Lectura 27 de 365
Éxodo 29-31 · Lucas 9-10
Éxodo 29
1Este es el rito que has de realizar para la consagración de mis sacerdotes: Toma un novillo y dos carneros sin defecto,
2panes ácimos, tortas ácimas amasadas con aceite y hogazas ácimas untadas con aceite; los prepararás con flor de harina de trigo.
3Los pondrás en un cestillo y los presentarás junto con el novillo y los dos carneros.
4Luego mandarás a Aarón y a sus hijos acercarse a la entrada de la Tienda del Encuentro y los harás lavarse.
5Tomarás los ornamentos y revestirás a Aarón con la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral; y sujetarás el efod con el cíngulo.
6Pondrás el turbante en su cabeza y sobre el turbante pondrás la diadema santa.
7Luego tomarás el óleo de la unción y lo derramarás sobre su cabeza, para ungirlo.
8Después harás acercarse a sus hijos y los revestirás con las túnicas;
9ceñirás a Aarón y a sus hijos las bandas y les pondrás las birretas. El sacerdocio les corresponde por derecho perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos.
10Harás traer después el novillo a la Tienda del Encuentro y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza de la víctima.
11Entonces degollarás el novillo ante el Señor, a la entrada de la Tienda del Encuentro;
12y tomando sangre del novillo, untarás con el dedo los salientes del altar y derramarás la sangre restante al pie del altar.
13Tomarás también la grasa que envuelve las vísceras, el lóbulo del hígado, los dos riñones con la grasa que los envuelve, y los quemarás sobre el altar.
14Pero quemarás fuera del campamento la carne del novillo, su piel y sus intestinos. Es un sacrificio expiatorio.
15Después tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza de la víctima.
16Degollarás el carnero y, tomando su sangre, rociarás el altar, todo alrededor.
17Luego descuartizarás el carnero, lavarás sus vísceras y sus patas, las pondrás sobre los trozos y la cabeza
18y quemarás todo el carnero sobre el altar. Es un holocausto para el Señor, oblación de aroma que aplaca al Señor.
19Tomarás luego el segundo carnero y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza de la víctima.
20Entonces degollarás el carnero y, tomando su sangre, untarás con ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho, y derramarás la sangre restante sobre el altar, alrededor.
21Tomarás sangre del altar y aceite de la unción y rociarás a Aarón y sus ornamentos, a los hijos de Aarón y sus ornamentos. Así quedarán consagrados él y sus ornamentos y sus hijos con sus ornamentos.
22Después, tomarás del carnero la grasa y la cola, la grasa que envuelve las vísceras, el lóbulo del hígado, los dos riñones con la grasa que los envuelve y la pierna derecha, porque es un carnero de consagración.
23Del cestillo de panes ácimos presentados al Señor, tomarás un pan, una torta de pan amasado con aceite y una hogaza.
24Lo pondrás todo en las manos de Aarón y de sus hijos, para que lo balanceen ritualmente ante el Señor.
25A continuación, lo tomarás de sus manos y lo quemarás en el altar, sobre el holocausto, como aroma que aplaca al Señor. Es una oblación al Señor.
26Luego tomarás el pecho del carnero de la consagración de Aarón y lo balancearás ritualmente ante el Señor; y esa será tu porción.
27Del carnero de la consagración de Aarón y sus hijos, declararás santo el pecho balanceado ritualmente y la pierna ofrecida en tributo.
28Será la porción reservada a Aarón y sus hijos, como un deber perpetuo por parte de los hijos de Israel, pues es el tributo, tomado de los sacrificios de comunión, que los hijos de Israel ofrecen al Señor.
29Los ornamentos sagrados de Aarón los heredarán sus hijos, para vestirlos durante su unción y consagración.
30Durante siete días los vestirá el hijo que le suceda como sacerdote, cuando entre en la Tienda del Encuentro para oficiar en el Santuario.
31Después tomarás el carnero de la consagración, y cocerás su carne en lugar santo.
32Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero y el pan del cestillo a la entrada de la Tienda del Encuentro.
33Comerán la parte con que se hizo la expiación al investirlos y consagrarlos. Ningún profano la puede comer, pues es porción santa.
34Si sobra carne o pan de la consagración para el día siguiente, los quemarás. No se debe comer, pues es porción santa.
35Harás, pues, respecto a Aarón y sus hijos conforme te he mandado. En siete días los consagrarás.
36Cada día ofrecerás un novillo expiatorio por el pecado; lo ofrecerás sobre el altar para expiar por él y ungirás el altar para consagrarlo.
37Durante siete días ofrecerás la expiación y consagración del altar. Así el altar será sacrosanto y todo cuanto toque el altar quedará santificado.
38Esto es lo que has de ofrecer sobre el altar: dos corderos añales cada día, perpetuamente.
39Ofrecerás un cordero por la mañana y otro por la tarde.
40Con el primer cordero harás una ofrenda de cuatro litros de flor de harina, amasada con siete litros de aceite de oliva virgen y una libación de dos litros de vino.
41El segundo cordero lo ofrecerás por la tarde, con una ofrenda y una libación como las de la mañana, en oblación de aroma que aplaca al Señor.
42Será el holocausto que perpetuamente ofrecerán ante el Señor vuestras generaciones, a la entrada de la Tienda del Encuentro, donde me reuniré contigo para hablarte.
43Allí me encontraré con los hijos de Israel, y el lugar quedará consagrado por mi gloria.
44Consagraré la Tienda del Encuentro y el altar, consagraré a Aarón y a sus hijos como sacerdotes míos.
45Moraré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios.
46Y reconocerán que yo soy el Señor, su Dios, que los sacó de la tierra de Egipto para morar en medio de ellos. Yo soy el Señor su Dios.
Éxodo 30
1Harás un altar para quemar el incienso; lo harás de madera de acacia.
2Medirá medio metro de largo por medio metro de ancho; será cuadrado y tendrá un metro de alto. De él arrancarán unos salientes.
3Revestirás de oro puro la parte superior, sus lados y sus salientes, y le harás alrededor una cenefa de oro.
4Debajo de la moldura, a sus dos costados, le harás dos anillas, por las que se meterán los varales para transportarlo.
5Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro.
6Colocarás el altar delante del velo que tapa el Arca del Testimonio y delante del propiciatorio que cubre el Testimonio, donde me encontraré contigo.
7Aarón quemará sobre él incienso aromático; lo quemará cada mañana, cuando prepare las lámparas;
8también lo quemará al atardecer, cuando Aarón encienda las lámparas. Será un incienso perpetuo, de generación en generación, ante el Señor.
9No ofreceréis sobre él incienso profano, ni holocausto, ni ofrendas, ni derramaréis sobre él libación alguna.
10Una vez al año Aarón hará la expiación sobre los salientes del altar; con la sangre de la víctima expiatoria hará sobre él expiación una vez al año en vuestras sucesivas generaciones. Este altar será muy santo para el Señor».
11El Señor habló a Moisés:
12«Cuando hagas el censo completo de los hijos de Israel, cada uno, al ser empadronado, dará al Señor un rescate por sí mismo, para que no les ocurra nada malo cuando se les empadrone.
13Cada uno de los empadronados dará seis gramos de plata, según las pesas del Santuario: el tributo al Señor será de seis gramos de plata.
14Todos los empadronados, de veinte años para arriba, pagarán el tributo al Señor.
15Ni el rico pagará más ni el pobre pagará menos de seis gramos, cuando entreguen el tributo al Señor como rescate de sí mismos.
16Recibirás de los hijos de Israel el dinero del rescate y lo destinarás al servicio de la Tienda del Encuentro. Será para ellos, ante el Señor, un recordatorio del rescate de sí mismos».
17El Señor habló a Moisés:
18«Harás asimismo una pila de bronce, con su basa de bronce, para las abluciones. La pondrás entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echarás agua en ella,
19para que Aarón y sus hijos se laven las manos y los pies.
20Cuando vayan a entrar en la Tienda del Encuentro o cuando se acerquen al altar para oficiar, para quemar una oblación al Señor, se lavarán para no morir.
21Se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Será para ellos una ley perpetua, para Aarón y su descendencia, de generación en generación».
22El Señor habló a Moisés:
23«Procúrate los perfumes más finos: de mirra virgen, seis kilogramos; de cinamomo, tres kilogramos; de caña aromática, tres kilogramos;
24de casia, seis kilogramos (según las pesas del Santuario), y de aceite de oliva, siete litros.
25Con ellos prepararás el óleo de la unción santa; harás una mezcla perfumada, como la prepara un perfumista, y servirá para la unción santa.
26Ungirás con él la Tienda del Encuentro y el Arca del Testimonio,
27la mesa y todos sus utensilios, el candelabro y todos sus utensilios, el altar del incienso,
28el altar del holocausto y todos sus utensilios, y la pila con su basa.
29Los consagrarás y serán sacrosantos. Todo cuanto los toque quedará santificado.
30Ungirás también a Aarón y a sus hijos y los consagrarás, para que me sirvan como sacerdotes.
31Y dirás a los hijos de Israel: “Este será el óleo de mi unción santa en todas vuestras generaciones.
32No se derramará sobre el cuerpo de ningún otro, ni imitaréis su receta, pues es santo y como santo lo habéis de tratar.
33El que imite esta mezcla y la derrame sobre un profano, será excluido de su pueblo”».
34El Señor dijo a Moisés: «Procúrate aromas: estacte, ámbar, gálbano oloroso e incienso puro, a partes iguales;
35y, al estilo de los perfumistas, prepara con ello incienso perfumado, salado, puro y santo.
36Muele una parte y colócala delante del Testimonio, en la Tienda del Encuentro, donde me encontraré contigo. Será sacrosanto para vosotros.
37Este incienso que vais a elaborar, no lo imitéis para uso personal. Lo tendréis por consagrado al Señor.
38El que imite esta mezcla para disfrutar de su perfume, será excluido de su pueblo».
Éxodo 31
1El Señor habló a Moisés:
2«He llamado a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá,
3y le he llenado del espíritu de Dios, de sabiduría, de prudencia y de habilidad para toda clase de tareas:
4para que trace proyectos, labre el oro, la plata y el bronce,
5cincele piedras de engaste y talle la madera, y para cualquier otro tipo de trabajos.
6Le he dado como ayudante a Oliab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan, y a todas las personas expertas les he dado habilidad para que hagan todo lo que te he mandado:
7la Tienda del Encuentro, el Arca del Testimonio, el propiciatorio que la cubre y todos los utensilios de la tienda;
8la mesa y sus utensilios, el candelabro y todos sus utensilios, el altar del incienso,
9el altar del holocausto y todos sus utensilios, la pila con su basa;
10los ornamentos ceremoniales, los ornamentos sagrados del sacerdote Aarón y los ornamentos de sus hijos para las funciones sacerdotales;
11el óleo de la unción y el incienso perfumado para el Santuario. Lo harán conforme a cuanto te he mandado».
12El Señor habló a Moisés:
13«Di a los hijos de Israel: Guardaréis mis sábados, pues el sábado es una señal entre yo y vosotros, de generación en generación, para que sepáis que yo soy el Señor que os santifica.
14Guardaréis, pues, el sábado, porque es un día santo para vosotros. El que lo profane es reo de muerte. El que trabaje será excluido de su pueblo.
15Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo es sábado, día de descanso consagrado al Señor. El que trabaje en sábado es reo de muerte.
16Los hijos de Israel guardarán el sábado de generación en generación como alianza perpetua.
17Será señal perpetua entre yo y los hijos de Israel, pues en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, y el séptimo descansó y tomó respiro».
18Cuando acabó de hablar con Moisés en la montaña del Sinaí, le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios.
Lucas 9
1Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
2Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos,
3diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.
4Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
5Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».
6Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.
7El tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;
8otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
9Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?». Y tenía ganas de verlo.
10Al regresar los apóstoles, le contaron todo cuanto habían hecho, y tomándolos consigo, se retiró a solas hacia una ciudad llamada Betsaida;
11pero la gente, al darse cuenta, lo siguió. Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación.
12El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».
13Él les contestó: «Dadles vosotros de comer». Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».
14Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».
15Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos.
16Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.
17Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.
18Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
19Ellos contestaron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
20Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro respondió: «El Mesías de Dios».
21Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
22Porque decía: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
23Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.
24Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.
25¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?
26Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.
27Pues de verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios».
28Unos ocho días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar.
29Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.
30De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,
31que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.
32Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
33Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía.
34Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.
35Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».
36Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
37Al día siguiente, cuando bajaron ellos del monte, le salió al encuentro mucha gente.
38Y, de pronto, un hombre de entre la gente se puso a dar voces diciendo: «Maestro, te ruego que te fijes en mi hijo, que es el único que tengo,
39pues un espíritu se apodera de él y de repente se pone a gritar y le retuerce echando espumarajos y a duras penas se aleja de él, dejándolo maltrecho.
40He pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido».
41Respondió Jesús y dijo: «Generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros y os tendré que sufrir? Trae aquí a tu hijo».
42Mientras se acercaba este, lo tiró el demonio al suelo y le dio una violenta sacudida; pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre.
43Y todos quedaban estupefactos ante la grandeza de Dios. Entre la admiración general por lo que hacía, dijo a sus discípulos:
44«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
45Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
46Se suscitó entre ellos una discusión sobre quién sería el más importante.
47Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado
48y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».
49Entonces Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».
50Jesús le respondió: «No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».
51Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.
52Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos.
53Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
54Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
55Él se volvió y los regañó.
56Y se encaminaron hacia otra aldea.
57Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas».
58Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
59A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
60Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
61Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
62Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Lucas 10
1Después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
2Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
3¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.
4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
5Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”.
6Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
7Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
8Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan,
9curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”.
10Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid:
11“Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.
12Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.
13¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.
14Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
15Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
16Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
17Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
18Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo.
19Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.
20Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
21En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
22Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
23Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!
24Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
25En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».
26Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».
27Él respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo».
28Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
29Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?».
30Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.
31Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
32Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció,
34y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.
35Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.
36¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
37Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».
38Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
39Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
40Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
41Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas;
42solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».