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Lectura 282 de 365

Jeremías 25-26 · Salmos 67

Letra: Normal

Jeremías 25

1Palabra que recibió Jeremías relativa a toda la gente de Judá el año cuarto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá. (Era el año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia).

2El profeta Jeremías la pronunció ante toda la gente de Judá y todos los habitantes de Jerusalén en estos términos:

3Desde el año decimotercero de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta ahora (veintitrés años en total) el Señor me ha estado dirigiendo la palabra, y yo os la he estado comunicando día tras día, pero no habéis escuchado.

4También os envió el Señor día tras día a sus siervos, los profetas, y tampoco escuchasteis ni prestasteis atención.

5Os decían: «Que cada cual abandone su mala conducta y sus malas acciones, de ese modo volveréis a la tierra que el Señor os dio a vosotros y a vuestros padres, desde siempre y para siempre.

6No vayáis detrás de dioses extranjeros para servirlos y darles culto, y no me irritéis con las obras de vuestras manos; así no os enviaré ningún mal».

7Pero, para vuestra desgracia, no me hicisteis caso —oráculo del Señor—, pues seguisteis irritándome con las obras de vuestras manos.

8Por tanto, esto dice el Señor del universo: «Por no haberme hecho caso,

9voy a mandar que busquen a todos los pueblos del norte —oráculo del Señor— y a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia. Los traeré contra esta tierra y sus habitantes, y contra las naciones de alrededor; los consagraré al exterminio y los convertiré en objeto de estupor y burla, y en desolación perpetua.

10Haré que enmudezcan entre ellos las voces alegres de fiesta, las voces del novio y de la novia, el ruido de la molienda y la luz del candil.

11Y todo este país quedará convertido en ruina y desolación, al tiempo que estas naciones quedarán sometidas al rey de Babilonia durante setenta años.

12Después, una vez cumplidos los setenta años, pediré cuentas al rey de Babilonia y a su nación por todos sus crímenes —oráculo del Señor—, y convertiré la tierra de los caldeos en desolación perpetua.

13Haré que se cumplan contra aquel país todas las amenazas que he pronunciado contra él, todo lo escrito en este libro: las profecías de Jeremías contra las naciones.

14También los caldeos serán sometidos por numerosas naciones y reyes poderosos, y les daré la paga que merezcan sus acciones, lo que hayan realizado».

15Esto me dijo el Señor, Dios de Israel: «Toma esta copa del vino de la cólera que tengo en la mano y haz que la beban todas las naciones a las que voy a enviarte.

16Que beban, se tambaleen y enloquezcan ante la espada que voy a enviar en medio de ellas.

17Tomé la copa que me daba el Señor e hice que bebieran de ella todas las naciones a las que me había enviado el Señor:

18a Jerusalén, a los poblados de Judá, a sus reyes y dignatarios, para convertirlos en ruina y desolación, en objeto de burla y maldición (tal como sucede actualmente);

19al faraón, rey de Egipto, a sus cortesanos y dignatarios, a todo el pueblo y

20a los mercenarios; a todos los reyes de la tierra de Us, y a todos los reyes de territorio filisteo: Ascalón, Gaza, Ecrón y el resto de Asdod;

21a Edón, Moab y los amonitas;

22a los reyes de Tiro y de Sidón, y a los de las costas de ultramar;

23a Dedán, Temá y Buz, y a todos los que se afeitan las sienes;

24a todos los reyes de Arabia y de los mercenarios que habitan en el desierto;

25a todos los reyes de Zimrí, de Elán y de Media;

26a todos los reyes del norte, cercanos y lejanos, uno detrás de otro, y a todos los reinos que ocupan la superficie de la tierra. Y el rey de Sesac será el último en beber».

27Les dirás: «Esto dice el Señor del universo, rey de Israel: Bebed, emborrachaos, vomitad y caed para no levantaros ante la espada que voy a enviar en medio de vosotros.

28Y si se niegan a aceptar la copa que les das para beber, les dices: Esto os comunica el Señor del universo: Tenéis que beber sin remedio,

29pues, si voy a empezar el castigo por la ciudad que lleva mi nombre, ¿creéis que vais a quedar impunes? ¡Ni lo penséis!, pues voy a llamar a la espada para que acabe con todos los habitantes de la tierra —oráculo del Señor—».

30Así que les anuncias todas estas amenazas y les dices: El Señor ruge desde lo alto, clama desde su santa morada; ruge y ruge contra su dehesa, grita igual que los lagareros contra todos los habitantes del país.

31Se oye el eco en los confines de la tierra, pues el Señor pleitea con las naciones, viene a juzgar a toda criatura, entrega a los malvados a la espada —oráculo del Señor—.

32Esto dice el Señor del universo: Mirad, un desastre va pasando de una nación a otra; se eleva una violenta tormenta desde los confines de la tierra.

33Aquel día habrá víctimas del Señor de un extremo al otro de la tierra. Nadie llorará por ellos ni los enterrará. Serán como estiércol sobre el suelo.

34Gritad, pastores, lamentaos; revolcaos, mayorales del ganado, que llega el tiempo de la matanza, el tiempo de vuestra dispersión; caeréis como carneros cebados.

35Los pastores no encuentran refugio, los mayorales no pueden escapar.

36Ya se oyen los gritos de los pastores, se escucha el llanto de los mayorales, pues el Señor destruye sus pastos.

37Enmudecen las prósperas dehesas ante la ira ardiente del Señor.

38El león abandona su cubil (su tierra es pura desolación) ante el incendio devastador, ante el incendio de su cólera.

Jeremías 26

1Al comienzo del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra de parte del Señor:

2Esto dice el Señor: «Ponte en el atrio del templo y, cuando los ciudadanos de Judá entren en él para adorar, les repites a todos las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola.

3A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y así me arrepentiré yo del mal que tengo pensado hacerles a causa de sus malas acciones.

4Les dirás: “Esto dice el Señor: Si no me obedecéis y cumplís la ley que os promulgué,

5si no escucháis las palabras de mis siervos los profetas, que os he enviado sin cesar (a pesar de que no hacíais caso),

6trataré a este templo como al de Siló, y haré de esta ciudad fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra”».

7Los profetas, los sacerdotes y todos los presentes oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor.

8Cuando Jeremías acabó de transmitir cuanto el Señor le había ordenado decir a la gente, los sacerdotes, los profetas y todos los presentes lo agarraron y le dijeron: «Eres reo de muerte.

9¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo acabará como el de Siló y que esta ciudad quedará en ruinas y deshabitada?». Y el pueblo se arremolinó en torno a Jeremías en el templo del Señor.

10Los magistrados de Judá, al enterarse de lo sucedido, se trasladaron desde el palacio al templo del Señor y se sentaron junto a la Puerta Nueva.

11Los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente: —Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis podido oír vosotros mismos.

12Jeremías respondió a los magistrados y a todos los presentes: —El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y esta ciudad todo lo que acabáis de oír.

13Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros.

14Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca.

15Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras.

16Los magistrados del pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: —Este hombre no es reo de muerte, pues nos ha hablado en nombre del Señor nuestro Dios.

17Entonces se pusieron en pie algunos ancianos del país y dijeron a toda la asamblea del pueblo:

18—Miqueas de Moréset, que profetizó en tiempos de Ezequías, rey de Judá, dijo en una ocasión a toda la gente de Judá: Esto dice el Señor del universo: Sión será un campo labrado, Jerusalén, un montón de ruinas, y la colina donde se alza el templo, un cerro cubierto de maleza.

19¿Acaso le dieron muerte por eso Ezequías, rey de Judá, y la gente del pueblo? ¿No sintieron más bien temor por el Señor y lo apaciguaron? De ese modo el Señor se arrepintió del castigo con el que los había amenazado. Nosotros, en cambio, vamos a tener que cargar con un crimen terrible.

20Hubo otro hombre que profetizaba en nombre del Señor. Se trataba de Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Yearín. Profetizó contra esta ciudad y este país en los mismos términos que Jeremías.

21Cuando el rey Joaquim, sus oficiales y sus dignatarios escucharon lo que decía, el propio rey intentó matarlo. Pero Urías se enteró e, impulsado por el miedo, se refugió en Egipto.

22El rey Joaquim envió a Egipto a Elnatán, hijo de Acbor, con unos cuantos hombres;

23sacaron a Urías de Egipto y se lo llevaron al rey Joaquim. El rey ordenó que lo mataran a espada y que arrojaran su cadáver a una fosa común.

24Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieran muerte.

Salmo 67

1Al Director. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico.

2Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; (Pausa)

3conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

4Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

5Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia y gobiernas las naciones de la tierra. (Pausa)

6Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

7La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

8Que Dios nos bendiga; que le teman todos los confines de la tierra.