Lectura 287 de 365
Jeremías 35-36 · Salmos 72
Jeremías 35
1Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor, en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá:
2«Ve a los recabitas y habla con ellos; tráelos después a una de las dependencias del templo del Señor e invítales a beber vino».
3Traje conmigo a Jazanías, hijo de Jeremías y nieto de Abisinías, a sus parientes, a todos sus hijos y al clan entero de los recabitas.
4Los llevé al templo del Señor, a las dependencias de los hijos de Janán, hijo de Yigdilías, el hombre de Dios cuya habitación está junto a las dependencias de los dignatarios del templo y encima de la habitación de Maasías, hijo del portero Salún.
5Les traje a los recabitas unas jarras con vino y unas copas, y les dije: —Bebed.
6Ellos respondieron: —No bebemos vino, pues nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab, nos impuso estas normas: «Nunca bebáis vino, ni vosotros ni vuestros hijos.
7No os edifiquéis casas, ni sembréis ni plantéis viñas. Nada de esto poseeréis. Habitaréis en tiendas, de modo que podáis vivir muchos años en el país donde residís como forasteros».
8Nosotros hemos obedecido a nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab, en todo lo que nos mandó. Así que nunca bebemos vino, ni nosotros ni nuestras mujeres, hijos e hijas;
9no edificamos casas para vivir en ellas; no plantamos viñas ni tenemos campos para sembrar.
10Siempre hemos vivido en tiendas, obedeciendo a nuestro antepasado Jonadab y haciendo todo lo que nos mandó.
11Pero, cuando vimos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, atacaba el país, pensamos que era mejor venir a Jerusalén para huir del ejército caldeo y del ejército arameo. Así que nos instalamos en Jerusalén.
12Entonces recibió Jeremías esta palabra del Señor:
13«Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Ve y comunica lo siguiente a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿Es que nunca vais a aprender la lección ni vais a hacer caso de lo que os digo? —oráculo del Señor—.
14Ved cómo han sido cumplidas las órdenes de Jonadab, hijo de Recab. Mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y hasta ahora no lo han probado. Así es como han obedecido el mandato de su antepasado. En cambio, yo os he hablado sin descanso y no me habéis hecho caso.
15Os envié insistentemente a mis siervos los profetas para que os dijeran: “Abandonad el mal camino y mejorad vuestra conducta; no vayáis detrás de dioses extranjeros ni les deis culto. De ese modo podréis seguir viviendo en la tierra que os di a vosotros y a vuestros antepasados”. Pero no me obedecisteis ni me hicisteis caso.
16Podéis ver cómo los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, cumplieron el mandato que les dio su antepasado, mientras que este pueblo no me ha hecho caso.
17Por tanto, esto dice el Señor, Dios del universo, Dios de Israel: “Voy a traer contra Judá y contra los habitantes de Jerusalén todas las desgracias que les anuncié, pues les hablé y no me escucharon, los llamé y no me respondieron”».
18Y Jeremías dijo al clan de los recabitas: «Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Por haber obedecido el mandato de vuestro antepasado Jonadab, por haber observado sus preceptos y haber actuado conforme a lo que os ordenó,
19esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “No faltará a Jonadab, hijo de Recab, un descendiente que esté a mi servicio día tras día”».
Jeremías 36
1El año cuarto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra del Señor:
2«Toma un rollo y escribe en él todo lo que te he dicho tocante a Israel, a Judá y a todas las naciones, desde el día en que empecé a hablarte, en vida de Josías, hasta hoy.
3A ver si la casa de Judá escucha las desgracias que he pensado enviarles y abandonan todos su mal camino, de modo que yo pueda perdonarles sus culpas y pecados».
4Jeremías llamó a Baruc, hijo de Nerías, para que escribiese en un rollo, mientras él iba dictando, todas las palabras que el Señor le había comunicado.
5Después Jeremías dio esta orden a Baruc: «Ya ves que estoy preso y que no puedo ir al templo del Señor.
6Así que ve tú y lee las palabras del Señor que te he dictado y que has anotado en el rollo. Las lees ante los que están celebrando un día de ayuno en el templo del Señor y también ante el resto de la gente que haya acudido de los poblados de Judá.
7A ver si presentan sus súplicas ante el Señor y abandona cada cual su mala conducta, pues son grandes la ira y la cólera con las que el Señor amenaza a este pueblo».
8Baruc, hijo de Nerías, hizo todo lo que le había ordenado el profeta Jeremías: leyó en el templo las palabras del Señor escritas en el libro.
9Precisamente el año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, durante el mes noveno, fue proclamado un ayuno ante el Señor para todos los vecinos de Jerusalén y para la gente que solía acudir a la ciudad desde los poblados de Judá.
10Baruc, pues, leyó en el templo las palabras de Jeremías escritas en el libro. Las leyó desde la habitación de Guemarías, hijo del escriba Safán, en el patio superior, a la entrada de la Puerta Nueva del templo del Señor, ante todos los presentes.
11Cuando Miqueas, hijo de Guemarías y nieto de Safán, oyó todas las palabras del Señor escritas en aquel rollo,
12bajó al palacio real, a la habitación del canciller, donde encontró reunidos a los dignatarios: al canciller Elisamá, a Delaías, hijo de Semaías, a Elnatán, hijo de Acbor, a Guemarías, hijo de Safán, a Sedecías, hijo de Jananías, y a los demás dignatarios.
13Miqueas les contó todo lo que había leído Baruc en presencia del pueblo.
14Los dignatarios enviaron entonces a Jehudí, hijo de Netanías, y a Selemías, hijo de Cusí, para que dijeran a Baruc: «Toma contigo el rollo que has leído ante la gente y tráetelo». Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo consigo y fue adonde estaban ellos.
15Le dijeron: «Siéntate y léenoslo, por favor». Baruc se lo leyó.
16Cuando oyeron el contenido, se asustaron y decidieron contarle todo aquello al rey.
17Le dijeron a Baruc: —Explícanos cómo has escrito este texto.
18Baruc respondió: —Él me iba dictando todas estas palabras y yo las iba escribiendo en el libro.
19Dijeron los dignatarios a Baruc: «Ve y escóndete con Jeremías. Que nadie sepa dónde estáis».
20Después de guardar el rollo en la habitación del canciller Elisamá, fueron adonde estaba el rey, atravesando el patio interior, y le contaron personalmente todo lo sucedido.
21Entonces el rey mandó a Jehudí que fuera a buscar el rollo. Jehudí lo trajo de la habitación del canciller Elisamá y lo leyó en voz alta ante el rey y ante todos los dignatarios que estaban en torno al monarca.
22Como era el mes noveno, el rey se había instalado en la residencia de invierno y tenía delante un brasero encendido.
23Cada vez que Jehudí leía tres o cuatro columnas del rollo, el rey cortaba la parte ya leída con el cortaplumas del canciller y la arrojaba al brasero, hasta que todo el rollo quedó consumido por el fuego.
24Pero ni el rey ni los ministros que escucharon todo aquello se asustaron o se rasgaron las vestiduras.
25Elnatán, Delaías y Guemarías suplicaron al rey que no quemara el rollo, pero no les hizo caso.
26Entonces el rey ordenó que Jerajmeel, príncipe real, Seraías, hijo de Azriel, y Selemías, hijo de Abdeel, fuesen a detener al escriba Baruc y al profeta Jeremías. Pero el Señor los había escondido.
27Vino la palabra del Señor al profeta Jeremías, después de que el rey hubo quemado el rollo que contenía las palabras escritas por Baruc al dictado de Jeremías. Le dijo:
28«Toma otro rollo y escribe en él todo lo que contenía el primer rollo que ha quemado Joaquim, rey de Judá.
29Y a Joaquim, rey de Judá, le dices lo siguiente: Esto dice el Señor: Tú has quemado el rollo porque en él estaba escrito que el rey de Babilonia vendrá sin falta a devastar este país y a aniquilar en él a hombres y animales.
30Pues bien, esto dice el Señor a propósito de Joaquim, rey de Judá: No tendrá a nadie que lo suceda en el trono de David. Su cadáver yacerá por tierra, expuesto al calor del día y al frío de la noche.
31Les pediré cuentas de sus pecados a él, a sus descendientes y a sus dignatarios, y haré que se abatan sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre la gente de Judá todas las calamidades que les anuncié, sin que por ello me hicieran caso».
32Jeremías tomó otro rollo y se lo dio al escriba Baruc, hijo de Nerías, quien escribió lo que Jeremías le iba dictando: todo el texto del libro que había quemado Joaquim, rey de Judá. Incluso añadió otras muchas cosas del mismo tenor.
Salmo 72
1De Salomón. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes,
2para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.
3Que los montes traigan paz, y los collados justicia;
4defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador.
5Dure tanto como el sol, como la luna, de edad en edad.
6Baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra.
7En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna;
8domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
9En su presencia se inclinen las tribus del desierto; sus enemigos muerdan el polvo;
10los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
11póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos.
12Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector;
13él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres;
14él rescatará sus vidas de la violencia, su sangre será preciosa a sus ojos.
15Que viva y le traigan el oro de Arabia, recen por él continuamente y lo bendigan todo el día.
16Y habrá trigo abundante en los campos, y ondeará en lo alto de los montes; darán fruto como el Líbano, y brotarán las espigas como hierba del campo.
17Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
18Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas;
19bendito por siempre su nombre glorioso; que su gloria llene la tierra. ¡Amén, amén!
20(Fin de las oraciones de David, el hijo de Jesé)