilonia a la gente que había quedado en la ciudad y a los desertores que se habían pasado a ellos.
10En cuanto a la gente pobre, carente de posesiones, Nabuzardán, jefe de la guardia, los dejó en Judá y les entregó viñas y tierras.
11Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado a Nabuzardán, jefe de la guardia, la siguiente orden respecto a Jeremías:
12«Tómalo a tu cargo y no le hagas daño alguno. Y concédele lo que te pida».
13Nabuzardán, jefe de la guardia; Nabusazbán, jefe de los eunucos, y Nergal-Saréser, jefe de los magos,
14mandaron traer a Jeremías del patio de la guardia y se lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicán y nieto de Safán, para que lo llevase a su casa y así pudiera hacer vida normal.
15Durante su detención en el patio de la guardia, Jeremías había recibido esta palabra del Señor:
16«Ve y comunica lo siguiente a Ebedmélec el cusita: Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Voy a hacer que se cumplan las palabras que he pronunciado contra esta ciudad, palabras de desgracia, que no de ventura. Tú mismo podrás comprobarlo aquel día.
17Pero aquel día yo te pondré a salvo —oráculo del Señor— y no serás entregado en manos de los hombres con los que temes encontrarte;
18pues pienso librarte para que no caigas víctima de la espada. Tu vida será tu botín, por haber confiado en mí —oráculo del Señor—».
Jeremías 40
1Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor, después que Nabuzardán, jefe de la guardia, lo hiciera venir de Ramá para hacerse cargo de él, cuando Jeremías se encontraba ya entre el grupo de deportados de Jerusalén y de Judá, que, cargados de cadenas, eran desterrados a Babilonia.
2El jefe de la guardia mandó traer a Jeremías y le dijo: «El Señor, tu Dios, había predicho la desgracia que ha padecido este lugar.
3Ha cumplido todo, conforme lo había anunciado, pues pecasteis contra él y no le hicisteis caso.
4Ahora voy a quitarte definitivamente las cadenas de las muñecas. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, puedes hacerlo; yo me ocuparé de ti. Ahora bien, si te parece mal, déjalo. Mira, ahí tienes todo el país a tu disposición; puedes ir adonde te guste o adonde te parezca bien».
5Al ver que Jeremías no se decidía a marcharse, añadió: «Puedes volver a Godolías, hijo de Ajicán y nieto de Safán. El rey de Babilonia lo ha nombrado gobernador de las ciudades de Judá. Quédate con él y haz vida normal entre la gente; o vete adonde mejor te parezca». El jefe de la guardia le proporcionó provisiones y le hizo algunos regalos; después le dejó marchar.
6Jeremías fue a Mispá, donde estaba Godolías, hijo de Ajicán, y se quedó con él, haciendo vida normal entre la población que había quedado en el país.
7Los oficiales del ejército de Judá, que se habían desperdigado por los campos con sus soldados, se enteraron de que el rey de Babilonia había nombrado gobernador del país a Godolías, hijo de Ajicán, y de que le había encomendado la custodia de los hombres, mujeres, niños y gente pobre que no habían sido deportados a Babilonia.
8Entonces unos cuantos fueron a Mispá, junto con sus hombres, a entrevistarse con Godolías. Eran Ismael, hijo de Netanías; Yojanán y Jonatán, hijos de Caréaj; Seraías, hijo de Tanjumet; los hijos de Efaí, el netofatita, y Jezanías, el maacatita.
9Godolías, hijo de Ajicán y nieto de Safán, les juró a ellos y a sus hombres: «No temáis someteros a los caldeos. Quedaos en el país, someteos al rey de Babilonia y todo os irá bien.
10Yo tengo que quedarme en Mispá a disposición de los caldeos que lleguen a nuestro país. Por vuestra parte, podéis estableceros en las ciudades que hayáis ocupado; cosechad vino, cereales y aceite, y almacenad todo».
11Los de Judá que estaban en Moab, entre los amonitas y en Edón, así como los que se habían dispersado por otros países, se enteraron también de que el rey de Babilonia había permitido que un resto de la población se quedase en el país y de que había nombrado gobernador a Godolías, hijo de Ajicán y nieto de Safán.
12Toda esta gente regresó a Judá desde los lugares donde habían buscado refugio y fueron a Mispá, donde se hallaba Godolías. Y tuvieron una abundante cosecha de vino y de cereales.
13Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los oficiales del ejército que se habían dispersado por los campos, fueron a Mispá, donde estaba Godolías,
14y le dijeron: «¿Sabes que Baalís, rey de los amonitas, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para que te asesine?». Pero Godolías, hijo de Ajicán, no les hizo caso.
15Entonces Yojanán, hijo de Caréaj, se entrevistó en secreto con Godolías, en Mispá, y le dijo: —He pensado ir yo mismo a matar a Ismael, hijo de Netanías, sin que nadie se entere. No podemos permitir que te mate, pues eso supondría la desbandada de todos los de Judá reunidos en torno a ti y la pérdida del resto de Judá.
16Godolías, hijo de Ajicán, respondió a Yojanán, hijo de Caréaj: —No lo hagas. No es cierto lo que dices de Ismael.
Salmo 74
1Poema de Asaf ¿Por qué, oh Dios, nos rechazas para siempre y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
2Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada.
3Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
4Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes.
5Como quien se abre paso entre la espesa arboleda,
6todos juntos derribaron sus puertas, las abatieron con hachas y mazas.
7Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre.
8Pensaban: «Acabaremos con ellos», e incendiaron los templos de Dios en el país.
9Ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta: nadie entre nosotros sabe hasta cuándo.
10¿Hasta cuándo, oh Dios, nos va a afrentar el enemigo? ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?
11¿Por qué retraes tu mano izquierda y tienes tu derecha escondida en el pecho?
12Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre, tú ganaste la victoria en medio de la tierra.
13Tú hendiste con fuerza el mar, rompiste las cabezas del dragón marino;
14tú aplastaste las cabezas del Leviatán, se lo echaste en pasto a las bestias del mar;
15tú alumbraste manantiales y torrentes, tú secaste ríos inagotables.
16Tuyo es el día, tuya la noche, tú colocaste la luna y el sol;
17tú plantaste los linderos del orbe, tú formaste el verano y el invierno.
18Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja, que un pueblo insensato desprecia tu nombre;
19no entregues a los buitres la vida de tu tórtola, ni olvides sin remedio la vida de los pobres.
20Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias.
21Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre.
22Levántate, oh Dios, defiende tu causa: recuerda los ultrajes continuos del insensato;
23no olvides las voces de tus enemigos, el tumulto creciente de los rebeldes contra ti.