Lectura 284 de 365
Jeremías 29-30 · Salmos 69
Jeremías 29
1Texto de la carta que envió Jeremías desde Jerusalén a los ancianos deportados, a los sacerdotes y a los profetas, así como a toda la gente que Nabucodonosor había deportado de Jerusalén a Babilonia.
2(El hecho tuvo lugar después de que salieran de Jerusalén el rey Jeconías, la reina madre, los eunucos y los dignatarios de Judá y Jerusalén, así como los artesanos y trabajadores del metal de Jerusalén).
3Mandó la carta por mediación de Elasa, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jilquías, a quienes Sedecías, rey de Jerusalén, había enviado adonde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia:
4«Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel, a todos los que hice deportar de Jerusalén a Babilonia:
5Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos.
6Tomad esposas y engendrad hijos e hijas, tomad esposas para vuestros hijos y dad vuestras hijas en matrimonio para que engendren hijos e hijas. Multiplicaos allí y no disminuyáis.
7Buscad la prosperidad del país adonde os he deportado y rogad por él al Señor, porque su prosperidad será la vuestra.
8Porque esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Que no os engañen los profetas que viven entre vosotros, ni vuestros adivinos; no hagáis caso de los sueños que os cuentan,
9porque os profetizan mentiras en mi nombre, sin que yo los haya enviado —oráculo del Señor—».
10Esto dice el Señor: «Cuando pasen en Babilonia setenta años, os visitaré y cumpliré en vosotros mi palabra salvadora, trayéndoos a este lugar.
11Pues sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza.
12Me invocaréis e iréis a suplicarme, y yo os escucharé.
13Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón.
14Me dejaré encontrar, y cambiaré vuestra suerte. Os congregaré sacándoos de los países y comarcas por donde os dispersé —oráculo del Señor—, y os devolveré al lugar adonde os deporté».
15«Respecto a lo que decís, que el Señor os ha suscitado profetas en Babilonia,
16esto dice el Señor a propósito del rey que ocupa el trono de David y de toda la gente que habita en esta ciudad, es decir, de vuestros hermanos que no partieron con vosotros al destierro:
17Esto dice el Señor del universo: Voy a desencadenar contra ellos la espada, el hambre y la peste. Los trataré como a los higos podridos, que de tan malos no se pueden comer.
18Los perseguiré con la espada, el hambre y la peste. Todos los reinos de la tierra se espantarán al verlos, y serán ejemplo de maldición, estupor, burla e ignominia entre todas las naciones por donde los dispersé,
19pues no escucharon mis palabras —oráculo del Señor— y, a pesar de enviarles continuamente a mis siervos los profetas, no les hicieron caso —oráculo del Señor—.
20Pero vosotros, gente que deporté de Jerusalén a Babilonia, escuchad la palabra del Señor.
21Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel, a propósito de Ajab, hijo de Colaías, y de Sedecías, hijo de Maasías, esos que os profetizan mentiras en mi nombre: Voy a entregarlos en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que los matará en vuestra presencia.
22En ellos tendrá su origen una maldición que usarán todos los deportados de Jerusalén que se encuentran en Babilonia: “Que el Señor te trate como a Sedecías y a Ajab, a quienes pasó a fuego el rey de Babilonia”,
23pues cometieron una infamia en Israel, fueron adúlteros con las mujeres de otros y pronunciaron mentiras en mi nombre, algo que yo no les mandé. Lo sé y doy testimonio de ello —oráculo del Señor—».
24Dirás a Semaías el nejlamita:
25«Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Tú has enviado cartas firmadas de puño y letra a toda la gente que vive en Jerusalén, a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías, y a todos los sacerdotes, en los siguientes términos:
26“El Señor te ha nombrado sacerdote en sustitución del sacerdote Joadá para que estés al frente del templo del Señor. Si alguien se desmanda y se pone a profetizar, ordenarás que lo metan en el cepo y las argollas.
27Entonces, ¿por qué no has dado un escarmiento a Jeremías, de Anatot, que anda profetizando entre vosotros?
28Nos ha enviado un mensaje a Babilonia diciendo que esto va para largo, que construyamos casas y las habitemos, que plantemos huertos y comamos de sus frutos”».
29El sacerdote Sofonías leyó esta carta al profeta Jeremías.
30Entonces el Señor dirigió la palabra a Jeremías en estos términos:
31«Envía este mensaje a todos los desterrados: Esto dice el Señor a Semaías el nejlamita, que os ha profetizado sin que yo lo haya enviado, inspirándoos así una falsa seguridad.
32Así, pues, esto dice el Señor: Voy a castigar a Semaías el nejlamita y a sus descendientes. Ninguno de ellos formará parte de este pueblo ni disfrutará de los bienes que voy a conceder a mi pueblo, pues predicó la desobediencia al Señor —oráculo del Señor—».
Jeremías 30
1Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor:
2«Esto dice el Señor, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que he dicho,
3pues vienen días —oráculo del Señor— en que cambiaré la suerte de mi pueblo Israel y de Judá, dice el Señor, y haré que vuelvan a la tierra que di como heredad a sus antepasados».
4Estas son las palabras que pronunció el Señor sobre Israel y Judá:
5«Esto dice el Señor: Oímos gritos de terror, de miedo, no de sosiego.
6Preguntad, id a informaros si dan a luz los varones. Es que veo a los varones sujetando sus caderas, lo mismo que parturientas, con el rostro descompuesto.
7¡Ay! Grande será aquel día, no habrá ninguno como él: tiempo de angustia para Jacob, aunque saldrá libre de ella.
8Aquel día —oráculo del Señor del universo— romperé el yugo que sujeta tu cuello y arrancaré tus correas. No volverán a servir a extranjeros,
9pues servirán al Señor, su Dios, y a David, el rey que les nombraré.
10No temas, Jacob, siervo mío; no tengas miedo, Israel —oráculo del Señor—, pues llegaré de lejos a salvarte, traeré a tus hijos del destierro. Jacob volverá y descansará, tranquilo, sin nadie que lo inquiete,
11pues estoy contigo para salvarte —oráculo del Señor—. Acabaré con todas las naciones adonde te había dispersado, pero no acabaré contigo. Voy a corregirte con medida, ya que no pienso dejarte impune.
12Esto dice el Señor: Tu fractura es incurable, tu herida está infectada;
13tu llaga no tiene remedio, no hay medicina que la cierre.
14Tus amantes te han olvidado, ya no preguntan por ti, pues te herí como un enemigo, te di un escarmiento cruel. Y todo por tus muchos crímenes, por la gran cantidad de tus pecados.
15¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga incurable. Por tantos y tantos crímenes, por todos tus numerosos pecados te he tratado de ese modo.
16Pero los que te devoran serán devorados, todos tus enemigos serán desterrados; tus saqueadores serán saqueados, los que te despojan serán despojados.
17Voy a cerrarte la herida, voy a curarte las llagas —oráculo del Señor—. Te llamaban “la Repudiada”, “Sión, por quien nadie pregunta”.
18Pero esto dice el Señor: Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, voy a compadecerme de sus moradas; reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas, su palacio se asentará en su puesto.
19De allí saldrán alabanzas, voces con aire de fiesta. Haré que crezcan y no mengüen, que sea reconocida su importancia, que no sean despreciados.
20Serán sus hijos como antaño, su asamblea, estable en mi presencia; yo castigaré a sus opresores.
21De entre ellos surgirá un príncipe, su gobernante saldrá de entre ellos; lo acercaré y estará junto a mí, pues ¿quién arriesgaría su vida por ponerse cerca de mí? —oráculo del Señor—.
22Y vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.
23¡Atención! El Señor desencadena una tormenta; un huracán se arremolina por encima de la cabeza de los malvados.
24No cede el incendio de la ira del Señor, hasta ver realizados y cumplidos sus designios. Al cabo de los años llegaréis a comprenderlo».
Salmo 69
1Al Director. Sobre «Los lirios». De David.
2Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello:
3me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente.
4Estoy agotado de gritar, tengo ronca la garganta; se me nublan los ojos de tanto aguardar a mi Dios.
5Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón; numerosos los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado?
6Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos.
7Que por mi causa no queden defraudados los que esperan en ti, Señor, Señor del universo. Que por mi causa no se avergüencen los que te buscan, Dios de Israel.
8Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro.
9Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre.
10Porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.
11Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí.
12Cuando me visto de saco, se ríen de mí;
13sentados a la puerta, cuchichean; mientras beben vino me sacan coplas.
14Pero mi oración se dirige a ti, Señor, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude:
15arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo.
16Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí.
17Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí;
18no escondas tu rostro a tu siervo: estoy en peligro, respóndeme enseguida.
19Acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos.
20Estás viendo mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra; a tu vista están los que me acosan.
21La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro.
22En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
23Que su mesa se torne una trampa, un castigo y un lazo.
24Que se nublen sus ojos y no vean, y sus lomos flaqueen sin cesar.
25Descarga sobre ellos tu furor, que el incendio de tu ira los alcance.
26Que su campamento quede desierto y nadie habite en sus tiendas.
27Porque acosan al que tú heriste y aumentan el dolor del que tú golpeaste.
28Añade culpa a sus culpas y no accedan a tu justicia.
29Sean borrados del libro de los vivos, y no sean inscritos con los justos.
30Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante.
31Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias;
32le agradará a Dios más que un toro, más que un novillo con cuernos y pezuñas.
33Miradlo, los humildes, y alegraos; buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
34Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.
35Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas.
36Dios salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá, y las habitarán en posesión.
37La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en ella