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Lectura 286 de 365

Jeremías 33-34 · Salmos 71

Letra: Normal

Jeremías 33

1Jeremías volvió a recibir la palabra del Señor mientras seguía detenido en el patio de la guardia. Le dijo:

2«Esto dice el Señor, el Creador, el que da forma a todo y lo consolida, y que se llama “Señor”:

3Llámame y te responderé; te revelaré cosas importantes y recónditas que tú desconoces.

4Porque esto dice el Señor, Dios de Israel, respecto a las casas de esta ciudad y a las viviendas reales de Judá que han sido destruidas por el asedio y la espada.

5Ahora se disponen a luchar contra los caldeos, pero solo servirá para llenar las casas con los cadáveres de quienes decidí destruir en el colmo de mi ira y de mi cólera, pues a causa de su maldad aparté mi vista de esta ciudad.

6Pero después yo mismo la curaré y le proporcionaré remedio, sanearé sus casas y les revelaré la seguridad y el bienestar que voy a concederles.

7Haré que cambie la suerte de Judá y la suerte de Israel, y los reconstruiré tal como eran antes.

8Los purificaré de todos los pecados que cometieron contra mí y les perdonaré todos sus crímenes y sus rebeldías.

9Jerusalén será para mí motivo de satisfacción: todas las naciones de la tierra me alabarán y honrarán cuando oigan los beneficios que le voy a conceder; y se estremecerán y conmoverán cuando vean el bienestar y la prosperidad que voy a proporcionarle.

10Esto dice el Señor: En este lugar del que decís que es una ruina, sin hombres ni ganados, en todos los poblados de Judá y en las calles desoladas de Jerusalén, sin hombres, sin habitantes y sin ganados, todavía volverán a escucharse

11la voz de la alegría y de la fiesta, la voz del novio y de la novia, la voz de los que entran en el templo trayendo víctimas de acción de gracias y cantando: “Dad gracias al Señor del universo, porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Pues voy a cambiar la suerte del país, dejándolo como era antes —dice el Señor—.

12Esto dice el Señor del universo: En este lugar arruinado, sin hombres ni ganados, y en todas sus ciudades habrá de nuevo dehesas de pastores que recogerán en ellas a sus rebaños.

13En las poblaciones de la montaña, de la Sefelá y del Negueb, en el territorio de Benjamín, en las pedanías de Jerusalén y en las ciudades de Judá, volverán a pasar ovejas bajo la mano del que las cuente —dice el Señor—.

14Ya llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

15En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra.

16En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

17Pues esto dice el Señor: No le faltará a David quien lo suceda en el trono de la casa de Israel.

18Tampoco les faltará a los sacerdotes levíticos quien me ofrezca holocaustos en el templo, quien queme ofrendas y quien haga sacrificios a diario».

19Jeremías recibió esta palabra del Señor:

20«Esto dice el Señor: Si fueseis capaces de romper mi alianza con el día y con la noche, de modo que no hubiese día ni noche a su debido tiempo,

21también sería entonces posible romper la alianza que hice con mi siervo David, de modo que ya no tendría quien lo sucediera en el trono, y con los sacerdotes levitas, mis ministros.

22Como los astros del cielo, que es imposible contar, y como la arena del mar, que es imposible calcular, así multiplicaré la descendencia de mi siervo David y la de los levitas, mis ministros».

23Jeremías recibió esta palabra del Señor:

24«¿No oyes lo que anda diciendo esta gente? Dicen que el Señor ha rechazado a las dos familias que había elegido. Y de este modo menosprecian a mi pueblo, pues consideran que no es una nación.

25Por tanto, esto dice el Señor: Si es cierto que creé el día y la noche y que establecí las leyes por las que se rigen el cielo y la tierra,

26también es cierto que no impediré que surjan de la descendencia de Jacob y de mi siervo David quienes gobiernen a la descendencia de Abrahán, Isaac y Jacob, pues voy a cambiar su suerte y tendré compasión de ellos».

Jeremías 34

1Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor en el momento en que Jerusalén y las ciudades de los alrededores estaban siendo atacadas por Nabucodonosor, rey de Babilonia, al mando de sus tropas y de todos los pueblos y reinos de la tierra sometidos a su poder:

2«Esto dice el Señor: Ve a decir a Sedecías, rey de Judá: Esto dice el Señor: Voy a entregar esta ciudad en poder del rey de Babilonia, que le prenderá fuego.

3En cuanto a ti, no escaparás de sus manos, pues serás capturado. Verás cara a cara al rey de Babilonia y hablarás personalmente con él. E irás a parar a Babilonia.

4A pesar de todo, escucha la palabra del Señor, Sedecías, rey de Judá: Esto dice el Señor respecto a ti: No morirás víctima de la espada,

5sino de muerte natural. Y del mismo modo que quemaron perfumes en los funerales de tus antepasados, los reyes que te precedieron, también los quemarán en tu honor y plañirán por ti “¡Ay, señor!”. Lo digo yo —oráculo del Señor—».

6El profeta Jeremías transmitió estas palabras a Sedecías, rey de Judá, en Jerusalén,

7mientras el ejército del rey de Babilonia estaba atacando Jerusalén y las poblaciones de Judá que quedaban, concretamente Laquis y Azeca, las dos únicas plazas fuertes de Judá que todavía resistían.

8Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor después de que el rey Sedecías llegase a un acuerdo con la gente de Jerusalén y anunciase una liberación de esclavos.

9Les propuso que cada cual dejase en libertad a su esclavo o esclava hebreos, de modo que nadie tuviera como esclavo a un hermano judaíta.

10Todos los nobles y el resto de la gente que se habían comprometido mediante acuerdo a dejar en libertad a su esclavo o esclava, de modo que ya no hubiese esclavos entre ellos, así lo hicieron, dejándolos en libertad.

11Pero después hicieron volver a los esclavos y esclavas que habían liberado, y los sometieron de nuevo a esclavitud.

12Entonces Jeremías recibió esta palabra de parte del Señor:

13«Esto dice el Señor, Dios de Israel: Yo hice una alianza con vuestros antepasados cuando los saqué de Egipto, del país donde estaban esclavizados. Les dije:

14“Cuando hayan pasado siete años, cada uno de vosotros dejará libre al esclavo hebreo que se le haya vendido. Te servirá durante seis años, y después lo dejarás en libertad”. Pero vuestros antepasados no me hicieron caso ni prestaron atención.

15Ahora os habéis convertido y habéis hecho lo que me parece justo: habéis decidido proclamar una liberación de esclavos y habéis tomado ese compromiso en mi presencia, en el templo que lleva mi nombre.

16Pero después os habéis echado atrás, profanando así mi nombre; pues todos vosotros, tras haber dejado en libertad a su esclavo o esclava, los habéis obligado a volver, sometiéndolos así de nuevo a esclavitud.

17Por tanto, esto dice el Señor: Dado que no habéis atendido a mi deseo de que cada cual proclamase la liberación definitiva de su hermano y paisano, ahora voy a proclamar yo —oráculo del Señor— la liberación de la espada, del hambre y de la peste, y voy a convertiros en ejemplo de escarmiento de todos los reinos de la tierra.

18A los que rompieron mi alianza y no mantuvieron el acuerdo sellado ante mí, los trataré como al novillo que partieron por la mitad para pasar entre los dos trozos.

19A la gente principal de Judá y de Jerusalén, a los eunucos, sacerdotes y a toda la gente que pasó entre las dos mitades del novillo,

20voy a entregarlos en poder de sus enemigos y de quienes buscan su muerte. Sus cadáveres servirán de pasto a las aves y a las bestias.

21También a Sedecías, rey de Judá, y a sus cortesanos pienso entregarlos en poder de sus enemigos y de quienes buscan su muerte, y en poder del ejército del rey de Babilonia, que acaba de retirarse.

22Ahora daré la orden —oráculo del Señor— de que vuelvan y ataquen esta ciudad, que la conquisten y le prendan fuego. Y convertiré los poblados de Judá en una desolación sin habitantes».

Salmo 71

1A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre.

2Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame.

3Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú.

4Dios mío, líbrame de la mano perversa, del puño criminal y violento.

5Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

6En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías, siempre he confiado en ti.

7Muchos me miraban como a un milagro, porque tú eres mi fuerte refugio.

8Llena estaba mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día.

9No me rechaces ahora en la vejez; me van faltando las fuerzas, no me abandones.

10Porque mis enemigos hablan de mí, los que acechan mi vida celebran consejo;

11dicen: «Dios lo ha abandonado; perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende».

12Dios mío, no te quedes a distancia; Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

13Que fracasen y se pierdan los que atentan contra mi vida, queden cubiertos de oprobio y vergüenza los que buscan mi daño.

14Yo, en cambio, seguiré esperando, redoblaré tus alabanzas;

15mi boca contará tu justicia, y todo el día tu salvación, aunque no sepa contarla.

16Contaré tus proezas, Señor mío; narraré tu justicia, tuya entera.

17Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas;

18ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación.

19Tu justicia, oh Dios, es excelsa, porque tú hiciste maravillas: Dios mío, ¿quién como tú?

20Me hiciste pasar por peligros, muchos y graves: de nuevo me darás la vida, me harás subir de lo hondo de la tierra;

21acrecerás mi dignidad, de nuevo me consolarás.

22Y yo te daré gracias, Dios mío, con el arpa, por tu lealtad; tocaré para ti la cítara, Santo de Israel;

23te aclamarán mis labios, Señor; mi alma, que tú redimiste;

24y mi lengua todo el día recitará tu justicia, porque quedaron derrotados y afrentados los que buscaban mi daño.