Lectura 285 de 365
Jeremías 31-32 · Salmos 70
Jeremías 31
1En aquel tiempo —oráculo del Señor— seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.
2Esto dice el Señor: Encontró mi favor en el desierto el pueblo que escapó de la espada; Israel camina a su descanso.
3El Señor se le apareció de lejos: Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia para contigo.
4Te construiré, serás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a llevar tus adornos, bailarás entre corros de fiesta.
5Volverás a plantar viñas allá por los montes de Samaría; las plantarán y vendimiarán.
6«Es de día» gritarán los centinelas arriba, en la montaña de Efraín: «En marcha, vayamos a Sión, donde está el Señor nuestro Dios».
7Porque esto dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!
8Los traeré del país del norte, los reuniré de los confines de la tierra. Entre ellos habrá ciegos y cojos, lo mismo preñadas que paridas: volverá una enorme multitud.
9Vendrán todos llorando y yo los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por camino llano, sin tropiezos. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito».
10Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño;
11porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte».
12Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor: hacia el trigo y el vino y el aceite, y los rebaños de ovejas y de vacas; su alma será como un huerto regado, y no volverán a desfallecer.
13Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas;
14alimentaré a los sacerdotes con enjundia, y mi pueblo se saciará de mis bienes —oráculo del Señor—.
15Esto dice el Señor: Se escucha un grito en Ramá, gemidos y un llanto amargo: Raquel, que llora a sus hijos, no quiere ser consolada, pues se ha quedado sin ellos.
16Esto dice el Señor: Reprime la voz de tu llanto, seca las lágrimas de tus ojos, pues tendrán recompensa tus penas: volverán del país enemigo —oráculo del Señor—.
17Tu futuro rebosa esperanza, volverán los hijos a su patria —oráculo del Señor—.
18He oído con toda claridad cómo se lamentaba Efraín: «Me has tratado con dureza, como a un novillo sin domar, pero he aprendido la lección. Hazme volver y volveré, pues tú eres mi Dios, Señor.
19Me alejé y después me arrepentí; lo entendí y me di golpes de pecho. Estaba avergonzado y sonrojado al tener que soportar la vergüenza de lo que hice en plena juventud».
20¡Efraín es mi hijo querido, él es mi niño encantador! Después de haberlo reprendido, me acuerdo y se conmueven mis entrañas. ¡Lo quiero intensamente! —oráculo del Señor—.
21Plántate mojones, ponte señales, atención a la calzada que debes recorrer. Vuelve, doncella de Israel, vuelve a estas tus ciudades.
22¿Hasta cuándo estarás indecisa, muchacha rebelde? El Señor crea algo nuevo en el país: la mujer cortejará al varón.
23Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: «Cuando yo cambie tu suerte, todavía se dirá esta palabra en el territorio de Judá y en sus poblados: “Que el Señor te bendiga, morada de justicia, montaña santa”.
24En Judá y en todos sus poblados habitarán juntos labradores y ganaderos trashumantes,
25pues refrescaré las gargantas resecas y saciaré las gargantas hambrientas».
26En esto, me desperté y me di cuenta de que había tenido un dulce sueño.
27Ya llegan días —oráculo del Señor— en que sembraré en Israel y en Judá simiente de hombres y simiente de animales.
28Del mismo modo que estuve atento para arrancar y arrasar, para destruir, deshacer y maltratar, así de atento estaré para edificar y plantar —oráculo del Señor—.
29Aquellos días ya no se dirá: «Los padres comieron agraces y los hijos tuvieron dentera».
30Cada cual morirá por su pecado, quien coma agraces tendrá dentera.
31Ya llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.
32No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—.
33Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
34Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor —oráculo del Señor—, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.
35Esto dice el Señor, que puso el sol para alumbrar el día, las leyes de la luna y las estrellas para alumbrar la noche; que agita el mar, y mugen sus olas, su nombre es Señor del universo:
36«Si fallaran estas leyes que he dejado establecidas —oráculo del Señor—, también Israel dejará de ser pueblo para mí».
37Esto dice el Señor: «Si pudiera medirse el cielo allá arriba o escrutarse abajo los cimientos de la tierra, entonces rechazaría a la estirpe de Israel, por todo lo que hizo —oráculo del Señor—».
38Ya llegan días —oráculo del Señor— en que la ciudad del Señor será reconstruida desde la Torre de Jananel hasta la Puerta del Ángulo.
39La cuerda de medir volverá a ser extendida en línea recta hasta la loma de Gareb para torcer después hasta Goá.
40El valle de los cadáveres y de las cenizas, así como los campos que lindan con el torrente Cedrón y llegan hasta la esquina de la Puerta de los Caballos, a Oriente, todo quedará consagrado al Señor. Ya no volverá a ser destruida ni arrasada.
Jeremías 32
1Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor el año décimo de Sedecías, rey de Judá, que coincidió con el año décimo octavo de Nabucodonosor.
2Por aquel entonces, las tropas del rey de Babilonia asediaban Jerusalén, y el profeta Jeremías se hallaba detenido en el patio de la guardia del palacio del rey de Judá.
3Sedecías, rey de Judá, había ordenado su detención tras haberlo acusado en estos términos: —Tú has profetizado: «Esto dice el Señor: Voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que la conquistará.
4El propio Sedecías, rey de Judá, no escapará a los caldeos, pues será entregado sin remedio en manos del rey de Babilonia, a quien verá personalmente y con quien hablará cara a cara.
5Sedecías será llevado a Babilonia, y allí permanecerá hasta que me ocupe personalmente de él —oráculo del Señor—. Convenceos de que, aunque luchéis contra los caldeos, no vais a conseguir nada».
6Jeremías había respondido: —Yo he recibido una palabra del Señor en estos términos:
7«Mira, Janamel, hijo de tu tío Salún, va a venir a decirte: “Cómprame el campo de Anatot, pues tú tienes el derecho de rescatarlo mediante compra”».
8En efecto, tal como había dicho el Señor, mi primo Janamel vino al patio de la guardia y me dijo: «Cómprame el campo que tengo en Anatot, en territorio de Benjamín, pues tuyo es el derecho de adquisición y de rescate; venga, cómpramelo». Yo me di cuenta de que aquello era cosa del Señor,
9y le compré a mi primo Janamel el campo que tenía en Anatot. Le pagué por él diecisiete siclos de plata.
10Firmé el contrato, lo sellé en presencia de testigos y pesé la plata en la balanza.
11Después tomé la escritura de compra, ya sellada, que contenía el acuerdo y las condiciones, y una copia abierta.
12A continuación entregué la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías y nieto de Majsías, en presencia de mi primo Janamel, de los testigos firmantes de la escritura y de los de Judá que estaban en el patio de la guardia.
13Después, ante todos los presentes, di a Baruc el siguiente encargo:
14«Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Toma estos documentos, la escritura de compra sellada y la copia abierta, y mételos en un recipiente de arcilla para que se conserven durante mucho tiempo,
15pues esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Todavía se comprarán casas, campos y viñas en este país».
16Después de entregar la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías, recé así al Señor:
17«¡Ay, mi Señor! Tú has hecho el cielo y la tierra con gran poder y poderoso brazo. Nada te resulta imposible.
18Tú manifiestas tu amor a lo largo de generaciones, pero pides cuentas a los hijos de la culpa de los padres. Tú eres un Dios grande y fuerte: te llamas Señor del universo.
19Tus decisiones son magníficas, y tus acciones, poderosas. Te fijas en el comportamiento de los hijos de Adán para pagar a cada cual según su conducta, conforme merecen sus acciones.
20Hiciste signos y portentos en Egipto, cuyo recuerdo perdura hasta hoy; y así te has ganado un renombre en Israel y en toda la humanidad.
21Sacaste de Egipto a tu pueblo Israel con signos y portentos, con mano firme y brazo poderoso, y en medio de un gran terror;
22y le diste esta tierra que habías prometido a sus padres, una tierra que mana leche y miel.
23Entraron y tomaron posesión de ella, pero no te hicieron caso ni vivieron conforme a tus leyes; no cumplieron las normas que les diste. Por eso, convocaste contra ellos este desastre.
24En este momento los taludes de asalto llegan hasta la ciudad, que ya está prácticamente a merced de la espada de los caldeos, ayudados por los estragos del hambre y la peste. Lo que habías anunciado ha tenido lugar; ya lo estás viendo.
25Y precisamente ahora, mi Señor, cuando la ciudad está a punto de caer en poder de los caldeos, me dices que compre el campo de Anatot ante testigos».
26Entonces el Señor dirigió esta palabra a Jeremías:
27«Yo soy el Señor, el Dios de todos los seres vivos, y nada me resulta imposible.
28Esto dice el Señor: Voy a entregar esta ciudad en poder de los caldeos y de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la someterá.
29Los caldeos atacantes entrarán en esta ciudad y le prenderán fuego junto con las casas en cuyas terrazas se quemaba incienso en honor de Baal y se hacían libaciones a dioses extranjeros con ánimo de provocarme.
30Porque, desde su juventud, los hijos de Israel y los de Judá siempre han hecho lo que me disgusta; los hijos de Israel no han dejado de provocarme con las obras de sus manos —oráculo del Señor—.
31Desde el día en que fue construida hasta hoy, esta ciudad ha provocado mi ira y mi cólera hasta el punto de tener que quitarla de mi vista,
32pues son numerosas las maldades que cometieron tanto los hijos de Israel y los de Judá como sus reyes, dignatarios, sacerdotes y profetas, la gente de Judá y los habitantes de Jerusalén.
33Me volvieron la espalda y no me dieron la cara. Yo los instruía de continuo, pero no escuchaban ni aprendían la lección;
34antes bien, instalaron sus ídolos abominables en el templo que lleva mi nombre, y así lo profanaron.
35Construyeron en honor a Baal recintos sagrados en el valle de Ben Hinnón para pasar a fuego a sus hijos e hijas en honor de Moloc, cosa que no les mandé ni me había pasado por la imaginación. Obrando de ese modo abominable incitaron a pecar a toda la gente de Judá.
36Pues ahora, esto dice el Señor, Dios de Israel, acerca de esta ciudad que, según vosotros, ha sido entregada en poder del rey de Babilonia mediante la espada, el hambre y la peste:
37Voy a reunirlos de todos los países por donde los dispersé lleno de ira, cólera y gran indignación. Los haré volver a este lugar para que vivan en él tranquilos.
38Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
39Les daré otro corazón y otra conducta, de suerte que me teman día tras día; y así les irá bien a ellos y a sus descendientes.
40Haré con ellos una alianza eterna, y no pararé de hacerles el bien. Infundiré en sus corazones el deseo de temerme, y así no se apartarán de mí.
41Disfrutaré haciéndoles el bien: los plantaré sólidamente en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma.
42Pues esto dice el Señor: Del mismo modo que he acarreado sobre este pueblo esa gran calamidad, asimismo haré que se derramen sobre ellos todos los bienes que les estoy prometiendo.
43La gente volverá a comprar campos en esta tierra, de la que ahora decís que es una desolación, sin hombres ni ganados, y que ha sido entregada en poder de los caldeos.
44En el territorio de Benjamín, en las pedanías de Jerusalén, en las ciudades de Judá, y en los poblados de la montaña, de la Sefelá y del Negueb, se adquirirán campos a su precio, pues voy a cambiar la suerte del país —oráculo del Señor—».
Salmo 70
1Al Director. De David. En conmemoración.
2Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme.
3Sufran una derrota ignominiosa los que me persiguen a muerte; vuelvan la espalda afrentados los que traman mi daño.
4Retírense avergonzados los que se ríen de mí.
5Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; y digan siempre: «Dios es grande», los que desean tu salvación.
6Yo soy pobre y desgraciado: oh Dios, socórreme, que tú eres mi auxilio y mi liberación. ¡Señor, no tardes!