Lectura 280 de 365
Jeremías 21-22 · Salmos 65
Jeremías 21
1Palabra que el Señor dirigió a Jeremías cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, con este mensaje:
2—Consulta al Señor de nuestra parte, pues Nabucodonosor, rey de Babilonia, está en guerra con nosotros. A ver si el Señor obra alguno de sus prodigios en nuestro favor y Nabucodonosor levanta el cerco.
3Jeremías les respondió: —Volved a Sedecías con este mensaje:
4«Esto dice el Señor, Dios de Israel: Haré que retrocedan las armas que empuñáis para luchar contra el rey de Babilonia y los caldeos que os atacan desde fuera de las murallas; y los reuniré en medio de esta ciudad.
5Yo mismo lucharé contra vosotros con mano extendida y brazo potente, con ira, con cólera y con rabia incontrolada.
6Mataré a los habitantes de esta ciudad: hombres y bestias morirán de una peste funesta.
7Después de esto —oráculo del Señor— entregaré a Sedecías, rey de Judá, a sus cortesanos y a la gente de esta ciudad que haya sobrevivido a la peste, a la espada y al hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos y de cuantos quieren su muerte. Acabará con ellos a filo de espada, sin piedad, clemencia o compasión».
8«Y a ese pueblo le dirás: Esto dice el Señor: “Voy a deciros la forma de seguir con vida y el camino que os conducirá a la muerte.
9Quien se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de peste; pero quien salga y se rinda a los caldeos que os asedian seguirá con vida: su vida será su botín.
10Porque me he fijado en esta ciudad para su mal, no para su bien —oráculo del Señor—; así que será entregada en manos del rey de Babilonia, que la pasará a fuego”».
11A la casa real de Judá: escuchad la palabra del Señor.
12Casa de David, esto dice el Señor: Juzgad cada mañana conforme a derecho, librad al oprimido de manos del opresor, no sea que estalle mi cólera como fuego, arda y no haya quien la extinga, por culpa de vuestras malas acciones.
13Aquí me tienes contra ti, ciudad asentada en el valle, roca que domina la llanura —oráculo del Señor—. Vosotros andáis diciendo: «¿Quién vendrá contra nosotros?, ¿quién penetrará en nuestras guaridas?».
14Pues voy a pediros cuentas tal como merecen vuestras obras —oráculo del Señor—. Pegaré fuego a su bosque, que devorará todo alrededor.
Jeremías 22
1Esto dijo el Señor: Baja al palacio del rey de Judá y transmítele este mensaje:
2Escucha la palabra del Señor, rey de Judá, que te sientas en el trono de David; y que la escuchen también tus cortesanos y tu pueblo, que entran por estas puertas.
3Esto dice el Señor: Practicad la justicia y el derecho, librad al oprimido del opresor, no explotéis al forastero, al huérfano y a la viuda, no derraméis sin piedad sangre inocente en este lugar.
4Pues, si ponéis en práctica esto que os digo, seguirán entrando por las puertas de este palacio reyes que ocuparán el trono de David, montados en carruajes y a lomos de caballo, acompañados de sus ministros y de su pueblo.
5Pero, si no hacéis caso de lo que os digo, por mi vida —oráculo del Señor—, que convertiré en ruinas este palacio.
6Pues esto dice el Señor sobre el palacio real de Judá: Eras para mí como Galaad, igual que la cumbre del Líbano; pero juro que voy a convertirte en desierto; serán tus poblados lugares vacíos de habitantes.
7Designaré contra ti destructores, cada cual provisto de su hacha: talarán tus cedros más selectos, que después arrojarán al fuego.
8Gente de distintos pueblos pasará cerca de esta ciudad y se preguntarán unos a otros: «¿Por qué ha tratado así el Señor a esta ciudad tan importante?».
9Y algunos les responderán: «Porque abandonaron la alianza que habían hecho con el Señor, su Dios, y se dedicaron a adorar y a dar culto a otros dioses».
10No lloréis por un muerto ni hagáis duelo por él; llorad, llorad por el que se va, pues no regresará ni verá la patria que lo vio nacer.
11Esto dice el Señor a Salún, sucesor de su padre Josías, rey de Judá: «El que salió de este lugar ya no regresará;
12morirá en el lugar adonde lo deportaron. Jamás volverá a esta tierra».
13¡Ay del que edifica sus palacios sobre injusticia, construye sus salones violando el derecho! Obliga a trabajar gratis a sus hombres, los priva del jornal que se han ganado.
14Piensa: «Me haré un palacio espacioso, con salones superiores bien ventilados. Que abran ventanales, lo recubran de cedro y pinten todo de color escarlata».
15¿Piensas acaso que eres rey porque sabes competir en cedros? Tu padre comió y bebió, pero practicó la justicia y el derecho; por eso todo le fue bien.
16Defendió a pobres y desvalidos, ¡y eso sí que es conocerme! —oráculo del Señor—.
17Pero solo tienes ojos y corazón para buscar tu propio interés, para derramar sangre de inocentes y practicar la opresión y el atropello.
18Por tanto, esto dice el Señor acerca de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: Nadie plañirá en su funeral: ¡Ay hermano! ¡Ay hermana! Nadie plañirá en su funeral: ¡Ay Señor! ¡Ay Majestad!
19Será enterrado como un asno, será arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.
20Asciende al Líbano y grita, alza tu voz por Basán y clama desde Abarín, pues están destrozados tus amantes.
21Te hablé cuando vivías tranquila, y dijiste: «No quiero oírte». ¡Tu típica conducta desde joven: nunca escuchabas mis palabras!
22El viento apacentará a tus pastores, tus amantes irán desterrados; entonces sentirás decepción, vergüenza por toda tu maldad.
23Tú, que te asientas en el Líbano, que has puesto tu nido entre cedros, ¡qué gritos cuando lleguen los dolores y te retuerzas como una parturienta!
24Por mi vida —oráculo del Señor—, que aunque tú, Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, fueses el sello de mi mano derecha, te arrancaría
25y te entregaría en manos de los que quieren quitarte la vida y de la gente que más temes: de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y de los caldeos.
26Os expulsaré a ti y a la madre que te trajo al mundo a otro país, donde no nacisteis. Y allí moriréis.
27No volverán a la tierra adonde anhelan regresar.
28¿Es un cacharro despreciable y roto este tal Jeconías? ¿O quizá es un trasto inútil? ¿Pues por qué ha sido arrojado, junto con toda su familia, a un país desconocido?
29¡Tierra, tierra, tierra, escucha la palabra del Señor!
30Esto dice el Señor: «Inscribid a este hombre como estéril, un varón malogrado en vida: no logró que alguien de su estirpe ocupara el trono de David y siguiera gobernando en Judá».
Salmo 65
1Al Director. Salmo de David. Cántico.
2Oh Dios, tú mereces un himno en Sión, y a ti se te cumplen los votos en Jerusalén,
3porque tú escuchas las súplicas. A ti acude todo mortal
4a causa de sus culpas; nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas.
5Dichoso el que tú eliges y acercas para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo.
6Con portentos de justicia nos respondes, Dios, salvador nuestro; tú, esperanza del confín de la tierra y del océano remoto.
7Tú que afianzas los montes con tu fuerza, ceñido de poder;
8tú que reprimes el estruendo del mar, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos.
9Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos, y las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de júbilo.
10Tú cuidas la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales; así preparas la tierra.
11Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes.
12Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia;
13rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría;
14las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan.