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Lectura 281 de 365

Jeremías 23-24 · Salmos 66

Letra: Normal

Jeremías 23

1¡Ay de los pastores que dispersan y dejan que se pierdan las ovejas de mi rebaño! —oráculo del Señor—.

2Por tanto, esto dice el Señor, Dios de Israel a los pastores que pastorean a mi pueblo: «Vosotros dispersasteis mis ovejas y las dejasteis ir sin preocuparos de ellas. Así que voy a pediros cuentas por la maldad de vuestras acciones —oráculo del Señor—.

3Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen.

4Les pondré pastores que las apacienten, y ya no temerán ni se espantarán. Ninguna se perderá —oráculo del Señor—».

5Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra.

6En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y le pondrán este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia».

7Así que llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se dirá: «Lo juro por el Señor, que sacó a los hijos de Israel de Egipto»,

8sino: «Lo juro por el Señor, que sacó a la casa de Israel del país del norte y de los países por donde los dispersó, y los trajo para que habitaran en su propia tierra».

9A los profetas: Tengo roto el corazón en mi interior, se estremecen todos mis huesos; me siento como un borracho, como un hombre cargado de vino. Y todo por la causa del Señor, debido a sus santas palabras.

10El país está lleno de adúlteros (A causa de tantas maldiciones, la tierra se ha cubierto de luto; se secan los pastos de la estepa), todos corren tras el mal, su poder está en la injusticia.

11Sacerdotes y profetas son impíos: ¡en mi templo he encontrado su maldad! —oráculo del Señor—.

12Por eso, su camino se hará resbaladizo; empujados a la tiniebla, en la tiniebla caerán. Pienso traerles la desgracia cuando venga a pedirles cuentas —oráculo del Señor—.

13He visto en los profetas de Samaría un verdadero desatino: profetizan en nombre de Baal y extravían a mi pueblo, Israel.

14Pero en los profetas de Jerusalén observo una cosa monstruosa: son adúlteros, van tras la mentira, les gusta animar a los malvados, pues ninguno abandona su maldad. Se me han vuelto todos como Sodoma, sus habitantes igual que Gomorra.

15Por tanto, esto dice el Señor del universo tocante a los profetas: «Les daré a comer ajenjo, y agua corrompida para beber, pues por culpa de los profetas de Jerusalén se esparció la iniquidad por el país».

16Esto dice el Señor del universo: «No escuchéis la voz de los profetas: tratan de embaucaros con sus palabras, os transmiten visiones imaginarias, cosas que no ha dicho el Señor.

17A los que me desprecian les dicen: “Tendréis paz; lo ha dicho el Señor”; y a los de corazón obstinado: “No os pasará nada malo”.

18¿Quién estuvo en el consejo del Señor? ¿Quién lo vio y escuchó su palabra? ¿Quién oyó su palabra y la escuchó?

19Ya está aquí la tormenta del Señor, un huracán que gira y descarga encima de la cabeza de los malvados;

20no se calmará la cólera del Señor hasta que haya ejecutado su propósito. Después de que pase ese tiempo lograréis entenderlo todo.

21Yo no envié a esos profetas, pero ellos corrían; no les comuniqué mi palabra, pero ellos profetizaban.

22Si hubieran asistido a mi consejo, transmitirían al pueblo mi palabra: les harían dejar el mal camino y abandonar sus malas acciones».

23¿Soy solo Dios en la cercanía y no lo soy en la lejanía? —oráculo del Señor—.

24Si alguien se oculta en su escondrijo, ¿creéis que no podré verlo? —oráculo del Señor—. ¿No lleno el cielo y la tierra? —oráculo del Señor—.

25Ya he escuchado lo que dicen los profetas, esos que andan profetizando mentiras en mi nombre, esos que van anunciando: «He tenido un sueño, he tenido un sueño».

26¿Hasta cuándo durará esto? La mente de los profetas está repleta de falsedades, todo producto de su fantasía.

27Con los sueños que se cuentan entre sí pretenden que mi pueblo me olvide, como me olvidaron sus padres por Baal.

28El profeta que tenga un sueño, que lo cuente como sueño; y el que esté en posesión de mi palabra, que la transmita fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? —oráculo del Señor—.

29¿No es mi palabra como fuego, como martillo que cuartea la roca? —oráculo del Señor—.

30Pues aquí estoy yo contra los profetas que se roban entre sí mis palabras —oráculo del Señor—.

31Aquí estoy yo contra los profetas que se valen de su lengua para pronunciar oráculos —oráculo del Señor—.

32Aquí estoy yo contra los profetas que tienen falsos sueños y los cuentan —oráculo del Señor—, extraviando así a mi pueblo con sus mentiras y pretensiones. Y resulta que no los envié ni les di orden alguna. Por eso, no pueden servir de provecho a este pueblo —oráculo del Señor—.

33Si alguien de este pueblo, o un profeta o sacerdote, te pregunta: «¿Cuál es la carga del Señor?», le respondes: «La carga sois vosotros y voy a dejaros caer» —oráculo del Señor—.

34Y si un profeta, un sacerdote u otra persona del pueblo dice «carga del Señor», le pediré cuentas a él y a su familia.

35Así que, cuando habléis entre vosotros, preguntaréis: «¿Qué ha respondido el Señor? ¿Qué ha dicho el Señor?».

36Y olvidaos ya de la expresión «carga del Señor», pues cada cual cargará con su palabra, ya que habéis pervertido la palabra del Dios vivo, del Señor del universo, nuestro Dios.

37Así preguntaréis al profeta: «¿Qué ha respondido el Señor? ¿Qué ha dicho el Señor?»,

38pues si seguís hablando de la carga del Señor, siendo así que os prohibí pronunciar esa frase,

39os aseguro que os levantaré en vilo y os arrojaré lejos de mí: a vosotros y a la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres.

40Descargaré sobre vosotros una afrenta y una vergüenza eternas, que jamás serán olvidadas.

Jeremías 24

1El Señor me mostró dos cestos de higos colocados delante de su templo. (El suceso tuvo lugar después de que Nabucodonosor, rey de Babilonia, deportara a Jeconías, rey de Judá, hijo de Joaquim, a la gente principal de Judá y a los artesanos y trabajadores del metal de Jerusalén, y se los llevara a Babilonia).

2Uno de los cestos contenía higos buenísimos, como las brevas; el otro contenía higos malísimos, tan malos que no se podían comer.

3El Señor me preguntó: —¿Qué ves, Jeremías? Respondí: —Veo higos. Los buenos son buenísimos, pero los malos son tan malos que no se pueden comer.

4Entonces el Señor me habló así:

5—Esto dice el Señor, Dios de Israel: «Como ocurre con estos higos buenos, que da gusto verlos, voy a mirar con agrado a los desterrados de Judá, que expulsé de este lugar a la tierra de los caldeos.

6Los miraré con benevolencia y los haré volver a este país; los reconstruiré y no los destruiré; los replantaré y no los arrancaré.

7Les daré un corazón capaz de conocerme: sabrán que yo soy el Señor. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios cuando vuelvan a mí de todo corazón».

8En cambio, esto dice el Señor: «Como ocurre con los higos malos, que de tan malos no se pueden comer, así trataré al rey Sedecías, a su gente principal y al resto de Jerusalén que quede en este país o que resida en Egipto.

9Los convertiré en escarmiento de todos los reinos de la tierra: serán objeto de insultos, sátiras, burlas y maldiciones en todos los lugares adonde los disperse.

10Haré que los persigan la espada, el hambre y la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus padres».

Salmo 66

1Al Director. Cántico. Salmo. Aclamad al Señor, tierra entera;

2tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria.

3Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras, por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!».

4Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. (Pausa)

5Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres:

6transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos en él.

7Con su poder gobierna eternamente; sus ojos vigilan a los pueblos, para que no se subleven los rebeldes. (Pausa)

8Bendecid, pueblos, a nuestro Dios; haced resonar sus alabanzas,

9porque él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies.

10Oh Dios, nos pusiste a prueba,

11nos empujaste a la trampa, nos echaste a cuestas un fardo:

12sobre nuestro cuello cabalgaban los mortales; pasamos por fuego y por agua, pero nos has dado respiro.

13Entraré en tu casa con víctimas para cumplirte mis votos:

14los que pronunciaron mis labios y prometió mi boca en el peligro.

15Te ofreceré víctimas cebadas; con el perfume de los carneros, inmolaré bueyes y cabras. (Pausa)

16Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo:

17a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua.

18Si hubiera tenido yo mala intención, el Señor no me habría escuchado;

19pero Dios me escuchó, y atendió a mi voz suplicante.

20Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor.