Lectura 279 de 365
Jeremías 19-20 · Salmos 64
Jeremías 19
1El Señor me dijo: «Ve a comprar una jarra de loza, y que te acompañen algunos concejales y sacerdotes.
2Sal hacia el valle de Ben Hinnón, por la Puerta de los Cascotes, y proclama allí lo que voy a decirte.
3Dirás: “Escuchad la palabra del Señor, reyes de Judá y vecinos de Jerusalén: Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Voy a traer sobre este lugar una catástrofe que, a quien la oiga, le zumbarán los oídos.
4Porque me han abandonado, han hecho extraño este lugar sacrificando en él a dioses extranjeros, que ni ellos ni sus padres conocían, y los reyes de Judá lo han llenado de sangre inocente.
5Han construido recintos sagrados a Baal para quemar en ellos a sus hijos como holocaustos en honor de Baal, cosa que no les mandé, ni les sugerí, ni se me pasó por la cabeza.
6Por eso llegan días —oráculo del Señor— en que ya no llamarán a este lugar ‘Tófet’ ni ‘valle de Ben Hinnón’, sino ‘valle de la Matanza’.
7Haré que fracasen en él los planes de Judá y Jerusalén, los haré caer a espada ante sus enemigos, por mano de los que quieren matarlos, y daré sus cadáveres como pasto a las aves y a las bestias.
8Convertiré esta ciudad en objeto de espanto y de burla: los que pasen junto a ella se espantarán y silbarán a la vista de tantas heridas.
9Haré que se coman a sus hijos e hijas, que se coman unos a otros, cuando les aprieten y estrechen el cerco sus enemigos mortales”.
10Después romperás la jarra en presencia de tus acompañantes
11y les dirás: “Esto dice el Señor del universo: Así romperé yo a este pueblo y a esta ciudad, como se rompe un cacharro de barro sin que se pueda recomponer. Y enterrarán en Tófet por falta de sitio.
12Así trataré a este lugar y a sus habitantes. Haré de esta ciudad un Tófet —oráculo del Señor—;
13las casas de Jerusalén y los palacios reales de Judá serán inmundos como el lugar de Tófet, esas casas en cuyas azoteas quemaban ofrendas con incienso a los astros del cielo y derramaban libaciones a dioses extranjeros”».
14Jeremías volvió de Tófet, adonde lo había mandado el Señor a profetizar, se plantó en el atrio del templo y dijo a toda la gente:
15«Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “Voy a traer sobre esta ciudad y su comarca todos los males con que la he amenazado, porque endurecieron su cerviz y no escucharon mis palabras”».
Jeremías 20
1Pasjur, hijo de Imer, comisario del templo del Señor, oyó a Jeremías profetizar aquello.
2Pasjur hizo azotar al profeta Jeremías y lo metió en el cepo que se encuentra en la Puerta de Benjamín, la de arriba, en el templo del Señor.
3A la mañana siguiente, cuando Pasjur lo sacó del cepo, Jeremías le dijo: «El Señor ya no te llama Pasjur, sino Pavor-en-torno,
4pues esto dice el Señor: “Te voy a convertir en pavor para ti y para todos tus amigos, que caerán víctimas de la espada enemiga en tu presencia. Entregaré a todos los habitantes de Judá en poder del rey de Babilonia, que los desterrará a Babilonia y los matará a espada.
5En cuanto a todas las riquezas de esta ciudad, sus bienes, objetos preciosos y los tesoros reales de Judá, los entregaré a sus enemigos, que los saquearán, los pillarán y se los llevarán a Babilonia.
6Y tú, Pasjur, irás desterrado a Babilonia junto con toda tu familia. Allí morirás y serás enterrado con todos tus amigos, a quienes profetizabas tus embustes”».
7Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido. He sido a diario el hazmerreír, todo el mundo se burlaba de mí.
8Cuando hablo, tengo que gritar, proclamar violencia y destrucción. La palabra del Señor me ha servido de oprobio y desprecio a diario.
9Pensé en olvidarme del asunto y dije: «No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo, y no podía.
10Oía la acusación de la gente: «“Pavor-en-torno”, delatadlo, vamos a delatarlo». Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él».
11Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.
12Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!
13Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
14Maldito el día en que nací, no sea tenido por bendito el día en que mi madre me parió.
15Maldito el hombre que anunció la buena noticia a mi padre: «Te ha nacido un hijo varón», y le dio una gran alegría.
16Sea ese hombre igual que las ciudades que el Señor destruyó sin compasión; que escuche alaridos de mañana, gritos de guerra al mediodía.
17¿Por qué no me mató en el vientre? Mi madre habría sido mi sepulcro, con su vientre preñado eternamente.
18¿Por qué hube de salir del vientre para pasar trabajos y fatigas y acabar mis días deshonrado?
Salmo 64
1Al Director. Salmo de David.
2Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento, protege mi vida del terrible enemigo;
3escóndeme de la conjura de los perversos y del motín de los malhechores.
4Afilan sus lenguas como espadas y disparan como flechas palabras venenosas,
5para herir a escondidas al inocente, para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
6Se animan al delito, calculan cómo esconder trampas, y dicen: «¿Quién lo descubrirá?».
7Inventan maldades y llevan a cabo sus proyectos criminales: su mente y su corazón son un abismo.
8Pero Dios los acribilla a flechazos, por sorpresa los cubre de heridas;
9su misma lengua los lleva a la ruina, y los que los ven menean la cabeza.
10Todo el mundo se atemoriza, proclama la obra de Dios y medita sus acciones.
11El justo se alegra con el Señor, se refugia en él, y se felicitan los rectos de corazón.