Lectura 283 de 365
Jeremías 27-28 · Salmos 68
Jeremías 27
1Al comienzo del reinado de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, el Señor comunicó a Jeremías lo siguiente:
2«Esto dice el Señor: Prepárate unas correas y un yugo, y sujétatelo al cuello.
3Envía después un mensaje a los reyes de Edón, de Moab, de los amonitas, de Tiro y de Sidón. Envíalo por medio de los embajadores que han venido a Jerusalén a entrevistarse con Sedecías, rey de Judá.
4Diles que transmitan el siguiente mensaje a sus soberanos: “Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Decid a vuestros soberanos:
5Yo he creado la tierra, el ser humano y los animales que pueblan la tierra, usando mi gran poder y mi poderoso brazo, y lo doy todo a quien me parece.
6Ahora he entregado estos países a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, e incluso le he sometido los animales salvajes para que lo sirvan.
7Todas las naciones le quedarán sometidas a él, a su hijo y a su nieto, hasta que también a su país le llegue la hora de quedar sometido a numerosas naciones y a reyes poderosos.
8De modo que, si una nación o un reino no se somete a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y no pone su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia, yo mismo castigaré a esa nación con la espada, el hambre y la peste hasta acabar con ellos por medio de él —oráculo del Señor—.
9Así que no hagáis caso a vuestros profetas, adivinos, intérpretes de sueños, agoreros y hechiceros cuando os dicen que no seréis sometidos al rey de Babilonia,
10pues os están profetizando mentiras para que yo os aleje de vuestra tierra, os disperse y acabe con vosotros.
11En cambio, si una nación pone su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia y se le somete, la dejaré tranquila en su tierra para que la cultive y habite en ella” —oráculo del Señor—».
12En idénticos términos hablé a Sedecías, rey de Judá: «Poned vuestro cuello bajo el yugo del rey de Babilonia y someteos a él y a su pueblo, de modo que sigáis con vida.
13¿Por qué vas a morir junto con tu pueblo, víctimas de la espada, el hambre y la peste, tal como anunció el Señor a la nación que no se sometiera al rey de Babilonia?
14No hagáis caso a los profetas que os dicen que no os veréis sometidos al rey de Babilonia, pues no os profetizan más que mentiras.
15El caso es que, aunque yo no los he enviado, no hacen más que profetizar mentiras en mi nombre —oráculo del Señor—, para que os expulse y os destruya junto con los profetas que os profetizan».
16También hablé a los sacerdotes y a todo este pueblo: «Esto dice el Señor: No hagáis caso a vuestros profetas cuando os dicen que el ajuar del templo del Señor va a ser devuelto en breve de Babilonia, pues no os profetizan más que mentiras.
17No los escuchéis. Someteos al rey de Babilonia si queréis seguir con vida. ¿Por qué habría de quedar esta ciudad reducida a escombros?
18Además, si son profetas y está con ellos la palabra del Señor, que intercedan ante el Señor del universo para que no se lleven a Babilonia el ajuar que quedó en el templo del Señor, en el palacio real de Judá y en Jerusalén.
19Pues esto dice el Señor del universo respecto de las columnas, del mar (de bronce), de los pedestales y del ajuar que quedó en esta ciudad,
20y que no se llevó consigo el rey de Babilonia cuando deportó de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, junto con los notables de Jerusalén y de todo Judá».
21En efecto, esto dice el Señor del universo, Dios de Israel, respecto del ajuar que quedó en el templo del Señor, en el palacio real de Judá y en Jerusalén:
22«Será llevado a Babilonia y allí quedará hasta que llegue la hora en que pida cuentas a los babilonios. Entonces haré que lo traigan y lo devolveré a este lugar».
Jeremías 28
1El mismo año, el año cuarto de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes, Jananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo:
2—Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: «He roto el yugo del rey de Babilonia.
3Antes de dos años devolveré a este lugar el ajuar del templo, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó de este lugar para llevárselo a Babilonia.
4A Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todos los desterrados de Judá que marcharon a Babilonia, yo mismo los haré volver a este lugar —oráculo del Señor— cuando rompa el yugo del rey de Babilonia».
5El profeta Jeremías respondió al profeta Jananías delante de los sacerdotes y de toda la gente que estaba en el templo.
6Le dijo así el profeta Jeremías: —¡Así sea; así lo haga el Señor! Que el Señor confirme la palabra que has profetizado y devuelva de Babilonia a este lugar el ajuar del templo y a todos los que están allí desterrados.
7Pero escucha la palabra que voy a pronunciar en tu presencia y ante toda la gente aquí reunida:
8Los profetas que nos precedieron a ti y a mí, desde tiempos antiguos, profetizaron a países numerosos y a reyes poderosos guerras, calamidades y pestes.
9Si un profeta profetizaba prosperidad, solo era reconocido como profeta auténtico enviado por el Señor cuando se cumplía su palabra.
10Entonces Jananías arrancó el yugo del cuello del profeta Jeremías y lo rompió.
11Después dijo Jananías a todos los presentes: —Esto dice el Señor: «De este modo romperé del cuello de todas las naciones el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, antes de dos años».El profeta Jeremías se marchó.
12Vino la palabra del Señor a Jeremías después de que Jananías hubo roto el yugo del cuello del profeta Jeremías. El Señor le dijo:
13«Ve y dile a Jananías: Esto dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, pero yo haré un yugo de hierro.
14Porque esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Pondré un yugo de hierro al cuello de todas estas naciones para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y se le sometan. Le entregaré hasta los animales salvajes».
15El profeta Jeremías dijo al profeta Jananías: «Escúchame, Jananías: El Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza.
16Por tanto, esto dice el Señor: Voy a hacerte desaparecer de la tierra; este año morirás porque has predicado rebelión contra el Señor».
17Y el profeta Jananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.
Salmo 68
1Al Director. Salmo de David. Cántico.
2Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian;
3como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios.
4En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría.
5Cantad a Dios, tocad a su nombre, alfombrad el camino del que avanza sobre las nubes; su nombre es el Señor: alegraos en su presencia.
6Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada.
7Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece; solo los rebeldes se quedan en la tierra abrasada.
8Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo y avanzabas por el desierto, (Pausa)
9la tierra tembló, el cielo destiló ante Dios, el Dios del Sinaí; ante Dios, el Dios de Israel.
10Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada;
11y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.
12El Señor pronuncia un oráculo, millares de doncellas pregonan la alegre noticia:
13«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo; las mujeres de la casa reparten el botín.
14Mientras reposabais en los apriscos, las palomas batieron sus alas de plata, el oro destellaba en sus plumas.
15Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes, la nieve bajaba sobre el monte Selmón».
16Las montañas de Basán son altísimas, las montañas de Basán son escarpadas;
17montañas escarpadas, ¿por qué tenéis envidia del monte escogido por Dios para habitar, morada perpetua del Señor?
18Los carros de Dios son miles y miles: Dios marcha del Sinaí al santuario.
19Subiste a la cumbre llevando cautivos, te dieron tributo de hombres, para que también los rebeldes habitasen con el Señor Dios
20Bendito el Señor cada día, (Pausa) Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
21Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
22Dios aplasta las cabezas de sus enemigos, los cráneos de los malvados contumaces.
23Dice el Señor: «Los traeré desde Basán, los traeré desde el fondo del mar;
24teñirás tus pies en la sangre del enemigo y los perros la lamerán con sus lenguas».
25Aparece tu cortejo, oh Dios, el cortejo de mi Dios, de mi Rey, hacia el santuario.
26Al frente, marchan los cantores; los últimos, los tocadores de arpa; en medio, las muchachas van tocando panderos.
27«En vuestras asambleas, bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel».
28Va delante Benjamín, el más pequeño; los príncipes de Judá con sus tropeles; los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
29Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
30A tu templo de Jerusalén traigan los reyes su tributo.
31Reprime a la fiera del cañaveral, al tropel de los toros, a los novillos de los pueblos. Que se te rindan con lingotes de plata: dispersa las naciones belicosas.
32Lleguen los magnates de Egipto, Etiopía extienda sus manos a Dios.
33Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor, tocad para Dios, (Pausa)
34que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos; que lanza su voz, su voz poderosa.
35«Reconoced el poder de Dios». Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder sobre las nubes.
36Desde el santuario, Dios impone reverencia: es el Dios de Israel quien da fuerza y poder a su pueblo. ¡Dios sea bendito!